En relación a los análisis realizados en diatomeas, los estudios llevados a cabo por Zárate y colaboradores (1998, 2000) para La Horqueta II indicaron que entre los ca. 11.000 y 9000 años AP se habría dado un gradual incremento en este tipo de restos en relación a momentos previos. Los taxones dominantes son epífitos y bentónicos y, junto con la presencia de ostrácodos, sugieren que la profundidad y el flujo del agua disminuyeron a condiciones pantanosas (Zárate et al. 1998). Esto también se ve reflejado por cambios en el
17 conjunto de diatomeas del sitio Paso Otero 4, las cuales indican para el Holoceno temprano la presencia de ambientes de agua someros, con baja o nula velocidad de corriente. La mayoría de las especies registradas son de agua dulce y en escasa proporción de agua salobre (i.e., Nitzschia vítrea) (Gutiérrez et al. 2011a). Por otro lado, en las sierras de Tandilia oriental, Martínez y colaboradores (2012a) analizaron muestras provenientes de los sitios Lobería I, Cueva Tixi y Cueva El Abra. Las mismas mostraron que para los ca. 10.000 años AP, los conjuntos de diatomeas están dominados principalmente por taxones aerófilos. Estas especies están presentes en una variedad de ambientes subaéreos, tales como musgos, maderas y piedras húmedas. Su dominancia en estos sitios de cuevas indica que estuvieron principalmente restringidas a las paredes de las mismas. Algunas de ellas (i.e., Diadesmis gallica, Frankophila similioides, Nitzschia amphibia, entre otras) se registran vivas en los ambientes modernos de las sierras de Tandilia. Sin embargo, para este tipo de registro aún se necesitan más estudios, que permitan ajustar las inferencias paleoambientales en relación a las reconstrucciones de la humedad (Martínez et al. 2012a).
Hacia los ca. 9000 a 8000 años AP, las muestras de La Horqueta II señalan el establecimiento de cuerpos de agua ricos en nutrientes y más profundos (entre 1 y 3 m), evidenciados por el predominio de especies ticoplanctónicas, acompañadas por epífitas (Zárate et al. 1998). Esto también se registra en el sitio Paso Otero 4, para el cual el incremento de la abundancia de diatomeas se da en dos momentos discretos, para los ca. 8900 y ca. 7300 años AP, apoyando las inferencias de oscilaciones en la disponibilidad de agua (Gutiérrez et al. 2011a). En la Horqueta II, alrededor de los ca. 8000 a 5000 años AP, los cuerpos de agua se habrían tornado más salinos y someros y la profundidad del agua habría sido fluctuante, con al menos cuatro períodos de desecación, lo cual es indicado por las diatomeas ticoplanctónicas y la especie de alga Characean gyrogonites. Entre los ca. 5000 y 4000 años AP, el flujo de agua se habría vuelto efímero, con mayores períodos prolongados de exposición subaérea, resultando en el desarrollo del paleosuelo Puesto Berrondo. Las diatomeas para este momento son principalmente epífitas y bentónicas, aunque las mismas, así como los ostrácodos, son muy escasas (Zárate et al. 1998). Entre los ca. 5500 a 4500 años AP, los fitolitos ciperoides recuperados en el sitio Paso Otero 4 indican un clima más frío, con menor disponibilidad de agua. Con posterioridad a este
18 momento las condiciones se vuelven húmedas a templadas y el incremento en las especies de agua dulce Nitzschia amphibia y Nitzchia denticula sugiere la presencia de un pantano con bajos niveles de salinidad. Finalmente, se observa un retorno a las condiciones húmedas a cálidas en la parte superior de la secuencia, hacia el Holoceno tardío (Gutiérrez et al. 2011a).
En el caso de la Horqueta II, las diatomeas vuelven a incrementarse desde los ca. 4000 hasta los ca. 2700 años AP, cuando el clima se habría tornado más seco y la sedimentación eólica se vuelve dominante, con la formación de La Postrera (Zárate et al. 1998, 2000). En relación a esto, los estudios desarrollados por Bonomo y colaboradores (2009) para el sitio Nutria Mansa 1 (partido de General Alvarado) registran la asociación de agua dulce y salobre, con escasas diatomeas alóctonas entre los ca. 3100 a 2700 años AP. Sin embargo, luego de este momento los taxones predominantes en el conjunto (oligohalobias y halófilas-mesohalobias) indican la presencia de agua dulce, aunque se registran cambios en la salinidad del agua hasta el fin de la secuencia (Bonomo et al. 2009). II.3.4. Registro de fitolitos
Los datos generados por Osterrieth y colaboradores (2008) a partir del estudio de fitolitos en el sitio Paso Otero 5 indican que durante el lapso de ca.12.000 a 10.450 años AP la cobertura vegetal fue escasa, con períodos de déficit hídrico y dominio de las gramíneas pooides, representantes de ambientes húmedos a subhúmedos. La presencia de morfotipos atribuidos a panicoides y chloridoides señala condiciones ambientales áridas a semiáridas. Desde los ca. 10.450 a los 9400 años AP se desarrolla una densa cobertura vegetal, marcada por silicofitolitos que evidencian mayor disponibilidad de humedad en los suelos, con preponderancia de gramíneas pooides. Los chloridoides y panicoides son escasos y se desarrollaron en suelos con déficit hídrico acentuado y/o presencia de sales, durante pulsos breves pero recurrentes que se asociarían a modificaciones en el caudal del río Quequén Grande (Osterrieth et al. 2008). Para el mismo momento en el sitio Paso Otero 4 se registra la presencia de danthonioides, pooidenoides, festucoides y stipodes, que sugieren la presencia de un pastizal similar a la comunidad de flechillas, distribuido en parches más secos del área. La presencia de fitolitos articulados, junto con la alta
19 concentración de polilobulados y fitolitos en forma de abanico, sugiere la alternancia de diferentes condiciones ambientales, posiblemente relacionadas a la disponibilidad de agua. La abundancia de ciperoides, Panicoideae y Chloridoideae permite proponer durante este período condiciones cálidas y momentos de alta disponibilidad de agua, alternando con otros más secos (Gutiérrez et al. 2011a).
Los análisis realizados por Martínez y colaboradores (2012a) en el sitio Lobería I indican la presencia de elementos pooides y danthonioides en las zonas media y basal, asociados con la alternancia de panicoides y chloridoides. Estos datos sugieren que las condiciones climáticas habrían sido secas y templadas durante la transición Pleistoceno/Holoceno. Por otro lado, la secuencia de Cueva Tixi muestra un incremento de pooides y chloridoides en la muestra basal. Este perfil indica condiciones más frías para el Pleistoceno/Holoceno temprano en este sitio. Estas variaciones podrían ser atribuidas a la posición de cada cueva en el paisaje y su uso diferencial por los cazadores-recolectores. En Lobería 1 habría habido un manejo antrópico de estos conjuntos, o los mismos podrían ser consecuencia del microclima del sitio y su contexto particular, aspecto que aun debe ser dilucidado (Martínez et al. 2012a).
En el sitio Paso Otero 5 se registra una restricción en la disponibilidad de agua desde los ca. 9400 a los ca. 8800 años AP, momento en el que se produce un cambio hacia condiciones de estabilidad ambiental y cobertura vegetal intensa (Osterrieth et al. 2008). Estos datos son coincidentes con los del sitio Paso Otero 4, para el cual se registra un pastizal semiárido dominado por elementos chloridoides para el momento de ca. 8900 años AP, que se vuelve gradualmente menos abundante hacia los ca. 7300/7700 años AP (Gutiérrez et al. 2011a). Hacia los ca. 7800 años AP se infieren condiciones de restricción hídrica y disminución de la cobertura vegetal, en tanto que hacia los ca. 6600 años AP y ca. 4200 años AP persisten y se incrementan las condiciones secas (Osterrieth et al. 2008). En Paso Otero 4, en los ca. 5500 años AP, los danthonoides, pooidenoides y festucoides se incrementan, indicando una temperatura más cálida, con oscilaciones ocasionales en la disponibilidad de agua (Gutiérrez et al. 2011a). En el caso del sitio Alfar (partido de General Pueyrredón), la presencia de silicofitolitos de gramíneas de tipo C4 indica períodos de sequía y estrés hídrico para los 5700 años AP (Bonomo et al. 2012). Una tendencia de
20 mayor aridez para el Holoceno medio también es observada en el sitio Lobería 1, manifestada por la abundancia de chloridoides, festucoides y pooides y una mayor presencia de estomatocistes (Colobig 2011).
En el Holoceno tardío se registra en Paso Otero 5 una mayor saturación del sistema pedológico, que podría estar asociada al incremento de las precipitaciones y/o a un cambio en el diseño del curso hacia los ca. 2500 años AP (Osterrieth et al. 2008). Colobig (2011) señala condiciones más húmedas y templadas para este momento, indicadas por el aumento de elementos panicoides en el sitio Lobería 1. Los danthonioides, chloridoides y arecoides también se incrementan levemente desde fines del Holoceno medio hasta el tardío. En el caso de Lobería 1 y otros aleros rocosos de Tandilia, los estudios de fitolitos reflejan el aprovechamiento antrópico para el acondicionamiento de los reparos, así como la obtención de cereales de otras regiones mediante el intercambio (elementos afines a maideas y bromeas) (Colobig 2011). Para el sitio Nutria Mansa 1 Bonomo y colaboradores (2009) también proponen que la abundante presencia de fitolitos articulados y no articulados sería resultado de la influencia humana.