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El abordaje dinámico se realiza mediante el análisis de contenido de las respuestas al test, utilizando la Escala de Mutualidad de la Autonomía de Urist (1977).

Urist construyó esta escala de valores para delimitar los estadios que culminan en la consecución de la capacidad que el sujeto tiene para atribuir a los otros una autonomía y una identidad propias. Pretendía demostrar la existencia de correlaciones entre varias medidas independientes del nivel de relaciones objetales y supuso que la representación de las relaciones entre figuras animadas e inanimadas del Rorschach podría reflejar la experiencia y concepción de las relaciones humanas que tenía el sujeto examinado. La escala se centraba en el desarrollo evolutivo hacia la separación-individuación, enfatizando la cuestión de la autonomía de los otros respecto a uno mismo y, también, la autonomía de uno mismo respecto a los demás.

Por mutualidad de la autonomía (o reciprocidad de la autonomía), Urist entiende el modo en que el sujeto concibe a los demás en sus relaciones, es decir, psicológicamente autónomos. Una persona autónoma concibe a los otros como poseedores de un yo, mientras que al mismo tiempo reconoce objetivamente su existencia como un objeto entre muchos. Experimenta simultáneamente su yo y el de los otros como poseedores de una identidad, una voluntad y una experiencia subjetiva y afectiva de sí mismos. Concibe las

relaciones respecto a dichos atributos independientemente de las fluctuaciones del estado de necesidades, tanto propias como de los otros.

La Escala de Rorschach desarrollada por Urist se aplica a todo tipo de relaciones aparecidas en los contenidos de las respuestas: entre figuras humanas, animales, fuerzas de la naturaleza, etc. Las puntuaciones que se otorgan van de 1 a 7 según los siguientes criterios:

1. Reciprocidad-Mutualidad: las figuras que el examinado refiere aparecen en alguna relación o actividad donde están juntas e implicadas la una con la otra de tal forma que expresan un reconocimiento recíproco de sus respectivas individualidades. La imagen hace referencia explícita o implícita al hecho de que las figuras están separadas y autónomas pero implicadas entre ellas en una forma que reconoce o expresa una sensación de mutualidad en la relación (por ejemplo, en la lám. I: “dos mariposas negras, besándose” o en la lám. II: “dos osos

brindando entre ellos, chocando las copas”) o haciendo una tarea en la que se

brindan apoyo o colaboración (lám. III: “dos camareros llevando una mesa”).

2. Interacción simple: En este caso las figuras aparecen ocupadas en alguna relación o actividad paralela. No se enfatiza ni se señala la mutualidad, no hay sensación por otra parte de que esta dimensión esté comprometida de algún modo con la relación (por ej., en la lám III: “dos mujeres haciendo su colada”; en la lám. VIII: “dos animales caminando, cada uno hacia su destino”).

3. Anaclítico- Dependencia: Las figuras se ven como apoyándose una en otra, o una figura es vista como apoyándose o colgándose de otra. Aquí la sensación es de que los sujetos ‘no están sobre sus propios pies’, dice Urist, o que de algún modo necesitan una fuente externa de apoyo o dirección. Puede haber signos de diferenciación pero predomina la relación basada en la satisfacción de las necesidades básicas. Por ejemplo, en la lám. IV: “un gigante apoyado en algo

que le impide andar, no puede plantar los pies en el suelo”, o en la lám. X: “una persona columpiándose en un jardín”.

4. Reflejo-Espejo: una figura es vista como el reflejo o la impresión de otra. Las relaciones entre los objetos aquí dan la sensación de que la definición o estabilidad de un objeto existe solo como una extensión o reflejo de otro. Hay

pérdida de autonomía y diferenciación en las figuras: copia, reflejo de un objeto en otro : “dos gemelos siameses unidos por la cintura”, “una persona que imita

perfectamente a la otra persona”. También podrían incluirse aquí los perceptos

de sombras, huellas digitales, etc.

5. Control mágico: la naturaleza de la relación entre las figuras se caracteriza por un tema de control maligno de una figura sobre otra. Aparecen temas de influencias, controles y hechicería. Una figura puede estar literal o figurativamente en manos de otra. Estos temas representan un grave desequilibrio en la mutualidad de las relaciones entre las figuras. Por una parte, las figuras pueden ser vistas como poderosas o salvadoras, mientras que en otras ocasiones son omnipotentes y controladoras. Ya no hay diferenciación y el percepto se desliza a imágenes malignas. El objeto aparece controlado, hechizado o en las garras de otro. La autonomía está disminuida. Así, en la lám X: “un dios

que tiene atemorizados a todos los animales y les obliga a ir hacia él en fila”, o

en la lám. IX: “un brujo con máscara de fuego; con el humo te distrae, pero está

enfadado y me está mirando, haciendo conjuros extraños…mejor lo tapamos”, o “una bruja hechizando a un bebé”.

6. Coerción: No sólo hay un grave desequilibrio en la mutualidad de las relaciones entre las figuras, sino que el desequilibrio toma tintes claramente destructivos. La relación entre dos figuras que simplemente están luchando no se considera destructiva en términos de la individualidad, mientras que el caso de una figura que tortura o ahoga a otra se considera como un grave ataque a la autonomía del objeto. También se incluyen aquí relaciones que se representan como parasitarias, donde lo que gana una figura resulta, por definición, por la disminución o destrucción de la otra. Aparece una grave asimetría de la mutualidad, potencialmente destructiva para uno de los dos objetos que está en peligro. Un ejemplo sería, en la lám. IV: “un pene con espinas que al

introducirse en la vagina va produciendo desgarros y sangre”, o en la lám. VIII: “un ser vivo atrapado por una planta carnívora…quiere despegarse y ya no puede”. O bien : “un oso desgarrando la garganta de otro”, “dos vampiros que chupan la sangre de esta mujer”, “un escorpión que inyecta veneno en un oso”.

7. Envolvimiento-Incorporación: Relaciones caracterizadas por una fuerza omnipotente, envolvente. Las figuras son vistas como consumidas, devoradas o generalmente atrapadas por fuerzas totalmente fuera de su control. Hay pérdida total de la autonomía, muerte y destrucción. Respuestas tales como “una mujer

presa en una gran telaraña, rodeada de insectos monstruosos y hambrientos”,

en la lám. I, o en la lám. IX: “un niño dentro del útero; quiere salir, pero algo se

lo impide; tiene la columna vertebral rota del esfuerzo, se ve la sangre”, “hay una niebla mala que rodea a esta rana” o “un hombre hundiéndose en arenas movedizas”, pueden dar una idea de la codificación.

La psicometría de la escala MOA parece bastante satisfactoria. Stricker & Healey (1990) en su revisión de las investigaciones de este tipo de fiabilidad para la MOAS, señalan que la mayoría de los estudios que encontraron una fiabilidad de acuerdo con un punto de diferencia reflejaban valores entre 0.72 y 0.98. Blatt y sus colaboradores (1990) concluyeron que la MOA parece ser una medida fiable y útil para niños, adolescentes y adultos tanto pacientes como no pacientes.

Esta fiabilidad se incrementa en grupos infantiles, como ya demostraron Ryan, Avery & Grolnick (1985), Tuber (1989) y Kelly (1997), presentando éste último valores razonables de fiabilidad para la escala MOA en comparaciones nomotéticas tanto de grupos clínicos como no clínicos.

Respecto a la fiabilidad interjueces de la Escala MOA, Urist encontró un valor de 0.52 para el acuerdo total y un valor de 0.86 para acuerdos con un punto de diferencia. Según Fowler (2005) y Edberg (2005a), el coeficiente de correlación Kappa es 0.82, siendo el acuerdo intercodificadores muy alto.

Hilsenroth y Fowler, en un artículo no publicado citado por Erdberg (2005 a), encontraron en una muestra de 50 alumnos universitarios una media de respuestas MOA de 2,5. Y en un reciente estudio de Rorschach Workshop con una muestra adulta de 100 sujetos se encontró que la media de respuestas más saludables (MOA 1) es 1’2, siendo la media en una población clínica de 0’37. El valor medio más bajo en no pacientes es 1’5 y el más alto 4’4.

Otros estudios clínicos sobre esta escala realizados por Tuber (1983), Ackerman, Hilsenroth & Fowler (2000), demostraron que la los valores altos de la MOA tienen un valor predictivo en trastorno de personalidad bordeline superior al proporcionado por el

DSM-IV. En 2004, Fowler et. al obtienen promedios de MOA altos según asciende la patología valorada por el DSM.

Hay investigaciones que vinculan la MOAS con cambios conductuales, como el de Blatt & Ford (1994) y el de Fowler et al. (2004), quienes observaron cambios globales en el comportamiento de 77 pacientes, recogidos en las puntuaciones MOA. La gran mejora aparecía en la diferenciación objetal, disminuyendo las relaciones objetales malignas.

Edberg (2005) refiere que los tipos de informes basados en MOA presentan gran paralelismo con situaciones reales experimentadas entre el paciente y su terapeuta, señalando las dificultades que puede haber en la interacción terapéutica y recuerda el caso que sobre este tema presentaron Gacono & Meloy en 1994.

Respecto a los estudios que relacionan la escala MOA con los procesos psicoterapéuticos, Ackermann et al. (2000) predicen la continuación de psicoterapia de orientación dinámica con esta escala (trabajo citado en el capítulo 2).

Por otra parte, en esta investigación se ha tenido en cuenta una cuestión que podía originar resultados diferentes en la aplicación de la MOAS a los protocolos de nuestra grupo. Se trata del modo de administración de las láminas.

En el Sistema Comprehensivo de Exner que hemos seguido, la consigna que se le propone al sujeto es diferente de la que aplicaron M. Mayman y J. Urist en Michigan. La consigna que ellos utilizaron fue desarrollada por Rapaport, Gill y Schafer (1945), según la cual la lámina se retira de la vista del sujeto una vez que éste ha dado la respuesta y la elaboración que realiza después se basa únicamente en el recuerdo que tiene de la mancha. La elaboración de la respuesta sin el estímulo presente fuerza al sujeto a elaborar sus respuestas de memoria, enfatizando la representación del sujeto más que su

percepción de la respuesta.

La aplicación propuesta por el Sistema Comprehensivo de Exner no enfatiza tanto los aspectos mnémicos del sujeto, pues en la segunda fase de aplicación del test, denominada Encuesta, se vuelve a presentar el estímulo. Posiblemente, los protocolos administrados según este sistema aparezcan algo más inhibidos, más ceñidos a los aspectos formales de la mancha, pero no necesariamente afectados en los contenidos de sus representaciones.