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En el primer capítulo de No habrá final feliz, cuarta parte de la serie de Belascoarán Shayne, “El gallo” Villarreal, un experto en drenaje profundo que comparte la oficina con Héctor, recuerda un día en que llega a la oficina una caja de refrescos envenenada: “En dos años que llevo en esta oficina ya me tocaron dos tiroteos, una caja de refrescos envenenada, la fiesta de un kindergarten”38

Héctor abrió el refresco con la base de una engrapadora que encontró sobre el refri y le dio un largo trago. Sabía a rayos. ¿Morales lo quería envenenar? Escupió el buche sobre la mesa. (…)

. Este temor permanecerá en el detective hasta Muertos incómodos. Cuando llega a la oficina de Morales y este le ofrece un refresco, así reacciona Héctor:

—¿Qué le puso a la cocacola? —Héctor pensó que le había puesto una docena de valiums. Morales no le latía para arsénico. Chance 100 gramos de polvo para matar ratas. ¿Todavía vendían eso?

—¿Qué chingaos, ay, ay, le voy a poner?

—Sabía a mierda —dijo Héctor como disculpándose por el lío que había armado. —Estaría vieja (p. 230).

El sexto capítulo de No habrá final feliz, “Los entremezclados retratos de los tres vecinos del detective Héctor Belascoarán Shayne”, es uno más en la tradición de Taibo II de detener la acción para profundizar en sus personajes —aunque en éste es donde lleva el juego más lejos, sin parangón con las otras novelas de la serie salvo quizás el capítulo VII de Muertos incómodos, escrito por el Subcomandante Marcos—. Gilberto Gómez Letras tiene entre sus frases afortunadas: “Las mejores taquerías son las que tienen un dueño muy cogelón39. No me preguntes por qué, son cosas que uno sabe”40

38

No habrá final feliz, p. 134.

. Es imposible coincidir o no con Gómez Letras, pero es un argumento teórico que se

39 En la jerga mexicana, alguien que tiene muchos encuentros sexuales. 40

repite en Muertos incómodos, donde Osama Bin Laden es en realidad un taquero de Juárez que también protagoniza películas porno:

Y medio que averiguo que Juancho era un amigo de éstos, taquero allí en Juárez, que se cansó de la mala vida y hacía unos tres años se fue de mojado para poner una carnicería en Burbank, California. (…) Pero luego se me juntan los cables y me digo: Alvarado, ¿qué sabes de Burbank? Y resulta que algo sé, porque Burbank es la capital del cine porno de Estados Unidos, un pueblucho cerca de Los Ángeles, moteles y empresas triple x, coge y coge, filma y filma, viva el capitalismo salvaje. Y junto todo y me digo: “¿A poco estos culeros de Bush y sus amigos están haciendo los comunicados de Bin Laden, los mensajes del demonio, en un estudio porno en Burbank, California, que hasta desierto tienen por allí? ¿A poco todo es un montaje, una fábrica de sueños de mierda, con un ex taquero mexicano llamado Juancho de personaje central?” (pp. 29-30).

“Puras pinches fuerzas del mal sin rostro” 41, piensa Belascoarán en el capítulo VII de No habrá final feliz. Y en el capítulo siguiente, hablando del halconazo42, piensa el detective que los manifestantes ese día observaban “los prodigios tecnológicos del mal” 43

El mal, la maldad y los malos son tema recurrente en Muertos incómodos, en la obra de Marcos, y evidentemente aparece también en las novelas de Taibo II. El capítulo VII de Muertos incómodos, mencionado con anterioridad, lo dedica Marcos a unir reflexiones y definiciones del mal. Resalta la de Manuel Vázquez Montalbán, no sólo por su profundidad sino por lo acorde que parecería estar con la obra y vida de los dos autores: “es imposible contemplar el mal y no reconocerlo. El Bien no existe, pero el Mal me parece o me temo que sí” (p. 166). A la muerte del escritor catalán, hablando de la ubicuidad y compromiso que lo caracterizaban, Taibo II menciona apenas el viaje que Vázquez Montalbán hizo a la Selva Lacandona: “estaba en Cuba discutiendo la vigencia de los restos de la Revolución Cubana (…), se metía de cabeza en la guerra de

.

41

Ibíd., p. 189.

42

Masacre perpetuada por el estado mexicano contra estudiantes el 10 de junio de 1971, tema que surge también en Muertos incómodos.

43

los Balcanes, viajaba a Chiapas para hablar con Marcos, visitaba San Petersburgo para recontar la revolución rusa”44

Pero no sólo el mal obsesiona a Héctor. En esta novela el detective se desconcierta a tal grado, que siente su vida fuera de la lógica de las novelas policiacas: “En las buenas novelas policiacas, los pasos eran claros; hasta cuando el detective se desconcertaba, su desconcierto era claro. Nada parecido a esta situación”

.

45

Al caer en el charco, estaba casi muerto. La mano se hundió en el agua sucia y trató de asir algo, de detener algo, de impedir que algo se fuera. Luego, quedó inmóvil. Un hombre se acercó y pateó su cara dos veces. Se subieron a los coches y se fueron.

, piensa al imposibilitársele atar las dos historias, los dos casos que suelen encadenar los detectives. Al final, además de no resolver el caso, muere, y así se despide Taibo II de Héctor:

Sobre el cadáver de Héctor Belascoarán Shayne, siguió lloviendo46.

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