cuerpo decidor). La fórmula es la siguiente: cada participante tiene voz y voto independiente, el número de decisiones está en relación directa con el coste de las decisiones. Para Sartori, será irracional ampliar el órgano decisorio que incremente costes sin justificación. La razón de la ampliación, en primera instancia, será proteger a terceros (reducir riesgos externos); y, segundo, el número de decisores está en relación inversa con los riesgos externos (órgano decisor crece, disminuyen riesgos externos).
Sartori entra a definir cómo conformar el órgano de decisión, teniendo en cuenta dos variables: 1) el método de formación del órgano decisorio: cómo se nombra o recluta y cuál es su composición o naturaleza; 2) la norma que rige la toma de decisiones: los principios y procedimientos de la adopción de decisiones. La primera reduce los riesgos externos y la segunda incide en los costes de la adopción de decisiones.
La regla de la mayoría se utilizará donde no se puede practicar unanimidad. En la regla de la mayoría se subsumen tres magnitudes: a) la mayoría cualificada (mayoría de dos tercios); b) la mayoría simple o absoluta (50
por 100 más 1), y c) la mayoría relativa o pluralidad (minoría mayoritaria: una cantidad inferior a la mayoría del 50 por 100). Cada una de las mayorías se
mide con el universo, con los que están presentes o votan. Los criterios de mayoría se escogen porque reducen costes de decisión y con ello aseguran que un asunto no quedara sin decidir, además de reducir los riesgos externos. Esta es la razón de que las reformas constitucionales exijan mayorías cualificadas y de que las decisiones importantes requieran de mayoría absoluta. Las minorías carecen de poder para decidir, y no pueden imponer sus preferencias, sólo las pueden proteger58.
Sartori explora igualmente los resultados de las decisiones y sus contextos, haciendo referencia a las reglas con las cuales se adoptan decisiones y la relación con la naturaleza del resultado. La pregunta es: ¿cómo se decide, con qué resultado final? Este nuevo aspecto trae nuevos elementos: a) el tipo de resultado; b) el contexto de la decisión; c) la intensidad de la preferencia. El tipo de resultado está relacionado generalmente con si es provechoso en la modalidad de suma positiva, o no lo es en la modalidad de
suma cero. Un juego es de suma cero cuando un jugador gana exactamente
lo que otro pierde (el problema es ganar). Este juego sólo se reduce a ganar o perder; un juego de suma positiva es cuando todo jugador gana (partir y redistribuir ganancias).
En teoría de juegos, la suma positiva es interpretada como juego de cooperación y negociación. Cuando la anterior teoría (teorías de juegos) se desplaza hacia la política, se hace necesario comprender que la política 58 Idem, pp. 271-272.
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de suma positiva no tiene por qué ser de cooperación, pero puede ser el resultado de una combinación de cooperación y conflicto. Si nos alejamos de una política como guerra y nos acercamos a una política como negociación, nos estaríamos moviendo de una política de suma cero a una de suma positiva59.
Lo anterior tiene que ver también con la intensidad de la preferencia. Esta dimensión plantea cómo cada problema suscita un grado diferente de afecto, compromiso o desinterés, lo que determina la intensidad desigual de las preferencias individuales. Estas varían por diversas o por su mayor o menor intensidad. En este contexto surge la pregunta por las
minorías intensas y las razones por las que triunfan y consiguen lo que
se proponen. La respuesta es que hay grupos concretos, cuyo impacto y fuerza de atracción son activados y explicados por la intensidad. Esta intensidad se puede presentar alrededor de un solo problema o en torno a una serie de subproblemas circunscritos a uno fundamental. De ahí que las mayorías intensas se disuelvan a medida que cambia el problema. La mayoría intensa es ocasional, mientras los pequeños grupos son iguales de intensos y duraderos ante un conjunto global de problemas. La diferencia sustancial reside en que las minorías intensas son reales, en tanto que las mayorías intensas son agregados efímeros y, a la vez, están movilizadas por minorías intensas60. Lo anterior lleva a concluir
a Sartori que la ley formulada por Mosca se comprueba, que es verdad que las minorías gobiernan, reconociendo que hay minorías controladoras dirigiendo el discurso de la historia. La intensidad se traduce en actividad, el activo ata al inactivo, llevando a que triunfen activos e intensos –que son grupos pequeños– frente a conjuntos amorfos y pasivos. Tales grupos pueden ser sectarios, sediciosos o autodestructivos, lo cual contribuye a explicar por qué el éxito de las minorías intensas es poco frecuente. En esta línea Sartori se interesa en la relación entre los comités y la
unanimidad, en cuanto que el mecanismo para conseguir un acuerdo en el
seno del grupo consiste en que la parte no intensa cede ante los miembros que sienten el problema con mayor intensidad. Lo anterior es conocido como los grupos decisorios o comités. El concepto de comité responde a tres características:
1. un comité es un grupo pequeño que se comunica personalmente y cuyos miembros se influyen mutuamente (grupo compuesto por tres miembros para que la relación sea triádica);
2. un comité es un grupo duradero e institucionalizado, porque su existencia es reconocida legal o informalmente por el hecho de que ciertas cosas tienen que hacerse a través de un grupo concreto; está 59 Idem, pp. 273-274.