4.3 Feedback: Benefits and Knowledge of the Peer Mentoring Programme
4.3.2 Communication, Commitment and Voluntary Participation
En Babilonia, a sesenta Km. al sur de Bagdad, según sostienen los arqueólogos empezó la prehistoria de los libros. Con toda probabilidad que la escritura nació por razones comerciales, para recordar que cierta cantidad de ganado pertenecía a una familia determinada o debía ser trasladada a cierto sitio.
En el segundo milenio A.C., la escritura mesopotámica había pasado de pictográfica (en las primeras tablillas de arcilla) a lo que se conoce como escritura “cuneiforme”, signos con forma de cuña que representaban sonidos en lugar de objetos. Tradicionalmente los egipcios habían recogido por escrito gran parte de su actividad administrativa, pero fue probablemente la influencia de los griegos, la que dio gran auge a otra ciudad, Alejandría, conocida por su gran biblioteca y
multiculturalismo. Alejandría estaba destinada, desde su fundación por Alejandro Magno, a ser una ciudad aficionada a la lectura.
Las palabras escritas, desde los tiempos de las primeras tablillas sumerias, estaban destinadas a pronunciarse en voz alta. Es San Agustín quién descubre con sorpresa esa costumbre de San Ambrosio, esta lectura en silencio: “La lectura en silencio permite la comunicación sin testigos entre libro y lector, y es singular alimento del espíritu”. El libro es memoria, ya que el acto de leer rescata muchas
voces del pasado, las conserva en ocasiones para un futuro muy lejano, cuando quizá podamos hacer uso de ellas de maneras espléndidas e inesperadas.
Es de nuevo la falta de preparación y alfabetización de la población la que lleva al auge de los libros leídos. Una idea surgida en Cuba en 1866, en la fábrica de cigarros El Fígaro. Se elegía a uno de los trabajadores como lector oficial, pagándole los demás de su propio bolsillo. El material para aquellas lecturas, acordado de antemano por los trabajadores, abarcaba desde opúsculos políticos y libros de historia a novelas y colecciones de poesía tanto modernas como clásicas. El Conde de Montecristo, por ejemplo, llegó a ser tan popular que un grupo de obreros escribió a Dumas, poco antes de su muerte en 1870, pidiéndole que les permitiera dar el nombre de su personaje a uno de los tipos de cigarros.
A partir del siglo XI, y por todos los reinos de Europa, juglares itinerantes recitaban o cantaban sus propios versos y los compuestos por sus maestros
trovadores. También en las cortes, y a veces en casas más humildes, se leían libros en voz alta a la familia y a los amigos, tanto para instrucción como para
entretenimiento.
El siglo XIX fue, por toda Europa, el siglo de oro de las lecturas por parte de los autores. En Inglaterra la estrella fue Charles Dickens, quién gustaba leer en almacenes, iglesias, librerías, oficinas, salas, hoteles y salones de balnearios, confiriendo a sus lecturas los gestos y tonos adecuados a cada párrafo.
Hubo un acontecimiento, en concreto un invento que tuvo efectos inmediatos y de extraordinario alcance para el libro y el lector: la invención de la imprenta por Johannes Gutenberg en 1450, que aporto innumerables ventajas, velocidad,
llegaron a ser los siglos de la palabra impresa. Gutenberg transformó el formato de los libros, y a partir de entonces los volúmenes se sucedieron en todas las formas y tamaños imaginables. El tamaño de bolsillo fue especialmente buscado por su facilidad para las lecturas preferidas a nuestro entorno privado.
La prohibición de que las mujeres leyeran literatura “seria” (tanto en la Grecia antigua, como el medioevo o el Islam e India posvédica, así como el Japón de la época Heian) dio lugar al nacimiento de una literatura de entretenimiento banal y frívolo, estableciéndose una diferencia entre el lenguaje “masculino” (temas heroicos y filosóficos) y los “femeninos” (triviales, domésticos e íntimos).
George Eliot, al opinar sobre la literatura de su época, describía lo que llamaba “novelas tontas de señoras novelistas...género con muchas especies,
determinadas por la particular clase de tontería que predomine en ellas: la vaporosa, la prosaica, la piadosa o la pedante”.
Desde finales del siglo XII, los libros pasaron a ser objetos comerciales y su posesión era una garantía subsidiaria y constituían bienes de valor. Surgió por ello un nuevo delito, el robo de libros, del que el conde Libri-Carucci Della Sommaia, nacido en Florencia en 1803, fue uno de los más consumados ladrones de libros de todos los tiempos.
Y por supuesto las lecturas prohibidas y los censores, entre ellos la Iglesia y su Índice de libros prohibidos que ha permanecido activo hasta 1966. Alberto Manguel recuerda que en 1981, por ejemplo, la junta militar presidida por Pinochet prohibió en Chile Don Quijote, porque el general creía (con toda razón) que contenía un alegato en defensa de la libertad personal y un ataque contra la autoridad
Para ello, los profesores llenan la clase de carteles con palabras –el nombre de cada alumno escrito en su mesa y en su perchero, el nombre identificativo de cada objeto del aula, el título de los dibujos que han realizado los niños y que están
colgados en las paredes...– que tengan relación con el mundo de los pequeños. Así, gracias a su memoria visual, los niños reconocen letras, incluso frases – ¿a qué tu hijo leecon soltura Coca-Cola en la lata de refresco?–, y las relacionan con las imágenes. Si el pequeño ve una palabra escrita debajo de un dibujo del sol, sabe de qué palabra se trata, aunque no sepa qué letras son la /s/, la /o/ y la /l/”.
Tras muchas repeticiones, los niños ya están preparados para leer frases o, incluso, textos con esas palabras aprendidas. El resto de los elementos de la oración, como los verbos, los reconocen por deducción, a través de las relaciones que existen entre todos los componentes de la frase. De esta forma, los niños aprenden por curiosidad y por comprensión y entienden perfectamente lo que leen. Es un método más natural, porque sigue el mismo proceso que el aprendizaje del lenguaje, que se basa en repetir las palabras que oímos continuamente. Además, el niño se siente interesado por aquello que tiene sentido, lo que le ayuda a tener una lectura más fluida y comprensiva desde el principio.
No sin inconvenientes
El sistema global también presenta algunos problemas, fundamentalmente las faltas de ortografía. Las críticas van más allá: algunos expertos apuntan a que podría ser el origen de ciertos casos de dislexia. Como tanto el método tradicional como el global tienen ventajas e inconvenientes, en los últimos años, muchos colegios han empezado a implantar métodos mixtos que recogen lo mejor de ambos.