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Chapter 6: CMMI-Evaluation of the Proposed Hybrid Web Engineering Process

7.3 Conclusions

En el exilio Joaquín era considerado el último representante de la dinastía de David y nadie daba autoridad a Sedecías como monarca de Judá. Los que habían acompañado en el exilio a Joaquín se tenían por los auténticos herederos de las tradiciones israelitas y judaicas, y confiaban en poder restaurarlas en su tierra palestina. La conciencia de pueblo de Yahvé que espera el retorno surgió durante estos años de exilio.

A diferencia de la deportación asiria, durante el exilio babilónico los judíos no fueron dispersados, sino que vivían unidos manteniendo sus lazos familiares y de comunidad. Ezequiel vivió al este de la ciudad de Babilonia en una zona de canales de irrigación de los campos y tenía la posibilidad de convocar a los ancianos de Judá.

Al menos al principio, la deportación a las tierras de Mesopotamia les parecía una reclusión temporal, aunque Jeremías les escribió desde Judá advirtiéndoles que se prepararan para un largo exilio. Durante el exilio se

intentó interpretar la actual situación con el recuerdo del pasado y con la esperanza de un futuro de restauración.

BIBLIA – El exilio en los textos veterotestamentarios

La obra del historiador deuteronomista concluye con un mensaje favorable, un indulto que en 560 a.C. recibió en el rey Joaquín, en virtud de cual obtenía ciertos privilegios del rey de Babilonia (2R 25,27-30). Ese colofón deliberadamente positivo dirigido a un Judá que había quedado aniquilado corresponde a un momento avanzado del exilio, que no es tratado por el libro de los Reyes. La inclusión de este dato hace sospechar que la obra deuteronomística pudo empezarse hacia el final del exilio, pero se concluyó seguramente en Judá, después del regreso.

La obra cronística tampoco dice nada del exilio, sino que se presenta como una época oscura (2Cro 36,20-23) de la que se sale cuando Ciro autoriza la reconstrucción del templo de Jerusalén.

Durante el exilio comenzó la redacción de algunos libros proféticos, colecciones de oráculos influidos por el lenguaje deuteronomístico, especialmente los textos en prosa de Ezequiel y Jeremías.

Mapa 54. El exilio de los judíos a Babilonia y el refugio en Egipto

BIBLIA- La apocalíptica en los profetas

Al hablar de apocalipsis nos viene a la mente el último libro del Nuevo Testamento, pero en el profetismo de la Biblia hay muchos antecedentes apocalípticos, que tienen puntos en común y divergentes con la obra atribuida a Juan, que tanto influyó en la religiosidad y el arte medievales.

Ezequiel representa los primeros esbozos de apocalíptica y datan de la época

del destierro babilonio (a partir del 597 a.C.). En él se encuentran ya los elementos esenciales: simbolismo de los animales y los elementos cósmicos (los cuatro vivientes, el fuego, el rayo), el tema del sello utilizado para marcar a los que se mantengan fieles al bien (Ez 9,4) o los sucesos relativos al fin (Ez 36 y ss.).

En Zacarías, cuya primera parte (1-8) es contemporánea de la vuelta del destierro y la segunda (9-14) es posterior, aparecen los temas de los caballos y los jinetes de diferentes colores, el ángel intérprete, el candelabro de oro y los siete ojos del Señor. En la segunda parte se habla de la salvación venidera, la gloria definitiva y la victoria de Dios sobre los idólatras.

Isaías 65-66, de la misma época que Zacarías, contiene temas como el de la

nueva creación, la victoria sobre la muerte, la prosperidad y paz que reinarán en Jerusalén, la afluencia de naciones, el culto nuevo y universal.

Joel (hacia el 400 a.C.) menciona la plaga de langostas, las desgracias

simbolizadas por los caballos, la descripción del día de Yahvé o la imagen de la hoz y la cosecha, por ejemplo.

Los capítulos 24-27 de Isaías, definidos como “Apocalipsis de Isaías” (de tiempos de Alejandro Magno, 333 a.C.), contienen una descripción del día de Yahvé, el anuncio de un castigo universal, el combate de las fuerzas del mal

(Leviatán), la restauración del pueblo elegido, la resurrección de los muertos, la victoria sobre la muerte y el festín de todos los pueblos.

Además de esa simbología, en la apocalíptica de los profetas hay referencias a situaciones históricas recientes y lejanos recuerdos del autor, que le permiten dar un contexto real a las visiones que se ofrecen a interpretación.

Es probable que buena parte de los judíos vivieran en colonias como las mencionadas en el libro de Ezequiel, como la llamada Tel-Abib (Ez 3,15, cuyo recuerdo dio nombre a una colonia en la costa palestina en 1909), u otras mencionadas en el libro de Esdras (Esd 2,59).

Una lista de la corte babilónica que data de 592 a.C. nos informa sobre la manutención de los exiliados. En ella se menciona a Joaquín, a quien llama Ja-

a-hu-du (rey de la tierra de Judá), y se citan los suministros de aceite para él,

cinco de sus hijos y otros judíos.

Mapa 55. Babilonia en tiempos de Nabucodonosor

ARQUEOLOGÍA – Babilonia

La capital de imperio babilonio que encontraron los judíos exiliados era la más espléndida y sofisticada ciudad que habían visto nunca. Entre 1888 y 1917 fue excavada por el arqueólogo alemán Robert Koldewey, quien tuvo que superar las dificultades del terreno (la capa freática) y las alteraciones provocadas por destrucciones antiguas y modernas. Koldewey consiguió sacar a la luz la mayor parte de la ciudad.

Babilonia estaba rodeada por un triple sistema de defensas de ocho kilómetros de largo y 27 metros de ancho que había sido descrito por Heródoto. Desde el acceso norte hasta la monumental Puerta de Ishtar discurría la Vía Procesional, delimitada por altos muros decorados con ladrillos en relieve con imágenes de leones sobre fondo azul. Este era el mismo tipo de decoración que tenía la Puerta de Ishtar (con una fachada de 14 metros de alto), donde alternaban los toros de Hadad y los míticos dragones sirrush de Marduk, blancos y amarillos sobre el brillante fondo azul, como se puede ver en la reconstrucción del Museo de Pérgamo en Berlín.

El palacio real era tenía cinco patios, el más grande de los cuales medía 60 por 55 metros. La sala del trono (52x17 m) estaba decorada con paneles que representaban árboles, flores y leones. Desde el exterior se podía ver al rey sentado en el trono elevado sobre un podio.

Dentro de la ciudad estaba también el templo Etemenanki, la “Casa de la Fundación del Cielo y la Tierra”, que dio lugar a la leyenda de la Torre de Babel del Génesis, que la describe como un intento soberbio de llegar hasta Dios. En realidad sus siete u ocho niveles escalonados, cada uno de un color, eran para los babilonios una escalera por la que Marduk podía bajar a la tierra. De hecho, Babilonia significa “Puerta de los Dioses”.

En época de Nabucodonosor la ciudad se extendió al oeste del río Éufrates, que quedó en ese tramo cerrado dentro de la ciudad con su doble muralla. Amplios fosos formaban parte también del sistema defensivo.

Es incierta la ubicación de los legendarios Jardines Colgantes, que Nabucodonosor mandó construir por amor a su esposa, que procedía de las montañas. Se trataba de unas terrazas artificiales sobre las que se plantó un extenso jardín.

Nabucodonosor murió en 562 a.C. y le sucedieron soberanos de cortos reinados y escaso carácter, que dieron a los judíos la esperanza de un cambio en su situación. El primero de ellos, Evil-Merodak, es el que, según 2R 25,27- 30, dio un trato privilegiado de Joaquín. Lo liberó de su internamiento y, después de treinta y siete años desde su deportación, lo admitió en la corte babilónica como comensal. No sabemos el año de su muerte, pero Joaquín, a quien se veía como garante del futuro restablecimiento del reino de Judá, nunca regresó del exilio.