El consumismo es un enorme cáncer social. Con sus largos tentáculos se apodera de todo aquello que es susceptible de venderse. Su in- fluencia se extiende a todo tipo de «mercado». La medicina no es una excepción sino uno de sus mayores exponentes.
El consumismo tiene, sin lugar a dudas, as- pectos positivos, atrayentes, pero por debajo de ellos se oculta un mundo de destrucción y sufri- miento en nombre del progreso. Ultimamente se empieza a hablar de progreso sostenible. Ya es algo, pero no son más que palabras (la ne- cesidad de que algo cambie para que todo siga igual). Para que una pequeña parte de la población mundial pueda disfrutar de ese vergonzoso confort, para que unos pocos vivan en la opulencia, derrochando los «bienes de consumo», la mayoría debe seguir en la miseria, sin trabajo digno, sin vivienda digna, con escasez de agua y de
alimentos.
La diosa productividad es una apisonadora que no se detiene ante nada: la contamina- ción, la deforestación, el exterminio de pueblos indígenas, la explotación de los niños, de los animales, la producción de «comida-basura», de fármacos tóxicos...
El consumismo no dudará en invadir nues- tros hogares con montañas de productos inúti- les para cuya obtención tenemos que trabajar más, contaminar más, ser más competitivos y menos solidarios.
Mientras nos preocupamos de trabajar para seguir comprando, olvidamos las cosas esen- ciales de la vida. Y nuestro potencial de salud
se va deteriorando como una réplica, en mi- niatura, del deterioro ambiental. ¡Cómo iba a ser de otra manera! Las enfermedades degenerativas que sufrimos los occidentales son el tributo a nuestra indiferencia.
La medicina es enormemente cara. Convie- ne que sea cara porque está al servicio de gran- des intereses. La cantidad de desechos que ge- nera un hospital se mide a toneladas. Los me- dicamentos que se consumen para ir sofocan- do síntomas, constituyen un pozo sin fondo.
Y mientras tanto se apoyarán las investiga- ciones que prometan ventas: un nuevo fárma- co, una nueva vacuna, un nuevo aparato, mar- ginando aquellas terapias que íntenten curar con medidas simples y baratas, como las plan- tas medicinales, las agujas de acupuntura, las manos, el agua, los alimentos.
Como dijo alguien, se concederá el Pre- mio Nobel al descubridor de la insulina, pero no al que descubra cómo evitar la diabetes.
Se fabricará la más cara y sofisticada tecno- logía al «servicio» del enfermo, pero se man- tendrá en el anonimato a cualquier intruso que aporte algún conocimiento que choque con los intereses comerciales, se impedirá que se pu- bliquen artículos en revistas «científicas» oficia- les y no se concederán subvenciones para com- probar sus propuestas terapéuticas. Serán los propios enfermos desahuciados quienes bus- carán alternativas menos agresivas, más esperanzadoras, a veces demasiado tarde.
Se malgastarán ingentes sumas de dinero público intentando aislar genes o virus que sir-
van de chivo expiatorio, de «malo de la pelícu- la», cuando lo malo en realidad es el sistema sanitario, centrado en la enfermedad y no en mantener la salud.
Últimamente se han puesto de moda las «maratones» de recogida de fondos, tocando la fibra sensible de ciudadanos que confian en el buen uso que van a hacer de su dinero las instituciones médicas y que con su aportación van a contribuir a erradicar el cáncer, el sida, la esclerosis múltiple, la esquizofrenia, etc.
¡Cuán lejos de la realidad! ¿Dónde irá a parar ese dinero? Será dilapidado en la bús- queda estéril de virus o de genes... o será cedi- do a las asociaciones de enfermos que están dominadas por el criterio inamovible de médi- cos ortodoxos que frenan cualquier aportación innovadora. 0 servirán para que en los labora- torios se siga torturando de forma totalmente inmoral a millones de animales para justificar la aparición en el mercado de un nuevo fárma- co que, en la mayoría de casos, sólo va a ac- tuar sobre los síntomas.
Cuando llega el «día nacional de lucha con- tra el cáncer» y se acerca un voluntario pidien- do mi aportación económica, le digo: La orga- nización en la que Ud. colabora lo que hace en realidad es frenar la lucha contra el cáncer, pues oculta conocimientos valiosos y potencia úni- camente los procedimientos oficiales, tan agre- sivos, que en mi modesta opinión hacen más mal que bien, si excluimos los eventuales éxitos de la cirugía cuando está bien indicada.
Cuando un enfermo con cáncer sale del hospi- tal mutilado e inmunodeprimido, no se le ofre- ce ningún otro recurso que le permita luchar, sólo una cita para la próxima revisión. Todo su futuro queda a expensas del protocolo estable- cido. Salvo raras excepciones ni siquiera se le informa de las posibilidades de seguir el méto- do Simonton o las modestas recomendaciones dietéticas de la Organización Mundial de la Salud:comer menos azúcares, menos pro- ductos animales y más vegetales crudos. Me pregunto de qué sirven tantas estadísticas si
en la práctica médica no se aplican sus conclu- siones. Actualmente está bien establecido que más de un 50% de cánceres son debidos a cau- sas alimentarias y ambientales, pero las dietas ofíciales siguen sin discriminar alimentos po- tencialmente tóxicos, como los aceites refina- dos, los alimentos cocinados a elevada tempe- ratura, las proteínas animales, etc.
Veamos lo que opina el Dr. Hans Nieper, un conocido oncólogo alemán en su libro «Révélation en médecine et santé»: «Cuando los pacientes cancerosos preguntan qué dieta de- ben seguir, los señores de la facultad les suelen responder: coma lo que le guste, no hay una dieta contra el cáncer. Pretender que la alimen- tación no tiene influencia alguna sobre el cán- cer es un sin sentido. Un médico lo bastante superficial como para hacer tal afirmación se descalifica ante el paciente.»(1)
Otro campo de la medicina que también he tenido la oportunidad de conocer es el de la reumatología, donde se repite la misma ten- dencia a potenciar los tratamientos caros e invasivos en detrimento de los conservadores, como sería la osteopatía, la Reeducación Postural Global, etc.
Como la mayoría de especialistas descono- ce esas técnicas y la fisioterapia oficial es inefi- caz porque sólo trabaja los síntomas, al médi- co únicamente le queda el recurso de los fármacos o la cirugía. Una prótesis de rodilla o de cadera puede costarnos a los contribuyentes a la Seguridad Social más de dos millones de pesetas. Y debemos agradecer que exista tal posibilidad, porque hay enfermos que han lle- gado demasiado tarde.
¿Es que existe alguna forma de prevenir la artrosis? Si dejamos de fijar toda nuestra aten- ción en el cartílago y miramos el problema con algo más de perspectiva. ¿Y si pensamos un poco en los músculos? Conocer unas simples
(1) Los lectores interesados en la dieta para evitar y aliviar
el cáncer, pueden solicitárnosla adjuntando dos euros en sellos.
El médico, con su proceder absurdo, se con- vierte con frecuencia en un fiel perpetuador del sistema, aferrándose a sus conocimientos «cien- tíficos» como a una tabla de salvación y vol- viendo la espalda a recursos sencillos y efica- ces que, por supuesto, no cuentan con la ben- dición oficial. Y con esta actitud, sin darse cuen- ta, apoyan el consumismo a ultranza. Y cuanto más medicamentos se consumen, cuanto ma- yor es el desarrollo tecnológico, mayor es el nú- mero de enfermedades degenerativas. Y no vale el argumento de que se viven más años y por eso aumentan las enfermedades, puesto que afectan cada vez a personas más jóvenes.
El consumismo nos destruye sin habernos he- cho un ápice más felices. La felicidad, la paz, la armonía personal es un bien, pero no un bien de consumo. Ninguna multinacional nos los va a fabricar nunca.
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El artículo precedente es uno de los capítulos del interesante libro «Por una Medicina respetuosa y sostenible», de la Dra. Montserrat Palacín. Un volu- men de 244 páginas. 14,35 euros.
normas naturales puede aumentar la calidad de vida de muchas personas.
El motivo fundamental que retrasa la difu- sión de los nuevos conocimientos lo constituye esa desesperante barrera llamada ortodoxia. Es una barrera que está construida con ladrillos de hierro. Ladrillos hechos con la incompren- sión humana, con la educación lateralizada que han recibido los supuestos científicos y que les impide tener una visión global de las cosas; la- drillos hechos con el miedo a ver que estába- mos equivocados y teníamos que cambiar de chip; ladrillos hechos con los intereses comer- ciales que manipulan a los científicos que están en el poder; ladrillos hechos de la increduli- dad, de falta de imaginación y de agudeza in- telectual.
¿Cuál suele ser nuestra actitud cuando nos proponemos un nuevo enfoque médico? Igno- rarlo o bien proclamar la gloriosa frase «No está probado científicamente». Siempre cabe re- currir a la diosa ciencia para no poner en en- tredicho nuestras convincciones.
Vino acompañada de su madre que la sos- tenía de un brazo. Con el otro brazo se apoya- ba en una muleta. ¿La causa? Una contractura de los músculos flexores y rotadores internos de la cadera que le impedía caminar. Iba con la cadera encogida desde hacía dos años. Había recibido todo tipo de tratamiento, incluso una reducción bajo anestesia sin ningún resultado. Una sola postura del método de Reeducación Postural(2) Global solventó el caso en menos de
una hora. La paciente salió andando sola por primera vez en dos años. Su madre llevaba la muleta y las tres llorábamos de emoción. Por Navidad recibí una carta agradeciéndome de nuevo haberla sacado de aquel «trou noir» (agu- jero negro). Si años atrás hubiera considerado que la RPG «no era científica», no hubiera po- dido ayudar a esa niña que bien podia ser mi hija. ¡Una hija con muletas durante toda la vidal
(2) Si desea recibir más información sobre el método RPG
puede solictarla a la redacción de la revista.