• No results found

Para la descripción de las instituciones culturales, nos hemos basado esencialmente en la obra de Stiffoni (1985), pues si bien no es la más reciente consideramos que ofrece una síntesis de la historia de dichas instituciones.

Al final del siglo XVII y principios del siglo XVIII se produjo, según Stiffoni, una crisis en las instituciones culturales. Además de la desaparición en 1625 de la Academia de Matemáticas de Madrid, en la Casa de Contratación de Sevilla cesaron las enseñanzas de matemáticas y de náutica y se suprimieron las Escuelas de Artillería de Burgos y Sevilla. En las Universidades el conservadurismo imperaba y las cátedras de las Universidades de Salamanca, Valladolid y Alcalá de Henares estaban en manos de catedráticos tradicionalistas “empeñados en una repetición absurda de los tópicos escolásticos y en la defensa intransigente del sistema galénico” (1985:13). Algo diferente era la situación en Valencia, Barcelona, Zaragoza y Sevilla desde donde emergieron algunas iniciativas que contrastaban con esa situación.

En la Universidad de Valencia el tradicionalismo tendió a suavizarse con la implantación de investigaciones prácticas en el campo de la botánica y de la anatomía. Existía pues, en esta ciudad, durante este período de transición un ambiente favorable a la penetración de las nuevas ideas científicas y a su utilización. La inquietud intelectual del momento se manifestó con la creación de algunas academias en las que podemos observar un enfoque nuevo, el interés por la ciencia, pues en palabras de Stiffoni, “las discusiones se alejaban de los temas literarios para acercarse a los de carácter prevalentemente científico” (1985:15). Entre el grupo de intelectuales que abrieron esas academias, bajo los auspicios de algunos nobles como el conde de Alcudia y el marqués de Villatorcas, recordemos a Tomás Vicente Tosca (1651-1723) y a Juan Bautista Corachán (1661-1741). Según L. Piñero (1983, s.v. Tosca), el Padre Tomás Vicente Tosca, filósofo, matemático y teólogo abrió en 1697 una escuela de matemáticas –de vida efímera pues se cerró en 1705 a causa de la guerra – a la que acudían jóvenes nobles de la ciudad. Tosca enseñaba en ella las matemáticas como un método racional de enfrentarse a los problemas resaltando el valor metodológico de esta disciplina. Esta experiencia docente, aunque breve, le sirvió para elaborar y comprobar la validez de su

Compendio Mathematico publicado posteriormente entre 1707 y 171510. Siempre según Stiffoni, en esta obra, el autor intentó separar el discurso científico del discurso filosófico y señaló la “necesidad de la autonomía de la ciencia de cualquier tipo de estructura metafísica” (1985: 38).

En Cataluña el movimiento renovador se manifestó en el campo del comercio en dos obras de literatura de “tipo económico-práctica” predecesoras de Uztáriz (1670-1732)11, autor que representó esa corriente ilustrada bajo el reinado de Felipe V. Éstas son el

Político discurso de 1681 y el Fénix de Cataluña, ambas de Narcís Feliu de la Penya, la segunda en colaboración con Martín Piles.

10 El título completo es Compendio Mathematico en que se contienen todas las matérias más principales

en las Ciencias, que tratan de la Cantidad. Esta obra consta de nueve tomos que se publicaron en Valencia de 1707 a 1715. Su difusión se prolongó a lo largo del siglo XVIII con tres impresiones más, en 1727, 1757 y en 1794.

11 Jerónimo de Uztáriz (1670-1732) publicó en Madrid en 1724 su Theorica, y práctica de comercio, y de

marina: en diferentes discursos y calificados exemplares... Esta obra tuvo dos ediciones posteriores en 1742 y 1757. También fue traducida al inglés y al francés. Al inglés por John Kippax en 1752, editada en Dublin con el título The theory and practice of commerce and maritime affairs, written originally in spanish by John Kippax... y al francés en 1753 en Paris con el siguiente título Theorie et pratique du commerce et de la marine, traduction libre sur l’espagnol de don Geronymo de Uztariz, sur la seconde edition de ce livre à Madrid en 1742.

Según Stiffoni, estos dos autores pertenecían a una “Compañía Grande para renovar la navegación y el comercio [...] y introduzir fábricas nuevas” (1985:19) y eran asimismo los representantes de una corriente de pensamiento vinculada al progreso y a la recuperación económica. Este pragmatismo favoreció el entendimiento entre los planteamientos de la investigación científica y la ciencia tradicional. No obstante, esta tímida renovación no supuso una ruptura sino un paso adelante. El avance se produjo en la economía y en otros campos científicos como el de la anatomía, donde destaca el protomédico Joan d’Alós Serradora (1617-1695) que, a decir de L. Piñero contribuyó “a la introducción en España de importantes novedades [aunque] Alós no fue un seguidor de la medicina moderna, sino un ecléctico que se esforzó en encajar las principales innovaciones sobre una base tradicional” (1983: s.v. Alós).

En Zaragoza también soplaban vientos de cambio en medicina. Sin embargo, según Stiffoni y contrariamente a lo sucedido en Cataluña, éstos supusieron un enfrentamiento entre el tradicionalismo y las doctrinas modernas. El ánimo renovador se reflejó en la figura del italiano Juan Bautista Juanini (1626-1691), cirujano de Juan José de Austria. Entre las publicaciones de Juanini destacaremos dos títulos, en primer lugar, su Nueva

Idea Physica Natural demostrativa, origen de las materias que mueven las cosas

publicada en Zaragoza en 1685 en la que intentaba explicar el mundo físico y donde invitaba a “valerse de las demostraciones y experiencias mecánicas” (1985:21). Con esta obra se manifiesta, una vez más, la tendencia hacia la experimentación y al empirismo científico presentes como veremos en las traducciones de Duhamel estudiadas en esta tesis. Sin embargo, el libro que tuvo mayor repercusión fue su primer trabajo: Discurso político y phisico12 (1679). Según L. Piñero, se trata de un estudio médico y químico sobre las sustancias que contaminaban el aire de Madrid y sobre las consecuencias para la salud de dichas sustancias, así como la manera de prevenir las enfermedades que de ellas se derivaban. Este trabajo es asimismo en su opinión, “la primera obra médica plenamente ‘moderna’ que se publicó en España [ya que] muchas de las características del movimiento novator iniciado ocho años después se encuentran en ella esbozadas” (1983: s.v. Juanini).

Uno de los rasgos característicos de Juanini fue la relación que mantenía con otros científicos. Según Stiffoni, este médico era conocedor de las obras de los médicos más importantes del momento con los que mantenía contacto: los científicos franceses François Bayle y Raymond Vieussens, así como el italiano Francesco Redi. De entre las figuras españolas destacan dos médicos que influyeron en la propagación de las nuevas ideas: José Lucas Casalete (1630-1701) y Juan de Cabriada (1665-1714)13.

Cabriada publicó un libro prologado por Casalete en 1687, titulado Carta philosophica,

médico-chymica. En que se demuestra, que de los tiempos, y experiencias se han aprendido los Mejores Remedios contra las Enfermedades. Por la Nova-Antigua Medicina. Por su contenido y por la influencia que tuvo entre los científicos, éste se considera, en palabras de L. Piñero, “el auténtico manifiesto de la renovación en nuestro país de la medicina y de los saberes químicos y biológicos” (1969:102).

Paralelamente a estas obras introductorias de las nuevas corrientes intelectuales tuvo lugar en España a finales del siglo XVII, en los años 80, la creación de unas tertulias que se diferenciaban de las tradicionales academias literarias del momento por incluir a la ciencia y a la filosofía moderna entre los temas tratados. Según Stiffoni, a estas tertulias acudían nobles, caballeros, políticos, médicos pero pocos eclesiásticos y los textos que de ellas surgían estaban escritos en lengua “vulgar”. Estas reuniones de científicos y eruditos constituyeron la base de las futuras academias cuyo mayor exponente fue la Regia Sociedad Médica de Sevilla. El 25 de mayo de 1700 fueron aprobadas sus ordenanzas por Real Decreto y se convirtió de este modo en la primera organización pública de carácter científico en España. Esta Regia Sociedad era heredera de la Veneranda Tertulia Hispalense formada a partir de 1697 por los médicos novatores y nació del conflicto entre dos maneras de entender la práctica médica. Por un lado estaban, según Sánchez-Blanco (1996), los ‘médicos universitarios’ cuyo saber era puramente memorístico que no concedían importancia a la observación y a la experimentación, por otro lado los médicos ‘revalidados’ llamados así porque obtenían una reválida sin tener forzosamente una formación universitaria pero con mayor experiencia en la práctica anatómica y farmacéutica. A través de este conflicto afloraron las nuevas ideas, especialmente la unión de la química a la medicina.

Con la Sociedad Médica de Sevilla salió a la luz en España un movimiento que se caracterizó por la creación de sociedades que se distanciaban del conocimiento dogmático unido a una cátedra. Esto concedía mayor libertad, razón por la cual se buscó la protección real para dichas asociaciones, siempre según Sánchez-Blanco (1996).

Related documents