CHAPTER 2 THE P3 PROCUREMENT PROCESS
2.6 Value for Money
Como mencioné anteriormente, uno de los principales dispositivos que me ayudaron como estrategia para desarrollar la problemática de la individualidad coartada por la participación sistémica familiar es la del encierro como escenificación del estado interno de los personajes. Es decir, la construcción del espacio dramático no solo en función de la situación dramática y el conflicto, sino también como un símbolo necesario para retratar la situación existencial de los personajes. Sin embargo, para profundizar en el significado
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particular que el encierro toma en mi obra, necesito primero describir las decisiones que tomé en cuanto al espacio dramático que posibilitaron construir la metáfora del encierro para retratar un estado interno. Pues, en la obra el valor del encierro se duplica al ocurrir en el sótano de la casa donde solían vivir las cautivas. La casa es el lugar donde ocurre la obra y es el símbolo que refleja la situación existencial de los personajes. Esto porque la casa es tanto el espacio en los que viven y se desenvuelven los sistemas familiares, como es la representación del inconsciente de cada uno de sus miembros.
En la obra, la casa familiar y la limitación del espacio físico significa para los personajes la limitación de movimiento interior. Su propio hogar se encuentra colonizado por la presencia del padrastro que las encierra y confina a un solo lugar de la totalidad de la casa. El espacio que solía ser de ellas se les niega y limita, además de ser obligadas a cooperar y mantener el secreto del sótano. En este sentido, quise establecer una relación entre lo que les sucede a ellas con el espacio con lo que les sucede a su desarrollo interno. Claudia decide colaborar con los actos del padrastro porque en el fondo sabe que sería mucho peor para ellas estar en contra de este. Mariana ha decidido quedarse con él, lo que significa que se encuentran en desventaja frente a este. Quise representar de manera externa lo que sucede dentro de cada miembro familiar en un sistema en el que prima la homeostasis. Se requieren acciones colaborativas para mantener el equilibrio. Y en la obra, el equilibrio se mantiene mientras Mariana se encuentre bien. Mientras Mariana no se entere de que sus hijas se encuentran sufriendo a manos de su esposo. Las niñas se ven forzadas entonces a sacrificar sus vidas. Su propio desarrollo en pos de la realización de Mariana. Quise reflejar esto en el espacio dramático de la obra. La ocupación completa de la casa es equivalente a la ocupación completa del espacio interior, del crecimiento y de la transformación. Y es también lo que se les ha vetado. El espacio de crecimiento e independencia se ha reducido al mero sótano. Arriba, donde Mariana habita –la vida y el crecimiento- está prohibido. Pues, si suben arriba, la casa completa se viene abajo. Juan Eduardo Cirlot diría sobre la casa que “… por su carácter de viviendo, se produce espontáneamente una fuerte identificación entre casa y cuerpo y pensamientos humanos (o vida humana)…” (127). La casa tomada representa la individualidad interrumpida.
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En este sentido, la materialidad ausente de la casa, lo que está allá, fuera de escena, es lo que está bloqueado dentro de Claudia, Dolores y Clara. El espacio presente del aquí, el sótano, busca manifestar palpablemente lo que es inalcanzable: la completitud del individuo. Gaston Bachelard dice al respecto que “el beneficio más precioso de la casa, diríamos: la casa alberga el ensueño, la casa protege al soñador, la casa nos permite soñar en paz” (29). La casa solía ser el espacio que compartían con su madre cuando estaban solas. Era un espacio protegido y familiar en el que “podían soñar”, es decir, podían desarrollarse protegidas. Sin embargo, la irrupción del padrastro en el hogar significa el término del confort y la protección familiar. De súbito, este coloniza el hogar y a Mariana. Pues, como se menciona en la obra, apenas “el segundo día que vino llegó con un bolso de gimnasia medio lleno. Eran todas sus cosas. Entró a la casa, saludó con la mano y se encerró en la pieza de Mariana. Ella se acercó a susurrarnos que él se iba a quedar algunos días de la semana. Nunca más se fue” (escena II). El encierro del padrastro en la pieza simboliza algo parecido al encierro de las niñas en el sótano. La pieza de Mariana ya no les pertenece. La casa comienza a dividir sus espacios entre lugares permitidos y lugares prohibidos. Ese primer gesto frío del padrastro, acompañado por la complicidad de Mariana que “susurra” para no molestar al hombre que acaba de conquistar el primer espacio de la casa, es el comienzo de la desintegración del espacio. La casa deja de significar el lugar de protección y ensueño que es para las niñas, y pasa a representar la fragmentación del ser que pronto tendrán que encarnar viviendo en el sótano.
Del mismo modo, en la escena Dolores retrata que después del primer día del padrastro, jamás pudo volver a utilizar la cuchara favorita de las niñas. “Una vez me enfermé y me hicieron un té con ella. No podía dejar de imaginarme los hilitos de baba y yogurt que quedaban mientras se comía ese yogurt. Tuve que botar el té a escondidas” (escena II). Los objetos de la casa pierden su pertenencia. La cuchara favorita está contaminada, por lo que pierde también la usabilidad que le pueden dar las niñas. Se contamina el espacio y los objetos, tanto así que se contamina el té que pretendía sanar a Dolores enferma. La invasión se extrapola a todos los aspectos de la casa dejando desprovistas de protección a las niñas. La identidad de la casa y la propiedad de los objetos se desvanecen, por lo que la cuchara favorita pasa a ser un objeto de repulsión. La madre deja de ser la madre para ser Mariana, la esposa. La casa en su totalidad deja de
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pertenecerles. Según Bachelard “la casa es uno de los mayores poderes de integración para los pensamientos, los recuerdos y los sueños del hombre” (29). En este sentido, la pérdida de la casa puede equipararse a la pérdida de los pensamientos, los recuerdos y los sueños, lo que derivaría naturalmente a la pérdida de la individualidad y el desarrollo. Pues, según Bachelard, la razón por la que la casa sirve como metáfora para comprender la organización psíquica del individuo tiene que ver con que “la vida empieza bien, empieza encerrada, protegida, toda tibia en el regazo de una casa. […] La casa es un cuerpo de imágenes que dan al hombre razones o ilusiones de estabilidad” (30). Quise utilizar esta figura interpretativa que entrega Bachelard para demostrar el quiebre interno que sufren los personajes al perder el hogar. Ya no existe un regazo tibio que las contenga, sino que hay un sótano que las ahoga, que se alimenta de ellas para mantener vivo el resto de las otras habitaciones.
Es así que el espacio dramático se constituye por la presencia de la casa completa, independientemente de que las niñas estén únicamente en el sótano. Pues, tal como internamente se encuentran aprisionadas y condenadas a cumplir un rol, existe la posibilidad de un desarrollo y una libertad constante en la obra. Y esa dualidad entre prisión-libertad, homeostasis-desarrollo, quise representarla entre la relación sótano-casa, arriba-abajo. El espacio intenta escenificar un estado interno en cuanto el arriba se encuentra en apariencia vedado, pero que finalmente es el lugar al que deben dirigirse para liberarse de su prisión interna. El sótano, entonces, es el símbolo de su situación existencial en cuanto el encierro y la prohibición del arriba representa la limitación de la individualidad comprometida por la homeostasis familiar. Según Juan Eduardo Cirlot,
nos servimos de la imagen de la casa para representar los estratos de la psique. La fachada significa el lado manifiesto del hombre, la personalidad, la máscara. Los distintos pisos conciernen al simbolismo de la verticalidad y del espacio. El techo y el piso superior corresponden, en la analogía, a la cabeza y el pensamiento, y a las funciones conscientes y directivas. Por el contrario, el sótano corresponde al inconsciente y los instintos (como en la ciudad, las alcantarillas) (127)
De alguna manera, escogí el sótano porque –si acordamos seguir la metáfora de la psique como una casa- es la habitación que mejor representa las pulsiones inconscientes del ser. Como dice Bachelard, el sótano “es ante todo el ser oscuro de la casa, el ser que participa de los poderes subterráneos” (38). En este sentido, la relación entre arriba y abajo, es decir,
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la construcción del símbolo desde la verticalidad, ayuda a comprender por qué el sótano representa mejor el estado interno de los personajes. Cuando a Claudia y a Dolores han aceptado vivir en el encierro como parte de su sacrificio para que Mariana esté tranquila, esto coarta las posibilidades de desarrollo y autorrealización que tienen. Es decir, se les ha prohibido subir al ático de su ser, pues su consciencia debe ser sometida para no rebelarse ni exigir su autodesarrollo.
Sin embargo, no es posible acallar las fuerzas del inconsciente. Y por más que deban acomodarse a una vida encerrada en el sótano de su existencia, allí no existe otra cosa más que vida. En primera instancia, Claudia y Dolores conviven en una lucha entre el acomodarse o el resistir. Y esto se refleja en la relación que establecen con el espacio que las rodea. Claudia limpia el lugar y se encarga de mantener un hogar para las dos. Dolores, por su parte, ejerce gestos inútiles de resistencia que no logran materializarse en libertad. En la primera escena, Claudia y Dolores tienen una conversación sobre la fecha en la que se encuentran:
CLAUDIA: adivina en qué fecha estamos.
DOLORES: déjame consultar al calendario imaginario que tenemos.
CLAUDIA: (ignorando el sarcasmo) ¡va a ser navidad! Saqué el cálculo con tus marcas en la pared. ¿Qué sentido tiene marcar los días si no llevas la cuenta?
DOLORES: no quiero llevar la cuenta del tiempo acá abajo.
Dolores no quiere estar abajo, y el gesto de rasguñar las paredes del sótano es de alguna manera un intento de llamar la atención del consciente. Rasgar las paredes de la casa es intentar recordarle a la casa que abajo hay dos personas vivas, hambrientas por salir al mundo que les pertenece. Me imaginé que Dolores tenía esta especie de ritual reiterativo y sin sentido –ya que no quiere realmente constatar el tiempo de su encierro- porque eran las formas en las que ella podía recordarse a sí misma, a Claudia y a la casa en su totalidad que abajo no están bien. Que deben, eventualmente, recuperar el arriba. Hacerle cicatrices a la casa es de alguna forma un gesto que busca establecer la comparación con lo que pasa en el inconsciente. Dolores hace señales para que el resto de la casa reconozca que debe abrir sus puertas para el desarrollo y la autorrealización. Para que las niñas puedan subir al ático consciente de los pensamientos y el autodescubrimiento.
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En la introducción al libro El hombre y sus símbolos, John Freeman describe la filosofía del psicoanálisis de Carl G. Jung de la siguiente forma: “… la filosofía de Jung acerca de la vida [trata de que] el hombre se totaliza, integra, calma, se hace fértil y feliz cuando (y solo entonces) se completa el proceso de individuación, cuando el consciente y el inconsciente ha aprendido a vivir en paz y a complementarse recíprocamente” (Jung 14). Esta concepción de la individuación fue muy nutritiva al momento de pensar en la situación interna que viven los personajes. Si bien en la obra el principal obstáculo que impide Claudia y Dolores logren desarrollarse y vivir en libertad tiene que ver con los roles familiares (sociales) que les toca llevar para mantener la estabilidad de la casa – representado en el encierro físico, a pesar de ser en realidad un encierro emocional-, me interesó el concepto de individuación como el proceso de establecer una comunicación fluida, complementaria y calma entre inconsciente y consciente. La noción de psiquis propuesta por Jung y las diferencias entre consciente e inconsciente necesitan una profundización y análisis extenso que en esta oportunidad ha quedado fuera de mi trabajo por no ser central para la relación que busco establecer entre individualidad y sistema familiar. Sin embargo, la comprensión de alguno de sus términos complementó mi idea de individualidad y autorrealización que quise desarrollar en la obra. Pues, según Jung, el inconsciente es el aspecto “oscuro” de la psiquis humana, el lugar donde ocurre un tipo de actividad mental al que no tenemos acceso desde el consciente. Él explicaría que “… cuando algo se evade de nuestra consciencia no cesa de existir, como tampoco un coche que desaparece al volver una esquina se diluye en el aire. Simplemente, está fuera de nuestra vista…” (32). El gesto de Dolores de romper las paredes de la casa apunta a eso. Si bien el rol que les ha tocado cumplir ha disminuido sus posibilidades de desarrollo, no es posible eliminar por completo las pulsiones que existen dentro de un ser humano para autorrealizarse. El encierro en el sótano es una bomba de tiempo que eventualmente explotará –como una represa que comienza a rajarse con la llegada de Clara.
La idea del inconsciente de Jung me sirvió para dotar de valor simbólico al sótano como una representación física de ese lugar oscuro donde van a dar los pensamientos e impulsos olvidados o reprimidos, pero que no dejan de existir o de generar pulsiones. Como él menciona:
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además de los recuerdos de un pasado consciente muy lejano, también pueden surgir por sí mismos del inconsciente pensamientos nuevos e ideas creativas, pensamientos e ideas que anteriormente jamás fueron conscientes. Se desarrollan desde las oscuras profundidades de la mente al igual que un loto y forman una parte importantísima de la psique subliminal (37)
El sótano es el inconsciente de los personajes porque es todo lo opuesto a un espacio estéril en el que las jóvenes se conforman estar. Incluso para Claudia, que es el personaje que representa los esfuerzos homeostáticos para ayudar a su madre, estar en el sótano es difícil. La situación en la que se encuentran las empuja a la acción. No es posible que nada ocurra en el sótano, así como no es posible que el inconsciente sea un espacio vacío de la mente solo porque no tenemos acceso de manera consciente. Finalmente, el inconsciente es una herramienta que ayuda a comunicar al consciente los impulsos enterrados, pues “así como los contenidos conscientes pueden desvanecerse en el inconsciente, hay contenidos nuevos, los cuales nunca fueron conscientes, que pueden surgir de él” (37). Quise pensar el encierro y el sótano como reflejo, por un lado, del estado emocional interno que deben vivir los personajes al someter su individualidad para la estabilidad familiar. Pero, por otro lado, también quise reflejar con el sótano que el inconsciente no elimina los deseos, por lo que es también el lugar donde llega Clara a recordarles que deben liberarse. Es el lugar donde Dolores rasguña las paredes para hacer notar su presencia. El sótano es el espacio dentro de la mente que impulsa al autodesarrollo y autorrealización. Donde surgen nuevos pensamientos relacionados con los deseos internos del crecimiento y la transformación. Como menciona Bachelard, “en el sótano las tinieblas subsisten noche y día. Incluso con su palmatoria en la mano, el hombre ve en el sótano cómo danzan las sombras sobre el negro muro” (39). En el espacio indeterminado del inconsciente, existes fuerzas subterráneas que impulsarán finalmente a las niñas a salir de ahí.
De esta forma, el encierro es un dispositivo situacional, simbólico y espacial que permite escenificar el estado interno de los personajes y su inconsciente. Y, al mismo tiempo, quise materializar en el espacio el proceso de encontrar la individualidad que los personajes viven durante la obra. En este sentido, la primera figura que sirve como conexión entre el abajo y el arriba, entre la homeostasis y la transformación es la presencia de la escalera que atraviesa la escena. Al pensar la casa desde su noción de verticalidad, la escalera se transforma inmediatamente en la unión y la estructura que permitiría unir los
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espacios del consciente y el inconsciente. Según la explicación de la casa como símbolo de la psiquis que entrega Juan Eduardo Cirlot, “la escalera es el medio de unión de los diversos planos psíquicos. Su significado fundamental depende de que se vea en sentido ascendente o descendente” (127). Me interesó poner una escalera en escena porque justamente plantea la posibilidad de comunicación con el resto de la casa. La problemática que desarrolla la obra es la posibilidad de desarrollo de la individualidad en una sistema familiar, y lo que plantea la obra es que el individuo sí puede autorrealizarse si rompe los roles que han sido diseñados para él. La escalera es el canal que conecta las realidades fragmentadas de la casa. Una especie de portal que se ilumina intensamente cada vez que es abierto.
Así, cada escalón es un recordatorio constante de que hay un arriba al que se puede acceder. Pero no es sino hasta que llega Clara que se activa ese espacio de la habitación. Pues, cuando desciende por la escalera, llega para quebrar la estabilidad e inmovilidad que mantenía a Claudia y a Dolores condenadas a la existencia del sótano. En la segunda escena, aparece por primera vez una acción con la escalera que tenga una dirección ascendente: “CLARA se encuentra parada en el inicio de la escalera y mira hacia arriba”. Antes de la llegada de Clara, la relación entre el sótano y la casa se direccionaba desde arriba hacia abajo. Es decir, Claudia y Dolores se encuentran a la espera de que vuelva a aparecer un haz de luz poderoso que indique que hay vida al otro lado de la puerta en la escalera. Cuando Clara ya está en el sótano, es la primera vez que los escalones sugieren un orden contrario, una rebelión al orden dictaminado por el padrastro desde arriba en la casa.
Después de un rato, [CLARA] comienza a subir los escalones de manera lenta y pausada, de forma robótica y poco natural. Va sintiendo cada escalón, como si de esa forma estuviera estudiando la escalera. CLAUDIA la mira desde la cocina y mueve la cabeza desaprobando lo que hace. Sirve dos platos de avena y le lleva uno a DOLORES. DOLORES guarda sus cosas y se sientan a comer en silencio. Se escuchan las cucharas golpear los platos y los pasos de CLARA en la escalera (escena II)
Este primer acto subversivo es el punto de inicio de la alteración total que Clara va a significar. Su andar por la escalera es un acto simbólico de activación de las posibilidades y las acciones permitidas dentro del sótano. Claudia, que está perturbada por la llegada de esta persona extraña y fuera de la lógica establecida entre el sótano y la casa, es removida