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La familia puede experimentar tensión debido a varios factores traumáticos, entre los que se incluyen: • Cambios en las circunstancias financieras.

• Las enfermedades graves, la hospitalización o el fa- llecimiento de algún miembro de la familia. • La misteriosa desaparición de un miembro de la fa-

milia.

• Cualquier otro cambio repentino en el ambiente fa- miliar.

La tensión más común que afecta la dinámica de la fa- milia es un desacuerdo significativo entre los padres. Por supuesto, las parejas también experimentan tensio- nes tengan o no hijos.

Las parejas que buscan terapia juntos, por lo regular han estado luchando con sus problemas durante algún tiempo antes de buscar ayuda profesional; no todas estas parejas están casadas, y no todas son heterosexua- les. Algunas de las parejas que toman una terapia con- junta quizá hayan estado unidas sólo por breve tiempo,

otras habrán sostenido esta relación durante muchos años, mientras que otros habrán tenido muchos compa- ñeros o compañeras a lo largo de la adultez. En la ac- tualidad no existen datos concisos que indiquen quié- nes son estas parejas demográficamente.

Las situaciones más comunes que motivan a las pa- rejas a que consideren tomar terapia juntos son la ame- naza de divorcio por parte de un miembro de la pareja y/o el involucramiento sexual extramarital por parte del hombre o de la mujer. Algunas parejas solicitan terapia conjunta cuando ambas partes acuerdan que el matri- monio tiene problemas crónicos relacionados con la se- xualidad, la comunicación y el poder (comúnmente es- tos tres factores interactúan). Otra preocupación son las diferencias en los estilos de vida. Algunas veces la so- licitud de trabajo en pareja es estimulada por la psico- terapia de uno de los miembros de la misma.

Cuestiones prácticas

La terapia en pareja no se realiza en presencia de los hi- jos o de otros miembros de la familia, pero puede lle-

varse a cabo en grupo con otras parejas. Por lo regular, el terapeuta individual de un miembro de la pareja no es el terapeuta de ambos, aunque hay excepciones a es- te modelo, en particular cuando ambos miembros de la pareja ya han establecido una relación positiva con el mismo psicoterapeuta.

Aunque algunas variaciones entre las terapias de pa- reja son un reflejo de las diferencias teóricas que he- mos explorado al estudiar el tema de la psicoterapia grupal, la mayor parte de las diferencias entre la filoso- fía y la técnica tiene que ver más con la experiencia personal y la capacitación de cada terapeuta. La mayor parte de las terapias de pareja que se realizan en la ac- tualidad tienden a reflejar el cambio fundamental hacia modelos cognoscitivo-conductuales cuando se trabaja con familias.

Algo básico para todo este trabajo es la creencia de que la gente tiene la habilidad para cambiar, aun ante patrones de comportamiento bien establecidos.

Un terapeuta de parejas debe establecer una relación neutral y de confianza con ambos miembros de la mis- ma, y frecuentemente la confianza tiene que establecer- se con prontitud. Cuando una relación está en proble- mas, hay un mandato claro para que el terapeuta "haga algo" ahora. La primera sesión o la segunda pueden ser las únicas.

Un terapeuta puede desear ver a cada persona indi- vidualmente durante la primera sesión y juntar a la pa- reja para la segunda. Otro terapeuta puede preferir que la pareja siempre sea vista junta y, por tanto, pedirá que acudan juntos desde el inicio.

La sesión inicial es crítica para establecer las reglas fundamentales para la relación terapéutica. Por lo ge- neral, el terapeuta explica qué es lo que puede esperar la pareja, y pregunta acerca de las expectativas que tie- nen del proceso. Se recaba algo de historia; es momen- to para familiarizarse y evaluar. Tendrá que haber un entendimiento mutuo sobre cuáles asuntos se tratarán, y también debe existir un acuerdo respecto al compro- miso con el proceso de la terapia de pareja.

Para algunas parejas, el acordar participar en la tera- pia no es un compromiso para trabajar en la posibilida- de permanecer juntos, sino que más bien, es un vehícu- lo para definir más abiertamente las diferencias que po- drían ocasionar la desintegración de la pareja. Con fre- cuencia esta aclaración surge dentro de la primera o de las primeras tres sesiones.

Algunas veces uno de los miembros de la pareja de- sea que la terapia se mantenga en secreto. Frecuente-

mente este secreto tiene que ver con romances extra- maritales. Por lo general, es una práctica aceptada por el terapeuta el negarse a intervenir en este tipo de acuerdos. Si se desea que se lleve a cabo la terapia constructiva, este asunto deberá ser ventilado en las primeras sesiones por el paciente mismo.

Podría parecer que una vez que esta información es revelada y se detiene la relación externa, la pareja pue- de solucionar sus asuntos. Por lo regular, este asunto en particular no se resuelve tan fácilmente. Humphrey (1987, p. 167) señala: "sin embargo, dicha creencia es una gran simplificación exagerada, ya que se necesitan sanar muchas cosas antes de que puedan existir los in- gredientes necesarios para una interacción sexual/ma- trimonial... Deberán enfocarse las estrategias terapéuti- cas... en las conductas y las comunicaciones que permitan que cada miembro de la unidad matrimonial se gane la confianza y el respeto del otro. Deberá disiparse la ira, tanto a través de la ventilación catártica dentro de las sesiones como en la vida hogareña de la pareja. Debe- rá tratarse el tema de la culpa..."

Para algunas parejas, una aventura amorosa es el "síntoma" que trae los asuntos de pareja al primer pla- no. Para otras, ésta es una forma de terminar la relación sin tratar directamente con los asuntos entre ellos. Al considerar sólo este fenómeno, comenzaremos a ver lo complejo que es aprender acerca de la psicoterapia de pareja.

Carlfred Broderick (1983) ha conceptualizado el trabajo de terapia de pareja para los matrimonios tradi- cionales en términos del "triángulo terapéutico". Su- giere que dentro de esta experiencia debemos conside- rar seis elementos importantes que influyen esta relación compuesta por tres aspectos:

1. El esposo: sus diversas percepciones acerca de él mismo y su perspectiva del mundo.

2. La esposa: su sentido del Yo, sus creencias y nece- sidades.

3. El terapeuta: el trasfondo de sus perspectivas y ex- periencias.

4. El matrimonio: cómo ve la relación cada miembro de la pareja.

5. La relación del terapeuta con el hombre: cómo es experimentado por el terapeuta y cómo él experi- menta al terapeuta.

6. La relación del terapeuta con la mujer: cómo es ex- perimentada por el terapeuta y cómo ella experi- menta al terapeuta.

De este modo podemos observar los diversos niveles psicológicos que operan en esta relación terapéutica entre el terapeuta y la pareja. Se necesita un alto grado de interés y aceptación mutuos para que la terapia de pa- reja tenga éxito.

Richard Stuart (1980) apunta hacia un modelo de aprendizaje social detallado para conducir la terapia conductual de pareja. Presenta un formato altamente estructurado. Explica que su concepto de etapas de tra-

tamiento es como un mapa de carreteras que se usa pa-

ra guiar al terapeuta y a los pacientes en direcciones particulares. El libro de Stuart es una descripción del proceso paso a paso de un nuevo modelo de aprendiza- je para el matrimonio y un manual de ejercicios prácti- cos para lograr nuevas metas. De tareas escritas a ejer- cicios de comunicación, se nos dan las herramientas para introducir un modelo de aprendizaje social para la terapia matrimonial. Por consiguiente, la terapia de pa- reja podría ser claramente orquestada por el terapeuta desde la primer sesión hasta la última.

La práctica más común entre los consejeros y los te- rapeutas de matrimonios, que no están entrenados en el modelo Stuart, es integrar los modelos particulares di- señados por diversos capacitadores y psicólogos de reputación, dentro de un sistema de intervención con- ductual, que responden a los requerimientos existencia- les del momento. Los terapeutas estructuran muchas de las siguientes técnicas parar crear un modelo que tenga sentido y luzca apropiado para la situación dada.

Contratos. Con la pareja, el terapeuta articula expectati-

vas. El establecimiento de las metas puede ser a largo y a corto plazos, dependiendo de los convenios requeridos. Las cuestiones de duración de la terapia, acuerdos sobre vivir juntos durante la terapia y posponer todas las plá- ticas acerca del divorcio serán parte de esta tarea.

George y Anne se habían estado gritando obscenidades el uno al otro durante meses antes de que llegaran a su primera sesión de terapia. Cada uno de ellos había te- nido breves romances extramaritales y había sido ca- paz de expresar su sentido de desesperación durante la sesión inicial de pareja; ambos estaban lastimados y luchaban contra fuertes sentimientos de abandono. Al compartir un poco la historia de su familia de origen, rápidamente fueron capaces de reconocer que compar- tían necesidades no adecuadas de sentir y recibir atención especial en grandes cantidades por parte del otro, debi- do en gran parte al hecho de haber crecido con padres

que son muy exigentes y egoístas. "Acordaron" fácil- mente cortar todo contacto con sus amantes pasados, pe- dir "tiempo fuera" cuando sintieran que cualquier discu- sión se salía de control de parte de alguno de los dos y no usar las amenazas de divorcio durante los siguientes seis meses mientras participaban en la terapia de pareja. Mensajes del "Yo". Es un sistema que crea más opor-

tunidad para mostrar la franqueza al reestructurar las formas en que son comunicados los sentimientos y las necesidades. Se les enseña a los pacientes cómo decir lo que quiere escuchar el otro a través de enmarcar sus expresiones como "yo necesito...", o "a mí me gusta- ría...", o "yo estoy preocupado acerca de..."

Cuando las comunicaciones inician con "tú debe- rías..." o "tú siempre..." se encuentra comprometida una respuesta defensiva.

Reetiquetar. Se refiere al uso de nuevas y/o diferentes

palabras para describir las observaciones acerca de los sucesos compartidos de forma que la otra persona esté dispuesta a escuchar la comunicación.

Karen y Andrew estaban estancados al hablar acerca del estilo reservado de Andrew. Karen se irritaba fre- cuentemente y se volvía agresiva cuando Andrew no ampliaba sus comentarios o puntos de vista. En sus se- siones ella le llamaba "ocultador" y "pasivo agresivo". Esto, por lo regular, provocaba una reacción de aisla- miento silencioso en Andrew. Cuando el terapeuta les ayudó a identificar que su ansiedad era producida por las "etiquetas" verbales de su comportamiento, Karen fue capaz de practicar al preguntarle acerca de sus "te- mores" o "preocupaciones". Entonces Andrew se sintió menos amenazado y más "invitado" a responderle a ella. Reformular. El terapeuta escucha una queja y la des-

cribe en una perspectiva diferente a la presentada por el paciente. Algunas veces el terapeuta usa una para- doja para crear un cambio en una percepción fija anti- gua. Conforme la pareja experimenta esta nueva forma de ver las mismas y viejas posiciones, será capaz de ver formas alternativas para tratar con esta situación.

Tareas. Son las asignaciones dirigidas por el terapeuta

para que la pareja las realice en el periodo entre las se- siones. Estas actividades tienen la intención de lograr nuevas formas en que la pareja esté junta, o para co- menzar a comunicarse y pensar de forma diferente a su patrón tradicional.

Pat y Al tenían diez años de casados, cuando se die- ron cuenta que habían dejado de tener relaciones se- xuales. En su sesión inicial de terapia de pareja, ambos se abrieron y hablaron el uno con el otro como dos vie- jos y buenos amigos. Habían decidido no tener hijos, porque cada uno tenía una carrera profesional muy exigente que los comprometía emocionalmente y que propiciaba que con facilidad discutieran juntos des- pués de las horas de trabajo.

Cuando el terapeuta preguntó acerca de sus mo- mentos "de diversión" juntos, hubo un silencio. Reco- nocieron que la atmósfera que crearon en su hogar era tranquila y seria, pero con muy poca diversión. Mien- tras salían a cenar, a ver películas, cuidadosamente ele- gidas, no hacían nada que fuera espontáneo o despreo- cupado. Entonces se les asignó la "tarea" de hacer dos listas cada uno. La lista número uno debía tener al me- nos una docena de actividades que le agradaría hacer a Pat para relajarse, y la lista número dos incluiría una docena de actividades que para ella fueran "estimulan- tes" sexuales pero que no involucrasen el coito. Al de- bería hacer el mismo tipo de listas; no deberían consul- tarse cuando las escribieran. Pat y Al llevarían estas listas a la siguiente sesión de terapia para usarlas con el terapeuta a fin de facilitar la comunicación entre la pareja. La "tarea" abriría nuevos caminos de explora- ción, en forma no amenazadora, para compartir los de- seos de contacto e intimidad.

Cambio de roles. En esta sesión se le pide a la pareja

que intercambie posiciones y que cada uno hable a par- tir de la posición del otro. El terapeuta puede necesitar "orientarlos" para que comiencen a interpretar el papel de la otra persona. Pero conforme se vayan involucran- do en el pequeño psicodrama, comenzarán a tener nue- vas percepciones de los sentimientos y posición del otro, situación que abrirá nuevos caminos de comuni- cación y comprensión.

Retos para la terapia de pareja

La noción tan repetida de que "si algo puede salir mal, saldrá mal", ciertamente es un pensamiento que hay que tener en mente, si consideramos las dificultades potenciales del terapeuta de parejas. El colocarse de modo propositivo dentro de una relación triangular im- plica grandes probabilidades de por lo menos sentirse incómodo o, en el peor de los casos, sentirse emocio- nalmente en peligro. Permítanos considerar algunos de los elementos especiales que pueden crear dificultades particulares en esta misión terapéutica.

Ser neutral, no crítico, comprensivo y justo, mien- tras cuestiona, provoca, enseña y reta a la pareja, ¡es muy demandante para el psicoterapeuta!

Weeks y Hof, en su libro Integrative solutions (1995), nos recuerdan que muchas parejas llegan a la terapia debido a que uno o ambos miembros están deprimidos. Los autores reportan que algunos datos de investigacio- nes de parejas indican que con mucha frecuencia las mujeres informan que los desacuerdos matrimoniales son los estresantes más comunes en la vida y que fun- cionan como precursores de la depresión. Es muy pro- bable que estas mujeres deprimidas tengan una pareja que tiene un trastorno de personalidad o un problema con las drogas o el alcohol. Los datos reportados tam- bién sugieren que cuando dos esposos deprimidos to- man la terapia juntos, en lugar de tomarla en forma in- dividual, muestran mejoría ante la depresión en la misma magnitud que con la terapia individual, y que informan sentirse mejor acerca de su matrimonio. Weeks y Hof consideran que una combinación de tera- pia farmacológica antidepresiva y terapia conjunta pue- de ser el método más efectivo para trabajar con parejas que luchan contra la depresión.

El hecho de que la depresión, el abuso de drogas, las incapacidades físicas, los trastornos de pensamiento diagnosticables, el instinto suicida y otras condiciones importantes tienen un impacto sobre la experiencia de la pareja aumenta la complejidad de la evaluación, los aspectos del tratamiento y el pronóstico para un cambio exitoso. Los terapeutas que van a la batalla sin experien- cia o que no consultan sobre estas cuestiones particula- res desearán haber elegido otra profesión.

Otra preocupación aparentemente directa, "los pro- blemas de comunicación", por lo regular, cubren un amplio margen de dificultades subyacentes que causan que pelee la pareja. Inicialmente, alguna persona se siente atraída hacia otra debido a sus diferencias, más que a sus semejanzas. De este modo, la pareja no se da cuenta de que sus problemas pueden ser menos de ex- presión personal y más acerca de las diferencias que existen en sus antecedentes y cultura.

Todos nosotros llevamos a nuestros ambientes ac- tuales los estilos distintivos de expresión personal de nuestras familias y comunidades de origen. A menudo, los malos entendidos entre las parejas provienen de la incapacidad para hablar el mismo lenguaje cultural. La siguiente viñeta brinda un ejemplo del archivo de casos clínicos del autor:

Joe y Krista mantuvieron una fuerte atracción sexual entre sí a través de quince años caóticos en los que hu- bo dificultades con los hijos, cambios de trabajo y mu- danzas. Disfrutaron de las idas al teatro, de las compe- tencias de bridge y cenas con las amistades. Pero continuamente discutían sobre asuntos relacionados con los hijos, sus finanzas y cómo compartir el tiem- po. Describieron sus peleas como "emocionalmente agotadoras". Joe alzaba la voz, expresando una fuerte emoción. Podía cuestionar el razonamiento de Krista y debatir con energía, imponiendo su propia posición con fuerza. Krista podía explicar primero en forma cor- tés sus inquietudes y luego hacerse más insistente cul- pando a Joe del problema. Cuando éste se irritaba más en sus discusiones, hasta el grado de decir maldicio- nes, ella se retiraba y lloraba o se quedaba en silencio. Este patrón fue desquiciante para los dos.

En la terapia descubrieron que el ambiente urbano italiano de la niñez de Joe le había enseñado y fomen- tado a tener este estilo de expresión personal abier- to, volátil y orientado al debate. Disfrutaba de estos encuentros estimulantes y esperaba que ella se involu- crara con él en esta forma de resolver los problemas. Por otro lado, Krista creció en las afueras de una pequeña ciudad del medio oeste y se relacionaba con gente que esperaba que los niños fueran "vistos y no escuchados" y que las mujeres hablaran suavemente. El padre de Krista había sido una persona intimidato- ria y dominante que la atemorizaba. Aprendió a ser una "buena niña" y a no ofrecer un punto de vista que pu- diese crear cualquier fricción. Fue testigo de cómo su madre manipulaba a su manera quedándose callada. En contraste, la madre de Joe siempre se metía en cual- quier discusión acalorada dando su propia opinión.

Conforme Joe y Krista comenzaron a entender me- jor el "lenguaje de la cultura" del otro, fueron capaces de ver formas para resolver un problema; los padres de ambos habían sido muy distintos. De esta manera, pu- dieron funcionar mejor como pareja.

El ayudar a la gente a comunicarse de forma dife- rente implica una complejidad de aspectos en los que el terapeuta deberá ser lo suficientemente hábil como pa- ra descubrirlos y clasificarlos con la pareja. La comu- nicación no es sólo hablar; también se refiere a tomar en cuenta la historia de cada quien y el estilo de vida. La comunicación interpersonal efectiva implica pre- guntar y escuchar.

Las diferencias culturales también pueden compli- car las relaciones entre la pareja y el terapeuta. En las

situaciones donde el terapeuta no tiene un encuadre pa- ra entender el trasfondo de la pareja, habrá algunos ma-