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Una forma bastante interesante de sugestión compuesta queda ejemplificada cuando un shock sorprende los marcos mentales habituales del paciente, de modo tal que sus aparatos conscientes usuales se despotencian y hay un momentáneo vacío en su mera aprehensión de las cosas, que puede, entonces, ser llenado por una apro- piada sugestión (Rossi, 1973; Erickson y Rossi, 1976). El shock abre la posibilidad de un momento creativo, durante el cual el inconsciente del paciente se compro- mete en una búsqueda interna de una respuesta o concepción que pueda reestablecer el equilibrio psíquico. Si los propios procesos inconscientes del paciente no proveen la respuesta, el terapeuta tiene la oportunidad de introducir una sugestión que pue- da tener el mismo efecto.

El shock y la sorpresa a veces pueden precipitar reacciones autónomas que nor- malmente no están bajo control voluntario. En un momento delicado, en una con- versación, uno a veces se ruboriza de una manera incontrolada cuando se tocan ciertos procesos emocionales inconscientes. Si una persona no se ruboriza durante tales momentos de descuido, uno, frecuentemente, puede precipitar la respuesta de ruborizarse preguntando simplemente, ‘‘¿Por qué se ruboriza?’’. Esta pregun-

ta - como una forma indirecta de sugestión administrada durante el momento ‘‘de-

licado’’ (potencialmente creativo), en que los marcos mentales habituales del pa- ciente están en un flujo naciente, evoca fácilmente los procesos autónomos suge- ridos.

En la vida cotidiana un ruido fuerte puede asustarnos tanto que nos quedamos ‘‘helados’’, inhibiendo momentáneamente todo movimiento corporal; fuimos arro- jados a un momentáneo trance cuando el inconsciente salió corriendo en busca de medios para comprender lo que estaba sucediendo. La respuesta puede iluminar que se trataba solamente del petardeo de un auto y nosotros nos relajamos, pero si

en ese preciso instante alguien grita la sugestión ‘‘¡una bomba!’’ casi con seguri- dad nos aterraremos, miraremos para todos lados llenos de pánico, o nos tiraremos al suelo para protegernos. La vida cotidiana está llena de ejemplos menos dramá- ticos de shocks inesperados que nos asustan y nos sorprenden y, quizá nos llevan a una ‘‘doble consideración’’, en la que tenemos que dirigir la vista al pasado o ‘‘volver sobre eso’’ para comprender qué es realmente lo que está ocurriendo. Podríamos proponer como teoría que las malas palabras son en realidad una forma de shock que se ha desarrollado en la mayor parte de las culturas para asustar a los oyentes, de modo que queden más abiertos a lo que se les está diciendo y sean influenciados por esto más fácilmente.

Si la gente tiene problemas a causa de las limitaciones aprendidas, puede re- sultar terapéutico despotenciar momentáneamente esas limitaciones con alguna forma de shock psicológico. Ellos pueden, entonces, reevaluar su situación vía los procesos automáticos de búsqueda inconsciente que se inician en ellos. En este caso, el proceso de shock, sorpresa y momentos creativos tienen límites abiertos; los propios procesos inconscientes del paciente proveen alguna reorganización o solución que emergen. Si no aparece nada satisfactorio, el terapeuta puede enton- ces agregar sugestiones, como nuevos estímulos, durante el vacío momentáneo, con la esperanza de que puedan catalizar una respuesta terapéutica.

El shock momentáneo puede generarse en el diálogo terapéutico por medio del

esparcir palabras de shock, conceptos tabú y emociones. Palabras como sexo, secretos y rumores fijan momentáneamente la atención, y el oyente se vuelve

más receptivo. Una pausa momentánea después del shock permite que tenga lu- gar una búsqueda interna. Puede seguirlo una palabra tranquilizadora o una suges- tión apropiada.

*Su vida sexual (Pausa)

justo lo que necesita saber y comprender sobre ella.

* Lo que quiere en secreto (Pausa)

es más importante para usted.

(Pausa)

a menos que ambos aprendan realmente a captar lo que necesitan en la relación.

En cada uno de estos ejemplos, el shock, en letras itálicas, inicia una búsqueda inconsciente que puede llevar a la expresión de una respuesta importante durante la pausa. El terapeuta aprende a reconocer y evaluar las reacciones corporales no-verbales ante este shock psicológico. Si hay indicios de que el paciente llegó a preocuparse frente a esta búsqueda interna, el terapeuta simplemente se queda quieto hasta que el paciente salga adelante con algún material que haya sido esti- mulado. Si no hay indicios, provenientes del paciente, de este material, el terapeuta pone fin a la pausa con algunas palabras tranquilizadoras o con una sugestión, como se ejemplificó arriba. Los más eficaces en la iniciación de shocks utilizan los propios modelos de referencia, tabúes y necesidades del paciente para que salga del viejo, de modo que pueda tener lugar una reorganización creativa. Se han publicado en otros lugares ejemplos de este proceso (Rossi, 1973b) y se encontra- rán detallados ejemplos clínicos en un buen número de los casos que incluye este volumen.

10. IMPLICACION Y DIRECTIVA IMPLICADA

La implicación es una forma lingüístico- psicológica básica que nos provee de un modelo más claro de la dinámica de la sugestión indirecta. La mayoría de los psicoterapeutas están de acuerdo en que lo importante no es lo que el terapeuta dice sino lo que el paciente oye. Esto es, las palabras del terapeuta funcionan únicamente como estímulos que ponen en marcha muchas series personales de asociación que están en el paciente. Son estas series personales de asociación que están en el paciente las que funcionan en realidad como un vehículo de la mayor importancia para el proceso terapéutico. Este proceso puede ser interrumpido cuando algunas observaciones inocentes del terapeuta tienen para el paciente implicaciones poco afortunadas, pero el proceso puede ser en gran medida facilitado cuando las palabras del terapeuta acarrean implicaciones que evocan potenciales latentes dentro del paciente.

Una gran parte de la comunicación, tanto en la vida cotidiana como en la terapia, se lleva a cabo por medio de la implicación, de una manera que, para la mayoría, no es algo planeado conscientemente o que, incluso, no es reconocida por los que

participan en ella. Tenemos testimonio de esto en la vida cotidiana cuando una ama de casa, por ejemplo, golpea las ollas un poco más fuerte que lo habitual cuando está disgustada con su esposo, pero puede canturrear sola suavemente cuando se siente a gusto con él. Ella posiblemente no reconozca lo que está haciendo y a su esposo no siempre le es posible conocer en forma completa cómo es que está captando el mensaje, pero él lo siente en algún nivel. El lenguaje y los gestos del cuerpo (Birdwhistell, 1952, 1971;Scheffen, 1974) son modos no verbales de comu- nicación que normalmente funcionan vía implicaciones. En tal implicación el men- saje no se afirma directamente sino que se evoca con el progreso de la búsqueda y la inferencia interna. Esta búsqueda interna compromete los propios procesos inconscientes del paciente de modo que la respuesta que emerge es tanto una función del paciente como lo es del terapeuta. Como todas las otras formas indi- rectas de sugestión, nuestro uso psicológico de la implicación evoca y facilita ideal- mente los propios procesos de creatividad del paciente.

En el más simple de todos los niveles, toda implicación está formada, verbalmente, por la frase si ... entonces.

Si se sienta entonces puede entrar en trance.

Ahora, si descruza las piernas y pone las manos confortablemente sobre su regazo, entonces estará listo para entrar en trance.

Los pacientes que siguen tales sugestiones sentándose, descruzando las pier-

nas y poniendo las manos confortablemente sobre su regazo realmente, están

también aceptando, quizá sin darse completa cuenta de esta realidad, la implica- ción de que van a entrar en trance.

¿Cuál es el valor de tal implicación? Idealmente, tales implicaciones evitan a la conciencia y evocan automáticamente los procesos inconscientes deseados que facilitarán la inducción al trance por un camino que la mente consciente no puede hacer que esto suceda. De este modo, si le ordenamos a un paciente ingenuo directamente: ‘‘Siéntese y entre en trance’’1, él o ella pueden sí sentarse, pero

protestando a la vez en forma civilizada ‘‘Pero nunca entré en trance y temo que no voy a saber cómo se hace’’. Desde el momento en que la esencia de la suges- tión hipnótica es que las respuestas son acarreadas hacia afuera en un nivel autó- nomo o inconsciente, normalmente, es fútil esperar que la mente consciente las saque vía sugestión directa. Cuando las sugestiones directas son útiles, implican

normalmente una preparación para el trabajo hipnótico, en el mismo sentido que cepillarse los dientes y echarse en la cama son actos conscientes preparatorios que establecen un escenario estable para irse a dormir, lo que es después mediatizado por procesos inconscientes. Con la implicación y todas las otras formas indirectas de sugestión, presuponemos que hacemos algo más: un esfuerzo para evocar y facilitar los procesos inconscientes reales y activos que crearán la respuesta de- seada.

Cuando reflexionamos sobre el proceso de implicación, vamos viendo gradual- mente que todo lo que decimos tiene implicaciones. Aun la conversación más ge- neral puede analizarse como si se tratara de un material para estudiar la implica- ción - cómo las palabras de que habla pueden evocar toda suerte de asociaciones en el oyente -. Tanto en la vida cotidiana como también en la hipnoterapia se da con frecuencia que las implicaciones son más potentes como sugestiones que lo que se está diciendo directamente. En una conversación pública, los participantes están frecuentemente inhibidos y responden con asociaciones que no son más que clichés. En una interacción más personal, como lo es la hipnoterapia, los partici- pantes tienen la licencia de responder con asociaciones más intimas o idiosincráticas. En tales interacciones personales, a veces nos sorprendemos de las asociaciones y sentimientos que experimentamos. Cuando nuestra mente consciente se sor- prende de esta manera, la terapia ha tenido éxito en facilitar una expresión de nuestra individualidad que previamente no veíamos. Podríamos decir que han sido liberados los potenciales o que se han sintetizado nuevas dimensiones de la intui- ción psicológica y de la conciencia.

Los siguientes son ejemplos del uso de la implicación para la profundización del hecho de que los pacientes se involucren con sus propias realidades internas du- rante el trance:

Sus propios recuerdos, imágenes y sentimientos son ahora, en este esta- do, más importantes para usted.

Mientras que aparentemente se da una sugestión directa acerca de los recuerdos, las imágenes y los sentimientos, esta proposición acarrea además la importante implicación de que el estado de trance es diferente del estado de vigilia ordinario, y en este estado todas las demás cosas no son relevantes (ruidos externos, la hora, el contexto del consultorio, etc.)

Normalmente no vemos cuál es el momento en que nos quedamos dormi- dos y, a veces, ni siquiera vemos que nos dormimos.

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1 El lector notará que también esta sugestión, aún siendo aparentemente una su-

gestión directa, en realidad contiene una forma hipnótica indirecta: una sugestión contingente compuesta donde ‘‘y entre en trance’’ es contingente, esto es, depen- de del ‘‘Siéntese’’. Para algunos sujetos particularmente aptos o experimentados, consiguientemente, esta frase podría facilitar una inducción eficaz.

- - - - Esta afirmación tiene obvias implicaciones que apuntan a una falta de visión men- tal o a una deficiencia de la mera aprehensión acerca de los aspectos significativos del trance, una deficiencia que puede despotenciar aún más los limitativos apara- tos de conciencia. Esta implicación es enfatizada en el siguiente monólogo, que estructura un modelo de referencia en el que se puede facilitar la conducta auto- mática e inconsciente.

Ahora, usted sabe, usted hace muchas cosas a lo largo del día sin verlas. Su corazón palpita todo el tiempo sin ninguna ayuda o dirección conscien- te por parte de usted. Justamente como respira sin ver que lo hace. E incluso cuando camina, sus piernas parecen moverse por sí mismas lle- vándolo a donde usted quiere ir. Y sus manos hacen la mayor parte de las cosas que usted quiere que hagan, sin que tenga que decirles, “Ahora, manos hagan esto; ahora, manos, hagan aquello”. Sus manos trabajan automáticamente para usted, y normalmente, no tiene que prestarles aten- ción. Aún cuando habla lo hace automáticamente, no tiene que ver cons- cientemente cómo pronunciar cada palabra. Aunque no lo sepa puede ha- blar. Sabe cómo hacerlo automáticamente aún sin pensarlo. Además, cuando ve u oye algo o cuando siente algo, sus sentidos trabajan automáticamente, sin tener que estar consciente respecto de ellos. Trabajan por sí mismos y no tiene que prestarles atención. Se cuidan solos, sin que usted tenga que molestarse por ellos.