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La industria resinera española dejó de ser una actividad artesanal vinculada a las economías campesinas del entorno, a lo largo de la segunda mitad del s.XIX. Fue gracias al bloqueo de las exportaciones americanas hacia Europa durante la Guerra de Secesión (1861-1865) y posteriormente el conflicto armado franco-prusiano (1870- 1871), lo que propició que se modernizaran antiguas explotaciones y se consolidara una industria asociada a los extensos pinares de la meseta castellana y otras zonas cercanas. Junto a esto también se produjo una importante reforma administrativa que regulaba el acceso y el aprovechamiento del monte público, al tiempo que se empezaron a introducir las modernas técnicas de resinación y elaboración de Las Landas francesas, el conocido como método Hugues (Uriarte, 1998).

Así posteriormente durante las primeras décadas del s.XX, la extracción de resina en España tuvo tanta importancia que a principio de los años veinte, España llegó a ocupar el tercer puesto a nivel mundial en cuanto a producción y exportación de productos resinosos. Luego poco a poco, y debido a diferentes circunstancias la industria resinera española fue perdiendo vigor. Todo esto se refleja en los siguientes datos: en el año 1961 la producción de miera alcanzó su máximo histórico sobrepasando las 55.000 toneladas, a partir de ese año hasta 1975 el descenso es progresivo llegando a las 40.000 t anuales y dos años después, en 1977 las extracciones se redujeron a la mitad 20.000 t (Cesefor, 2009).

A partir de los años sesenta se abandona el modelo autárquico que había seguido la economía española durante el franquismo y se establece un marco de relaciones más abierto con el exterior. Con ello la industria española experimentó un intenso crecimiento mediante cambios tecnológicos fundamentales y un aumento de la

26 productividad, aunque esto no puede extenderse al conjunto de la industria, habiendo sectores más beneficiados que otros. Las industrias "tradicionales", entre ellas la resinera, sufrieron un retroceso en beneficio de nuevas actividades, tecnologías y procesos. La resina, por tanto, se vio amenazada por el desarrollo tecnológico y la creciente demanda internacional. La progresión del sector a partir de los años cincuenta estuvo condicionada por los constantes avances de la industria química internacional que provocaba incesantes cambios tanto en la oferta como en la demanda. Esta progresión se fue acentuando cada vez más con la apertura al exterior de la economía española. Respecto de la demanda, los productos como la colofonia o el aguarrás sufrieron un claro retroceso en su utilización en jabones, insecticidas, pinturas, barnices, etc., pese a esto la colofonia rentabilizó su aplicación en la industria papelera, en la fabricación de caucho, colas, plásticos, etc., no siendo este el caso del aguarrás, cuya demanda iba reduciéndose con la aparición de productos alternativos no resinosos, derivados del petróleo como el white spirit, un disolvente extraído del petróleo, sin que

aparecieran aplicaciones alternativas a su uso (Uriarte, 2005).

Otro aspecto que contribuyó a la crisis del sector de los productos resinosos, fue el desarrollo de técnicas que obtenían aguarrás y colofonia mediante la destilación de la madera, generalmente tocones de pinos. Los productos obtenidos mediante este proceso recibían el nombre de wood naval stores. Otros productos que acentuaron la

competencia fueron los derivados de las fábricas de pastas celulósicas al sulfato, los llamados tall-oil. Aunque en ambos casos la calidad de los productos obtenidos era

inferior, esto se veía compensado con una producción más barata y más regular (Uriarte, 2005).

De este modo la reducción de costes en una industria como la española, que obtenía la miera mediante la resinación de los pinos, debía producirse en las tareas del monte, ya que el factor central del coste final de la miera dependía principalmente de la componente salarial, que supone actualmente un 79% de su valor en el mercado (Cesefor, 2009). La causa de esto estaba en el despoblamiento rural lo que propició un alza generalizada de los salarios e incluso en algunos casos se abandonó la resinación por falta de resineros. La industria resinera trató de actuar de manera semejante a la agricultura española mediante la mecanización del trabajo, sin embargo las

27 posibilidades de mecanización eran muy limitadas. Todas estas circunstancias favorecían a otros países con abundantes recursos forestales y mano de obra barata. Una de las posibles alternativas consistía en incrementar el rendimiento por pie resinado y la productividad del trabajo. De este modo por una parte se aplicaron los principios de la selvicultura intensiva con el consiguiente uso de fertilizantes, tratamientos contra las plagas y las repoblaciones artificiales, creando así masas homogéneas y uniformes en las que se reducían los tiempos muertos debidos a los desplazamientos de los resineros de un pino a otro. Todas estas medidas eran únicamente viables en montes bastante llanos del sur del Duero, en provincias como Segovia, Soria, Ávila y Valladolid (Uriarte, 2005).

Otra propuesta para incrementar el rendimiento por pie fue sustituir el hasta entonces vigente sistema de resinacion método Hugues , por el sistema de pica de corteza. Hacia 1960 tanto Portugal como Francia ya lo habían adoptado en la mayoría

de sus pinares pero en España hubo reticencias sobre todo por parte de los resineros, aunque tanto propietarios como industriales también plantearon sus dudas sobre las ventajas del nuevo método. Finalmente fue la Administración la que impuso la obligatoriedad de emplear en los Montes de Utilidad Pública este sistema a partir de 1970.

Finalmente a pesar de la adopción de todas estas medidas, la práctica de la resinación se limitó a las provincias de Segovia, Ávila y Valladolid y a algunas comarcas de Cuenca y Soria.

Con la entrada de nuestro país en la Comunidad Económica Europea en 1986 se agravó la situación del sector debido a que los productos derivados de la resina en España, no podían competir por precio con los portugueses ya que los salarios de los resineros portugueses era de hasta un 50% más bajos que en España, siendo además estos productos importados libremente (Hernández, 2006). Además las colofonias modificadas tuvieron una fuerte competencia con las obtenidas en Portugal y las comercializadas por Suecia y Finlandia (colofonias derivadas de los tall-oil obtenidas de las fábricas de papel (proceso Kraft)). En el caso del aguarrás la situación era aún peor debido a que los derivados del petróleo apenas permitieron que la esencia de trementina se mantuviera en el mercado (Uriarte, 2005).

28 Otra medida que se planteó para impulsar el sector fue la aprobación a finales de los ochenta de un Plan de reestructuración del sector resinero impulsado por el Ministerio de Agricultura Pesca y Alimentación y la Junta de Castilla y León, para evitar la destrucción del empleo rural y asegurar el futuro del sector. Este plan se mantuvo en funcionamiento hasta 1991 debido al desacuerdo existente entre los propietarios, los resineros, la industria y la Administración (Cesefor, 2009).

A partir de entonces el declive del sector se ha ido produciendo de manera lenta, de tal forma que actualmente tan solo se resina en unas pocas zonas de la provincia de Segovia y a bastante distancia, en algunos territorios de Valladolid, Ávila, Cuenca y Soria.