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Al reconocido escritor en temas de administración y negocios Peter Druker se le atribuye la idea de que si algo no puede ser medido, no puede ser mejorado [66]. Las mediciones son un modo de cuantificar el progreso de manera de poder ajustar las decisiones para lograr los resultados deseados. Sólo midiendo el desarrollo se pueden tomar decisiones basadas en evidencia provista por los datos, que es crucial para desarrollar estrategias de implementación y asignar recursos de manera adecuada.

La Comisión Económica para Europa de las Naciones Unidas (United Nations Economic Commission for Europe, UNECE) define el desarrollo como un incremento en el bienestar entre los miembros de una sociedad entre dos puntos en el tiempo [67]. A partir de esta definición, medir desarrollo consiste en medir y comparar la evolución del bienestar a lo largo del tiempo. Tradicionalmente, el desarrollo se medía solamente a través de conceptos económicos del bienestar, ignorando los aspectos sociales y ambientales de la sostenibilidad debido a que, entre otras razones, la dimensión social del desarrollo es difícil de medir [68].

Pese a que existen diferentes enfoques para medir el desarrollo, dos de ellos han sido los más utilizados. Uno de los enfoques consiste en identificar y enumerar un conjunto de indicadores mientras que el otro consiste en desarrollar un conjunto reducido de indicadores esenciales que sean más accesibles y comprensibles [68]. Sin embargo, los indicadores presentan dos grandes limitaciones como medio para medir el desarrollo: no proveen una visión completa de las relaciones entre las varias medidas y típicamente sólo consideran datos cuantitativos, excluyendo los análisis cualitativos que pueden describir la realidad de una manera más completa [69]. Los marcos de trabajo de integración de indicadores son uno de los enfoques utilizados para superar la primera limitación y proveer una visión inclusiva que permita considerar las relaciones y las competencias entre indicadores. Este enfoque puede ser utilizado para medir el desarrollo sostenible donde se debe balancear la competencia entre los pilares económicos, sociales y ambientales. Extendiendo la definición de UNECE sobre desarrollo, el desarrollo sostenible puede ser interpretado como la evolución del bienestar a través de un período prolongado de tiempo mientras se asegura que las necesidades actuales no comprometen la habilidad de las generaciones futuras de cubrir sus propias necesidades [16]. Medir el progreso hacia un desarrollo sostenible ayuda a asegurar la responsabilidad de todos los actores involucrados en lograr los objetivos de los SDGs. Sin embargo, el principal desafío para medir el desarrollo sostenible es comprender y considerar los vínculos y las competencias entre las dimensiones ambientales, económicas y sociales. El proceso de definición de indicadores para el desarrollo sostenible ha presentado para muchos países una oportunidad clave para dar mayor prioridad a los asuntos relacionados con el medio ambiente en las agendas políticas, poniéndolos al mismo nivel que los asuntos económicos y sociales.

Existen esfuerzos para medir el desarrollo sostenible desde principios de los 1970s, donde los primeros indicadores de desarrollo sostenible fueron identificados en la literatura [67]. Desde entonces, muchas actividades fueron realizadas para mejorar y estandarizar la forma en la que se mide el desarrollo sostenible. Algunos hitos sobresalientes fueron la adopción de la Agenda 21 en 1992 cuando 183 países acordaron desarrollar un conjunto novedoso de indicadores capaz de proveer bases sólidas para la toma de decisiones en todos los niveles y que contribuyeran a la regulación propia de la sostenibilidad de ambientes integrados y sistemas de desarrollo [19]. En ese mismo año, la Comisión para el Desarrollo Sostenible de las Naciones Unidas fue establecida para, entre otras tareas, supervisar los esfuerzos de los países en el desarrollo y la utilización de indicadores de desarrollo sostenible [67]. Durante la década de 1990, algunos países desarrollaron sus propios conjuntos de indicadores sostenibles. Para la Conferencia Mundial en Desarrollo Sostenible llevada a cabo en Sudáfrica en 2002 se recibieron numerosas estrategias de desarrollo sostenible junto con los conjuntos de indicadores asociados desarrollados por distintos países. Sin embargo, una limitación importante de los intentos nacionales para medir el desarrollo sostenible es la visión limitada de los efectos transfronterizos y su impacto en la sostenibilidad global [68]. Durante los años 2000, la Organización para la Cooperación Económica y el Desarrollo (Organization for Economic Co-operation and Development, OECD) propuso medir el desarrollo sostenible utilizando un marco de integración de los indicadores económicos, sociales y ambientales que pudiera ser utilizado para el desarrollo de estadísticas e indicadores para la sostenibilidad [70]. Eurostat también desarrolló un conjunto de indicadores para brindar soporte a la Estrategia de Desarrollo Sostenible de la Unión Europea que fue adoptada en 2005 pero que es revisada y actualizada periódicamente [71].

Desde la adopción de la Agenda 2030 en Septiembre de 2015 [1], el GIF [45] es el instrumento de medición aceptado globalmente para medir el desarrollo sostenible. Los indicadores de los SDGs son la columna vertebral para la revisión del progreso hacia los SDGs a nivel local, nacional, regional y global. Mientras que las NSOs han sido tradicionalmente las responsables de la definición de indicadores de desarrollo sostenible a nivel nacional, en muchos países su compilación y publicación es responsabilidad de ministerios relacionados con el medio ambiente u otras entidades por fuera de la comunidad estadística. Además, la Agenda 2030 señala que se realizarán revisiones voluntarias regulares en el HLPF, la plataforma central de las Naciones Unidas para el seguimiento y revisión de los SDGs. Las revisiones deben estar dirigidas por los gobiernos y deben involucrar a los ministros y otros participantes pertinentes de alto nivel (párrafo 84) y se basarán en revisiones periódicas e inclusivas de los avances a nivel nacional y subnacional impulsados y liderados por los países (párrafo 74).

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