2.4 The Software Development Process
2.4.5 Traditional Software Process Models (Heavyweight)
En la política exterior de ambos reinos hebreos se produjo una progresiva pérdida de territorio a partir de la separación. La compleja red de alianzas, reinos tributarios y dependencias que había establecido David y que Salomón había utilizado con alguna merma se desmoronó.
En el quinto año del reinado de Roboam, el faraón Sesonquis marchó sobre Palestina, emulando a otros faraones que habían impuesto su mando sobre la
zona. Del ataque egipcio da cuenta el escueto relato de 1R 14,25, cuya versión podemos completar con los registros egipcios.
Seguramente Roboam evitó la toma de Jerusalén humillándose ante el faraón y pagando un tributo tan elevado que le obligó a recurrir al tesoro del templo para salvar el reino. Esto es más verosímil que un saqueo por parte del rey de Egipto, que habría implicado una caída de la ciudad que no tenemos atestiguada.
También Israel sufrió el ataque de los egipcios, que subieron hacia el norte hasta la llanura de Jezrael y llegaron a cruzar el Jordán para atacar Mahanaim. Es posible que estos movimientos se justifiquen por una persecución del rey Jeroboam que huía a sus plazas fuertes, incluida Penuel en Transjordania.
OTRAS FUENTES – La inscripción del templo de Amón en Karnak
Emulando los grandes faraones del Imperio Nuevo, Sesonquis I, primer faraón de la dinastía libia, dejó grabada en un muro del templo de Amón en Karnak una larga lista con los nombres de las ciudades atacadas en su campaña de Palestina.
En esa lista no parece que se mencione Jerusalén, ni siquiera en las partes peor conservadas, pero sí hay muchas ciudades del reino israelita, lo que nos permite deducir que Sesonquis puso en serios aprietos a Jeroboam, aunque esto no se mencione en el Antiguo Testamento.
Se ha intentado usar el orden de nombres en la lista como el reflejo de un plan de campaña, pero seguramente no responde a esa intención. De todas formas podemos hacernos una idea de las zonas que atacó. Entre los nombres hay muchos indescifrables, pero hay bastantes que son de la zona de Edom, lo que permite suponer una vía de regreso alternativa, desde Transjordania y por el sur del Mar Muerto.
Esta lista es la última de su tipo que conservamos en el mundo egipcio y nos sirve para identificar los puntos fortificados de los reinos de Judá y de Israel a mediados del siglo X a.C.
Mapa 38. Expedición de Sesonquis contra Israel y Judá
La campaña de Sesonquis no duró mucho tiempo ni supuso una invasión de la región palestinense, porque Egipto no contaba con la fuerza y la capacidad de los tiempos de las grandes expansiones. Su sucesor Oscorón I también fustigó al Levante mediterráneo, pero las tensiones dinásticas impidieron a los demás faraones a partir de la XXI dinastía mirar fuera de sus fronteras.
Al faraón le sirvió para hacer una demostración de fuerza que tenía un interés práctico pero también un impacto en la política interior. Además puso en evidencia la importancia que seguían teniendo las dos líneas de ciudades del corredor norte (la llanura de Megido desde el Carmelo hasta Beisán) y las del corredor sur (desde la costa hasta Jerusalén), para garantizar la seguridad de ambos reinos hebreos.
La expedición tuvo consecuencias en la política de Roboam, quien debió de preocuparse por la seguridad del suroeste de su reino y construyó o reforzó una serie ciudades que se mencionan en 2Cro 11,5-10. De esa lista están
excluidas las plazas de la llanura costera, que casi con seguridad estaban en manos de los filisteos con los que pronto el reino de Judá debió de tener conflictos. Aunque los libros históricos no tratan esos enfrentamientos directamente, hay varias alusiones a ellos. La frontera occidental la marcaban Gath y Lakish.
OTRAS FUENTES – Crónicas perdidas
Los restrictivos criterios de selección informativa aplicados a los libros de los
Reyes y las Crónicas se explican en parte por la repetición de la fórmula que
nos remite a la lectura de los “anales del rey” o al “diario de los reyes”, tanto de Judá como de Israel.
Sin embargo esos libros quedaron fuera de la tradición bíblica y nos son desconocidos fuera de ella, lo que hace que hayamos perdido mucha y valiosa información sobre ambos reinos.
La existencia de ese tipo de obras la encontramos también relacionada con Salomón, dado que existe una referencia a los Hechos de Salomón, y sabemos que en la corte de David se comenzó una tarea cronística que estuvo a disposición de los autores bíblicos, pero que no ha llegado hasta nosotros. En el caso de la campaña de Sesonquis, el libro de los Reyes recoge sólo las consecuencias que tuvo para el templo y el palacio de Jerusalén, haciendo un extracto de todo el relato bélico que estaba en los anales de Judá. El libro de las Crónicas, usando la misma fuente con toda probabilidad, es más preciso al mencionar las plazas fuertes de Judá que fueron atacadas por Sesonquis (2Cro 12,2-12).
El reino arameo de Damasco empezó a desrrollarse, adquirir fuerza y reclamar los territorios transjordanos hacia el sur. Allí se había empezado a desgajar de la unidad davídica, negándose a pagar tributos, el reino amonita de Moab, cuya corona había llevado David. También en Edom resurgió un reino que había comenzado su independencia en tiempos de Salomón.
Los reinos de Israel y Judá decidieron concentrarse en mantener el territorio básico de su patrimonio y conservar unas dimensiones menores para cuya defensa tenían de todas formas que renovar fuerzas continuamente. Una constante lucha de guerrilla en las líneas fronterizas les permitiría mantenerse al margen de otros Estados.
OTROS PUEBLOS - Los edomitas
Los edomitas vivían en las montañas que se extienden al sur del cauce del Zered, que desemboca en el mar Muerto. El nombre de este pueblo viene de la raíz hebrea que significa “rojo”, en alusión a la arena nubia rojiza de esas montañas. Eran semitas que habían llegado allí hacia 1200 a.C. procedentes del desierto siro-arábigo, como otras etnias nómadas que se asentaron en zonas que apenas estaban pobladas.
Desde sus baluartes de Teman y Bosrá controlaban la ruta que arrancaba del golfo de Áqaba, desde Esión-Gueber, y se dirigía por el norte hacia Transjordania: la conocida como ‘vía del Rey’.
David consiguió subyugarlos, pero ya Salomón vio reducido el control sobre la zona y bajo Joram de Judá emprendieron una revuelta con éxito. Desde entonces se fueron infiltrando por el Negev e introduciéndose en el reino de Judá, en parte porque también ellos eran presionados por los nabateos desde oriente.
En el Antiguo Testamento los edomitas son la etnia más vilipendiada, apareciendo en muchos oráculos proféticos.
En torno a Damasco se formó un Estado que fue ganando poder sobre la disgregada población aramea y cuyo desarrollo durante más de un siglo iba a estar íntimamente vinculado con el de Israel. La intervención de Ben-Hadad contra su vecino Israel a petición del rival de Judá significó la primera campaña siria contra el Israel de Basa, aunque no pasó de la zona galilaica.
TERRITORIO - Damasco
La capital aramea era una ciudad-oásis al borde del desierto, nutrida de agua por los cauces del Abana y el Farpar. Se trata de una de las más importantes etapas caravaneras: en Damasco se encontraban las dos principales rutas que venían de Arabia y de Egipto (la vía del Rey y la vía del Mar) y que se dirigían a la Alta Mesopotamia, por el norte, evitando el cruce del desierto sirio-arábigo. Los textos de Ebla mencionan la ciudad ya hacia 2000 a.C. y nunca ha dejado de estar habitada, lo cual ha imposibilitado la investigación arqueológica.
Mapa 39. Conflicto entre Israel y Damasco
Durante la dinastía de Omrí (886-842 a.C.) las relaciones con Damasco se fueron complicando, sin embargo los relatos bíblicos correspondientes son poco precisos. Se mezclan recuerdos de hechos históricos con nombres de monarcas que no corresponden a esos eventos. Esta imprecisión está causada por la falta de interés de los autores de los libros históricos en la política externa, que es tratada sólo en función de su impacto en la política interior de Israel.
OTROS PUEBLOS - Los arameos
Eran semitas, nómadas organizados en tribus, que no llegaron a crear nunca un estado unificado. Su modelo gubernamental básico era como el de los fenicios, la ciudad-Estado como Damasco, Jarán o Alalakh, en la llanura del río Orontes, protegido por la cordillera de la costa mediterránea.
Se diferencian de otros pueblos que llegaron a la zona siriopalestina en torno a 1200 a.C. en que mantuvieron vivo el sentimiento étnico, aunque a lo largo de los siglos se organizaran en unidades estatales diferentes: Aram Naharayim, Aram Sobá, Aram Bet-Rehob, Aram Damasco. El rey Ben-Hadad de Damasco se califica de “rey de Aram” en una estala encontrada en Alepo, lo que demuestra su aspiración a unificar a toda la etnia bajo un mismo trono en el siglo IX a.C.
Los arameos conservaron su lengua ancestral, al contrario que otras tribus nómadas del mismo origen, que pronto adoptaron la lengua cananea (como los moabitas y los israelitas). La influencia de los arameos en el comercio terrestre es comparable a la de los fenicios en el mar. Tan frecuente fue comerciar con arameos que los antiguos idiomas mesopotámicos dejaron de usarse y el arameo pasó a ser la lengua internacional en el Próximo Oriente, sustituyendo al acadio en esa función y llegando a suplantar al hebreo en Palestina. Se convirtió en la lengua hablada en toda la región hasta el Imperio Romano
Un ejemplo del éxito de las ciudades arameas es el reino de Alalakh, que obtuvo su prosperidad del tránsito de mercancías entre Asia Menor y Oriente, además de la comercialización de la madera de cedro como material de construcción del que carecía Mesopotamia.
Se producen enfrentamientos fronterizos como el combate en Afek (en la margen oriental del mar de Galilea o lago de Genesaret) o intentos de invasión de zonas transjordánicas del reino israelítico en Ramoth-Galaad. Se llevan a cabo ingerencias en la política interna, como la intervención del arameo Jazael a petición de Elías. Pero también hay alianzas contra enemigos comunes, como la participación del rey israelita Ajab en la coalición siria que se enfrentó con el rey asirio Salmanasar III en la batalla de Karkar en 853 a.C. Una inscripción regia asiria, conocida como “inscripción del monolito”, confirma esa participación de Ajab y se mencionan los efectivos que aportaron los israelitas a la campaña.
OTRAS FUENTES – La inscripción de Tell Dan
En las excavaciones llevadas a cabo en 1993 en Tell Dan, uno de los yacimientos más interesantes del reino dividido, se halló una inscripción sobre piedra en la puerta de la ciudad. Se trataba de un fragmento de un bloque, del que se han hallado otros, que había sido deliberadamente roto para reutilizarlo en la construcción de la puerta.
La escritura fenicia es clara y de formas regulares, pero su interpretación es difícil por su estado fragmentario. El texto parece hacer referencia a una victoria sobre el rey de Israel y sobre el de la casa de David, y se mencionan las fuerzas utilizadas en la batalla: infantería, carros y dos mil jinetes.
Algunos investigadores consideran esta inscripción la más antigua referencia extrabíblica de la dinastía de David.
A partir de Ajab, los arameos del reino de Damasco ampliaron sus ataques por toda Transjordania y el recuerdo de esos enfrentamientos ha dejado huella en la tradición de Elías-Eliseo en el libro de los Reyes, pero las referencias son confusas y no podemos fiarnos de la relación entre acontecimientos y nombres de monarcas. Se dice que el propio Ajab los combatió en Afek (al este del Mar de Galilea) y junto a Ramoth-Galaad (1R 22,2-38), pero detalles contradictorios hacen pensar que se trata de un rey posterior, probablemente Joram.
Las relaciones con Damasco se fueron haciendo más complicadas, porque este reino extendía su influjo a los reinos sirios del norte y contactaba con los
fenicios. Los reyes de Judá y de Israel, Ocozías y Joram, se aliaron para hacer frente a los arameos en Ramoth-Galaad (2R 8,28).
A Hadadezer le arrebató el trono de Damasco el belicoso Jazael, según narra la Biblia (2R 8,7-15) y confirman las fuentes asirias. Las agitaciones internas en Asiria suponían un respiro para los reinos arameos, que aprovechaban para fortalecerse y cuestionar las fronteras con sus vecinos. Al final del reinado de Salmanasar III y durante el de Shamshiadad V, Damasco atacó el reino israelita de Joacaz, el sucesor de Yehú, y esta vez no se quedó en un habitual enfrentamiento fronterizo, sino que los arameos llegaron a ocupar Gath y a amenazar Jerusalén. La capital de Judá se salvó gracias a un elevado tributo que tuvo que pagar el rey Joás.
A pesar del duro golpe recibido por la campaña de Adadnirari III, los arameos de Damasco volvieron a arremeter desde el nordeste contra Israel a finales de los años setenta del siglo VIII, según se nos dice en el libro del profeta Amós (Am 1,2-3). Queda la duda de si el texto profético se refiere a nuevos ataques o alude al conflicto vivido en el pasado. Contemporáneamente los amonitas presionaron por el este, haciendo más difícil la situación en el reino hebreo septentrional.
PERSONAJES – Amós
Amós predicó su apasionado mensaje hacia el 760 a.C. Provenía de Tekoa, en el desierto de Judea. No era un simple pastor, sino un astuto intérprete de los acontecimientos internacionales y gran conocedor de la historia y los males que aquejaban a Israel. Atacó los pecados sociales de una clase que sacaba su riqueza de la opresión de los campesinos (Amós 4,1; 5,10-13; 6,4-7). Destacó el contraste entre el lujo de la aristocracia y la corte real de Samaria y la miseria los pobres, a los que se les había despojado de la tierra. Algunas de las denuncias más contundentes que realizó Amós las hizo en el santuario real de Betel y en Samaria.
Asiria no está entre las preocupaciones de Amós, porque los sucesores de Adadnirari III, acosados por los urarteos y los medos, no presionaron sobre la zona siria, donde los pequeños estados arameos se aglutinaban. A los ojos del profeta estos pueblos y otros vecinos próximos eran un peligro más tangible que la lejana Assur. De todas formas, queda por saber si un profeta judaico que actúa en Israel podía tener información sobre la política internacional para sacar conclusiones que nos sirvan de interpretación histórica.
Un tercer foco de conflicto exterior lo vivió intermitentemente el reino de Israel con los vecinos surorientales. En la costa oriental del Mar Muerto, Omrí consiguió dominar la Transjordania entre el Jabbok y el Arnon, que habían sido sometidas por David.
Tras la muerte de Ajab, el rey de Judá, Josafat, formó una alianza con Joam de Israel y el rey de Edom (2R 3,7) para evitar la expansión a los moabitas liderados por su rey Mesá, quien intentó recuperar alguna parte del territorio en disputa. El rey de Moab debió de obtener algún resultado a la caída de la dinastía de Omrí.
OTRAS FUENTES – La estela del rey Mesá
Descubierta en Dibón por un misionero en 1868 y conservada en el Museo del Louvre, la estela del rey Mesá relata la independencia de los moabitas, que se enfrentaron al dominio israelita de su territorio.
En la estela se hace referencia al disgusto del dios moabítico Kamosh como causa de los padecimientos del reino, algo que resulta familiar al lector de la Biblia. La inscripción no lleva fecha, pero la alusión al hundimiento de la casa de Israel, que podría ser una referencia al final de la dinastía de Omrí, nos permitiría datarla después de 842 a.C.
Parece que Dibón, en la frontera norte del río Arnon en Moab, fue la ciudad natal y la capital de este rey que en su inscripción nos habla en primera persona:
Yo soy Mesá, el hijo de Kamosh(it), rey de Moab, el dibonita […] Omrí fue rey de Israel y había humillado a Moab muchos años, pues Kamosh estaba muy enojado con su país. Le siguió su hijo, y también él dijo: ‘Quiero humillar a Moab’. Todavía en mis días habló él así. Pero yo le observé a él y a su casa e Israel se ha hundido para siempre. Omrí se había apoderado del país de Medebá y residió allí durante su reinado y el reinado de sus hijos, cuarenta años; pero durante mi reinado allí habitó Kamosh.
La aportación de tropas de Edom a la alianza contra los moabitas demuestra que los edomitas no eran regidos por un rey, sino por gobernadores bajo el control de Judá (1R 22,48). Durante los veinticinco años de reinado de Josafat en Jerusalén (873-849 a.C.) Judá consiguió restaurar la línea comercial con el golfo de Áqaba, pero bajo Joram Edom consiguió elevar al trono a un rey. No sabemos casi nada de la posterior historia edomítica, pero parece que los reyes de Edom pudieron mantenerse frente a Judá.