2. The Brussels Convention
2.5 Consensus
Lancé una mirada a la grabadora cuando Kalil bajó los ojos al suelo y, conteniendo la última emoción, dejó de hablar.
—Mi África.
Esas dos palabras flotaron entre nosotros. Unos largos, muy largos segundos.
—¿Quieres añadir algo más? —le pregunté.
Hizo un gesto vago y alzó de nuevo la cabeza. Sus ojos se encontraron con los míos. Unos ojos serenos, plácidos. Los ojos de quien ha vuelto del infierno y es capaz de contarlo.
—Usted conoce el resto, señor. Kalil Mtube suspiró.
Apagué la grabadora. Creo que él lo necesitaba. No había dejado de mirarla hora tras hora, día tras día. Tan esclavo de ella como un día lo fue de Manu Sibango y de su destino. Las ruedecitas dejaron de girar y quedamos libres de su inercia. No volví a arrellanarme en la butaca, apoyé los dos codos en las rodillas y mantuve la horizontal de su mirada.
—El resto es otra larga historia, Kalil.
—Me salvaron, se desató el escándalo, fui el único superviviente de aquel barco... De eso ya hablaron los periódicos, todo el mundo lo conoce.
—Y volviste a casa. —Volví a casa —asintió. —¿Crees que tuviste suerte? —Sí, claro.
—¿Y nada más?
—Huí del campo de Manu Sibango, me escondí en el barco... No me rendí, si es eso a lo que se refiere.
No había conseguido que me tuteara. Siempre me hablaba de usted. Y llevábamos juntos más de dos semanas. Cinco años después, y a pesar de haber estudiado y aprendido, Kalil Mtube todavía sentía el peso de su legado.
—Tuviste una oportunidad.
—Y la he aprovechado, creo, aunque... —¿Qué? —le alenté a seguir.
—Sigue habiendo explotación, países que exportan niños y países que los importan, esclavitud, personas que se benefician de ello y personas capaces de matar a un niño a sangre fría, guerras como la de Sierra Leona y naciones ricas que construyen su economía sobre la sangre de los más débiles... Nada ha cambiado, señor.
—Tu historia cuenta. El mundo intenta ayudar, y lo sabes.
—El mundo lleva años sabiendo esto, y sólo unos pocos aquí y allá hacen algo, aunque siempre cuando ya es demasiado tarde. ¿Cuántos niños más tendrán que morir para que las grandes potencias nos escuchen? Con lo que cuesta un simple tanque se
abrirían miles de pozos de agua, con los que millones de personas tendrían una oportunidad aquí mismo, en África.
—¿Escéptico?
—Realista. Por eso sigo estudiando. —Y vas a luchar.
—Por supuesto. De entrada, para decir a los padres que no vendan a sus hijos, y que no se dejen engañar, por ignorancia, cuando alguien les diga que su hijo tendrá una oportunidad porque lo vaya a adoptar una familia rica que le dará de comer, o cuando les prometan un trabajo digno con el que un día podrá regresar a casa con dinero. Ése será el primer paso. Después habrá que ir a por los intermediarios, y los empresarios que emplean niños, y...
Por un momento, sus ojos desprendieron chispas. Un fogonazo de furia. Rápidamente volvieron a su opaca transparencia. No recordaba haberle visto reír. Tenía veinte años, la edad de miles de jóvenes en el mundo entero, pero Kalil Mtube no reía.
—¿Cuánta gente conocerá mi historia, señor? —Mucha gente, te lo prometo.
—Nunca es suficiente. —Lo sé.
—Todavía tengo que encontrar a mi hermana pequeña, ¿sabe?
Le puse una mano en la rodilla. Existía un profundo respeto entre los dos. De no haberlo habido, aquello habría sido imposible. Confiaba en mí. Y lo que me esperaba no era fácil, a pesar de mi experiencia. Dar forma a aquella historia era difícil.
—¿Hay algo que quieras decir antes de que me vaya? —se me ocurrió preguntarle de pronto.
Se encerró un poco en sí mismo y en sus recuerdos. Viajó hacia dentro. Lo supe porque sus ojos, aunque me miraban, dejaron de verme. Pensé que iba a decirme que no, que ya estaba todo dicho, que dependía de mí darle forma al conjunto cuando lo escribiera.
Me equivoqué. —Naya —suspiró. —¿Naya?
—Aún la echo de menos, señor. Nunca podré olvidarla. Yo habría muerto en la plantación de Manu Sibango, jamás me habría escapado. Fue ella la que... Fue su muerte la que me obligó a vivir y a ser libre.
Tampoco lloró hacia afuera.
Pero supe que sí lo hacía por dentro. —Suerte, Kalil.
Y los dos nos estrechamos la mano.
A
AGGRRAADDEECCIIMMIIEENNTTOOSSYY
RREECCUUEERRDDOOSS
A mis guías y compañeros de viaje, Antonia, Margarita, Paco. A quienes lo vivieron y lo han contado. A Jaume, que lo documentó. A los quince mil niños esclavos —las cifras son imprecisas— que trabajan en los campos de cacao de Costa de Marfil. A los diecisiete millones de niños que en todo el mundo —las cifras son de nuevo imprecisas— viven en condiciones de esclavitud. A los trescientos mil niños —más imprecisión— que luchan hoy en las dos docenas de guerras que asolan el planeta. A los trescientos millones de niños — ¿cabe más imprecisión al hablar de «millones» en números redondos?— que combaten en guerrillas, son desplazados, obligados a prostituirse, viven abandonados en los suburbios de las grandes ciudades o trabajan en condiciones infrahumanas sin derecho a nada, ni un salario digno, ni higiene, ni escolarización, a lo largo y ancho de este mundo nuestro de cada día. Y a los dos millones que sólo en la última década han muerto en guerras, los seis millones que han quedado mutilados, los doce millones que han sido desplazados de sus casas o aquellos que desaparecen sin más para que sus órganos sean trasplantados a los hijos de quienes pueden pagarlo.
Niño más, niño menos.
N
NOOTTAASS
1 Especie de puré que se elabora con ñame, cocido o asado, y al que se añade harina de maíz.
2 Una de las lenguas más comunes en Malí, Costa de Marfil y Burkina Faso, aunque el francés sea el
idioma oficial en los tres países. En Malí también se habla bambara, malínke, kasonke, senufo, songhai, tamashek y wasukIunke; y en Costa de Marfil, además de senufo en el norte, se habla yacuba, agni y baulé. Esta última lengua es la de la etnia más importante y la que tiene las riendas del poder.
3
Cerveza de mijo.
4 Aguardiente hecho a base de bangui, la savia de la palmera, amarga y dulce a la vez. 5
Plato nacional de Costa de Marfil, a base de plátano, en una versión, y de ñame en la otra. Se sirve acompañado de pescado o carne.
6
Gracias.
7 Buenos días —para antes de las 12 del mediodía—. Después de esa hora se dice Ani wula. 8 ¿Qué tal?
9
Personaje que se encarga de custodiar el alma en África. Desempeña un papel social y religioso muy importante. Los hay animistas —culto al alma—, religiosos —casi siempre musulmanes— y «de cuerda» — charlatanes que actúan por dinero—. Son brujos, médiums, hechiceros, adivinos...
10 En el África negra muchos creen en las virtudes de la «piedra negra» contra las picaduras de