Chapter 7 Conclusions and future work
7.1 Conclusions
Así, si en el Tercer Ciclo de E. B. se proponía introducir al alumno en el dominio de una secuencia ordenada de acciones para comprender (subrayado, identificación de las ideas de cada párrafo y elaboración de resúmenes / mapas / esquemas / diagramas, etc.), en este nuevo ciclo deberíamos tratar de reforzar ese esquema básico de lectura, con el fin de afianzar su dominio e incrementar su aplicación espontánea (muchos alumnos con problemas de lectura precisan insistir especialmente en este aspecto, ya que siguen persistiendo en modos de lectura inadecuados incluso cuando han aprendido otros modos más adecuados).
Si se adquirió lo básico de las estrategias de comprensión propuestas en la fase anterior, lo más probable es que los alumnos ahora no encuentren grandes dificultades para aplicar los procedimientos de selección/borrado, generalización y construcción cuando se plantean en textos sencillos y sin demasiada información nueva; sin embargo, es de esperar que sigan teniendo una cierta falta de soltura cuando deben aplicar esas estrategias a textos expositivos de las diferentes áreas, en donde aparecen muchas palabras nuevas y en donde los contenidos son bastante “densos”, además de novedosos o poco familiares.
Es por ello necesario dedicar un tiempo específico a la aplicación de las estrategias ya conocidas a los nuevos tipos de textos, así como proporcionar a las alumnas y alumnos nuevas herramientas de trabajo, complementarias de las anteriores, por ejemplo, enseñándoles a emplear la denominada “estrategia estructural” (es decir, enseñándoles que los textos que estudian poseen estructuras organizativas internas estándar, enseñándoles a identificarlas y enseñándoles a usarlas como guías en la reconstrucción del significado del texto).
Se trata, por tanto, de habituar a los alumnos a seguir un método de trabajo sistemático (tanto, que llegue a ser rutinario) frente a los textos de uso habitual en clase y en el trabajo de casa. Un método que puede adoptar muchas formas, pero que podría seguir aproximadamente este secuencia: 1. Primer vistazo al texto en su conjunto, a los títulos, subtítulos, ilustraciones para hacerse una
idea de su estructura general y del tipo de contenidos que desarrolla.
1.1. Identificación de las palabras nuevas o con dudas: leerlas despacio, tratar de aclarar su significado.
1.3. Elaborar un primer esquema-borrador basado en el tipo de estructura del texto (ver ilustraciones anexas) y formularse algunas preguntas relacionadas con el contenido del texto (en función del objetivo de lectura).
2. Lectura detenida, aplicando las estrategias necesarias para identificar / construir las ideas principales de cada párrafo, dentro de cada apartado de la estructura general.
3. Revisión de la coherencia entre esas ideas principales y construcción de algún tipo de resumen esquemático (resumen, esquema, mapa, diagrama, red...).
4. Comprobación del grado de comprensión obtenido y relacionar el texto con los conocimientos previos sobre el tema.
Como ya hemos dicho, esta secuencia no debe considerarse un procedimiento rígido y que deba seguirse al pie de la letra, sino un esquema orientativo acerca del tipo de hábito que deberíamos instaurar en el alumnado del Primer Ciclo de la Educación Secundaria cuando se enfrenta a textos de estudio.
Siendo así, no es preciso que todos los textos deban trabajarse de este modo, pero sí es importante: 1) Que en todas las áreas se siga el mismo esquema general; 2) Que cuando se introduzca en una materia un tipo de texto nuevo en cuanto a la estructura retórica que lo organiza, se trabaje expresamente en clase siguiendo estos pasos, actuando el profesor o profesora como monitor del proceso de lectura conjunta; 3) Que de vez en cuando se planteen a la clase actividades que insistan en alguno o algunos de los pasos del procedimiento (por ejemplo, pedir que se justifique por qué sí o por qué no podemos considerar una determinada afirmación como idea principal de tal párrafo, o un determinado esquema o resumen como adecuados para un texto dado, pedir a un alumno que salga a la pizarra a dibujar el esquema retórico del texto tras una primera lectura y revisarlo en grupo toda la clase, etc.).
Es también importante dedicar un tiempo expreso a enseñar al alumnado la estrategia estructural, para lo que recomendamos comenzar con textos seleccionados y de contenido académico, pero ya conocido, con el fin de que el procesamiento de la novedad no interfiera la necesaria atención a la estructura del texto. Desde nuestro punto de vista, además, es interesante presentar esos primeros textos con una maquetación parecida a la que tengan los textos reales de clase, en las diferentes materias.
Otro aspecto que debe tenerse en cuenta es que a menudo las estructuras textuales esconden dificultades relacionadas con los propios procesos de pensamiento, que deben ser abordadas expresamente y con ayuda. Por ejemplo, es difícil aprovechar la estructura argumentativa si, previamente, uno no sabe qué es un argumento, qué elementos contiene, que hay argumentos lógicos y otros que no son lógicos, sino “plausibles, etc. Dicho de otro modo, no basta con enseñar las estructuras organizativas de los textos como andamios sin contenido, sino que hay que enseñarlas en relación con la estructura de pensamiento que cada esquema retórico implica con respecto a los contenidos expuestos (clasificación jerárquica, argumentación, descripción, deducción, inducción...).
Como ya se ha sugerido para fases anteriores, cada vez que se introduzca un esquema retórico nuevo sería aconsejable comenzar con actividades de gran grupo, en las que el profesor adopta un papel activo, ayudando a la clase a observar el esquema en cuestión, ofreciendo una representación del mismo y aplicándolo a la lectura comprensiva de algunos textos seleccionados; a continuación, los alumno0s deberían trabajar en pequeños grupos sobre nuevos textos (algunos con el nuevo esquema y otros con esquemas ya conocidos), poniendo en común su trabajo al finalizar y, por último, cada alumno debería trabajar autónomamente, supervisado ocasionalmente por su profesor o
profesora. Una posible estrategia didáctica para trabajar en clase los esquemas retóricos de los textos (para enseñar la “estrategia estrucural”) sería la siguiente:
1º. Lectura rápida del texto completo.
2º. Búsqueda de la organización global del texto.
3º. Localización de las categorías informativas básicas características del tipo de texto identificado.
4º. Construcción del esquema organizativo, a partir de un modelo simplificado de tipo visual. 5º. Extracción del significado.
6º. Autopreguntas
Conviene no olvidar, sin embargo, que no se trata de que los alumnos sigan de forma rígida un determinado esquema de trabajo, sino de que tomen conciencia de la existencia de las estructuras organizativas de los textos y de cómo, si las identifican, su lectura será más eficiente y más comprensiva las reglas y convenciones de los procedimientos que hemos descrito. Los esquemas que les enseñamos sirven como ayudas transitorias. Asimismo, debemos tener en cuenta que la estrategia estructural es demasiado exigente para los alumnos con dificultades lectoras de cierta importancia cuando se utiliza sola. En estos casos, debería acompañarse de estrategias de facilitación como esquemas inacabados, organizadores gráficos del conjunto del texto que se entregan y explican previamente, preguntas dirigidas a orientar la actividad del alumno en cada paso, etc.