4.5 Performance Evaluation
5.5.2 Communication and Storage Overhead
Como se ha visto, tanto el espacio urbano como el espacio rural son de creación humana; entre ambos se encuentra otro espacio con unas actividades específicas que le proporcionan identidad propia: el periurbano, caracterizado por aquellas actividades que expulsa la ciudad por su carácter o por su incapacidad de competir económicamente con las típicamente urbanas; por su coexistencia con las actividades rurales que todavía permanecen; o por otras actividades inducidas por este último medio, el rural, aprovechando las oportunidades urbanas.
Grande o pequeño, todo núcleo urbano tiene su periurbano, aunque en los de carácter rural es menos significativo por su menor tamaño, por su carácter y por su dinámica. El periurbano es el espacio donde más claramente confluyen el campo y la ciudad, conformando una realidad unitaria, que también forma parte del ámbito espacial de esta tesis. Una zona frontera, de solape, donde la ciudad todavía tiene presencia y el campo aún no aparece en su plenitud, en la que opera el llamado efecto ecotono, que identifica las zonas de transición entre ecosistemas diferentes y contiguos, las cuales participan de las características de uno y de otro: intercambian materiales, energía e información, coexisten culturas y biocenosis de ambos, etc. y en general se intensifican los procesos y los conflictos de todo tipo. Un espacio con un papel indispensable para el funcionamiento urbano.
Más concretamente y en términos generales, las actividades que se identifican con el espacio periurbano se pueden agrupar en los siguientes tipos:
1. Actividades de procedencia urbana que la ciudad expulsa, por incompatibilidad, por carestía del suelo, etc. Infraestructura vinculada con los residuos (vertederos, centros de reciclaje, depuradoras) o la producción y transformación de energía.
13 2. Actividades que aprovechan la proximidad de una demanda urbana: centros hípicos, caninos, felinos, etc., ciertas formas de alojamiento o de restauración, o de esparcimiento y recreo de la población, de mercados artesanales, de venta directa de productos agrícolas, de reciclado, agricultura periurbana, de ocio o de autoconsumo, etc.
3. Actividades propias y características del mundo rural.
4. Actividades que aprovechan el vacío de planificación urbana y de planificación rural, y de la consiguiente gestión, por lo que se acaba convirtiendo en un espacio ―de nadie‖ que, de forma oportunista, se aprovecha para localizar infravivienda y
otras actividades en precario, para depositar desechos de cualquier tipo, para practicar actividades indeseables, incluso delictivas, etc.
En suma, se trata de un espacio con tendencia a convertirse en residual, que ni la ciudad ni el campo ―consideran‖ propio, y que tiende por ello a la degradación. Pero al
mismo tiempo, un espacio lleno de oportunidades precisamente por su ubicación aledaña a la ciudad, que reclamaría, entre otras, una intensificación de las actividades agrícolas productoras de alimentos, así como de la industria de transformación alimentaria, pero también de actividades que favorecen el contacto con la naturaleza en una zona fácilmente accesible a mucha población, etc.
Por otro lado el espacio periurbano es la primera imagen de la ciudad y, tal vez, la más significativa -desde el punto de vista de la apreciación del visitante- sobre la escala de valores sociales y sobre la calidad de la gestión de las autoridades, agentes y actores sociales.
Por tanto, un espacio con entidad propia, con funciones y actividades propias, que requiere atención específica, en términos de planificación y gestión, distinta de la urbana y de la rural.
Más allá de lo periurbano como un espacio físico, se puede considerar este contexto ―híbrido‖ como una realidad intermediaria entre campo y ciudad, que se refleja en las
interrelaciones e interpenetraciones de ambas.
Interpenetración campo ciudad: (a) La ciudad penetra en el campo…
La homogenización del espacio propiciada por los modernos canales de relación - infraestructuras de transporte generalizadas que penetran hasta lo más profundo del mundo rural, o de telecomunicaciones que a través de las TIC‘s permeabilizan todo el espacio-, facilita la progresiva difusión en todo tipo de territorios de formas de vida urbana, de numerosas actividades propias del ámbito urbano, y con ellas de los elementos físicos (edificios, instalaciones, etc.) que las cobijan.
Esa agregación de elementos y actividades foráneas a las características del mundo rural, suele presentar riesgos de armonización con el paisaje tradicional, hasta el punto de alterar profundamente el paisaje existente y, sobre todo, las pautas
14 consuetudinarias de su formación, lo que exige una intervención orientada a conducir dicha transformación.
En trabajo llevado a cabo sobre el paisaje de la Rioja Alavesa por el doctorando, por ejemplo, se constató el avance de elementos ―extraños‖ sobre un paisaje rural previo
muy consolidado, y de rasgos y carácter muy marcados y de gran personalidad. Estos elementos eran por ejemplo los edificios de bodegas de autor, o el turismo especializado, netamente urbanita, que encontraba en el campo riojano motivaciones: turismo enológico, cinegético, deportivo y de excursionismo; micológico, gastronómico, enológico, ornitológico, científico. También era significativo el crecimiento de la segunda residencia, y especialmente de las actividades asociadas a los oportunidades que ofrecen las TIC‘s para la residencia de profesionales en el mundo rural. Ello en conjunto ofrece el fresco del avance de la cultura y los comportamientos urbanos sobre medios primitivamente rurales.
Todo ello altera profundamente el paisaje y requiere intervenciones especiales, como la propuesta que se desarrolló por el doctorando en esa comarca: definir unas nuevas unidades bajo el nombre de "paisajes de especial atención" a cuyo diagnóstico y planificación se dedica una atención especial, orientada a garantizar la construcción de un paisaje que, siendo muy diferente al tradicional, resulte armónico y con un carácter que le haga valioso.
Llevar ―la ciudad al campo‖, en definitiva, debe implicar la compensación de las
externalidades positivas que el campo aporta, a través de medidas como: financiar la recuperación de espacios degradados (tercer pilar de la gestión ambiental) en áreas rurales –por ejemplo, introduciendo cultivos especiales-; fomentar la recuperación y rehabilitación de pueblos abandonados; así como fomentar proyectos de ―Smart City ―o Ciudad Inteligente: que mediante el uso de las TIC‘s faciliten que las infraestructuras y servicios públicos sean más interactivos y eficientes, y los ciudadanos puedan ser más conscientes de ellos. Es decir, fomentando núcleos rurales y urbanos ambiental y culturalmente comprometidos con su entorno.
(b)…Y el campo penetra en la ciudad: la agricultura urbana2
Paralelamente a la creación de nuevos paisajes en el mundo rural por la penetración de actividades y culturas urbanas, puede afirmarse que el campo también, en cierto sentido, ―penetra‖ en la ciudad, configurando nuevas unidades de paisaje en ámbitos
urbanos o periurbanos.
La agricultura nunca fue, históricamente, ajena a la ciudad, estando de hecho en la génesis de la misma, ya que la fundación de ciudades fue facilitada por la existencia de excedentes agrícolas (ver Anejo 1). Es una actividad que, aunque pueda haber sido progresivamente expulsada, se ha mantenido casi siempre en proximidad, o con una
2 El autor de esta tesis es coautor de dos capítulos del libro "Agricultura Urbana Integral" (Briz y De Felipe, ed. 2015); a partir de ellos se ha elaborado este epígrafe.
15 relación cercana y estrecha respecto a lo urbano, a pesar de que las tendencias recientes de industrialización agrícola, de mejora radical en los transportes y capacidades de movilizar cargas, y la globalización del comercio mundial, han ido independizándola y alejándola funcionalmente, en gran medida, de las ciudades. Hasta el punto de consideradas, como ocurre con el actual Plan de Ordenación Urbana de Madrid, como actividades ajenas (no permitidas) en lo urbano.
Para lo que interesa al objeto de esta tesis, la agricultura no tiene la única función de fuente productora de alimentos, sino que aporta, desde su complejidad, otros intangibles y servicios que pueden ser de gran atingencia a la mejora del paisaje urbano: es conformadora de suelo; aporta frescor y verdor, normalmente, así como actividades físicas saludables, o de ocio; tiene además, gran capacidad de adaptarse a todos los ambientes, por lo que, en conjunto, representa una baza para la mejora del paisaje y los entornos y calidad de los ambientes urbanos.
En los capítulos posteriores se propone a la trama verde urbana, y a la agricultura, como actividad relevante dentro de esta trama verde, como áreas y herramientas de especial interés en la mejora de los paisajes urbanos, principalmente integradas a través de Planes, Programas y Proyectos específicos, dentro de la fase de propuestas. Proyectualmente, la agricultura urbana puede una forma de dar sentido a espacios "vacíos", de recuperar otros degradados -en las ciudades y en sus bordes-, y de ponerlos en valor a través de un servicio a la ciudad: zona verde, actividades culturales, didácticas, recreativas y, por supuesto, económicas. En suma, se puede entender como una actividad urbana más, cuyas complejas funciones contribuyen a la calidad del espacio urbano así como a la calidad de vida de los propios ciudadanos. Se pueden identificar al menos cuatro tipos de actividades agrícolas en los espacios urbanos o periurbanos, en una relación de estrecha proximidad con estos: agricultura netamente urbana, productiva, pero también con fines recreativos, culturales, ambientales; agricultura periurbana, habitualmente profesionalizada e intensiva (por ejemplo, de invernaderos, o industrias agroalimentarias) pero también de relevancia respecto al sistema funcional urbano; agricultura y ganadería urbana y periurbana como servicio, a menudo empresarial: centros ecuestres, granjas escuelas, como terapia (horticultura vinculada a centros de mayores o de curas de drogadicción); y la agricultura histórica o tradicional, que a veces, a duras penas, subsiste en los entornos urbanos, y que puede conferir un valor paisajístico o cultural, más que productivo. Todas estas formas de agricultura vinculada a las ciudades suelen ser ignoradas o insuficientemente tratadas en el planeamiento urbanístico, a pesar del importantísimo papel que cumplen para la ciudad. La primera, puede configurar una sub-trama añadida a la trama urbana, que la enriquece, embellece, da sentido a ciertos espacios "vacíos" y satisface demandas sociales; la segunda requiere reservar espacios para ella como una actividad cuyo carácter intensivo e industrial le permite competir con actividades urbanas, y reclama ser ordenada como si de un polígono industrial se
16 tratara. La tercera está viva y muy presente en las grandes ciudades porque satisface una demanda capaz de atraer a la iniciativa privada. Y la cuarta podría ser una reliquia a conservar utilizando para ello los recursos económicos que en justicia le corresponden como justo pago de las "externalidades positivas" (paisaje, ambiente, cultura,...) que produce, y de las que se beneficia la ciudad.