En esta primera parte hemos descrito el contexto histórico general en que aparecieron las obras de Duhamel estudiadas en esta tesis. Recordemos sintéticamente los siguientes datos esenciales ya apuntados.
Desde principios del siglo XVIII se puso de manifiesto la crisis de las instituciones culturales, las academias existentes desaparecieron y las universidades estaban aquejadas de conservadurismo. Como reacción a esta situación, se crearon fuera del ámbito oficial algunas tertulias de científicos y eruditos cuyo interés para nosotros fue la introducción de la ciencia en sus debates. Estas tertulias fueron el embrión de las futuras academias, primeras instituciones científicas de carácter público, favorecidas por la llegada de Felipe V y su política científica encaminada a la creación de una única Academia de las ciencias a imagen de las ya existentes en Francia o en Italia. Sin embargo este proyecto no vio la luz hasta principios del XIX. Si bien no hubo una única Academia, se fundaron paralelamente con autorización real, otras academias en distintas ciudades españolas, Sevilla, Madrid… que editaron los estudios científicos periódicamente en forma de volúmenes de Memorias.
Asimismo hemos subrayado que de las tertulias eruditas citadas surgieron otro tipo de asociaciones en la segunda mitad del siglo, las Sociedades de Amigos del País. Estas asociaciones se dotaron de reglamentos al igual que las Academias y se implantaron por toda la Península, a partir de 1765. Las Sociedades tenían como fin primordial el desarrollo del país a través de la instrucción de sus artesanos y agricultores Para ello promovieron concursos públicos con el propósito de desarrollar las ciencias y mejorar la industria. Su labor, como hemos subrayado, estuvo enfocada principalmente hacia dos sectores: la industria y la agricultura. Casi todas las ciudades españolas crearon su
Sociedad con desigual fortuna. Las más importantes tuvieron un papel fundamental en la divulgación de los trabajos científicos en forma de memorias, como ya hemos indicado, o como editoras de tratados (Madrid, Segovia, Valencia, Sevilla…). Otro foco divulgador de las ciencias, como permiten ver nuestros inventarios bibliográficos, fueron las revistas.
A partir de 1750 se crearon publicaciones periódicas que daban cuenta de los avances producidos en sus campos científicos, pues se trataba de revistas “especializadas” en distintas ciencias, a excepción de la publicación de Mariano Nifo cuyo objetivo no era el estudio, sino la divulgación de los conocimientos, pues en su inicio fue una revista destinada a lectores poco especializados.
Como hemos visto, en este contexto cultural se desarrolló una literatura científica amplia en diversos ámbitos que, en nuestro estudio, hemos limitado metodológicamente a los de ciencias naturales, es decir, la agricultura, la botánica y la silvicultura como un subcampo de las mismas porque nuestro fin era contextualizar la traducción al español de la obra de Duhamel. La división en periodos (1700-1750; 1750-1775; 1775-1795; 1795-1808) y campos (agricultura, botánica y silvicultura) que hemos establecido nos ha permitido organizar la introducción de nuestro objeto de estudio ― las traducciones de Duhamel al español ― y, pensamos, conseguir situarlas en su contexto histórico, histórico-científico e histórico-traductológico.
Así, de manera más precisa, diremos que en agricultura hasta 1750 no aparece ningún tratado nuevo, sólo se reeditan obras de agricultura clásicas, del siglo XVI como la de Agustí. Cabe destacar, sin embargo, las traducciones de dos tratados de agricultura tradicional en un periodo en que no se edita ninguna obra nueva española. El hecho indica el interés reinante por el avance de esta ciencia.
En esta situación, la traducción, unos años más tarde, de la obra de Duhamel Tratado
del cultivo de las tierras […] representa un acontecimiento notable. Con este texto, nuestro autor abre el horizonte a los españoles e introduce las nuevas tendencias en las técnicas agrícolas procedentes de Inglaterra.
La fecha de edición de esta traducción (1751) constituye, asimismo, un punto de inflexión, a partir de la cual se desarrolló la actividad literaria en materia de agricultura, mediante memorias y tratados monográficos que abordaban puntos muy concretos de esta ciencia (como los abonos, los cultivos tradicionales y de plantas para uso industrial, entre otros, la rubia para la industria de los tintes). En este campo volverá a destacar Duhamel, pues las únicas obras publicadas sobre esta planta corresponden a su trabajo
Ese mismo año salió de la imprenta otro escrito basado en su obra, titulado
Recopilación de las reglas principales sobre el cultivo y beneficio de la rubia o granza […] (Notemos que este corto texto fue traducido posteriormente al catalán).
En el periodo comprendido entre 1750 y 1775 no se publicó ningún tratado completo nuevo de agricultura. Sólo M. Nifo y Cagigal reeditaría la obra de otro autor clásico del XVI (Herrera) en tratados independientes siendo de especial importancia para nosotros los tres dedicados al cultivo de los árboles publicados entre 1770 y 1773. Las traducciones aumentarían a la par que la literatura autóctona de la que cabe destacar la obra de Valcárcel Agricultura general. Con esta obra, se pone de manifiesto la relevancia del francés en la penetración de la literatura científica europea en España, en particular de la literatura científica en inglés. Valcárcel tomó como texto de partida la adaptación que Dupuy-Demportes hizo de la obra de agricultura del inglés Hale y realizó una obra personal y completa de agricultura. Este hecho pone de relieve el papel de la lengua francesa que, según Gutiérrez Cuadrado, “[funcionaba] como intermediaria obligada […] entre otras lenguas modernas y el español” (2004:36). Pues como ya sucedió con la obra de Duhamel (1750), la fuente de las traducciones al español es a menudo la obra escrita en francés que es a su vez la traducción o adaptación de una obra en inglés.
En el último tercio del siglo XVIII (1775-1795), también lo hemos mencionado, la producción literaria sobre agricultura aumentó a la vez que se intensificó la reflexión sobre los cultivos propiciada por las Sociedades Económicas. Las memorias se multiplicaron y se publicó la primera obra considerada un tratado completo de agricultura. Nos referimos a la obra de Vicente del Seixo Lecciones prácticas de
agricultura (1792-1795). En cambio, durante esa época no se tradujo ningún tratado completo de agricultura, sino sólo algunas obras monográficas sobre algunos cultivos como las moreras, los granos, etc. Sin embargo salieron a la luz los doce volúmenes de las Memorias instructivas de Suárez Núñez, lo que nos ha permitido constatar el carácter complementario de las traducciones con respecto de la producción científica autóctona.
En los trece últimos años, de 1795 a 1808, publicado ya el Informe sobre la ley agraria de Jovellanos (1795), el número de memorias decreció y los científicos se interesaron por otros campos.
No hubo ya más reediciones de la agricultura tradicional (Herrera) y aumentó el interés por los cultivos leñosos, en particular la vid. Los autores de estos textos tenían conocimientos botánicos y se publicaron extractos y compendios sobre el cultivo de árboles con descripciones físicas. Se produjo por lo tanto en sus obras una aproximación a la botánica al mismo tiempo que se aprecia el interés por cultivos como el de las hortalizas y el de las flores. Uno de los compendios publicados fue el de Sampil (1798) basado en la obra de Duhamel entre otros autores.
Nuestro periodo termina con la publicación de dos traducciones de gran importancia en el contexto europeo, el Diccionario de Agricultura de Rozier y el último tratado completo de agricultura de Duhamel, Elementos teórico-prácticos de agricultura (1805). Este tratado cierra la etapa de reflexión sobre agricultura que Duhamel inició con el Traité de la culture des terres (1750).
En botánica, hasta 1750, se reeditaron autores del XVI, en especial, el Dioscórides de Andrés Laguna. La segunda etapa (1750-1775), totalmente distinta, coincide con la creación del Jardín botánico de Madrid (1755) y el periodo de desarrollo de la botánica donde convivieron dos métodos de clasificación, el de Tournefort y el de Linneo que fueron integrados en los trabajos de los sucesivos directores del Jardín botánico. Estos botánicos comenzaron a publicar sus obras en forma de memorias. Estas tuvieron dos enfoques: el primero consideraba la botánica como ciencia aplicada a la medicina (Quer) y el segundo puramente botánico. Los tratados que se publicaron en ese periodo estuvieron marcados por la vinculación de los autores a uno u otro método de clasificación.
En este ámbito, tuvo especial influencia la política borbónica que favoreció la llegada de científicos franceses y la salida al extranjero de los científicos españoles con lo que ello supuso de avance para la ciencia y de conocimiento de los adelantos foráneos de la misma. No obstante, las traducciones del francés que se realizaron no fueron numerosas, únicamente dos con distinta relevancia. La primera, el Espectáculo de la naturaleza del abate Pluche (153-1758) fue, como es sabido, la fuente del Diccionario de E. Terreros y de gran importancia para la historia de la lexicografía española. En la segunda, nos encontramos de nuevo con el autor objeto de nuestra tesis que vio publicada su obra
Obra puramente divulgativa, destinada a la ilustración y formación de sus lectores, no tiene la envergadura de la de Pluche pero sin embargo reúne en un mismo texto los diversos métodos de clasificación existente, no sólo el de Tournefort o Linneo. Su traducción es importante asimismo desde el punto de vista terminológico.
La última etapa es una eclosión literaria. Las revistas, las Sociedades y las Academias fueron las instituciones encargadas de divulgar el trabajo de los profesores del Botánico de Madrid, en forma de memorias o tratados. Se divulgaron los métodos botánicos a través de la publicación de sus cursos. Es el caso de Quer o G. Ortega. Palau y Verdera difundió el método de Linneo, H. Ruiz fue el autor de memorias y tratados sobre las plantas de América como resultado de sus expediciones botánicas al nuevo continente y Cavanilles fundó y colaboró con las revista Anales de Historia Natural además de sus trabajos sobre la flora de Valencia y la publicación de sus Lecciones públicas de
botánica, como hemos señalado supra. A esta intensa producción científica, se añadió la traducción de la Historia Natural de Buffon. Hemos constatado que en botánica las traducciones no fueron numerosas, sólo tres, de las cuales una de nuestro autor perteneciente a su tratado de silvicultura.
Hemos observado que tanto en agricultura como en botánica los científicos españoles fueron prolijos, sin embargo, no fue así en silvicultura. Esta subdisciplina científica estaba relegada a algunos capítulos de los tratados de agricultura y únicamente contemplaba los frutales. El estudio de los árboles y de los montes era sin embargo necesario por su condición de materia prima para la industria y la construcción naval. De entre las obras sobre silvicultura encontradas en los catálogos de las bibliotecas, hemos repertoriado dos tipos, el primero son obras de tipo político, destinadas a legislar la conservación de los montes y el segundo tipo dedicadas a los cultivos. De estas últimas, cabe destacar el Suplemento de la obra de Ponz, un tratado breve sobre el cultivo de árboles y el Compendio de la obra de Duhamel. En este contexto y ante la falta de literatura respecto de esta disciplina científica, conviene señalar la importancia de la traducción del tratado de silvicultura de Duhamel. Este tratado, como ya hemos señalado, participa de la botánica, pues el primer título traducido es un verdadero tratado de botánica, una descripción física de los árboles y está precedido de la
Los dos títulos restantes abordan, respectivamente, el cultivo de los árboles y la explotación y el cuidado de los montes, dos actividades vinculadas asimismo a la agricultura. El texto de nuestro autor es tanto más importante cuanto que no existía en Europa ningún tratado de estas características. Hemos destacado que fue asimismo la base de los estudios forestales llevados a cabo en España en el siglo XIX.
Señalaremos que a pesar de la gran producción científica que tuvo lugar en España sobre agricultura y botánica, las obras traducidas de Duhamel destacan por su importancia en el conjunto de la producción literaria española del siglo XVIII. Las dos obras de agricultura traducidas marcaron el inicio y final de una etapa de reflexión sobre esta ciencia. La primera introdujo los cambios en los métodos agrícolas efectuados en Inglaterra y la segunda reflejó la evolución sufrida por esta ciencia durante la segunda mitad del siglo. Entre estas dos obras se publicó una obra breve de nuestro autor sobre una planta industrial ― la rubia ― que puso de relieve la ausencia de estudios publicados sobre la misma en España. Lo mismo cabe decir del tratado de silvicultura por su singularidad al no existir ninguna obra semejante. La hipótesis más plausible es que las traducciones de Duhamel fueron obras complementarias de la producción autóctona al no existir en el momento de su publicación ninguna obra equivalente.
Finalmente, hemos intentado igualmente configurar el contexto histórico traductológico de las traducciones al español de Duhamel estudiadas que sintetizamos a continuación. Hemos destacado que las únicas obras de silvicultura que se escribieron en el siglo XVIII fueron las de Duhamel, lo que ha imposibilitado la comparación de sus traducciones con otras del mismo campo científico. En cambio no ha sido así con las obras de agricultura pues éstas fueron numerosas. Por esta razón, hemos seleccionado cuatro obras de agricultura (único campo relacionado con las traducciones de Duhamel) de autores franceses como contexto traductológico.
Estas obras y sus traducciones han sido analizadas, en primer lugar, desde un aspecto ‘externo’, es decir, estudiando la parte cultural de dichas obras, el autor y el traductor, las ediciones de ambas obras y los lectores. En segundo lugar, el análisis ha sido de orden traductológico, a partir de los datos del paratexto fundamentalmente, a saber, esencialmente los prólogos y las notas.
Para concluir dicho análisis, hemos establecido la tipología de las traducciones a partir de los datos aportados con los análisis anteriores con el fin de contrastar el tipo de traducción que se realizó durante el siglo con las traducciones de Duhamel. Las obras que han servido de contexto traductológico han sido las siguientes:
Oeconomie générale de la campagne de L. Liger (1700) y su traducción Economia
general de la casa de campo de F. de la Torre y Ocón (1720).
Curiositez de la nature et de l’art de P. le Lorrain de Vallemont (1705) traducida por J.Orguiri Curiosidades de la naturaleza y del arte (1735).
Le Gentilhomme agriculteur de J.B. Dupuy-Demportes (1761-1767), adaptada por J.A.
Valcárcel como Agricultura general de la casa de campo (1765-1795).
Cours complet d’agriculture de F. Rozier (1781-1800), traducida como Curso completo
ó diccionario universal de agricultura de J.Álvarez Guerra (1797-1803).
En el plano histórico-cultural, hemos visto que no había homogeneidad en la formación científica de los autores de las obras fuentes y de los traductores. Por otra parte, hemos podido constatar que únicamente dos autores fuente eran científicos: L. Liger y F. Rozier. Los otros dos autores eran un religioso, L. de Vallemont, y un periodista, J.B. Dupuy-Demportes, respectivamente. En cuanto a los traductores, los resultados han sido similares. Los encargados de realizar las traducciones han sido: un científico, J.A. Valcárcel; un Ilustrado, miembro de la Sociedad Económica de Madrid en su clase de agricultura y un traductor, De la Torre y Ocón. Hemos puesto de relieve en este primer análisis contrastivo que ninguna de las traducciones tiene autor y traductor científico, lo que no es el caso de Duhamel y de su traductor G. Ortega, ambos científicos reconocidos y con, cada uno, numerosas obras publicadas.
En cuanto a la relevancia de las obras traducidas, hemos constatado que las dos obras fuente de la primera mitad del siglo tuvieron varias ediciones. No fue así con sus traducciones pues sólo la segunda ― Curiosidades de la naturaleza y del arte ― fue editada en tres ocasiones, como ya hemos señalado. En cambio, a partir de 1750 y coincidiendo con la publicación de las obras de Duhamel y sus traducciones, tanto las obras fuente como las traducciones, tuvieron una sola edición, incluidas las de Duhamel. Sólo su obra de agricultura y la traducción de la misma tuvieron dos ediciones.
Hemos puesto de relieve la tardanza en la elaboración y publicación de las extensas obras de agricultura traducidas en la segunda mitad del siglo. Seis años tardó en publicarse en su integridad Le Gentilhomme cultivateur (1761-1767) y treinta su traducción Agricultura general (1765-1795). Asimismo, desde el primer al último tomo publicado del Cours complet d’Agriculture pasaron nueve años, de 1781 a 1800 y su traducción el Curso completo de agricultura, tardó seis años en ser publicada íntegramente (1797-1803). Hemos destacado igualmente que, de las obras fuente sólo dos eran propias del autor, la primera y la última. Las otras dos estaban basadas en obras anteriores en un caso y en autores franceses y foráneos en otro. Este hecho nos permite destacar la originalidad del caso de Duhamel cuyas obras fueron traducidas directamente.
En el último punto del análisis histórico-cultural ― la recepción por los lectores ― hemos destacado que todas las obras coincidían, tanto los textos de Duhamel y sus traducciones como los que constituyeron su contexto. Se trata de obras divulgativas que se dirigen a lectores no especializados, es decir a los que llamaríamos hoy técnicos.
El análisis traductológico nos ha permitido establecer una tipología de las traducciones. Los puntos analizados han sido las dificultades traductológicas confesadas por el traductor en el prólogo y las modificaciones del texto fuente llevadas a cabo. Se comprueba que las dificultades indicadas por los traductores son recurrentes y atañen a la falta de equivalentes para las voces especializadas. Las modificaciones del texto fuente consistieron en aumentos basándose en fuentes secundarias u omisiones de dicho texto. Cuando estas modificaciones son muy importantes, el resultado es una distribución diferente del texto meta con respecto del texto fuente.
Con los datos que hemos reunido, y siguiendo la clasificación de I. Urzainqui, hemos podido establecer una clasificación propia de las traducciones. Concluimos que las traducciones contextualizadoras de Duhamel eran de tres tipos: ‘traducción’, traducción-adaptación’ y ‘adaptación’.
En esta tipología, la ‘traducción’ se distinguía de las demás clases en que no existían modificaciones del texto fuente. Por lo tanto, se caracterizaba por su literalidad y respeto. A este tipo pertenecían tanto Curiosidades de la naturaleza y del arte, como las traducciones de Duhamel.
En contraste, como veremos en la segunda parte, G. Ortega se limitó a traducir sin añadir contenido propio al texto fuente. Sus aportaciones las integró en las notas.
En cuanto a la ‘traducción-adaptación’, hemos destacado que se caracterizaba por el aumento del texto fuente con la ayuda de fuentes secundarias. Este tipo incluía asimismo las dificultades confesadas por el traductor en encontrar equivalencias terminológicas. Era el caso de la Economia de la casa de campo y del Curso completo