Un mensaje primordial de los Informes sobre Desarrollo Humano de los últimos 20 años es que el ingreso tiene muchas falencias como indicador sintético del desarrollo. Entre sus imperfecciones debe mencionarse que hace caso omiso a la desigualdad en la distribución y a la falta de sostenibilidad del actual sistema de producción. Sin embargo, el dinero es un medio importante para ampliar las alternativas, en particular de los pobres, y el ingreso promedio sirve para representar los recursos generales dis- ponibles en una sociedad. Por tales motivos, la evolución del ingreso es de gran importancia.
No obstante, la historia no sólo nos habla de aumentos generales, sino también de la pro- fundización de las desigualdades y de una per- sistente brecha entre los países en desarrollo y el resto del mundo. Desde 1970, 155 naciones —que albergan a 95% de la población de la Tierra— han experimentado aumentos en su ingreso per cápita real (figura 2.10). El prome- dio anual hoy es de US$10.760, superior en casi 1,5 veces a la cifra de hace 20 años y el doble de su valor hace 40 años. Aunque los patrones difieren, el ingreso promedio de las personas se ha incrementado considerablemente en todas las regiones74. Y la gama, la cantidad y la cali- dad de los bienes y servicios disponibles hoy no tienen precedentes.
El gráfico térmico en el panel derecho de la figura 2.10 muestra que la distribución mun- dial del ingreso posee un grado de dispersión mucho mayor que la salud y la educación. Las figuras correspondientes a estos dos factores (figuras 2.4 y 2.7, respectivamente) muestran una zona roja “caliente” cerca de la cima de la
distribución en la que convergen muchos países. Esto no sucede en el caso del ingreso, debido a que éste se distribuye de manera mucho más desigual que la salud y la educación.
divergencia en el progreso
A diferencia de lo que ha sucedido con la salud y la educación, la disparidad de ingresos entre los países se ha profundizado considerablemente. Entre 1970 y 2010, el ingreso per cápita aumentó a una tasa promedio anual de 2,3% en las nacio- nes desarrolladas, mientras que en los países en desarrollo dicha tasa fue de 1,5%75. En 1970, el ingreso promedio de un país ubicado en el 25% superior de la distribución mundial era 23 veces mayor que aquél de un país en el 25% inferior. En 2010, esta brecha había aumentado a casi 29 veces. También se han acentuado las divergen- cias entre las naciones en desarrollo. Algunas, como Botswana, China, Malasia y Tailandia, han crecido a un ritmo mayor que un país rico desde los años setenta76. Al mismo tiempo, los ingresos de varios otros países, como Comoras, Irán y Senegal, se han estancado. Y por último, las economías de otros, como Côte d’Ivoire, Madagascar y Zimbabwe, han colapsado.
No obstante, el desempeño del crecimiento en los países en desarrollo ha ido mejorando en el tiempo, tanto en valores absolutos como con respecto a las naciones industrializadas, como quedó de manifiesto durante la crisis financiera mundial. En ese momento, muchas naciones en desarrollo fueron capaces de sostener un fuerte ritmo de crecimiento. No obstante, la
La disparidad de ingresos entre países en desarrollo y desarrollados se ha ampliado considerablemente
brecha entre ambos grupos de países ha seguido ampliándose incluso en los últimos 20 años. Cabe preguntarse, entonces, si las naciones en desarrollo serán capaces de mantener las tasas de desarrollo promedio más aceleradas que lograron en los últimos cinco años77.
La distancia entre los países más ricos y los más pobres se ha transformado en un abismo. Por una parte, la nación más acauda- lada actualmente (Liechtenstein) es tres veces más pudiente de lo que era el país más rico en 197078. Por la otra, el país más pobre hoy (Zim- babwe) es 25% más pobre que el que ocupaba su lugar en 1970 (también Zimbabwe). Es grave constatar que en medio de la enorme prosperi- dad material que hoy exhiben las naciones desa- rrolladas, el ingreso promedio real de la pobla- ción de 13 países ubicados en el 25% inferior de la distribución del ingreso mundial sea menor que en 197079.
Pocos países cruzan el umbral
El crecimiento económico ha sido sobresaliente en algunos países en desarrollo. Entre 1970 y 2010, el ingreso per cápita de China se mul- tiplicó por veinte, el de Botswana por más de nueve y el de Malasia y Tailandia, por más de cinco80. No obstante, estas naciones todavía tienen un largo camino que recorrer para cru- zar la línea divisoria: el ingreso per cápita de China, por ejemplo, es apenas la quinta parte del promedio de aquél de los países desarrolla- dos. Botswana, Malasia y Tailandia, en tanto, están muy lejos de alcanzar esa marca.
¿Seguirán creciendo estas naciones hasta traspasar el umbral que los separa de los paí- ses industrializados? La historia nos dice que el desarrollo no se puede dar por sentado. Muchos países crecieron a tasas impresionantes durante largos períodos para después estancarse. Por ejemplo, el crecimiento per cápita de Bra- sil entre 1950 y 1980 era cercano a 5% anual, similar a las tasas exhibidas recientemente por Botswana, Singapur y Tailandia. No obstante, su economía colapsó en los años ochenta y sólo en los últimos años ha comenzado a recupe- rarse. El desplome de Argentina fue incluso más dramático: de un PIB per cápita superior
al promedio europeo en 191381, en 2007 había caído a la quinta parte del PIB per cápita de Europa Occidental.
Estos casos muestran lo difícil que es cerrar la enorme brecha de ingresos. De las 108 nacio- nes que tenían ingresos inferiores a US$7.000 per cápita en 1970, sólo cuatro han logrado ascender a la clasificación de ingreso alto según el Banco Mundial en 2010. Tres son pequeñas islas (Antigua y Barbuda, Guinea Ecuatorial y Malta), una de ellas con abundante petró- leo. La cuarta, Corea del Sur, sigue siendo un caso excepcional. Estonia y Eslovaquia no exis- tían como países independientes en 1970, pero ambos alcanzaron un crecimiento que les ha permitido integrarse al grupo de altos ingresos.
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En algunos aspectos importantes, el mundo es hoy un lugar mejor que en 1990. Como nunca antes en la historia, muchas personas viven más años, los niños pasan más tiempo en el colegio y la gente tiene acceso a más bienes —como alimentos, vivienda y vestimenta, entre otros— para llevar una vida digna.La conside- rable convergencia de los países en el IDH, que se documenta por primera vez en forma siste- mática en este Informe, es un logro de enormes proporciones. Y como decimos en el capítulo 4, estos avances también han llegado a otras dimensiones del desarrollo humano, en especial a las libertades políticas.
Sin embargo, la evaluación de las últimas décadas no es del todo positiva. Algunos países sufrieron grandes retrocesos, especialmente en salud, los cuales han borrado en pocos años los avances de varios decenios. Los perfiles de cre- cimiento económico han sido extremadamente desiguales, tanto en los países con altas tasas de crecimiento como en los grupos que se benefi- cian del progreso nacional, como analizamos en el capítulo 4.
A pesar de las tendencias de convergen- cia en educación y salud, persisten enormes brechas en el nivel de desarrollo humano. Las expectativas de una persona que ha nacido en Níger son 26 años menos de vida, nueve años menos de educación y 53 veces menos con- sumo de bienes que un nativo de Dinamarca.
La considerable convergencia de los países en el IDH es un
logro de enormes proporciones
Y mientras los daneses eligen su parlamento en elecciones libres y abiertas desde 1849, el Presidente de Níger disolvió el Parlamento y la Corte Suprema en 2009 y después fue des- tituido por un golpe militar. Más de siete de
cada 10 personas encuestadas en Níger declara- ron que, en el último año, hubo momentos en que no tenían suficiente dinero para comprar alimento para su familia. Muy pocos daneses sufrirían un apuro similar.
CAPÍTULO