La autoimagen o imagen de sí misma de la mujer negra está configurada desde la autocaracterización de la protagonista. Los elementos textuales que afirman la autoimagen de la mujer negra son aquellos a través de los que ocurre dicha autocaracterización desde el punto de vista: moral, físico, psicológico, social y familiar. Presente están además, los gustos y los miedos de la protagonista, los cuáles integran esta construcción.
Desde el primer acápite de la novela titulado «Blanco es mi pelo, negra es mi piel: ¿Quién soy?» se origina la autoimagen, donde la protagonista se presenta de forma sencilla y directa.
Con respecto al punto de vista moral, abarca una serie de cualidades o valores positivos que la consolidan como un individuo de bien, de grandeza espiritual y humana.
Yo soy Reyita, una persona común y corriente. Una persona, natural, respetuosa, servicial, honrada, cariñosa y muy inteligente.307
El respeto a lo ajeno, la decencia, saber mantener una compostura ante la vida y ante los demás, ser una persona recatada y tener mucho pudor, no ser descarado, es lo que considero que hace falta para llamarse honesto; creo reunir esas cualidades.308
En otro sentido, la autoimagen desde el punto de vista familiar se ejemplifica por medio de la información personal de la protagonista con datos como: la fecha de nacimiento, el lugar de origen y las características familiares. Estas últimas muestran cuáles son las problemáticas de sus antepasados con las que debe convivir la protagonista desde su nacimiento: las secuelas de la esclavitud, específicamente por la vía materna, a través del abuso sexual, la ilegitimidad de hijos, el maltrato físico y el odio.
[…] nací un 6 de enero, el de 1902, por eso me pusieron María de los Reyes. Eso fue en El Desengaño, una finca […] en la provincia de Oriente. Mis apellidos debían ser Castillo Hechavarría, porque mi mamá tenía el apellido del amo de mi abuelita, quien, además, fue su padre. Pero todos sus hijos, sentíamos tanto odio por
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aquella familia- que ni conocimos- que mi hermano Pepe decidió que nos lo cambiáramos y nos pusimos Bueno. Aquello no resulto difícil: ninguno estábamos inscritos.309
Más adelante desde el punto de vista físico, la protagonista alude a su condición racial cuando enuncia: « […] aunque no era una niña fea, era una niña negra» 310
con el objetivo de evidenciar cómo dicha condición era determinante en su vida. Mientras que desde el punto de vista social se autocaracteriza al expresar: «Fui una mujer muy pobre […]» 311
En otra arista, la autoimagen desde el punto de vista psicológico, se demuestra por medio del carácter positivo que caracteriza a la protagonista hasta su vejez. Como también el estado de madurez y fortaleza adquirido por la aceptación de su edad y su disposición para seguir enfrentándose al futuro.
[…] aunque tengo noventa y cuatro años, tú sabes que estoy en plenos cabales y no quiero ser una vieja arrumbada, impotente, que no pueda valerse por sí misma, que no pueda accionar. Siempre trato de hacer algo útil […]312
En este mismo plano es capaz además de realizar un análisis de la trayectoria de su vida por medio de una valoración de sus logros e impedimentos, de sus momentos de felicidad y tristeza; lo que le permite ser autocritica consigo misma.
Me ha gustado vivir. Han sido tiempos muy tristes y tiempos muy felices […] ¿Si tuviera que volver a empezar? Lo haría gustosamente, con mi propia voz, en mi propio lugar, poniendo en práctica la experiencia adquirida con mi esfuerzo y mi lucha […]. Yo siempre viviré en paz conmigo misma, porque creo que siempre hice todo lo que tenía que hacer. Yo he marchado junto con la vida, no me he quedado rezagada.313
En relación a los miedos y gustos se dedican una serie de apartados en la novela para describirlos, entre ellos están: «Miedos y gustos», «Cuando tiembla la tierra», «Agua y viento», «Iyá, la panza; panza, Iyá», «Macuní suncí, macuní sunzá» y «Amor y ternura». Acerca de los miedos plantea: «Nunca fui una persona miedosa»314, sin embargo se aclaran los elementos a los que teme en específico: « […] le tengo miedo a los truenos y a los rayos, a las culebras y al majá […] Respeto a los ratones, con ellos hay que tener cuidado».
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Por otro lado se refiere a sus gustos entre ellos: narrar y escuchar cuentos, mirar las estrellas, ir a los velorios en el campo, leer sobre todo poesía cubana, oír la radio, así como las novelas radiales y las televisivas, ver programas que dan consejos para la vida, bailar e ir a los carnavales y a las comparsas, cantar sobre todo las canciones de la trova tradicional y las de la nueva trova, entre otros. Todos estos gustos indican la configuración de la autoimagen de la mujer negra como una inseparable consumidora de la cultura popular: dentro de la que se encuentran elementos de nuestra tradición oral, tradición danzaria, tradición literaria y tradición musical, por lo que sus deleites revelan la identidad cultural cubana.
Otro de sus gustos se comprueba cuando declara: «Me encantan las personas honestas, honradas que se lleven bien con todo el mundo, que sean sencillas»317 Lo que se contrasta a sus disgustos cuando afirma: «Lo que menos me gusta en la vida son los ladrones, o los cleptómanos. Los primeros son unos sinvergüenzas y los segundos son unos enfermos».318 Se puede consumar por tanto que la autoimagen o la imagen de sí misma de la mujer negra es también una autorreflexión de todo lo que caracteriza a la protagonista, lo que la hace ser un individuo auténtico e irrepetible. Su autocaracterización es más interna que externa porque va más allá de lo que a simple vista se puede ver, es decir su interés es darse a conocer a partir de su interioridad como ser humano. Es un autoreconocimiento del ser desde una profunda sinceridad y valentía. Es la exposición de un autocriticismo y una autoconciencia del ser.