Kropotkin, el anarquismo ruso, en el sentido ideológico de la palabra, no fue en ningún momento de la Revolución una poderosa fuerza inde- pendiente. Había pequeños grupos anarquistas en Petrogrado y en otras ciudades en los meses críticos de 1917; pero eran demasiado débiles para contar como elemento importante en la Revolución. Sukhanov relata qué sucedió en el cuartel general anarquista, la villa Durnovo en Petro- grado, en junio de 1917, cuando fue enviado por el soviet para pedirles que no aparecieran armados en la manifestación del 18 de ese mes. Su vocero en el soviet —Bleichman— le dijo que no reconocían la auto- ridad del Soviet porque servía a los terratenientes y a la burguesía; que no admitían más autoridad que la de ellos mismos y que se pro- ponían manifestar armados o desarmados, como se les viniera en gana. Sukhanov relata después la captura, sin derramamiento de sangre, de la villa Durnovo, que los anarquistas habían evacuado a tiempo, du- rante los "días de julio". Parece que en un principio los consideró un grupo formidable, pero que se sintió más seguro cuando los visitó en su propia casa y, después, los consideró inofensivos.
Pero, aunque los anarquistas confesos no contaban mucho como grupo organizado, las tendencias anarquistas y anarcosindicalistas tenían mayor importancia, especialmente dentro del Partido Socialrevolucio- nario de izquierda y los sindicatos. Los anarquistas no formaban, por supuesto, un partido: esto habría ido contra sus principios. Eran una secta y las ideas anarquistas se extendieron mucho más allá de sus filas, manifestándose en las demandas más extremistas de control obrero en las industrias y, en escala mucho mayor, en la extrema izquierda del movimiento campesino. La insatisfactoria y deshonesta Historia del anar- quismo en Rusia de Yaroslavsky no dice nada de ellos, excepto en el último aspecto. Para él, el archianarquista fue el dirigente campesino ucraniano Néstor Makhno (1889-1834), cuyas fuerzas vagaron por los campos y llegaron a capturar ciudades importantes, durante la ocupa- ción alemana y la guerra civil.
En la Revolución de 1917, dice Yaroslavsky, los anarquistas no des- empeñaron un papel importante. Ganaron cierta importancia después de la Revolución de Octubre, cuando empezaron a penetrar algunos sindicatos —especialmente el de panaderos— y a agitar en pro de la independencia sindical frente al gobierno. Aun entonces contaron, ex- cepto en Ucrania, sólo en tanto cuanto se aliaron a la Oposición de Trabajadores Bolcheviques y al sector urbano de los socialrevoluciona- rios de izquierda. Más tarde, en 1921, aparecieron como uno de los factores de los disturbios laborales que culminaron con el levantamiento de Kronstadt. Los anarcosindicalistas, dice, efectuaron su primera con- ferencia en agosto de 1918 y establecieron su Liga de Comunistas
194 RUSIA EN LA REVOLUCION Y LA GUERRA CIVIL
Anarcosindicalistas en Moscú en 1920 —siendo rápidamente liquidada—. Durante la guerra civil algunos grupos anarquistas lograron obtener armas y establecer baluartes fortificados en Moscú, Petrogrado y otras ciudades, como base para ataques a las propiedades burguesas, de las que se apoderaban para dividirlas. Esto parece más bien bandidaje de ele- mentos criminales que la obra de un movimiento ideológico anarquista.
Había, no obstante, grupos ideológicos anarquistas verdaderos en Rusia, a diferencia de esos otros a los que se da este nombre simple- mente por conveniencia. Entre ellos, los más importantes eran el Nabat (Alarma), que incluía a Voline (Vselvolod Mikhailovich Eichenbaum, 1882-1945) y los ucranianos Fanis, Aaron Barón y P. Archinov (1887-?), quienes se agruparon en torno a Makhno en sus primeras acciones, cuando dirigía la rebelión antialemana de la Ucrania meridional. El mismo Makhno,8 originalmente maestro de escuela, no tenía mucha
importancia como teórico, aunque estaba imbuido- de ideas anarquistas y se le.había atribuido en algunos círculos anarquistas mucha más im- portancia teórica de la que tenía en realidad. Era, esencialmente, un dirigente de la rebeldía campesina y un "hombre de sangre" que diri- gía bandas que merodeaban por el campo, y realizó una serie de repug- nantes matanzas, incluyendo terribles pogroms antijudíos, sin lograr una organización estable en las regiones que controlaba. Con intermitencias, luchó contra los blancos después de que los alemanes se retiraron y, poi un tiempo, se le reconoció como comandante del Ejército Rojo hasta que, por negarse a que su banda pasara a formar parte d< él, fue ex- cluido y tratado como enemigo. Finalmente, después de perder la mayoría de sus partidarios, cruzó la frontera con Rumania y desapareció de la historia. Pero hasta 1920 fue una fuerza que hubo que tomar en cuenta aunque, a pesar de la presión del grupo Nabat, no hizo ningún intento real de poner en práctica sus teorías anarquistas de una socie- dad libre, sin gobierno.
Otros dos anarquistas merecen mención: Alexander Berkman (1870- 1936) y Emma Goldman (1869-1940), aunque sus principales activida- des tuvieron lugar fuera de Rusia, a la que no regresaron hasta 1920 y donde permanecieron menos de dos años. Berkman, nacido en Rusia, había vivido en los Estados Unidos durante treinta años antes de su regreso a Rusia donde de inmediato participó activamente en el movi- miento anarquista. Fue prominente en relación con la revuelta de Kronstadt en 1921 y después escribió la historia de la misma, procla- mándola como el inicio de la cuarta revolución (la anarquista). Emma Goldman había sido durante mucho tiempo la dirigente de los anarco-