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Chapter 6: Discussion Introduction
4) Conclusion and implications for practice and training
El aprovechamiento energético de la biomasa no es ninguna novedad, puesto que la biomasa ha sido ampliamente aprovechada desde el descubrimiento del fuego como fuente de luz y calor. El sector industrial y residencial ha empleado históricamente la madera como fuente energética, especialmente durante el periodo comprendido entre los siglos XVII y principios del XX.
En los últimos cien años, la energía destinada al sector industrial, residencial y al transporte de personas y mercancías procede de fuentes de origen fósil, sobre todo de los hidrocarburos. El empleo de la biomasa como fuente energética principal ha quedado relegado a países tercermundistas, aprovechándose de manera intensiva, como medio de supervivencia y, por tanto, sin criterios de sostenibilidad.
El aprovechamiento energético de la biomasa comparada con la utilización de hidrocarburos presenta múltiples ventajas en procesos de generación de energía térmica, motriz y eléctrica, bien en sistemas centralizados, bien en sistemas de generación de energía distribuida, e igualmente, como fuente de productos químicos.
Entre las ventajas técnicas destacan las siguientes:
• Su disponibilidad prácticamente en la totalidad de territorio nacional, bien sea en
masas forestales y cultivos agrícolas establecidos o potenciales, o bien en residuos agroindustriales y urbanos.
• Las técnicas de implantación de cultivos energéticos requieren un parque de
maquinaria similar al ya existente en el manejo de cultivos.
• Existen diversas tecnologías probadas y comercialmente disponibles para el
aprovechamiento energético de la biomasa, entre las que se cuentan la gasificación, la digestión anaerobia, la pirólisis, la combustión, la co-combustión y la trigeneración, que hacen de la biomasa un recurso disponible en un escenario inmediato.
• El aprovechamiento energético posibilita la eliminación de residuos biomásicos
potencialmente contaminantes o con costes de disposición o gestión.
Desde un punto de vista económico cabe destacar:
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• Debido a que la biomasa no es deslocalizable, su utilización contribuye al
desarrollo de un entorno industrial económicamente estable ligado al territorio.
• Dinamización del sector agrícola y forestal, con la consecuente creación de
nuevos mercados orientados a cultivos energéticos y residuos agrícolas, forestales, industriales y urbanos.
• Aumento de la rentabilidad de la industria generadora de subproductos
biomásicos, con incremento de su competitividad.
• Optimización de suministro de materia prima, dado el carácter local de la misma.
• Desarrollo de actividades colaterales a la transformación de biomasa, que deben
repercutir directamente en el aumento de la riqueza local y regional.
• Obtención de energía, así como de múltiples materias primas y bioproductos que
cuentan con demanda actual contrastada.
• Ausencia de incremento del déficit tarifario, dado que energéticamente la biomasa
se autofinancia dado que se trata de una energía autóctona y de menor precio que el gasóleo o el gas, lo que supone una mayor eficiencia energética.
• Minimización de costes de suministro energético respecto a combustibles de
importación.
• Significativa estabilidad de precios de productos energéticos.
• Disminución del déficit exterior y de la balanza comercial.
Desde una perspectiva social se indican las siguientes ventajas:
• Desarrollo comarcal basado en la economía circular con significativos beneficios
directos a nivel socioeconómico.
• Dinamización del entorno rural dado que la actividad de aprovechamiento
requiere abundante mano de obra, tanto cualificada como no cualificada, que genera empleos estables cuya financiación se basa en los ingresos obtenidos de la venta de productos.
• Generación colateral de puestos de trabajo adicionales originados por el
desempeño de actividades de mantenimiento, en mayor número y de forma competitiva en referencia a actividades de aprovechamiento de combustibles fósiles, por la tipología de manejo y el menor coste de la biomasa.
• Avance hacia una economía libre en carbono, mitigando efectos adversos sobre la
calidad de vida.
En cuanto a las principales ventajas medioambientales derivadas cabe destacar:
• Contribución en el alcance del denominado objetivo 20-20-20, que definimos en
el apartado 5.4, mediante la reducción de emisiones de CO2, y la utilización de energías renovables.
• Empleo de un recurso renovable, porque la utilización sostenible de la biomasa
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• La renovabilidad del recurso garantiza el cierre del ciclo del carbono. En términos
globales, se fija el mismo carbono que se emite a la atmósfera en forma de CO2 durante procesos de combustión u oxidación.
• Dado el exiguo contenido de cenizas, azufre y metales pesados en la biomasa, hay
una clara minimización de los niveles de contaminación por unidad de energía generada en comparación con los combustibles derivados del petróleo y del carbón.
• Disminución de la demanda de combustibles fósiles y reducción la emisión de
CO2 y otros contaminantes.
• Impulso de la gestión agrícola y selvícola, restableciendo el aprovechamiento
adecuado y sostenible de amplias superficies agrícolas y de masas forestales actualmente abandonadas mediante la implantación de especies herbáceas y forestales destinadas al aprovechamiento energético, lo que supone la puesta en valor de las mismas.
• Optimización del estado fitosanitario de las masas forestales y áreas de cultivo,
mediante la gestión de estas, incluyendo la recogida de restos de cultivo y tratamientos, minimizando el riesgo de incendios y plagas.
• Impulso de la conservación de suelos y cuencas mediante la creación de bosques
energéticos con fines protectores y productores.
• Mejora a largo plazo de la biodiversidad de las especies ligadas a estos
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