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rativistas, mientras que el núcleo central conservaba su carácter esencial- mente revolucionario. Como hemos visto, el problema de la guerra lo dividió aún más, produciendo un hondo abismo entre los "patriotas" y el ala izquierda antibelicista. En 1917, durante y después de la Revo- lución de febrero, experimentó un enorme crecimiento, sirviendo como foco principal de atracción para los movimientos campesinos locales y de soldados en su mayoría campesinos. Atrajo también a un gran núcleo de intelectuales hasta entonces no afiliados a ningún partido, así como de profesionales, que sabían poco de socialismo, pero lo consideraba como el más ruso de todos los partidos que apoyaban la Revolución. De este modo, agobiado por los recién llegados y escaso de líderes responsables, el Partido Socialrevolucionario fue incapaz de llegar a una actitud cohe- rente. En general, apoyó a los sucesivos gobiernos provisionales y espe- cialmente a Kerensky, quien se afilió al partido después del estallido de la Revolución. Pero este apoyo, que nunca fue sólido, se debilitó rápidamente cuando fue evidente que estos gobiernos no daban al pue- blo ni pan ni paz y ni siquiera autorizaban a los campesinos a tomar posesión de la tierra. En efecto, mucho antes de octubre de 1917, los socialrevolucionarios dejaron de constituir un solo partido y gran parte de sus miembros pasaron a integrar un ala izquierda que, aunque todavía apegada formalmente al antiguo partido, actuaba ya en alianza con los bolcheviques para realizar una segunda revolución, definitivamente socialista.

Los socialrevolucionarios de izquierda, quienes se organizaron ple- namente como partido después de la Revolución de Octubre, eran total- mente distintos a los maximalistas, que ya estudiamos, quienes se habían separado del Partido Socialrevolucionario once años atrás. Constituían un nuevo grupo, nacido de la Revolución, primero como ala izquierda indefinida del amplio movimiento socialrevolucionario, pero diferían mucho en su actitud, no sólo del ala derecha sino también del grupo centrista de Chernov. La participación de Chernov en el gobierno pro- visional a su regreso a Rusia fue un factor importante que los impulsó a organizarse como facción independiente, aunque todavía sin separarse formalmente de los socialrevolucionarios como partido.

Entre las personalidades notables de este nuevo movimiento estaba el veterann dirigente narodnik Mark A. Natanson (1850-1919), cono- cido también como Bobrov, quien tenía viejas relaciones con el Partido Socialrevolucionario y había participado activamente en la Revolución de 1905. Natanson apareció en 1917 en la extrema izquierda de los socialrevolucionarios, como opositor a toda forma de cooperación con la burguesía y a todo apoyo al esfuerzo bélico. Formaba parte de la extrema izquierda de los "zimmerwaldianos" y esperaba el fin de la guerra me-

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diante una revolución socialista universal. No era marxista, sin embargo, sino un dirigente campesino de la escuela de Piotr Lavrov —hostil a la industrialización capitalista y creyente de la revuelta de las masas cam- pesinas como el camino para el nuevo orden social—. La segunda figura importante era Marie Spiridonova (1885-?), agitadora inmensamente popular que se hizo un gran nombre en 1906, al asesinar a un goberna- dor provincial impopular. Otros líderes prominentes eran B. Kamkov (alias Katz), y V. A. Karelin, en la extrema izquierda, así como Isaac Nachman Steinberg (1888-1957), quien fue Comisario de Justicia en el transitorio gobierno de coalición de bolcheviques y socialrevolucinarios de izquierda establecido después de la Revolución de Octubre y dedicó el resto de su vida, después de la destrucción del partido, a buscar acomodo para los refugiados judíos en Occidente. Otro era Alexan- drovich, quien representó a los socialrevolucionarios de izquierda en la Chelea de Petrogrado. Fue fusilado en julio de 1918, después de los dis- turbios que siguieron al asesinato del embajador alemán, Von Mirbach, por otro socialrevolucionario de izquierda, Jacob Blumkin (n. 1898), quien trabajó para el rég'men soviético bajo el mando de Trotsky y fue fusilado, por trotskista, en 1929.

En todo caso, desde mayo de 1917, cuando los socialrevolucionarios sostuvieron su Tercer Congreso, esta ala izquierda exigió un gobierno totalmente socialista, la paz inmediata y la entrega inmediata de la tie- rra a los campesinos; y en los meses siguientes sus miembros encabe- zaron a los campesinos que se apoderaron de la tierra sin esperar a qre el gobierno se las diera. Su número aumentó rápidamente, a medida que se debilitaba el control de Chernov sobre el movimiento socialrevo- lucionario y obtuvieron gran apoyo, no sólo en el campo, sino también entre los marinos de las flotas del Báltico y del Mar Negro y, en cierta medida, entre los trabajadores industriales. Su oposición a todo com- promiso con la burguesía y su actitud en la cuestión de la tierra, así como su oposición al defensismo los acercaron cada vez más a los bol- cheviques, de los que diferían principalmente en que ellos objetaban un partido centralizado, estrechamente disciplinado y esperaban conven- cer al mayor número posible de partidos socialistas y de facciones de que apoyaran una cruzada revolucionaria socialista de bases amplias. En agosto, la organización del Partido Socialrevolucionario en la misma Petrogrado se había puesto casi unánimemente de su parte, dejando a la dirección oficial socialrevolucionaria casi aislada en la capital; y poseían también un gran núcleo de apoyo en muchos de los soviets locales v provinciales de otros lugares. En octubre se produjo un rompimiento definitivo con el principal Partido Socialrevolucionario, en la primera reunión del pre-Parlamento de Kercnsky, cuando los socialrcyoluciona-

rios de izquierda se retiraron, negándose a apoyar la política "defensiva" de la mayoría. Estaban fuertemente representados en el Comité Militar Revolucionario del Soviet de Petrogrado, que organizó Trotsky, pero parece que todavía en octubre se oponían a una insurrección inmediata. En todo caso los bolcheviques no los consultaron al planear el golpe y su participación en él se produjo, si es que llegó a ocurrir, a través del Comité Militar del Soviet. Pero, al día siguiente del golpe, los social- revolucionarios de izquierda rompieron finalmente con el Partido So- cialrevolucionario, negándose a seguirlo cuando se separó del Segundo Congreso de Soviets como protesta contra la toma del poder por los bolcheviques. Quince días después efectuaron su propio Congreso, con numerosos delegados de las provincias, y se constituyeron formalmente en un partido independiente. Al principio, rechazaron la oferta de Le- nin de integrar un gobierno de coalición con los bolcheviques e inten- taron negociar una más amplia coalición socialista. Pero cuando no se logró esto, se unieron a los bolcheviques, en el Segundo Congreso Na- cional de Soviets Campesinos efectuado a principios de diciembre, para excluir a los elementos socialrevolucionarios hostiles y elegir un nuevo ejecutivo campesino pro-bolchevique. Este acto fue seguido, inmediata- mente, por su decisión de participar en el Consejo de Comisarios del Pueblo, con A. Kolegaev, su principal experto en agricultura, como Comisario de Agricultura —posición clave—, con Steinberg en el cargo, no menos importante, de Comisario de Justicia y Alexandrovich en un puesto importante en la recién establecida Cheka.

La coalición de bolcheviques y socialrevolucionarios de izquierda fue de corta vida. Lo que le puso fin fue la decisión bolchevique de acep- tar el Tratado de Brest-Litovsk. que los socialrevolucionarios denuncia- ban como una traición a la causa revolucionaria. No eran los únicos pero, a diferencia de la minoría bolchevique, se negaron a aceptar la decisión de la mayoría y votaron unitariamente contra el Tratado en el Cuarto Congreso Soviético Pan-Ruso, en marzo de 1918. Esto llevó implícita su retirada del gobierno y los colocó en aguda oposición con el Partido Bolchevique. Lo que pedían era que el gobierno ruso, en vez de aceptar las condiciones alemanas, organizara una resistencia de masas a los alemanes, en forma de una guerra revolucionaria de gue- rrillas. Los campesinos y trabajadores, proponían, debían ser llamados a levantarse dondequiera que llegaran los alemanesca interrumpir las comunicaciones y cometer actos de sabotaje y terrorismo que imposibi- litaran a los ejércitos alemanes gozar de un momento de seguridad. Cuando se rechazó esta heroica política, no cedieron. En junio de 1918 anunciaron públicamente su intención de organizar actos de terrorismo contra los alemanes e hicieron lo posible por estimular la rebeldía en

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los distritos ocupados por los alemanes. El 6 de julio, el joven Jacob Blumkin, uno de sus miembros destacado en la Cheka, logró asesinar a Von Mirbach, nuevo embajador alemán, en la propia embajada. F. E. Dzherzhinsky (1877-1926) y otros líderes de la Cheka fueron retenidos como prisioneros en sus oficinas por un cuerpo de soldados bajo las órdenes de socialrevolucionarios de izquierda y hubo algunas horas de lucha hasta que fueron puestos en libertad y suprimida la rebelión. Como no parece haberse hecho ningún intento de ocupar otros edificios públicos o de producir una huelga general, no se sabe qué trataban de hacer los socialrevolucionarios de izquierda complicados en este asunto. Marie Spiridonova y otros negaron categóricamente que se hubieran hecho planes para un levantamiento y más bien parece que un pequeño grupo actuó por su cuenta, sin el apoyo general del partido. Marie Spiridonova aceptó, no obstante, la responsabilidad por haber autorizado el asesinato de Mirbach; y no hay duda de que el Comité Central Socialrevolucionario de izquierda favorecía la política de terrorismo con- tra los alemanes.

Lo sorprendente, a la luz de la conducta bolchevique posterior, es que después de estos incidentes los socialrevolucionarios de izquierda fueron tratados, en su mayoría, con singular delicadeza. Alexandrovich, es cierto, fue fusilado por su participación en los disturbios de la Cheka; pero Blumkin, después de escapar, pudo seguir sirviendo bajo la direc- ción de Trotsky y Marie Spiridonova, quedando en libertad de continuar la agitación. Sin duda esto fue así porque los líderes bolcheviques te- nían plena conciencia de la impopularidad extrema de los alemanes y de la gran popularidad de la propia Spiridonova y de la oposición social- revolucinaria de izquierda al Tratado de Brest-Litovsk y a las exacciones que los alemanes impusieron en los meses siguientes. También influyó, indudablemente, el factor de que los bolcheviques esperaban, con gran- des posibilidades de éxito, atraer a la mayoría de la izquierda socialrevo- lucionaria y no podían, en las precarias condiciones de mediados de

1918, crearse más enemigos. Porque los disturbios de los socialrevolu- cionarios de izquierda coincidieron en el tiempo con la ocupación de Omsk, Samara y otras ciudades por las fuerzas checas, así como con el establecimiento, por los socialrevolucionarios de derecha y otros grupos, de gobiernos provisionales rivales en Siberia y los Urales, el surgimien- to del almirante Kolchak como líder principal de la contrarrevolución en armas, los inicios de una seria intervención armada de los aliados y la grave disminución de la popularidad de los propios bolcheviques. La lealtad de la izquierda socialrevolucionaria a la causa revolucionaria no estaba en duda y el gobierno no podía, en ese momento, empujar a sus filas a una revuelta de masas. Lo que hicieron los bolcheviques fue sólo

iniciar un proceso de eliminación de los representantes más activos de la izquierda socialrevolucionaria de las posiciones de influencia y de los saviets locales, sin proscribir definitivamente al Partido Socialrevolucio- nario de izquierda. Se creía, en general, que aunque el Comité Central del Partido, o al menos una parte del mismo, había estado muy com- prometido en el asesinato de Mirbach y en los disturbios de la Cheka, la gran masa de sus miembros no habían participado en estos hechos y muchos inclusive los habían criticado; y, a pesar de la fuerte presión alemana para que se actuara contra los responsables, los bolcheviques no se decidían, por las razones apuntadas, a recurrir a medidas drásticas. Los líderes de la izquierda socialrevolucionaria sometidos a juicio en noviembre de 1918 recibieron sentencias leves: Marie Spiridonova, aun- que sentenciada a un año de prisión, fue libertada de inmediato por una amnistía.

A pesar de la ligereza de la acción tomada contra los socialrevolu- cionarios de izquierda, su partido empezó pronto a desintegrarse. Pe- queños grupos actuaron bajo instrucciones de organizar la guerra de guerrillas contra los alemanes y contribuyeron así a las dificultades de la ocupación cuando las fuerzas armadas alemanas empezaron a quebrarse en el curso del año. Muchos socialrevolucionarios de izquierda se afilia- ron al Partido Comunista y participaron en la guerra civil de parte del gobierno soviético. Un residuo del partido desarrolló lo mejor que pudo una campaña de propaganda para el control democrático de la industria y contra la requisición de suministros de los campesinos organizada por el gobierno. En la primavera de 1920 un grupo, encabezado por Steinberg, pudo publicar por un tiempo su periódico, Znarnya, que exigía el control de las industrias por los sindicatos, el control de la agricultura por uniones de campesinos, el control de la distribución por cooperativas y una estructura descentralizada del gobierno y examinaba también el problema de los límites permisibles al empleo de la violen- cía y el terrorismo como armas políticas. Pero Znarnya fue clausurado finalmente en mayo de 1921 y, al año siguiente, los líderes socialrevolu- cionarios de izquierda que quedaban fueron liquidados o lograron, como Steinberg, escapar al extranjero. A Natanson, que contaba cerca de setenta años, se le permitió salir al extranjero después de los trastornos de 1918 y murió al año siguiente. Marie Spiridonova, arrestada nueva- mente a principios de 1919, fue enviada a un sanatorio, del que pronto escapó.

Permaneció libre, oculta, hasta octubre de 1920, cuando volvió a ser arrestada. Se desconoce lo que le sucedió después. Kamkov fue enviado a la cárcel, para ser sacado en 1938 con el objeto de que apor- tara pruebas contra Bujarin, con quien se sostenía que había conspirado

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veinte años antes para matar a Lenin, btalin y otros, y formar un go- bierno trotskista —acusación absurda, que Kamkov se negó a corroborar—.

De todos los partidos socialistas rusos de 1917, los socialrevoluciona- rios de izquierda eran los más idealistas y, en algunos aspectos, los más atractivos. Constituían, esencialmente, un partido campesino, descen- dían de los narodniks y estaban convencidos de que Rusia no necesitaba pasar, en su camino hacia el socialismo, por una etapa intermedia de industrialización capitalista. No eran planificadores y abrigaban gran hostilidad por toda clase de centralización y burocracia: como Rosa Lu- xemburgo en Alemania, creían, por encima de todo, en la fuerza creadora inherente a las masas y en la capacidad de estas masas para elevar a sus propios líderes y construir una nueva sociedad a su gusto. Su misión, tal como la concebían, era levantar a las masas, por todos los medios en su poder, sin prescindir de los levantamientos campesinos o del asesinato terrorista cuando pudiera ayudar a la causa, pero hostiles a las demás formas de terrorismo que servían con demasiada frecuencia para encubrir actos de simple bandidaje o de inexcusable violencia. Hasta que estalló la guerra no diferían mucho del núcleo principal de social- revolucionarios, a quienes trataban de estimular a una mayor acción, más que a oponerse. No estaban dispuestos, sin embargo, a transigir; y cuando el ala derecha y el centro del Partido Socialrevolucionario se permitieron participar en coaliciones con los partidos burgueses, en la causa de la defensa nacional, reaccionaron agudamente y se encontra- ron aliados a los bolcheviques en oposición a los sucesivos gobiernos de coalición y a su política belicista. Veían al Estado como enemigo de la libertad, no menos después de la Revolución de febrero que antes; y se dispusieron a combatirlo por todos los medios a su disposición. Sus faltas, desde el punto de vista del éxito de la acción revolucionaria, eran una incapacidad para distinguir entre lo posible y lo impraticable y una incapacidad para transigir o aparentar, así como para organizar la acción en una escala más que local. No eran, en su mayoría, anarquistas decididos, pero tenían mucho en común con ellos, en los métodos si no en la teoría. Los bolcheviques los consideraron, naturalmente, imposi- bles como colegas después de la toma del poder, pero no pudieron pres- cindir de ellos inmediatamente por la extensión de su influencia entre los campesinos, a quienes sólo ellos parecían capaces de atraer, en nú- mero considerable, de parte de la segunda Revolución. Su política en relación con la tierra fue la misma que Lenin indujo a adoptar a su Partido en el periodo crítico de 1917, y pasado éste, cuando los bolche- viques se unieron a los socialrevolucionarios para instar a los campesinos a apoderarse de la tierra sin esperar el consentimiento de nadie v estu- vieron de acuerdo con el establecimiento de una economía agraria indi-

vidualista, en contra de su propia doctrina, sabiendo que cualquier intento de colectivización inmediata destruiría la Revolución, poniendo en su contra a la gran masa de los campesinos. Los bolcheviques, sin embargo, al seguir la política de los socialrevolucionarios de izquierda para resolver una emergencia inmediata no se convencieron en lo abso- luto de ella ni estaban dispuestos a compartir realmente el poder con sus exponentes. Sólo se tomaron tiempo para liquidar al Partido Social- revolucionario de izquierda, aceptando a los miembros dispuestos a en- trar en sus filas y a ayudarlos a destruir la influencia del viejo Partido Socialrevolucionario, cuyos líderes estaban contra ellos en la guerra civil o, en el mejor de los casos, no estaban dispuestos a hacer causa común con ellos contra los "blancos".

Durante su breve permanencia en la coalición bolchevismo-izquierda socialrevolucionaria, como Comisario de Agricultura, Kolegaev fue res- ponsable de la redacción de la ley definitiva sobre la política respecto a la tierra. De acuerdo con esta ley, la redistribución de la tierra fue qui- tada de las manos de los comités especiales a los que se había confiado antes de formarse la coalición, para entregarla a los sectores campesinos de los soviets locales. Éste fue un cambio importante porque los comités habían estado dominados por el antiguo Partido Socialrevolucionario, mientras que el nuevo sistema daba la autoridad definitiva a los soviets generales controlados por los bolcheviques y los socialrevolucionarios de izquierda. La misma Ley de Reforma Agraria se basaba en gran medida en el viejo programa socialrevolucionario y disponía la distribución sobre una base destinada a asegurar los medios de vida a todo hogar campe- sino. Pero también destacaba fundamentalmente la ¡íecesidad de intro- ducir mejores métodos de producción y de alentar el cultivo colectivo como superior económicamente al cultivo individual. El primer decreto bolchevique no contenía referencia al problema del cultivo colectivo, que había sido pospuesto en un momento en que los bolcheviques que- rían, sobre todo, asegurar el máximo de apoyo campesino a su toma del poder. La inclusión de una declaración en favor del cultivo colectivo, bajo los auspicios de un comisario perteneciente no al Partido Bolche- vique, sino al Socialrevolucionario de izquierda, fue un síntoma signi- ficativo de que el Partido Bolchevique, aunque estaba dispuesto a hacer grandes concesiones inmediatas a los campesinos, no lo estaba a aban- donar su intención de socializar la tierra así como a los campesinos, en la primera oportunidad conveniente. No parece tampoco que los social- revolucionarios de izquierda estuvieran en principio contra esto, aunque ••sin duda habrían ofrecido una fuerte oposición a la colectivización for-

zosa. Los socialrevolucionarios de izquierda, a diferencia de muchos de

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