CHAPTER 2 THE P3 PROCUREMENT PROCESS
2.7 Competitive Selection
La estrategia fundamental que utilicé para configurar a los personajes dentro de la obra fue pensarlos siempre como partes de un sistema conjunto. Como mencioné anteriormente en la memoria, el origen de los personajes en la obra surgió de los tres personajes que reconocí como constantemente presentes en mis diarios de vida: la crítica, la maquilladora y la reveladora. Por lo tanto, no fue difícil mantener una mirada tríadica sobre los personajes, en la que prácticamente son como un ente compuesto por fracciones complementarias e influyentes una de la otra. Esta forma de configurar a los personajes significó caracterizarlos desde su pertenencia al sistema, lo que representó una forma interesante para comprender la conformación de cada personaje. En vez de caracterizar a cada uno a partir de una forma particular de ser, la caracterización surgió directamente desde el rol que les tocaba cumplir a cada una en los distintos sistemas a los que pertenecían. De esta manera, tanto Claudia, Clara y Dolores, como los personajes que son llamados a escena a través de las representaciones realizadas a través de los juegos de roles forman parte de un único sistema familiar. Por ende, cada uno estará configurado a partir del rol que cumple dentro del sistema, de tal modo que Claudia fue pensada como un personaje que intenta mantener el statu quo de la situación, Dolores desde su rebeldía
65
contra el sistema y Clara como la fuerza transformadora que moviliza al resto de los personajes. Lo mismo con el padrastro, con el padre y con Mariana que aportarán con ser las fuerzas opresoras del sistema.
Al mismo tiempo, otro aspecto que quise desarrollar al pensar en los personajes fue su correspondencia entre el rol que cada uno cumple en el sistema familiar, con el rol dramático que cada uno tiene en la estructura de la obra. Esto motivado por la convicción ya presentada anteriormente de que ambos sistemas pueden establecer una equivalencia, pues el drama emula un tipo de organización sistémico para la red de personajes que se puede encontrar en las formas sistémicas familiares de la vida real. Por lo tanto, intenté configurar una red de personajes que respondiera a este requisito. En este sentido, el procedimiento que realicé para configurar los personajes fue el de superponer dos sistemas para formar una unión orgánica con ellos: el sistema familiar y el sistema interno de los personajes. De cierto modo, el gesto fue como el de tomar una transparencia de color rojo y una transparencia de color azul, juntarlas y que se vea un conjunto morado. Los personajes de la obra nacen a partir de una especie de unión que realicé para cumplir con hacer coincidir ambos sistemas. En consecuencia, cuando me puse a diseñar el sistema de personajes tuve que tener en cuenta todos los sistemas simultáneos a los que estaba apuntando. Estos son principalmente tres: el primero, conformado por la tríada de Claudia, Dolores y Clara pensadas como una sola persona. El segundo, de Clara, Dolores y Claudia como miembros de un sistema familiar y, el tercero, como los tres personajes que conforman la estructura dramática de la obra.
Para comenzar, el primer sistema es el que forma la tríada derivada de los personajes presentes en mis diarios de vida. Como mencioné en una sección anterior, el trabajo con mis diarios fue de tipo analítico y síntesis, no de uso directo con los materiales reales. Esto porque no utilicé el material autobiográfico en sí mismo, sino que el procedimiento que realicé fue el de analizar el material y rescatar atisbos de lo que podría representar mi individualidad en los diarios. De este análisis se desprendieron la maquilladora, la crítica y la reveladora. La decisión de tomar esa tríada y trabajar a partir de ella –dejando de lado cualquier otro camino que podrían haber entregado los diarios- se basó en que la tríada respondía, de alguna forma, a los personajes que una misma persona
66
adopta para poder enfrentarse a un sistema familiar. El hecho de que estos tres personajes en mis diarios representaran a distintas facetas de una sola persona me interesó mucho desde una perspectiva sistémica. Pues, eso significa que una persona no solo forma parte de un sistema mayor que ella (la familia), sino que internamente existe un micro-sistema en el que cohabitan las fragmentaciones de esta. Por lo mismo, cuando configuré a los personajes de la obra como tres mujeres jóvenes atrapadas en el sótano, siempre las pensé como una sola persona. Si bien en la obra cada personaje es separado del otro, mi forma de pensar la dinámica entre ellas se basó en que en realidad las tres eran una. Esto manifestado en que tienen una misma necesidad básica: salir del encierro y conectar con su madre. Sin embargo, esto no se manifiesta materialmente en la obra, aun cuando fuera un sentido oculto que direccionó la distribución de roles entre los personajes. Pero sí pensé en cierta cohesión que debería unir a las tres jóvenes a pesar de cada una tener una caracterización sistémica diferente.
El segundo sistema que encarnan los personajes a través de su distribución de roles y de la influencia que ejerce una con la otra es el sistema familiar. La caracterización de los personajes, además de estar determinada por la categoría de “maquilladora”, “crítica” y “reveladora” respectivamente, está direccionada también por las características propias de los sistemas familiares que revisé anteriormente. Esto quiere decir que las fuerzas internas que determinan a los sistemas familiares se encuentran reproducidos en los personajes. Pues, Claudia representa el impulso por la homeostasis, Dolores el impulso de la transformación y Clara es el estímulo externo del sistema que pone a prueba cuál de las los fuerzas vence y somete al sistema completo. De cierta forma, creo que esta asignación de equivalencias corresponde también a los roles que obtuve a partir de los personajes de mis diarios. Pues, la maquilladora justamente persigue la estabilidad rigidizando los cambios, ocultando lo que pueda provocar conflicto. La crítica es la que se mantiene inconforme con el estado actual de las cosas y, por ello, demanda una transformación. Y por último, la reveladora es la que llega con información del exterior que moviliza a las otras dos a tomar una postura frente a la situación. De este modo, la dinámica de las tres logra representar las dinámicas internas de los sistemas familiares.
67
Al mismo tiempo, para tratar la equivalencia con los sistemas familiares intenté poner en escena un sistema familiar con todos sus miembros. De ahí que aparecieran el padrastro, el padre y la madre en distintas ocasiones. De este modo, la relación que establecen Clara, Dolores y Claudia no solamente simboliza el funcionamiento de un sistema familiar, sino que también constituye uno. Para eso, utilicé los juegos de roles como un dispositivo que me permitió llevar a la escena aquellos miembros que no encontraran presentes. Esta idea para representar a la familia en su totalidad y a las relaciones interdependientes que establecen entre ellos surgió de las investigaciones de terapias familiares que incluí en esta investigación. Pues, según esta corriente, un individuo que se forma parte de un sistema familiar adopta un rol que lleva consigo aun cuando los demás miembros no estén presentes. Murray Bowen mencionaría sobre su experiencia realizando terapias familiares, que cuando atendía a uno de sus miembros de forma individual, podía ver en su comportamiento el rol que seguía activo en él:
después de haber pasado miles de horas en sesiones con las familias, me resultó cada vez más difícil ver a un individuo sin “ver” a todos los demás miembros de la familia, sentados como fantasmas junto a él. La percepción de una persona como segmento de un sistema familiar más amplio dirigió mi modo de reflexionar y de responder al individuo, cambiando mi enfoque básico de la psicoterapia (Bowen 25)
La decisión de utilizar el juego de roles fue tomada en base a esta experiencia que explica Bowen. Me pareció interesante retratar el sistema familiar utilizando las evidencias que lo develan en la vida real. Si es cierto que la familia se comporta como un sistema, ser un miembro de una de ellas determina siempre la forma de ser para y por ella. Por lo tanto, como el mismo Bowen lo afirma, no debería ser necesario que estuviera toda la familia presente en la escena para que el sistema familiar de los personajes se viera retratado. Solo bastaría con apariciones fantasmagóricas que ayudaran a comprender el sistema, pero desde la interpretación de los miembros presentes. En este sentido, los juegos de roles sirven más para interpretar a los personajes que sí están presentes en la obra, los que llevan a cabo el juego representativo. Me imaginé que así, el sistema familiar se podría invocar a través de la experiencia que Claudia, Clara y Dolores eligen mostrar. Una especie de sinécdoque en la que conocemos el todo a través de las partes –tal como describe Bowen que sucede en la terapia. Las apariciones en los juegos de roles de la madre, el padre y el
68
padrastro son justamente espejismos de los verdaderos miembros de la familia, basados en la visión que tienen las niñas del sistema y de los roles que cada uno ocupa.
Finalmente, el tercer sistema que direccionó la creación y configuración de los personajes es la red de personajes propia en una estructura dramática. Me pareció interesante al hacer coincidir este sistema con la dinámica del sistema familiar que la lucha de fuerzas podría de una obra dramática se asimila mucho a la lucha de fuerzas que ocurre en un sistema familiar. Pues en el modelo sintético del drama, la influencia del suceso o incidente desencadenante determina y conduce la acción dramática tal como sucede con los estímulos externos que recibe un sistema familiar. Lavandier describe el suceso desencadenante como “el acontecimiento que rompe la rutina del futuro protagonista y le obliga a determinar un objetivo” (163). Al extrapolar la estructura dramática para representar el funcionamiento de los sistemas familiares, me parece que el objetivo se logra de manera acabada. En la obra, Clara –que representa los estímulos externos que alteran el sistema familiar– es el suceso desencadenante que llega a proponerles a Claudia y a Dolores una nueva situación a resolver. Y, por supuesto, cada una de ellas reaccionará según el rol que tienen asignado. Un suceso desencadenante en un drama debería ser “de tal potencia que puede lanzar la acción sin que esta cuente con un objetivo muy claro” (166). Me parece que esta definición también aplica para los estímulos que son capaces de cambiar o determinar la configuración de un sistema familiar. Esto porque si un sistema es completamente rígido, como el que forman parte las protagonistas de la obra, no sirve cualquier tipo de estímulo para ser lo bastante fuerte de poder romper la homeostasis. Los sucesos que mueven la acción de un drama se asimilan en este punto a los que logran configurar cambios dentro de los miembros de un sistema familiar.
Asimismo, las fuerzas de la homeostasis y la transformación son también asimilables a los roles que cumple dentro de una obra el protagonista, sus objetivos y sus obstáculos. La lucha de fuerzas es una característica esencial para que exista conflicto dentro de un drama o, como explica Inés Stranger sobre el drama: “no se busca observar cualquier realidad, se busca recoger aquella que provee un material dramático, es decir aquella que deja ver una suerte de conflicto o de inestabilidad que impulsa a una acción” (64). Existe un conflicto dentro de un sistema familiar cuando existen fuerzas internas que
69
impiden la transformación en beneficio de la estabilidad. Cuando un miembro es sacrificado para que los otros puedan relacionarse sin necesidad de enfrentarse entre ellos. En la obra, esta lucha es encarnada por Dolores y Claudia, que reaccionan de forma opuesta a la llegada de Clara. Mientras Dolores –coherentemente con el rol y la caracterización que le ha tocado- se siente inspirada y abierta hacia Clara para poder alcanzar la individualización, Claudia se cierra por completo queriendo mantener la estabilidad y la calma que las tiene encerradas. Las motivaciones de las posturas de cada una se encuentran justificadas por el rol que le ha tocado vivir a cada una dentro del sistema familiar. Claudia siente una gran lealtad y preocupación por Mariana, y al mismo tiempo vive con la ilusión de que su sacrificio se le retribuirá más adelante. Por su parte, Dolores no se acomoda a la homeostasis familiar del sistema que requiere que ellas estén encerradas para que Mariana se encuentre bien. Esta lucha de fuerzas es la que me direccionó para configurar el conflicto dramático de la obra, pues la estructura dramática y el funcionamiento sistémico familiar permiten ser homologables.
De igual forma, la característica esencial de los sistemas en el que el cambio de un miembro determina a todos los demás también es representado en la estructura de la obra. Pues, cuando Dolores decide escuchar a Clara, Claudia comienza a temer perder el control que mantiene estable sus vidas en el sótano. Al mismo tiempo, la resistencia de Claudia mantiene reprimidos los impulsos de liberación de Dolores. La lucha de fuerzas requiere que los personajes de la obra vayan tomando decisiones que mueven la acción dramática determinando el actuar de todos los personajes. Me parece que esto es semejante a lo que ocurre dentro de un sistema familiar, en el que los cambios que realiza una persona y que lo determinan –así como cada acción dramática va determinando el desarrollo de la historia- van configurando nuevas relaciones dentro del sistema. De esta manera, la configuración de personajes fue pensada para que lograra homologar los distintos sistemas que forman los personajes en una sola estructura. La red de personajes, el sistema familiar y la tríada fragmentaria de una misma persona determinaron las decisiones frente a la caracterización y a las posturas que cada personaje tenía dentro de la obra y la acción dramática.
70