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4. Common Foreign and Security Policy

4.3 Comprehensive security

LAS DIFERENTES RAMAS INDUSTRIALES

LOS OBREROS FABRILES PROPIAMIENTE DICHOS

Si ahora queremos examinar más detenidamente cada uno de los sectores más importantes del proletariado inglés, conforme al principio establecido anteriormente, tendremos que comenzar por los obreros fabriles, es decir, aquellos comprendidos en las disposiciones de la ley de fábricas. Esta ley reglamenta la duración del trabajo en las fábricas donde se hila o teje la lana, la seda, el algodón y el lino utilizando la fuerza hidráulica o la máquina de vapor y abarca por consiguiente las ramas más importantes de la industria inglesa. La categoría de obreros que vive de esos trabajos es la más numerosa, la más antigua, la más inteligente, y la más enérgica; pero por esa razón también, la más revoltosa y la más odiada de la burguesía; ella está en particular los obreros que trabajan el algodón a la cabeza del movimiento obrero, del mismo modo que sus patrones, los industriales, están, sobre todo en Lancashire, al frente de la agitación burguesa.

Ya hemos visto, en la introducción, que la población que trabaja en los sectores mencionados anteriormente había sido arrancada de sus condiciones de vida precedentes por la aparición de nuevas máquinas. Por tanto no debemos sorprendernos de que los progresos de los descubrimientos mecánicos la hayan afectado, más tarde también, de manera más sensible y duradera. La historia de la industria del algodón

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tal como se puede leer en las obras de Ure* y Baines** entre otros autores, está llena de ejemplos de nuevas mejoras; y la mayoría ha sido introducida también en las demás ramas industriales a que nos hemos referido. Casi por todas partes, el trabajo mecánico ha sustituido el trabajo manual, casi todas las operaciones se efectúan con ayuda de la energía hidráulica o de la fuerza del vapor, y cada año aporta nuevos perfeccionamientos.

Si reinara la armonía en la sociedad, uno no podría menos que regocijarse de tales mejoras; pero en la guerra de todos contra todos, algunos individuos se apoderan de las ventajas que de ello resultan, quitando de ese modo a la mayoría los medios de vida. Todo perfeccionamiento mecánico lanza obreros a la calle, y, mientras más importante es la mejora, más numerosa es la categoría reducida al paro forzoso; cada una tiene por tanto sobre cierto número de trabajadores el efecto de una crisis económica, engendrando miseria, penuria y delincuencia. Citemos algunos ejemplos. Dado que ya la primera máquina inventada, la Jenny (cf. más arriba), era manejada por un solo obrero, y producía en igual tiempo seis veces más que un torno para hilar, cada nueva Jenny desplazó a cinco obreros. La Throstle que, a su vez, producía mucho más que la Jenny y sólo exigía también únicamente un obrero, ocasionó aún más desplazamientos. La Mule, que con respecto a su producción reclamaba46 todavía menos obreros, tuvo el mismo efecto, y cada perfeccionamiento de la Mule, es decir, cada aumento del número de sus husos, redujo a su vez el número de obreros necesarios. Este aumento del número de husos es tan importante que, a causa del mismo, muchedumbres

* The Cotton Manufacture of Great Britain (La industria manufacturera del algodón en Gran Bretaña) by Dr. A. Ure, 1836. (2 vols.) (F.E.)

** History of the Cotton Manufacture of Great Britain (Historia de la industria del algodón en Gran Bretaña) by E. Baines, Esq., 1835 (F.E.)

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(1892) notig machte (1845) notig hatte.

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de obreros han quedado sin trabajo; porque si antes un "hilandero" ayudado de algunos niños (piecers) podía accionar 600 husos, en lo adelante pudo atender de 1400 a 2 000 de ellos en dos Mules, con el resultado de que dos hilanderos adultos, y cierto número de piecers que ellos empleaban, quedaron sin trabajo. Y desde que, en un número importante de hilanderías Mules, se han

introducido las self-actors, el papel del hilandero ha desaparecido completamente y es la máquina quien trabaja. Tengo ante mí un libro* del cual es autor el jefe reconocido de los cartistas de Manchester, James Leach. Este hombre ha trabajado durante años en diversas ramas industriales y en minas de carbón, y yo lo conozco personalmente: es un hombre valiente, digno de confianza y capaz. Debido a su posición en el partido, él tenía a su disposición los datos más exactos sobre diferentes fábricas, recogidos por los propios trabajadores, y él publica en su libro cuadros de donde resalta que, en 1829, había en 35 fábricas .1083 hilanderos de la Mule más que en 1841, mientras que el número de husos en esas 35 fábricas había aumentado en 99429. Menciona 5 fábricas donde ya no hay ni un solo hilandero, ya que las mismas utilizan self-actors. Mientras que el número de husos aumentaba en l0%, el de hilanderos disminuía en 60%. Y, añade Leach, se han logrado tantos perfeccionamientos desde 1841 por la duplicación de filas de husos (double decking) y otros procedimientos, que en las fábricas de que hablamos la mitad de los hilanderos han sido a su vez despedidos; en una fábrica donde había recientemente todavía 80 hilanderos, no quedan más que 20, los demás han sido despedidos o bien han sido empleados en trabajos de niños por un salario de niño. Leach cita casos análogos en cuanto a Stockport, donde en 1835, 800 hilanderos estaban empleados y solamente 140 en 1843, pese al desarrollo sensible de la industria de Stockport en los últimos 8 ó 9 años. Se han hecho

* Stubborn Facts from the Factories, by a Manchester Operative. Published and Dedicated to the Working Classes (Hechos irrefutables sacados de la vida fabril. Editado y dedicado a la clase obrera, por un obrero industrial de Manchester), según Won. Rasleigh, M. P., Londres, Ollivier, 1844, pp, 28 y ss. (F.E.)

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perfeccionamientos análogos en las máquinas de cardar, lo cual ha dejado a la mitad de los obreros sin trabajo. En una fábrica, se han puesto en servicio máquinas de torcer que han dejado sin trabajo a 4 obreros de cada 8 y, además, el industrial ha rebajado el salario de las otros cuatro, de 8 a 7 chelines. Lo mismo ha ocurrido en cuanto al tejido. El telar mecánico ha conquistado sucesivamente todos los sectores del tejido manual y como produce mucho más que el telar de mano y un solo obrero puede atender dos telares mecánicos, aquí también numerosos trabajadores han quedado parados. Y en todas las industrias, en el hilado del lino y de la lana, en el tramado de la seda, es la misma cosa; el telar mecánico comienza incluso a conquistar algunos sectores del tejido de la lana y del lino; solamente en Rochdale hay más telares mecánicos que manuales en el tejido de la franela y otros paños. La respuesta habitual de la burguesía es que los perfeccionamientos

introducidos en las máquinas, al reducir los gastos de producción, hacen que sean más baratos los productos acabados, y que gracias a la baja del precio aumenta el consumo de modo que los trabajadores parados pronto hallan empleo en las fábricas que se crean. Desde luego, la burguesía tiene razón al afirmar que, en ciertas condiciones favorables al desarrollo industrial, toda baja del precio de una mercancía, cuya materia prima cuesta poco, incrementa mucho el consumo y hace que se creen nuevas fábricas; pero aparte de esto, todas las demás palabras en esa afirmación son patrañas.

No tiene en cuenta que hay que esperar años hasta que las consecuencias de la baja del precio se hagan sentir, hasta, que las nuevas fábricas sean construidas; nos oculta que todos los perfeccionamientos lanzan cada vez más sobre la máquina el verdadero trabajo, el trabajo agotador, transformando así el trabajo de los adultos en una simple vigilancia que puede muy bien realizar una débil mujer, incluso un niño, lo cual hacen efectivamente por un tercio o la mitad del salario del obrero; que, por consecuencia, los hombres adultos son cada vez más apartados de la industria y ya no son empleados de nuevo en esa producción incrementada; nos oculta que ramas enteras

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desaparecen así, o son de tal modo transformadas, que requieren un nuevo aprendizaje; y se cuida mucho de confesar aquí aquello de lo cual se jacta habitualmente, cuando se habla de prohibir el trabajo de menores; a saber, que el trabajo fabril para ser aprendido como conviene, debe serlo desde la más temprana juventud y antes de la edad de diez años (cf. por ej. Numerosos pasajes del Factories Inq. Comm. Rept.); no dice que el perfeccionamiento de las máquinas se prosigue continuamente y que desde el instante en que el obrero se aclimata en un nuevo sector de trabajo, suponiendo que ello sea posible, le arrebata ese trabajo, quitándole así el poco de seguridad en su posición que le quedaba todavía. Pero ella, la burguesía, sí obtiene beneficio de los perfeccionamientos mecánicos; durante los primeros años en que muchas máquinas anticuadas trabajan todavía y en que el perfeccionamiento no se ha generalizado, tiene la mejor ocasión de amasar dinero; sería demasiado pedir que ella tenga también ojos para los inconvenientes de las máquinas así perfeccionadas.

La burguesía también ha negado acaloradamente que las máquinas perfeccionadas rebajan los salarios, mientras que los obreros no han cesado de afirmarlo. Ella sostiene que pese a la baja del salario por piezas debido al hecho de que la producción ha devenido más fácil, el salario semanal en conjunto ha aumentado más bien que disminuido y que la situación del obrero lejos de empeorar más bien ha mejorado. Es difícil ver qué es lo que hay en

ello realmente, porque los obreros se refieren casi siempre a la baja del salario por piezas; sin embargo, lo cierto es que incluso el semanal en ciertas ramas ha sido reducido por la introducción de máquinas. Los obreros conocidos por "hilanderos finos" (aquellos que hacen el hilado fino en la Mule) perciben, desde luego, un salario elevado, de 30 a 40 chelines por semana, porque ellos poseen una asociación poderosa que lucha por mantener el salario de los hilanderos y su oficio exige un penoso aprendizaje pero los hilanderos de hilo grueso tienen que competir con las máquinas automáticas (self-actors), - inutilizables para el hilo fino- y cuyo sindicato ha sido

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debilitado por la introducción de esas máquinas, reciben en cambio un salario muy bajo. Un hilador de telar mecánico (Mule) me ha dicho que él no ganaba más de 14 chelines par semana y eso corrobora las afirmaciones de Leach. Este sostiene que en varias fábricas los hiladores de hilo grueso ganan menos de 161/2 chelines por semana, y que un hilador que hace tres años ganaba 30 chelines, recibe apenas 121/2 actualmente; que, el año pasado, él no había ganado efectivamente más por término medio. Puede ser que el salario de las mujeres y los niños haya bajado menos, pero por la sencilla razón de que no era muy elevado desde el principio. Yo conozco varias mujeres que son viudas, tienen niños y ganan penosamente 8 ó 9 chelines por semana; quienquiera que conozca en Inglaterra el precio de los artículos de primera necesidad estará de acuerdo conmigo en que ellas no pueden vivir así decentemente, ellas y su familia. En todo caso, la afirmación unánime de los obreros es que los perfeccionamientos mecánicos han hecho generalmente bajar los salarios; y en todas las reuniones de obreros de los distritos industriales, se puede oír decir claramente que la afirmación de la burguesía industrial, según la cual la situación de la clase trabajadora ha mejorado gracias a la fabricación mecánica es considerada por esa propia clase como pura mentira. Pero aun cuando fuese cierto que únicamente el salario relativo, el salario por piezas, ha bajado, en tanto que la suma de ingresos semanales no ha variado, ¿Cuál es la conclusión? Que los trabajadores han tenido que contemplar tranquilamente cómo esos señores, los industriales, llenan su bolsa y sacan provecho de todas los perfeccionamientos, y no comparten con ellos la más mínima parte; en su lucha contra los trabajadores, la burguesía olvida hasta los principios más comunes de su propia economía política: Ella que no jura sino por Malthus, implica a los trabajadores en su propio miedo: los millones Ellos son los peor pagados y, aun en el caso de ocupación de Inglaterra, ¿dónde, pues, habrían hallado trabajo sin las máquinas?*

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¡Necedad! Como si la propia burguesía no supiera muy bien que sin las máquinas y el desarrollo industrial que ellas han generado, ¡esos "millones" no hubieran venido al mundo ni crecido! La única utilidad que las máquinas, han tenido para los trabajadores es que les han mostrado la necesidad de una reforma social que haga trabajar a las máquinas, no contra los obreros, sino para los obreros. Esos sabios burgueses sólo tienen que preguntar lo que hacían antes a las personas que, en Manchester y en otras partes, barren las calles (es cierto que ya eso ha pasado a la historia, porque se han inventado para ese trabajo también máquinas y se han puesto en servicio) o que venden en las calles sal, fósforos, naranjas y baratijas, o también que son reducidos a la mendicidad; y muchos responderán: obrero de fábrica reducido al paro forzoso por las máquinas. Las consecuencias del perfeccionamiento técnico no son, en el régimen social actual, sino desfavorables al obrero y con frecuencia agobiantes; cada nueva máquina provoca desocupación, miseria y angustia, y en un país como Inglaterra donde, sin eso, existe casi siempre "una población excedente", el desempleo es en la mayoría de los casos, lo peor que puede suceder a un obrero. Fuera de eso, ¡qué efecto agotador, enervante, debe tener sobre los obreros, cuya posición ya no es sólida, esa inseguridad de la existencia que resulta de los progresos ininterrumpidos del maquinismo y del paro forzoso que ellos conllevan! Aquí también el obrero no tiene más que dos salidas para escapar a la desesperación: la rebelión interna y externa contra la burguesía, o bien la bebida, el vicio. Y a esas dos soluciones los obreros pueden recurrir. La historia del proletariado inglés cuenta por centenares los motines contra las máquinas y la burguesía en general; en cuanto al vicio, ya hemos hablado de ello. Él mismo sólo es en realidad otro aspecto de la desesperación.

Aquellos que llevan la vida más dura son los obreros que deben luchar contra una máquina a punto de imponerse. El precio de los artículos que ellos confeccionan se alinea con aquel de los artículos que fabrica la máquina y como ella trabaja más económicamente, el obrero que tiene que rivalizar con ella es el

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peor pagado. Esa situación es la de todo obrero que trabaja con una máquina anticuada en competencia con una máquina más reciente y perfeccionada. Eso es natural. ¿Quién, pues, sino él, debe soportar el daño? El industrial no quiere desprenderse de su máquina, tampoco quiere soportar los inconvenientes de

ella. Contra su máquina, que no es más que materia muerta, él no puede nada; por consiguiente, la toma con el trabajador que es un ser viviente, ese cabeza de turco de la sociedad. Entre los obreros a quienes las máquinas hacen competencia, los peor tratados son los tejedores manuales de la industria del algodón. Ellos son los peor pagados y, aun en el caso de ocupación plena les es imposible ganar más de 10 chelines por semana. Un lienzo tras otro le es disputado por el telar mecánico, y además, el tejido manual es el último refugio de todos los trabajadores de las demás ramas que se han visto desplazados, de modo que ese sector se halla constantemente superpoblado. Por eso el tejedor manual se considera dichoso, durante los períodos regulares, cuando puede ganar 6 ó 7 chelines por semana, e incluso para ganar esa suma tiene que trabajar de 14 a 18 horas diarias. La mayoría de las telas, por otra parte, exige un local húmedo, a fin de que el hilo de trama no se rompa a cada instante, y tanto por esa razón como a causa de la pobreza del obrero, que no puede pagar una vivienda mejor, los talleres de tejedores manuales casi siempre no tienen ni piso ni embaldosado. Yo he visitado numerosas viviendas de tejedores manuales, en siniestros atrios y callejuelas retiradas, habitualmente en sótanos. No era raro que media docena de esos tejedores manuales, algunos de ellos casados, viviesen juntos en un solo cottage, que únicamente tenía una o dos salas de trabajo y una alcoba grande para todos. Su alimentación consiste casi solamente en papas, algunas veces un poco de papilla de avena, raramente leche, casi nunca carne; un gran número de ellos son irlandeses o de origen irlandés. ¡Y esos pobres tejedores manuales que cada crisis económica afecta con mayor intensidad deben servir de arma a la burguesía, a fin de que ésta pueda resistir los ataques dirigidos contra el sistema industrial! ¡Miren, exclama ella triunfalmente, miren cómo esos pobres tejedores manuales son reducidos a carecer de todo,

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mientras los obreros de fábrica viven muy bien, y ahora juzguen el sistema industrial!* Como si no fuese precisamente el sistema industrial y el maquinismo -uno de sus elementos- los que han reducido a los tejedores manuales a un nivel tan bajo de vida. ¡Cómo si la burguesía no lo supiera tan bien como nosotros! Pero en ello está el interés de la burguesía y en tal caso es natural que recurra a algunas mentiras e hipocresías.

Examinemos más detenidamente el hecho de que las máquinas suplantan cada vez más al obrero adulto masculino. El trabajo en las máquinas consiste principalmente tanto en el hilado como en el tejido -en volver a atar los hilos que se rompen, ya que la máquina hace todo lo demás; ese trabajo no exige ningún esfuerzo físico, sino dedos ágiles. Por tanto, no solamente los hombres no son indispensables en el mismo, sino que además el mayor desarrollo de

los músculos y de los huesos de sus manos los hace menos aptos para ese trabajo que las mujeres y los niños; por ende, ellos son de forma muy natural casi totalmente suplantados en esa labor. Más los gestos de los brazos, los esfuerzos musculares son, por la utilización de máquinas, realizados por la energía hidráulica o la fuerza del vapor, y menos necesidad se tiene de hombres; y como las mujeres y los niños resultan por otra parte más baratos y son más hábiles que los hombres en ese género de trabajo, son ellos a quienes se emplea. En las hilanderías no se encuentran en las Throstles sino mujeres y niñas, un hilador en las mules, un hombre adulto (que incluso desaparece si hay self-actors) y varios piecers encargados de atar de nuevo los hilos que se rompen; casi siempre se trata de niños o mujeres, a veces jóvenes de 18 a 20 años, y de vez en cuando un hilandero de edad que ha perdido supuesto.**

* Por ejemplo, el Dr. Ure en Philosophy of Manufactures. (F.E.)

** "La situación, en lo que concierne a los salarios, es actualmente muy irregular en algunos sectores de la fabricación de hilados de algodón en Lancashire; hay centenares de jóvenes, entre 20 y 30 años, empleados como piercers o en otra ocupación y no ganan más de 8 ó 9 chelines a la

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Casi siempre son mujeres de 15 a 20 años y más, las que trabajan en el telar mecánico; también hay algunos hombres, pero raramente conservan ese empleo después de los 21 años de edad. En las máquinas de prehilar, no se