La encuesta fue dirigida a las unidades familiares con el objetivo de diferenciar de manera cualitativa y cuantitativa las zonas de estudio. En el presente apartado se hace una descripción detallada de los cuatro ejidos. Los datos recabados de todas las encuestas realizadas, muestran una participación del 86.96% de las mujeres como encuestadas y 13.04% de la participación masculina (Cuadro 1A), esto debido a que existen roles de género muy estandarizados en la mayor parte de las comunidades que indican que las mujeres están dedicadas casi exclusivamente al hogar.
Las encuestas revelaron diferencias estadísticas (p ≤ 0.05) en el estado civil de los(as) informantes de los diferentes Ejidos, existiendo un promedio general de 56.52% de matrimonios (Cuadro 2A); sin embargo, este porcentaje se distribuyó de manera diferente en cada zona. En el ejido Rovirosa sólo habitan personas que viven solas, el estado civil fue una viuda y un soltero. En el ejido El Paraíso 87.5% están casados y 12.5% son separados; mientras que el ejido La Ceiba existe una proporción similar de personas separadas, viudas y en unión libre con el 16.5%, quedando sólo el 50% casados. En lo que respecta al Ejido Gurría, aquí se observa una mayor frecuencia de unión libre entre las parejas con el 57.1%, frente al 42.9% de los casados (Figura 11).
Respecto a los anteriores datos, en Tabasco se reportó en 2006 que 4.4% de las mujeres eran separada y 1.1% divorciada; datos cercanos a los promedios nacionales (3.7% y 1.3%, respectivamente). Además que por cada cien matrimonios en la entidad, existen 20.9 divorcios en las áreas urbanas y una proporción poco significativa en el área rural (0.2%) (INEGI, 2008).
Figura 11. Estado civil (%) de la población encuestada en los Ejidos de Rovirosa, Paraíso, La Ceiba y Gurría
Por otro lado, la importancia de la familia como núcleo básico de la sociedad radica en que esta unidad sociológica es donde ocurren las interacciones más importantes que dan estabilidad psico-social del ser humano (Rodríguez-León, 2005). Sin embargo, cabe aclarar que la estabilidad de la organización familiar, que coincidió con tendencias sociales hacia la conservación de las tradiciones, no implica por sí misma un mayor bienestar, debido a que las familias funcionan en una clave de inequidad, atravesadas por las jerarquías de género y edad, que crean a su interior una verdadera estratificación microsocial (Meler, 2008). En Tabasco la mayor parte de las familias rurales son de tipo nuclear (Hernández- Sánchez, 2004). En las familias nucleares al hombre se le atribuye el rol de jefe de la casa, único proveedor de los recursos económicos, el único que puede tomar las decisiones, la jefatura de la mujer solo es reconocida si falta el marido o un varón adulto en el hogar; por ello se dice que las desigualdades e inequidades de género comienzan en el núcleo familiar y se van reproduciendo en otras esferas de la sociedad como en el mundo laboral, la organización social, la comunidad y la sociedad en general. Las inequidades que resultan de la discriminación de género, se acumulan a las segregaciones por sus condiciones étnicas, económica, social, edad o de discapacidad física y mental, todas estas diferencias se enfrentan en las distintas esferas de la reproducción y oportunidades de vida, así como por políticas públicas igualmente inequitativas (Hernández-Sánchez, 2004).
La inexistencia de familias nucleares en la zona contaminada es una de las principales características de esta zona, lo que constituye una de las principales forma de cambio del tejido social (Moreno, 2003). Al respecto Montes de Oca y Hebrero (2008) afirman que los hogares unipersonales se han incrementado a 11.3% y sus principales integrantes son varones jóvenes y mujeres maduras o ancianas (Meler, 2008). De igual forma, en países de transición demográfica avanzada se ha dado un ligero aumento de los hogares unipersonales, debido al envejecimiento de la población y una expansión de las familias dirigidas por mujeres (Ariza y De Oliveira, 2001). Según datos de INEGI (2008) se menciona que tanto a nivel estatal como en el nacional, alrededor de uno de cada cinco hogares es comandado por una mujer. De tal forma, que en cinco años, la tasa de jefatura femenina aumentó de 18.1% a 20.9% en la entidad.
Los datos también reflejaron una tendencia a disminuir los matrimonios formales, al respecto Meler (2008) afirma que este es un fenómeno generalizado, donde la cohabitación ha aumentado; mientras que el matrimonio legal se ha postergado o disminuido. Otros cambios que se han observado en algunos países son: cierto retraso de la edad al casarse, disminución de los matrimonios, incremento de las uniones consensuales y aumento de la fecundidad adolescente (Ariza y De Oliveira, 2001).
Por otro lado, es importante tener en cuenta la edad y el tiempo de residencia de los habitantes de las cuatro áreas de estudio, ya que un mayor tiempo de residencia con respecto a la edad nos dan datos más precisos de los eventos en dichas comunidades; además del tipo y tiempo de exposición al contaminante. De tal forma que en el presente estudio se observó una mayor diferencia entre el tiempo de residencia de los habitantes de los Ejidos de Rovirosa, El Paraíso y Gurría, lo que sugiere que dicha población se compone de personas que han emigrado a dichas zonas desde hace 15 a 18 años (Cuadro 3A); además cabe mencionar que son personas en promedio 14 años mayores que en el Ejido La Ceiba; pero con un tiempo de residencia mayor a 23 años (Figura 12), lo que infiere un mayor tiempo de exposición a la contaminación. La importancia de este hecho radica en poder identificar los factores y el grado de riesgo en las comunidades, familias, e individuos expuestos (Rodríguez-León, 2005).
0.0 10.0 20.0 30.0 40.0 50.0 60.0 Tiempo (años) Rovirosa Paraíso La Ceiba Gurría Ej id o
Tiempo de residencia y edad de los encuestados(as)
Tiempo de residencia Edad
Figura 12. Tiempo de residencia y edad de los(as) encuestados(as) en los Ejidos de Rovirosa, Paraíso, La Ceiba y Gurría.
Las encuestas reflejan diferencias estadísticas (p ≤ 0.05) que indican que el 100% de encuestados(as) en los Ejidos de Paraíso, La Ceiba y Gurría han tenido hijos(as) (Cuadro 4A); mientras que en el Ejido Rovirosa solo una de las dos personas encuestadas. De acuerdo a los datos recabados, se encontró una proporción promedio de 3:2 (hijas:hijos) en el Ejido Rovirosa, 2:2 en Paraíso, 1:1 en La Ceiba y 2:2 en Gurría (Figura 13). En el caso de hijos(as) fallecidos(as), se halló mayor frecuencia en el Ejido Rovirosa, donde la única encuestada con hijos(as) admitió haber tenido siete abortos (Cuadro 5A).
Los resultados obtenidos concuerdan con lo expresado por Montes de Oca y Hebrero (2008) quienes señalan que la familia en México ha experimentado cambios cualitativamente relevantes en su interior; además de disminución en la fecundidad (Ariza y Oliveira, 2001) familias pequeñas e inestables (Meler, 2008). Por otro lado, Martínez- Benlloch (2004) afirma que las nuevas formas de familia, cada vez más diversificadas, constituyen marcos para el desarrollo humano porque es en el contexto parental donde se facilitan los primeros procesos identitarios.
Hijos e hijas por Ejido (media) y = -0.3756x2 + 1.7995x R2 = -0.9822 0 1 2 3 4
Rovirosa Paraíso La Ceiba Gurría
Ejido Nú m e ro Hijas Hijos Polinómica (Hijas)
Figura 13. Número medio y moda de hijas e hijos de los(as) encuestados(as) en los Ejidos de Rovirosa, Paraíso, La Ceiba y Gurría.
Por otro lado, la generalización del control de la fecundidad en la mayoría de la población ha posibilitado una mayor autonomía de las mujeres sobre sus cuerpos, acentuando la separación entre la reproducción y la sexualidad. Esto representa un cambio de gran trascendencia para las mujeres, con mayor apertura a otros itinerarios sociales (Ariza y De Oliveira, 2001).