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El ingreso de la planeación urbana a la agenda nacional a finales de los setenta, planteó una intervención por medio de programas formulados con conceptos abstractos y objetivos dispersos, por consiguiente fracasaron, en parte porque los propósitos trazados estaban fuera de toda realidad y al mismo tiempo no contaban con los instrumentos necesarios para ser alcanzados.

Además, dicha planeación estaba impregnada de una visión espacialista, la cual sostuvo, el supuesto de que equilibrando las regiones del país por medio de balancear población, necesidades e infraestructura, se alcanzaría un desarrollo económico próspero y sostenido; omitiendo totalmente atacar los orígenes de dichos problemas, tales como el exagerado centralismo político, económico y administrativo, por ejemplo.

Conjuntamente, en los primeros intentos por lograr la formación de una estructura urbana, desafortunadamente se centró en una planeación normativa y no operativa. Lo que permitió, un desbordado crecimiento demográfico del Distrito Federal así como de sus alrededores, encabezado por la especulación de terrenos y mutilando cualquier oportunidad para aquellos que estaban fuera de las expectativas del mercado; dando pauta a la marginación, segregación y pobreza urbana, ya que muchas de las propiedades legales o ilegales, fueron invadidas por miles de personas sin oportunidad de adquirir un espacio en donde vivir, provenientes en su mayoría, de zonas rurales del resto del país.

De tal forma, que se hizo evidente la incapacidad de la administración pública para tratar de controlar el aumento de la mancha urbana del Distrito Federal y el Estado de México, lo cual se tradujo en un crecimiento desordenado y regido por los criterios del oportunismo, las invasiones de terrenos y la posterior exigencia por parte de organizaciones vecinales para que les fueran suministrados

los servicios básicos. Es decir, no existió una zonificación del uso de suelo y por lo tanto se perdió toda vigilancia, y peor aún, no se halló una idea o imagen de la ciudad a construir, ejemplos de tal inexistencia de planeación: Iztapalapa y Nezahualcóyotl.

Una vez finalizada la reforma administrativa, bajo la cual se creó la ley orgánica de la administración pública federal, se sentaron las bases de un sistema público sectorizado para posteriormente organizar todo un proceso de planeación, con la única intención de sistematizar las acciones a ejecutar para fomentar un crecimiento coherente; no obstante, se presentó un problema a dicho sistema, el cual consistió en que su operación coincidió con una fuerte crisis económica que le impidió manejar suficientes recursos para alcanzar sus metas, ya que los objetivos nacionales, respondían a otras prioridades e impidió la aplicación real de los programas creados para cada sector, incluidos los de planeación urbana.

Así, las dificultades que enfrentaron las instituciones para poder ejecutar los instrumentos del sistema, también obstaculizaron el cumplimiento de la planeación urbana, de tal suerte que sólo se lograron avances parciales y con poco impacto, mientras que la metrópoli ya se encontraba consolidada y comenzaba su fase de expansión, en parte al rápido establecimiento de colonias en lugares como Iztapalapa y Nezahualcóyotl, pertenecientes a los alrededores de las delegaciones centrales.

Asimismo, la situación urbana de la Zona Metropolitana de la Ciudad de México, debe entenderse como consecuencia de una serie de medidas que se han tomado a través del tiempo, por ejemplo, la escasa regulación por parte del gobierno mientras el crecimiento del tejido urbano ha sido permanente. Lo cual le imprime a la planeación de ésta ciudad, una característica muy peculiar: concebir el desarrollo futuro sobre una ciudad totalmente establecida, en otras palabras, se tiene que planear, en parte, para el conflicto.

Así, la planeación urbana continua enfrentando obstáculos que le impide ser realmente efectiva, ya que se encuentra enmarcada en un sistema de planeación que en materia urbana no permite alcanzar objetivos a diez, veinte o hasta cincuenta años, frustrando la utilización de herramientas administrativas necesarias hoy en día, como la planeación prospectiva o la estratégica; impidiendo el desarrollo de la ciudad. Bajo tal contexto, el reconocimiento de la región urbana ubicada en el centro del país, resulta estratégica para ayudar a solventar las necesidades futuras de la nación y establecer claros marcos de referencia para gobiernos locales como Iztapalapa y Nezahualcóyotl, que tienen que descifrar su función dentro de la megalópolis, para definir con mayor coherencia sus objetivos particulares de desarrollo.

El fenómeno urbano de la ZMCM incluye la pluralidad política, ya que esta compuesta por un mosaico de diversos partidos políticos, lo cual crea las condiciones para que los tres niveles de gobierno trabajen en conjunto para resolver problemas comunes; promoviendo la coordinación de todos los actores políticos, económicos y sociales. Aunque éste esquema, sin la política para acordar acciones, bien puede parecer un obstáculo más para tratar de institucionalizar la planeación prospectiva, por medio de acuerdos permanentes.

Así que para contrarrestar éste dilema, es ineludible ponderar las relaciones intergubernamentales para alcanzar una congruencia en la toma de decisiones, ayudando a la administración metropolitana, la cual parece operar muy concretamente, como en el suministro de agua o el servicio de energía eléctrica a nivel regional. Y en el caso particular de Iztapalapa y Nezahualcóyotl, éstas han sido informales y con la intención de unir recursos para hacer más eficaz algunos servicios públicos como la limpia y recolección de basura en lugares colindantes, el mantenimiento del alumbrado público, el rebacheo de algunas calles y avenidas, así como la conservación de una buena imagen urbana. Sin omitir su cooperación en materia de seguridad pública.

El impacto de las relaciones intergubernamentales en Iztapalapa y Nezahualcóyotl, se vería en la consecución de acuerdos para mejorar sus condiciones urbanas, así como también en la creación de una memoria

institucional, en la cual la coordinación debe de estar presente para la toma de

decisiones y definición de objetivos dentro de sus programas. Procurando una continuidad en la ejecución de obras públicas a largo plazo.

Sin embargo, la coordinación en materia urbana entre el Distrito Federal y el Estado de México, se realiza bajo un marco legal que muchas veces no es compartido, aunque los criterios y el avance en cuanto la definición de objetivos ya esta un poco más avanzada. Basta recordar que éstas relaciones deben tener como su prioridad el incrementar la calidad de vida de la ciudadanía, ya que es ésta última, la que vive en una ciudad con serias deficiencias en infraestructura; fenómeno que se acentúa en la franja que comparten Iztapalapa y Nezahualcóyotl.

En síntesis, la utilización de la planeación prospectiva y/o estratégica así como de las relaciones intergubernamentales, para darle una correcta dirección al desarrollo urbano en gran parte de la ciudad; se vería reflejado en la toma de decisiones congruente por parte de los gobiernos locales, puesto que tendrían una visión mucho más amplia acerca de las medidas que deben de tomar, no sólo en la coordinación para la prestación de servicios, sino en la planeación a corto y largo plazo para un desarrollo urbano conjunto y compartido con sus demás vecinos. Logrando congruencia en la configuración del tejido urbano, que facilite la prestación de los bienes y servicios que se brinda a la ciudadanía.

Es necesario hacer énfasis, en las relaciones intergubernamentales, ya que una megalópolis construida en distintos territorios político – administrativos y con problemas que rebasan a la administración pública de una sola demarcación, se hace evidente la visualización de los problemas desde el punto de vista megalopolitano, ya que las dificultades que se presentan en sus correspondientes

localidades, rebasan el marco normativo que presenta el sistema de planeación local, obstaculizando las respuestas a nuevas realidades urbanas.

Hay que subrayar, que la contribución entre los distintos gobiernos debe ser en dos aspectos esenciales. El primero, una real apertura a los canales de participación ciudadana que influyan en la planeación de su localidad; y el segundo, una colaboración entre delegaciones, municipios, entidades y el gobierno federal, para formular no sólo un plan que contenga objetivos y metas que visualicen la ciudad deseable, sino que también concreticen en las acciones conjuntas a ejecutar, con un presupuesto para que sea operativo.

El impacto y utilidad de que las respectivas administraciones públicas, tanto de Iztapalapa y Nezahualcóyotl, utilicen ágilmente las relaciones intergubernamentales para establecer lazos duraderos de colaboración con sus vecinos, impulsará e incrementará las posibilidades de concretar una planeación urbana, donde su localidad dentro su entidad, el área metropolitana y en la megalópolis, sea coherente con el desarrollo de cada una de las necesidades. Asimismo, el desarrollo urbano, sería integral al poder contar con espacios en los cuales se formule un plan maestro, que guíe el futuro de la ciudad, a corto, mediano y largo plazo.