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6.4 Feedback between the synapses

6.4.3 Dynamically-sized network

En esta novela, con mayor profundidad que en las anteriores, Taibo II analiza el caos mexicano, la lectura nunca lineal de la realidad, el absurdo que en México imposibilita sacar conclusiones de las pruebas más contundentes.

Contrario a la visión folclórica y condescendiente que enaltece el desbarajuste latinoamericano, la magia implícita en el desorden, hace que uno de los personajes, explicando las peripecias que sufre en las procuradurías ante un caso injusto, cuestione esa visión: “Y luego viene un mamón antropólogo francés y dice: ‘¡C´est maravilleux, le magique mexicaine!’ ¡Mis ovarios! ¿Dónde está lo maravilloso en que el puto de Kafka sea el papacito del poder judicial?”78

Para analizar mejor cómo es que las apariencias se esfuerzan en engañar, un maestro encarcelado le explica a Héctor que la sagacidad de Sherlock Holmes puede ponerse en duda. El caso es el siguiente: al entrar un hombre a su despacho, el detective Holmes adivina que es periodista, está casado con una pelirroja, dejó de fumar recientemente, es zurdo, católico, regresó de la guerra angloboer, usa el reloj de su padre muerto y acaba de comer cerezas. Sherlock Holmes ha llegado a esta conclusión al ver los cabellos rojos que lleva el hombre sobre su saco perfectamente remendado, el reloj que no encaja bien en el chaleco y lleva en el bolsillo izquierdo, la tinta en la mano izquierda que sería con la que escribe, el hecho de que lleve tres periódicos, las manchas desteñidas en los dedos de su mano izquierda, la ansiedad de ex-fumador, la cruz que lleva en el pecho, el bronceado y la cojera —que evidenciarían su participación en la guerra—, y los huesos de cerezas en el pantalón.

78

Desconcertado, Héctor le pregunta cuál es el error del detective inglés, que el maestro explica así:

—No, pues que al pobre tipo al que le adivinaron la vida, podrían habérsela adivinado mal, y todo es truco literario: podría no estar casado con una pelirroja sino ser puto y el pelo de la melena roja pertenecer a su amante que es pintor, y las manchas son de trementina o amarillo de zinc o no sé qué pedo, y no ser periodista sino apostador en las carreras de galgos y el que se murió no fue su papá sino su padrote, y el que le cose los puños es el pintor que se le da muy bien la pinche costura, y no comió cerezas sino pinches ciruelas, y quién chingaos sabe cómo fue a dar un hueso de cereza a la valenciana de su pantalón, y no es católico, sino ateo pero le tiene miedo a los vampiros por eso trae la pinche crucecita y, de pinche soldado, nada, y menos que acaba de llegar de la guerra boer, que la mera verdad es que está tostado por el sol del lado izquierdo de la cara porque se sienta del mismo lado siempre en los galgódromos y la cojera obedece a que se rompió la pata estando bien pedo79.

“Héctor, que no creía en las coincidencias después de 38 años de mexicano en activo”80, cuestiona en Desvanecidos difuntos a su ciudad y a su país con una agudeza mayor que en las entregas anteriores; y si en No habrá final feliz la realidad le parece inasible, esto le pasa con México —ciudad y país— en ésta: “había estado perdido en el centro del DF, en el interior de su cuarto hacía una semana, oyendo historias en la radio que hablaban de un país extraño que decían que era el suyo”81

Taibo II, en la nota aclaratoria que precede a la novela, escribe que “aunque está inspirada en la reciente rebelión de los maestros oaxaqueños y chiapanecos, se encuentra ubicada en una inexistente región del sur-suroeste de México”

.

82

Esos levantamientos forman parte de la constante de rebeliones —EZLN incluido— que se presentaron en el sexenio de Carlos Salinas de Gortari, a pesar de la dura represión que caracterizó a su gobierno. La ubicación geográfica, coincidente con la de los zapatistas, le permite a Belascoarán compararla con la ciudad de México. Frente a un río reflexiona que eso es lo que necesitaba el DF: “Ninguna ciudad seria, importante, podía prescindir de un mar, un gran lago, un río con nombre exótico. La

. 79 Ibíd., pp. 136-137. 80 Ibíd., p. 115. 81 Ibíd., p. 130. 82 Ibíd., p. 108.

ciudad de México era hija de unas lagunas rellenadas con muertos y templos aztecas y rerrellenadas con turbios negocios urbanos y cascotes de cerros desmoronados”83

A estas alturas no parece novedad el anti-priísmo de Taibo II y su alienación frente al país, pero la destreza con que combina las dos obsesiones no deja de asombrar:

.

El país se te escapaba y se te escapa. Hubo unas elecciones fraudulentas, una crisis económica (…). Del país ciudad, el México DF que lo totalizaba todo, la ciudad mutante (…). Ese país mutante que integra los corridos de Cuco Sánchez, los chistes de Pepito, las lánguidas tardes de lluvia sin arco iris, los discursos de la modernidad priísta que ocultan los puñales de obsidiana del eterno poder84.

También habla del “degenerado ése que se merecía ser presidente municipal priísta”85, una comparación parecida a la que hace de Luke Medina en Regreso a la

misma ciudad y bajo la lluvia, a quien considera “apto para manejar las relaciones

públicas de algún candidato del PRI a senador”86.

*****

En No habrá final feliz y en especial en Regreso a la misma ciudad y bajo la

lluvia, cuarta y quinta parte respectivamente, Taibo II afronta el hecho de la muerte y la

resurrección de Héctor. En Desvanecidos difuntos vuelve al tema: “Ya había muerto así una vez antes, con el rostro hundido en un charco de agua sucia”87. Lo hace mientras afronta de nuevo su muerte, y un par de páginas adelante piensa que está muerto y que “un día alguien lo descubriría o simplemente actuaría en consecuencia, apretaría el gatillo, le clavaría el puñal, le daría un refresco envenenado”88

83

Ibíd., p. 152.

. Se ha visto que el tema

84

Ibíd., pp. 160-161.

85

Ibíd., p. 166.

86

Regreso a la misma ciudad y bajo la lluvia, p. 102.

87

Desvanecidos difuntos, p. 157.

88

del refresco envenenado es una obsesión que atraviesa la saga y acompaña a Belascoarán hasta Muertos incómodos.

En el cuestionario sin preguntas al que más de una vez me he referido, Taibo II habla de Carlos Fuentes como “una referencia obligatoria, me declaro deudor (…) de La

región más transparente. Esa dimensión de la ciudad que logra Fuentes me habría de

obsesionar primero como lector y luego como escritor”89. En Desvanecidos difuntos le

ofrece a su manera una referencia-homenaje: la primera vez que Belascoarán se encuentra al maestro encarcelado lo ve “con una vieja edición del Fondo de Cultura de

La región más transparente (…) las páginas de Fuentes, llenas de niebla en un DF que

ya no existía”90.

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