El proceso de socialización gira en torno a la educación, ya sea la informal que corresponde a la familia o la formal que corresponde a la escuela, institución que delinea la educación institucional que promueve el Estado. De tal forma que existe una continuidad cronológica que coloca a la familia como puntal en el proceso de enseñanza-aprendizaje y a la escuela, independientemente de los niveles, como figura formal sobre la que recae la responsabilidad social de garantizar que los individuos compartan el mínimo de códigos culturales que les permite ser parte de la sociedad a la que pertenecen.
Este proceso de socialización, informal-formal, determina con mucho la parte sustancial del proceso de construcción de la personalidad, donde finalmente los individuos deciden si solo cumplen con la educación que el Estado marca como obligatoria o continúan su formación pasando por la técnica y la profesional. s importante destacar que hombres y mujeres que deciden llegar al final de la educación básica y los que deciden continuar hasta la universidad, en realidad están decidiendo el tipo de trabajo que realizarán al insertarse al mercado de trabajo, ya sea manual o intelectual. Con ello, indiscutiblemente, y en condiciones “normales” de desarrollo económico, están decidiendo el lugar que ocuparan en las estructuras sociales, por tanto, su actividad, su ingreso y así el nivel o calidad de vida que tendrán en el futuro.
Por otra parte, es fundamental reiterar que los individuos adquieren varias identidades que dan forma a su personalidad, una de ellas, posiblemente la más importante es la de género, otra no menos importante y que Toffler considera en La tercera ola la más importante, es la identidad derivada del tipo de trabajo que se realiza. Bajo esta suerte de dilema solo falta agregar que en el caso de la identidad de género, es la primer identidad
que la familia y el individuo crean y sobre ésa se reformula la personalidad de hombres y mujeres a lo largo de la vida. A esa identidad se agregan y combinan otras que tienen que ver primero con la edad (generación) adherida a la clase social, nacionalidad o etnia a la que se pertenece, donde la identidad laboral refuerza tanto la posición social de cada individuo dado el ingreso que éste devenga. Al partir de la prioridad que tiene la identidad laboral, desde luego, ello determina el nivel de ingreso, por tanto, la capacidad de consumo, material y simbólico, de los individuos.
En todo caso, como se va estructurando esta exposición, el hecho de decidir continuar los estudios significa la posibilidad, al menos, de revertir una condición social poco favorable. O para decirlo como lo sugiere Parsons, la calificación educativa es una calificación profesional que permite la movilidad social, obvio, abre la posibilidad de ascender en la escala social a la que se pertenece. Que es, en todo caso, lo significativo dado el objetivo que se propuso alcanzar en este capítulo. El impacto que tiene la educación universitaria en la personalidad de las estudiantes con las que se estableció comunicación en el trabajo de campo realizado para tal propósito.
Dicho sea esto, se pasará sucintamente a analizar una pequeña pero significativa parte de las historias levantadas en nuestra investigación. Y con ello apuntar al significado que tiene para estas jóvenes universitarias su formación escolar.
Estudié en Plan de Arroyo en una congregación donde hay poca gente, está cerca de Tlapacoyan, la escuela creo que se llama Ignacio Ramírez, lo que si me acuerdo es que no era amiguera, pero sí tenía de amigos a ambos, a mujeres y hombres, pero como que me llevaba más con los hombres. No sé, pero me llevaba yo más con ellos, no recuerdo bien porqué pero así era. Cuando iba yo en la primaria era muy tímida. Si me decía un maestro: oye, léeme esto…. Recuerdo que me ponía a llorar porque me daba pena y mucho miedo….(Nayely, 23 años, estudiante de estadística)
El hecho que esta joven se reconociera como “poco amiguera” da una clara idea del importante papel que juega la escuela como ente socializador, al mismo tiempo remite a las limitaciones “naturales” de la familia para concretar dicho proceso. pero cabe aclarar que en el caso de la familia, uno de los papeles principales en la conformación de la identidad es que asigna y diferencia los papeles entre mujeres y hombres, mientras que en el caso de la escuela en gran parte “iguala” o genera en su tanto una condición de igualdad. Llama
también la atención, el hecho que esta joven tenga más facilidad de establecer relaciones con los varones así como, también, el que la institución como un espacio ocupado por una colectividad de mayor envergadura que el obvio en la familia, imponga a los individuos la desconfianza sino es que miedo. Aunque esto puede ser resultado de su personalidad como mujer, lo cual provoca resistencia a las nuevas formas de vida escolar.
La entrada a la escuela, abre posibilidades de nuevas experiencias, las cuáles van a ser vividas de acuerdo a cada uno de los que ahí convergen, haciendo en el caso de las mujeres experiencias diferentes en comparación con los varones, quienes están más acostumbrados a vivir su individualidad más libre, esta situación diferenciada coloca a hombres y mujeres, en situaciones incómoda y a veces conflictivas como es el caso de esta universitaria.
La contingencia que ello supone en la reproducción de la personalidad adquirida hasta ese momento permite a los jóvenes calibrar su identidad o, en todo, caso reformularla a través de una interacción que le permita sentirse cómodo. Entonces, la escuela supone un reto para los jóvenes, un reto para aquellos que se tienen que sobreponer o usar o reconvertir lo aprendido en su espacio familiar. Lo cual explica esa relación sistémica entre la familia y su entorno, donde fundamentalmente destaca la escuela.
Creo que empecé a cambiar en la secundaria, porque recuerdo que todavía hasta tercero de secundaria me sentía así…como que con miedo, no podía expresarme, no podía relacionarme mucho, pero yo creo que ya ahí es cuando noto que empiezo a cambiar. Me
daba miedo, no sé, cometer errores, no sé que me dijeran algo, que se rieran, no sé.
(Nayely, 23 años, estudiante de estadística).
Dicho cambio en la personalidad de los jóvenes es alentado por la naturaleza propia de la vida escolar, por un conocimiento que es reconocido como válido socialmente. Los niños y después los jóvenes son bombardeados con una serie de conjuntos que pueden ir en el mismo sentido de la educación informal que brinda la familia, o mucho más allá de las propias limitaciones del capital cultural de la misma.
Recuerdo que desde que en sexto de primaria tenía una maestra que me quería mucho y decía que yo era buena para estudiar. Y… como que crecí con la imagen de que yo quería
llegar a realizarme así como la maestra. Recuerdo que se llamaba Rosita, todos la queríamos mucho y decía que las mujeres podíamos llegar muy lejos, hasta donde quisiéramos. Durante la secundaria…bueno en general siempre he sido de muchas amigas, de jugar, platicar y buscar siempre lo que quiero. No creo que en algún momento me sienta sola, he tenido suerte para encontrar gente que me apoye por ejemplo en la escuela y además los maestros siempre han sido buenos conmigo, porque también en la prepa había un maestro que me quería mucho y me decía: ¡Tú puedes! ¡Si quieres vas a llegar muy alto, porque eres de las personas que le echan ganas! (Bonisú, 22 años, estudiante de Enfermería) Este testimonio en particular ofrece una prueba del papel que juega la escuela como promotora del cambio cultural, un cambio que apunta primero a cambiar la idiosincrasia del individuo, luego a promover formas de pensamiento y la conducta consecuente que puede superar los esquemas de una sociedad tradicional que deja de responder a los nuevos tiempos.
Como lo propone Bourdieu, el paso de los individuos por la escuela presume que éstos adquieran capital cultural o simbólico que los dota de una mayor capacidad reflexiva, con lo cual desarrollan mayor capacidad para elegir como se van constituyendo en verdaderos sujetos y construyendo sus aspiraciones. La educación universitaria abre las perspectivas a los jóvenes estudiantes, les dota de los recursos necesarios, capital cultural, para construirse un mejor futuro que el subyacente a la condición social de su familia de origen.
La experiencia escolar, puede en determinado momento abrir nuevas posibilidades, ya que es una conjugación de nuevos conocimientos, con los que se traen de las formas de vida anteriores. Así mismo aunque se puede pensar que en este caso el género puede ser definitorio y que existe gran influencia de los significados socioculturales, también se encuentran nuevas formas de conocimiento y de reflexión. Aunque no se puede pensar en una forma total y diferente de asumirse ante los demás, pero si van modificando las estructuras y por consecuencia las formas de entender el mundo y el lugar que se ocupa en él. En este sentido, la escuela se observa como impulsora de nuevas formas de vida, es generadora de nuevos roles y expectativas de vida.