Una vez, un hermano cometió un pecado en Escete y los ancianos se reunieron y enviaron a llamar al abad Moisés.
Sin embargo, él no quiso ir.
Después el presbítero le envió un mensaje que decía: «Ven, todos te están esperando».
Así que al final se levantó para ir. Y tomó una espuerta gastada y agujereada, la llenó de arena y la llevó consigo.
Los que salieron a su encuentro dijeron: «¿Qué es esto, padre?».
Entonces el anciano dijo: «Mis pecados se derraman a mi espalda, pero yo no los veo. Y hoy he venido a juzgar los pecados de otro».
Al oír esto, no le dijeron nada al hermano y lo perdonaron.
Relatos de los Padres y las Madres del Desierto
Actividad del Salmo 32
¿Has oído hablar de actos de bondad aleatorios? Realiza hoy un acto de perdón aleatorio. Tú eliges. ¿Hay alguien a quien no le hayas dirigido la palabra en años, meses, semanas? Envíale una tarjeta. Llámalo por teléfono. O quizá tienes que perdonarte algo a ti mismo. Inténtalo.
Salmo 32
¡Dichoso el que está absuelto de su culpa, a quien le han enterrado su pecado! ¡Dichoso el hombre
a quien el Señor no le apunta el delito y cuya conciencia no queda turbia! Se consumían mis huesos cuando callaba,
cuando rugía sin parar;
porque día y noche tu mano pesaba sobre mí; se me secaba la savia en un bochorno estivo. Te declaré mi pecado, no te encubrí mi delito;
propuse confesarme de mis delitos al Señor; y tú perdonaste mi culpa y mi pecado. Por eso, que todo fiel te suplique...
la avenida de aguas torrenciales no lo alcanzará. Tú eres mi refugio, me libras del peligro,
cuando grito: ¡Socorro!, me rodeas. –Te instruiré y te señalaré
el camino que has de seguir, te aconsejaré, fijaré en ti mis ojos. No seáis como caballos o mulos, irracionales,
cuyo brío hay que domar con freno y bocado. Solo así puedes acercarte.
El malvado sufre muchas penas,
al que confía en el Señor su lealtad lo rodea. Festejad al Señor los honrados, alegraos,
«Los lugares más ardientes del infierno
están reservados para quienes, en tiempos
de gran crisis moral, se mantienen neutrales». DA NTE9
C
ANTO18:
COMPROMISO
«Aguardo al Señor, lo aguarda mi alma, esperando su palabra». (Salmo 130)C
ompromiso y entusiasmo son dos conceptos que, desgraciadamente, se confunden a menudo.El compromiso es esa cualidad de la vida que depende más de la capacidad para esperar –en los buenos tiempos y en los malos– a que algo llegue a su culminación que de la capacidad de mantener en su grado máximo, y durante un largo periodo, una emoción suscitada por ese algo. El entusiasmo es excitación alimentada por la satisfacción.
Sin embargo, es precisamente la confusión entre las dos ideas lo que lleva a tanta gente a desalentarse en mitad de un proyecto. Cuando el trabajo deja de gustar; cuando orar por la paz no lleva a ninguna parte; cuando la terapia de pareja no infunde nuevo vigor al matrimonio; cuando no es que los proyectos, los planes y las esperanzas se frustren, sino que se van a pique, es entonces cuando empieza de verdad el compromiso. Cuando decae el entusiasmo, y se extingue el amor
romántico, y se instaura la apatía moral –una extenuante pérdida de energía y objetivos–, ese el momento en el que se nos pide que demos tanto como recibimos. Es entonces cuando lo que creíamos una aventura se convierte en un compromiso. A veces, en un compromiso prolongado, arduo, exigente, que nos tienta a desesperar. Como si Dios abandonara alguna vez a los buenos. Como si esperar al tiempo adecuado de Dios
fuera una pérdida de tiempo. Como si la Palabra de Dios pudiera fallarnos al final de todo.
«Una vez le dijo la paloma a la nube: “¿Cuántos copos de nieve se necesitan para quebrar una rama?”.
“No tengo ni idea –contestó la nube–. Sencillamente, sigo nevando hasta que se quiebra”.
“Mmm… –reflexionó la pequeña paloma–. Me pregunto cuántas voces harán falta para que llegue la paz”».
El compromiso es esa cualidad de la naturaleza humana que nos dice que no contemos los días, los meses ni los años; las conversaciones, los esfuerzos ni los rechazos, sino que, sencillamente, sigamos perseverando hasta que «se reúnan todas las cosas en la plenitud de los tiempos», hasta que todo esté listo, hasta que todos los corazones estén a la espera de que se cumpla la Palabra de Dios en esta situación.
Cuando más desanimados, más fatigados, más solos nos sentimos: ese es justo el momento en el que no debemos abandonar.
Ideas para el alma
• «Lo más grande de todo es la comprensión», escribió Friedrich von Hugel. «La comprensión lo es todo». Y él lo sabía bien. Von Hugel, teólogo seglar cuya obra contribuyó a inaugurar la era de los estudios teológicos y bíblicos modernos, encontró por todos los flancos la oposición de la Iglesia a la que amaba. Sin embargo, perseveró y su legado sigue vivo en nosotros. Por cierto: aun frente a toda aquella presión, estas fueron las últimas palabras que pronunció. En su lecho de muerte. Eso es compromiso.
• ¿Cómo sabes que mantienes realmente un compromiso con algo? Es fácil. Si todavía te afecta a ti algo que afecta al objeto de tu interés, estás comprometido con él, por más que esto te suponga algún tipo de incomodidad. • Mae West dijo una vez: «El exceso de algo bueno es maravilloso». Qué liberador.
Esa idea implica que el compromiso es la capacidad para volverse loco por algo. Si en la vida no hay nada que te haga perder el sentido, no has empezado a vivir.
Un relato sapiencial de la tradición oral
Un monje zen de Japón quiso publicar los libros sagrados, que en aquella época solo se podían leer en chino. Los libros se imprimirían con bloques de madera en una edición de setecientos ejemplares, una labor gigantesca.
El monje comenzó por viajar recaudando donativos para ese fin. Unos pocos simpatizantes le dieron cien monedas de oro, pero la mayor parte del tiempo solo recibió monedas de poco valor. Al cabo de diez años, el monje tenía dinero suficiente para comenzar su trabajo.
Pero entonces hubo una terrible riada en la región, a la que siguió el hambre. Así que el monje tomó el dinero que había reunido para los libros y lo gastó en salvar a otros de morir de hambre. Después comenzó de nuevo su colecta.
Quince años después se propagó una epidemia por el país. Para ayudar a su pueblo, el monje volvió a donar lo que había recaudado.
Por tercera vez inició su tarea, y al cabo de veinte años se cumplió su deseo: se imprimieron los libros. Los bloques con los que se produjo la primera edición de los libros sagrados pueden verse hoy en un monasterio de Kioto.
Sin embargo, los japoneses cuentan a sus hijos que en realidad el monje produjo tres conjuntos de libros sagrados. Y los dos primeros conjuntos, que fueron invisibles – explican con gran orgullo–, incluso superan al tercero.
Actividad del Salmo 130
Mantener encendida la pasión del compromiso requiere esfuerzo. Trata de reavivar la pasión por un compromiso concreto que haya decaído en tu vida: una promesa, una relación personal, una causa relacionada con la justicia o la paz, la propagación del Evangelio. Haz hoy algo para probar a reavivar la llama.
Salmo 130
Desde lo hondo te grito, Señor, Dueño mío, escucha mi voz. Estén tus oídos atentos a mi petición de gracia.
Si llevas cuenta, Señor, de los delitos, Dueño mío, ¿quién resistirá? Pero el perdón es cosa tuya, y así te haces respetar. Aguardo al Señor,
lo aguarda mi alma, esperando su palabra; mi alma a mi Dueño,
más que el centinela a la aurora. Espera Israel en el Señor,
¡como el centinela la aurora!
Que la misericordia es cosa del Señor y es generoso redimiendo.
Él redimirá a Israel de todos sus delitos.
«Cualquiera puede guardar el šabbat, pero para santificarlo
es necesario el resto de la semana». ALICE WA LKER
C
ANTO19:
ŠABBAT
«Parady reconoced que soy Dios».
(Salmo 46)
P
ara mí hay dos imágenes que rodean a este tema del šabbat y el ocio. El primer recuerdo yace sepultado en poesía antigua; el segundo tiene que ver con un rabino cuyo nombre no recuerdo.El primer episodio sucedió durante mi primer año de instituto, creo. Por alguna razón, tropecé con las obras del poeta francés Charles Péguy, que escribió: «Yo amo al que duerme, dice Dios». Esas palabras no me dijeron mucho por entonces; más que otra cosa, me parecieron un poco tontas, o, como mínimo, confusas. Pero, por curioso que parezca, tales palabras me han acompañado continuamente desde entonces. Ahora, después de décadas de vida monástica, he llegado a comprender su sabiduría, he comenzado a percatarme de su importancia. Hoy entiendo que el sueño es señal de confianza. La capacidad de descansar devuelve el mundo a Dios por un instante. El descanso, el šabbat y el ocio liberan una parte de nosotros que los corsés del tiempo y la responsabilidad tratan de asfixiar e intentan suprimir a diario.
El segundo episodio sucedió durante un viaje a Jerusalén años después. Un rabino de allí se había unido a nosotros para la comida con la que se celebraba el comienzo del
šabbat. Por razones obvias, recuerdo como si fuera ayer
su ejemplo definitivo de observancia del šabbat. «¿Ve esto? –dijo sacando una estilográfica del bolsillo del pecho y girándola entre sus dedos–. Soy escritor y en šabbat no
me permito sostener la pluma. En šabbat debo permitirme volver a ser nuevo».
En esas dos ocasiones descubrí lo que trata de enseñarnos el salmista acerca del aprender a estar en quietud. Es algo más que la simple observación de que todo el mundo necesita relajarse un poco, descansar lo suficiente para trabajar más duro la semana siguiente, pasar de un ritmo frenético a otro caótico. Va mucho más allá del hecho de que todo el mundo necesita vacaciones. Es mucho más que eso. Lo que nos enseña este versículo del salmo es el simple hecho de que un alma que no tiene sentido del šabbat es un alma agitada.
Ideas para el alma
• La primera razón de ser del šabbat, enseñan los rabinos, es igualar al rico con el pobre. A salvo de la amenaza del trabajo, en šabbat los pobres vivían, al menos un día a la semana, con la misma especie de libertad que los ricos. En otras palabras, el šabbat es el regalo de Dios a la dignidad de todo el género humano. Nos obliga a concentrarnos en las personas que somos, en lugar de en lo que hacemos.
• La segunda razón de ser del šabbat, dicen los rabinos, es movernos a evaluar nuestro trabajo. Se nos pide que determinemos también, como hizo Dios en el séptimo día, si lo que hacemos en la vida es realmente «bueno» o no. Bueno para nosotros mismos, bueno para la gente que nos rodea, bueno para el desarrollo del mundo. Pero si es ese el caso, puede que la razón de que haya bombas nucleares, películas pornográficas y trabajadores mal pagados sea precisamente que hemos perdido el respeto por el šabbat. A lo que me refiero es a esto: ¿cuándo fue, sinceramente, la última vez que te sentaste a pensar cómo es tu vida y te preguntaste si el trabajo que haces es real y verdaderamente «bueno»?
• La tercera razón de ser del šabbat, nos enseña la tradición hebrea, es muy distinta de la compulsión estadounidense de convertir al šabbat en más de lo mismo, solo que más ruidoso, más rápido y más largo. El šabbat debe inducirnos a reflexionar sobre la vida en sí: dónde hemos estado, adónde vamos y por qué. El tiempo de šabbat pide una meditación silenciosa y seria, y una búsqueda de sentido.
Un relato sapiencial
La mañana de un día de labor, mirando por la ventana, el maestro jasídico Najman de Bratzlav vio correr por la calle a su discípulo Jaím.
Rabí Najman abrió la ventana e invitó a Jaím a entrar. Así lo hizo este, y Najman le dijo: «Jaím, ¿has visto el cielo esta mañana?». «No, rabí», contestó Jaím. «¿Has visto la calle esta mañana?». «Sí, rabí». «Dime, por favor, Jaím: ¿qué has visto en la calle?». «He visto gente, carros y mercancías. He visto comerciantes y campesinos que iban y venían, vendían y compraban».
«Jaím –dijo Najman–, dentro de cincuenta años, dentro de cien años, habrá un mercado en esa misma calle. Habrá entonces otros vehículos que traerán comerciantes y mercancías a la calle. Pero yo no estaré aquí ni tú tampoco. Por eso te pregunto, Jaím: ¿de qué sirve correr si ni siquiera tienes tiempo de mirar al cielo?».
Relato de Gates of Shabbat: A Guide for Observing Shabbat, de la Conferencia Central de Rabinos Americanos
Actividad del Salmo 46
Tómate al menos un «momento de šabbat» cada día. Hazlo deteniéndote y rezando «Parad y reconoced que soy Dios».
Salmo 46
Dios es para nosotros refugio y fortaleza, auxilio en los asedios, del todo disponible. Por eso no tememos aunque tiemble la tierra y los montes vacilen en alta mar.
Que hiervan y bramen sus aguas, que sacudan los montes con su oleaje. [El Señor Todopoderoso está con nosotros,
nuestro alcázar es el Dios de Jacob.]
Un río con sus acequias alegra la ciudad de Dios: santuario de la morada del Altísimo.
Con Dios en medio de ella, no vacila: al despuntar la aurora la auxilia Dios. Pueblos retumban, reyes se agitan; él lanza su trueno, se tambalea la tierra. El Señor Todopoderoso está con nosotros,
nuestro alcázar es el Dios de Jacob. Venid a ver las obras del Señor,
los espantos que provoca en la tierra:
pone fin a las guerras hasta el confín del orbe: rompe los arcos, quiebra las lanzas,
prende fuego a los carros. Rendíos y reconoced que soy Dios,
excelso sobre los pueblos, excelso sobre la tierra. El Señor Todopoderoso está con nosotros,
«No soy yo quien pertenece al pasado,
sino que el pasado me pertenece a mí».
MA RY ANTIN
C
ANTO20:
TRADICIÓN
«Un día le pasa el mensaje a otro día, una noche le informa a otra noche».
(Salmo 19)
N
o es en el pasado donde vivimos. Quienes se aferran a él –a sus alegrías o a sus penas– se niegan a sí mismos las posibilidades del presente.Al mismo tiempo, quienes no se nutren del pasado se niegan a sí mismos una buena referencia para construir un nuevo futuro.
El pasado explica en parte nuestra situación de hoy, estemos donde estemos. Pero el pasado no es razón para continuar con algo en el presente, a no ser que ese algo encierre la energía suficiente para que lo que hacemos hoy sea necesario y valga la pena.
Generación tras generación, nos recitamos a nosotros mismos los relatos del pasado, las tareas del presente y la promesa del futuro. Las verdades eternas que residen en el corazón humano, la llamada de Dios que resuena por todo el mundo, son la medida de todos ellos. Esta tensión entre las experiencias pasadas, la sabiduría de las edades y la urgencia subyacente del ahora nos deja con el acto espiritual equilibrador de todos los tiempos.
Lord Halifax escribió: «La instrucción es lo que nos queda cuando hemos olvidado todo lo que nos enseñaron». Es la necesidad de cambiar lo que cuestiona la tradición, y la tradición lo que posibilita el cambio sin catástrofes.
Lo que queda una vez concluido el proceso se llama vida. Encontrar el equilibrio entre ambas es como caminar por una cuerda floja y engrasada sobre las cataratas del Niágara.
Ideas para el alma
• La tradición es el pegamento de una comunidad. Piénsalo un momento. Por poner un ejemplo: es la tradición lo que hace que una familia se siga reuniendo en Nochebuena cuando, sin ella, los hermanos y hermanas peleados no querrían volver a estar juntos en la misma habitación en lo que les quedara de vida. La tradición nos mantiene en contacto hasta que por fin estamos preparados para descubrir cuánto nos amamos mutuamente.
• El cambio pone a prueba a la tradición. Una tradición que no pudiera asimilar el cambio no podría ser tradición, para empezar.
• Cosas como el dominio masculino, la supremacía de la raza blanca y la subordinación femenina no son «tradición», aunque más de una figura religiosa lo sostenga. Solo son prácticas sociales persistentes que, apoyándose en una biología errónea, con el paso del tiempo se convirtieron en teología. Hoy deben ceder su lugar a la nueva información y a un conocimiento fundamentado. Si no, las sangrías serían aún una práctica básica de la medicina, el Sol aún giraría en torno a la Tierra, los indios aún tendrían media alma y la Iglesia regiría aún los Estados porque en otro tiempo creímos que todo eso formaba parte de la ley natural. Culpar a Dios de los designios humanos, llamar revelación a lo que son simples prácticas inveteradas debidas a la falta de datos, es la peor tradición de todas.
Un relato sapiencial de la tradición oral
Como el tejado tenía goteras, un maestro zen mandó a dos monjes traer algo para contener el agua. Uno trajo una bañera; el otro, un cesto. El primero fue reprendido severamente; el segundo, sumamente elogiado.
Actividad del Salmo 19
Comienza un álbum de recortes o «memoria de tradiciones» que explique aquellas con las que creciste en tu familia. Después, entrégaselo como regalo de cumpleaños o de Navidad a tus nietos, sobrinos, biznietos, hijos, etc.
Salmo 19
Los cielos proclaman la gloria de Dios,
pregona el firmamento la obra de sus manos. Un día le pasa el mensaje a otro día,
una noche le informa a otra noche. Sin que hablen, sin que pronuncien,
sin que se oiga su voz,
a toda la tierra alcanza su pregón, a los confines del orbe su lenguaje. Allí le ha plantado una tienda al sol:
él, como un esposo, sale de su alcoba,
contento como un héroe, a recorrer su camino. Asoma por un extremo del cielo
y su órbita llega al otro extremo; nada se esconde de su calor.
La ley del Señor es perfecta: devuelve el respiro; el precepto del Señor es fiable:
instruye al ignorante;
los mandatos del Señor son rectos: alegran el corazón;
la norma del Señor es límpida: da luz a los ojos; el respeto del Señor es puro: dura para siempre;
los mandamientos del Señor son genuinos: justos sin excepción;
son más valiosos que el oro, que el metal más fino;
son más dulces que la miel que destila un panal. Aunque tu siervo se alumbra con ellos
las inadvertencias, ¿quién las percibe? Absuélveme de culpas ocultas.
Preserva a tu siervo de la arrogancia, para que no me domine.
Entonces seré íntegro e inocente de grave pecado.
Que te agraden las palabras de mi boca, acepta mi meditación,
¡Señor, Roca mía, Redentor mío!