En el marco de la crisis internacional de 2009 y de un progresivo estancamiento de la creación de pleno empleo, el Estado argentino amplió el régimen de protección social dirigido a la población en situación de vulnerabilidad a través de la Asignación Univer- sal por Hijo para la Protección Social (AUH). Esta asignación, establecida por medio de un decreto de necesidad y urgencia (Decreto 1602/2009),9 consti-
9 Para acceder al beneficio de la AUH, el adulto responsable (padre, madre o tutor) y el niño/a deben tener Documento Nacional de Identidad y cumplir con un mínimo de 3 años de residencia en el país si fueran extranjeros. Asimismo, no deben recibir otros programas de asistencia no contributiva o asigna- ciones familiares contributivas, ser desocupados, trabajadores de temporada, monotributistas sociales, trabajadores no registrados o empleadas domésticas cuyos ingresos superan el salario mínimo vital y móvil. La modalidad de pago de la AUH se ajusta al cumpli- miento por parte de los padres de ciertos requisitos que actúan
tuye un punto de inflexión en el sistema de protec- ción social. Es importante aclarar que a través de la AUH, el Estado argentino reconoce la desigualdad social en el acceso a la protección social expresada en la dualidad entre la población que pertenece al sec- tor formal (con acceso a cobertura de salud, aportes jubilatorios, seguro contra accidentes de trabajo) y aquella que tiene un acceso restringido al sector por ser parte del mercado informal, desocupados o in- activos. Esta desprotección, implícita en el empleo informal de la Argentina, entre 2010 y 2013 afectó al 35% (promedio) de la Población Económicamente Activa (PEA). Aquí reside una de las principales dife- rencias respecto de otros programas que anteceden a
como incentivos para la inversión en el capital humano de sus hijos (fundamentalmente, educación y salud). El 80% de la contribución económica es abonado de manera mensual, y el 20% restante es acumulado y abonado anualmente cuando se demuestre que el niño concurrió a la escuela durante el ciclo escolar y cumplió con los controles sanitarios y el plan de vacunación.
Figura 4.3
Años 2010-2013. Evolución en porcentaje de población de 0 a 17 años.
CLASE OBRERA INTEGRADA CLASE MEDIA PROFESIONAL CLASE TRABAJADORA MARGINAL
CLASE MEDIA NO PROFESIONAL
2010 2011 2012 2013
CARACTERÍSTICAS ESTRUCTURALES
ESTRATO ECONÓMICO-OCUPACIONAL NIVEL SOCIO-ECONÓMICO
CONDICIÓN RESIDENCIAL REGIONES URBANAS
0 20 40 60 80 100 0 20 40 60 80 100 0 20 40 60 80 100 0 20 40 60 80 100 2010 2011 2012 2013 BAJO MEDIO ALTO MUY BAJO MEDIO 2010 2011 2012 2013 2010 2011 2012 2013
URBANIZACIÓN FORMAL DE NIVEL BAJO
URBANIZACIÓN INFORMAL CONURBANO BONAERENSE
RESTO URBANO DEL INTERIOR CIUDAD AUTÓNOMA DE BUENOS AIRES
OTRAS ÁREAS METROPOLITANAS
Tasa de pobreza
FUENTE: EDSA�BICENTENARIO �����������, OBSERVATORIO DE LA DEUDA SOCIAL ARGENTINA, UCA.
los implementados por el actual Gobierno pero que se hallan vigentes en la región. Los criterios de ele- gibilidad de la población los define la relación de los progenitores con el mercado de trabajo.
La transformación del sistema de seguridad social antedicha fue acompañada por la reestructuración de los programas de asistencia económica pre-existen- tes: la creación de la AUH implicó la inmediata incor- poración de los hijos menores de 18 años de hogares que hasta ese momento recibían ingresos de progra- mas sociales. En cifras concretas, se estima que a través de la reestructuración del sistema, más de 2,2 millones de niños/as pasaron de manera inmediata a ser beneficiarios directos del nuevo esquema. Y en 2012 había 3,5 millones de niños/as con AUH (1,9 millones de hogares participantes). Las transferen- cias monetarias de esta asignación más las Pensiones Familiares y los aportes de otros programas de trans- ferencia de ingresos de gestión municipal represen- tan entre el 0,6 y el 0,8% del PBI.
En el marco de estos antecedentes, cabe pregun- tarse: ¿cuál es la cobertura que alcanza cada uno de los subsistemas de seguridad social entre 2010 y 2013, y qué infancias aún quedan por fuera de los mismos?
A fines de 2013, en el contexto de una pobreza por ingresos que afectaba al 38,8% de la infancia urbana, las políticas de transferencia de ingresos como la AUH y otros planes sociales lograban una cobertura del 34,9% (30,5% vía AUH; 4,4% a través de otros planes). Aproximadamente el 23,5% de la infancia urbana no se encontraba bajo ningún régimen de protección social.
Por otra parte, en el cuatrienio 2010-2013 se ha modificado la modalidad de cobertura social entre los hijo/as de trabajadores por cuenta propia, au- tónomos y en relación de dependencia. Entretanto, una parte relevante ha dejado de percibir salario fa- miliar como efecto del incremento de los salarios. Esta caída de la proporción de menores de edad en hogares cuyos jefes percibían salario familiar y que pasaron a la categoría de autónomos o asalariados Figura 4.4
Años 2010-2013. Evolución en porcentaje de población de 0 a 17 años.
CLASE OBRERA INTEGRADA CLASE MEDIA PROFESIONAL CLASE TRABAJADORA MARGINAL
CLASE MEDIA NO PROFESIONAL
2010 2011 2012 2013
CARACTERÍSTICAS ESTRUCTURALES
ESTRATO ECONÓMICO-OCUPACIONAL NIVEL SOCIO-ECONÓMICO
CONDICIÓN RESIDENCIAL REGIONES URBANAS
0 20 40 60 80 100 0 20 40 60 80 100 0 20 40 60 80 100 0 20 40 60 80 100 2010 2011 2012 2013 BAJO MEDIO ALTO MUY BAJO MEDIO 2010 2011 2012 2013 2010 2011 2012 2013
URBANIZACIÓN FORMAL DE NIVEL BAJO
URBANIZACIÓN INFORMAL CONURBANO BONAERENSE
RESTO URBANO DEL INTERIOR CIUDAD AUTÓNOMA DE BUENOS AIRES
OTRAS ÁREAS METROPOLITANAS
Cobertura a través de AUH y otras transferencias no contributivas
FUENTE: EDSA�BICENTENARIO �����������, OBSERVATORIO DE LA DEUDA SOCIAL ARGENTINA, UCA.
con ingresos elevados (más de $5.400 en 2012) se produjo entre 2011 y 2012. Sin embargo, entre 2012 y 2013, al modificarse el umbral de ingresos a $12.450, se produjo una caída de esta categoría y el consecuente incremento de la población infantil bajo el régimen de asignaciones familiares.
La cobertura vía AUH y otros planes, que resulta mayor a medida que desciende la edad de los niños/ as en los primeros años de vida, era de 39% y se in- crementó en 2013, mientras que en los niño/as en edad escolar y en los adolescentes la tendencia fue al descenso. Esto refleja una vez más la mayor ex- posición de los menores a carencias en los prime- ros años de vida como consecuencia de pertenecer a hogares con progenitores jóvenes en situación de vulnerabilidad social.
La focalización lograda por la AUH y otros planes sociales es, conjeturamos, adecuada. El análisis de su cobertura en el interior de los estratos sociales indica que cuanto peores son las condiciones económicas ocupacionales, sociales y residenciales, mayor es la incidencia de este tipo de transferencias. Tal focaliza- ción ha tenido su impacto positivo en la estabilidad
que registra el indicador de indigencia por ingresos; sin embargo, también es justo decir que no ha sido suficiente para evitar el incremento de la pobreza. Y es que la pobreza por ingresos en la infancia se vin- cula con los procesos inflacionarios que afectan de modo particular a las poblaciones con una precaria integración al mundo del trabajo, en los que suelen concentrarse mayor cantidad de niños/as. Si bien los valores de la transferencia monetaria de la AUH han sido actualizados en el último cuatrienio y son suficientes para sostener los niveles de indigencia descriptos algo por debajo de los dos dígitos, son cla- ramente insuficientes para disminuir la pobreza por ingresos. Todo lo cual es indicativo de los límites de las transferencias monetarias de ingresos.
Por fin, el nivel de cobertura alcanzado por la AUH y otros planes sociales ha sido mayor en las ciudades intermedias del interior del país que en otras áreas metropolitanas; tanto es así, que se ha sostenido e incluso aumentado levemente, mientras que en el resto de las áreas metropolitanas, salvo la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, la cobertura se ha soste- nido en torno al promedio urbano nacional.
Con la escolarización, los niños/as comienzan a socializarse en otras agencias como la escuela y el espacio público del barrio. Con estas agencias secun- darias de socialización, tanto los pequeños como por supuesto los adolescentes multiplican sus relaciones interpersonales en diferentes entornos (el escolar, el barrial, el club, el taller de arte, la iglesia, etcétera). Es en estos espacios sociales donde cobran importancia las características de esos ambientes en su potencial de estimulación, pues en ellos se multiplican las opor- tunidades de vínculos interpersonales y el ejercicio de distintos roles (Bronfenbrenner, 1987).
Atentos a esta construcción de conocimiento es que proponemos la observación de los procesos de