5.4 Sequence Advice
5.4.1 Combining System-level Random Concrete Execution Sequences
Tuberculosis:(TB) es una infección pulmonar, de transmisión aérea producida por el Mycobacterium Tuberculosi. En la actualidad, se producen cada año 10 millones de casos nuevos de TB en el mundo, y unos 3 millones de muertes por esta causa. La transmisión dependerá de lo íntimo del contacto y la duración de la exposición, siendo condición indispensable que las partículas respiratorias procedan de una persona con TB en fase activa. (Miller y Palenik, 2000; Vidiellaa et al., 2014).
La TB se ha considerado tradicionalmente como enfermedad profesional del personal sanitario, aunque el riesgo de exposición actualmente es bajo, excepto en las unidades de aislamiento o en las que se manipula material infeccioso, como en laboratorios y servicios de microbiología.
De los individuos expuestos a una fuente de contagio se infectan alrededor del 50%. La infección supone la presencia de bacilos de modo latente en el parénquima pulmonar del receptor, de forma que los infectados sin enfermedad permanecen asintomáticos presentando como única evidencia una reacción tuberculínica positiva (PPD+).
Esta reacción traduce la existencia de una respuesta inmune mediada por células que se establece entre 2 y 12 semanas tras la infección, y que en el 85-90% de los infectados consigue contener la multiplicación del bacilo, y el desarrollo de la enfermedad. Pese a ello, las reinfecciones exógenas repetidas aumentan la probabilidad de enfermar. La infección sin enfermedad nunca es contagiosa.
La enfermedad tuberculosa sólo la desarrollan el 10-15% de los infectados sobre todo en los dos primeros años tras la infección (más del 50%).
TB Primaria: La presenta el 50% de los enfermos, es debida a la incapacidad de la respuesta inmunitaria inicial para controlar la infección, desarrollándose la enfermedad precozmente (días o semanas tras la infección). Se presenta casi exclusivamente en niños y jóvenes.
TB Postprimaria (reactivación endógena): La presenta el otro 50% de los enfermos. Se desarrolla mucho tiempo después de la infección. Es la forma más frecuente en adultos y ancianos. Los bacilos persisten intracelularmente en estado de latencia, multiplicándose cuando existe una disminución de la inmunidad, formándose granulomas característicos e invadiendo el parénquima circundante. Estos pueden progresar eliminando el contenido (caseum) a la luz de las vías aéreas (diseminación broncógena) o de los vasos (diseminación hematógena). También existe diseminación linfática
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La prueba de la tuberculina (PPD) únicamente demuestra la existencia de respuesta inmunológica frente al bacilo tuberculoso u otros relacionados, por lo que puede ser positiva en infección (con o sin enfermedad tuberculosa) y enfermedad tuberculosa, vacunación BCG y contacto con micobacterias atípicas. El periodo de latencia entre la infección y la positivación tuberculínica puede durar, según los individuos, de 2 a 12 semanas durante las cuales el PPD es negativo. Se administrará PPD- RT 23 con la técnica de Mantoux.
La prueba se considera positiva si existe una induración igual o mayor de 5mm (en VIH cualquier diámetro de induración). En vacunados con BCG, la positividad hasta 14mm incluidos puede atribuirse a interferencia vacunal (aunque en la actualidad se está considerando que 10mm o más son más indicativos de infección que de vacunación en adultos). Si es mayor o igual a 15mm debe atribuirse a infección tuberculosa independientemente del estado vacunal. Si hay vesiculación o necrosis sobre la induración, refleja infección reciente con posible enfermedad activa que hay que descartar lo antes posible.
La coinfección en pacientes con SIDA y el aumento de inmigrantes de zonas con alta prevalencia de TB han propiciado el aumento de casos en los últimos años.
La Rubéola es una enfermedad viral exantemática de carácter leve en general. Su importancia radica en su desarrollo durante los primeros meses de la gestación, por la posibilidad de causar abortos o malformaciones congénitas.
El virus de la Rubéola es un virus RNA de la familia Togaviridae, cuyo resevorio es el hombre. El mecanismo de transmisión es el contacto directo con las partículas respiratorias o secreciones respiratorias de las personas infectadas.
Un despistaje serológico en las mujeres en edad fértil y un correcto cumplimiento del calendario vacunal evitará el riesgo. (Masa, Peña, Castellanos y Martínez, 2010)
Enfermedad por el virus del Ébola (EVE)
Considerando la situación generada por la Enfermedad por el Virus del Ébola (EVE) en el África Occidental, la Organización Mundial de la Salud (OMS) recomienda a los estados miembros permanecer vigilantes a la potencial introducción de la EVE, concienciar y ampliar el conocimiento de la enfermedad en los trabajadores y trabajadoras de la salud, y fortalecer la implementación de las medidas de prevención y control de infecciones en todos los niveles de atención de los servicios de salud.
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La EVE (anteriormente conocida como fiebre hemorrágica del Ébola) es una enfermedad grave, con una tasa de letalidad de hasta un 90%. No existe un tratamiento específico aprobado, ni vacuna con licencia disponible para el uso en seres humanos o animales. El género Ébolavirus es uno de los tres grupos de la familia Filoviridae (filovirus) junto con los géneros Marburgvirus y Cuevavirus. El género Ébolavirus comprende cinco especies distintas: Bundibugyo Ébolavirus (BDBV), Zaire Ébolavirus (EBOV), Reston Ébolavirus (RESTV), Sudán Ébolavirus (SUDV) y Bosque Tai Ébolavirus (TAFV).
El período de incubación de la EVE varía de 2 a 21 días, con un promedio de 8 a 10 días. Tras la introducción del virus Ébola en la población humana, la transmisión se produce persona a persona mediante el contacto directo con fluidos y/o secreciones corporales. La transmisión también puede ocurrir a través de contacto indirecto con el medio ambiente y fómites contaminados con fluidos corporales (por ejemplo, agujas). No se ha documentado transmisión por aerosoles durante los brotes anteriores de EVE. Los síntomas más comunes que presentan las personas infectadas con el virus Ébola son: fiebre de inicio repentino, debilidad intensa, dolor muscular, dolor de cabeza y dolor de garganta, seguido por vómitos, diarrea, erupción cutánea, deterioro de la función renal y hepática, y en una fase avanzada, hemorragias tanto internas como externos. Los hallazgos de laboratorio incluyen leucopenia, trombocitopenia y enzimas hepáticas elevadas.
El virus Ébola está clasificado como patógeno de riesgo Grupo 4, por lo que requiere ser manipulado en un nivel de bioseguridad equivalente (BSL-4). Reconociendo que los pacientes con sintomatología compatible con EVE pueden ser detectados en diferentes niveles de atención del sistema de salud o en los puntos de entrada a los distintos países en los que deberán ser manejados aplicando las precauciones estándares para el control de infecciones, se recomienda lo siguiente.
El paciente debe ser transferido a un centro hospitalario que cumpla con las siguientes características de acuerdo con lo estipulado por la OMS en el año 2014:
- Condiciones para el aislamiento del paciente
- Provisión adecuada de equipos de protección personal.
- Profesionales capacitados en prevención y control de infecciones.