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2.3 Integration System Design

2.5.2 Extract and Translation Methods

La cuestión es cómo medir las relaciones objetales, ya que no se pueden observar directamente sino solamente a través de sus manifestaciones: sueños, lapsus, acting-outs o respuestas a técnicas proyectivas. Los evaluadores clínicos experimentados suelen interpretar este tipo de material aplicando su experiencia e intuición; esto enriquece el diagnóstico al aportar información dinámica y cualitativa de la personalidad del examinado, pero a la hora de investigar o de compartir la información obtenida con otros clínicos, esta exquisita información subjetiva se vuelve en contra de la validez de la técnica, porque no se puede objetivar la experiencia subjetiva de cada examinador.

La decisión de utilizar el Rorschach en nuestro trabajo se debió, entre otras cosas, a la estandarización de la aplicación, codificación e interpretación que exige de los datos, controlando así la intervención subjetiva del examinador. Pero no elimina la valiosa participación de la subjetividad del examinador, sino que la delimita a la interpretación cualitativa de los datos, sistematizada a su vez mediante diferentes puntuaciones, índices y escalas. Por ejemplo, si un evaluador detecta elementos hostiles encubiertos en el funcionamiento interpersonal del examinado puede que no se traduzcan en puntuaciones

AG, o en un exceso de respuestas S; sin embargo, puede registrar críticas a la realización

de las manchas o a la consigna, retrasos intencionados en la emisión de respuestas o planteamientos de cuestiones irrelevantes acerca de la tarea en la presentación de cada lámina. Pero también puede registrar en el análisis de contenidos un tipo de respuestas en las que los objetos percibidos se hallan relacionados a través de actos malvados, de destrucción, sumisión o deterioro mutuo.

Otra de las ventajas que ofrece el Rorschach es su facilidad para planificar los tratamientos en distintos aspectos. De acuerdo con Weiner (1999), el Rorschach define el nivel de integración de la personalidad del sujeto, así como el grado de tensión que experimenta, lo que permite valorar la intensidad del tratamiento que el supuesto paciente tendrá que soportar y su capacidad para implicarse activamente en una relación terapéutica. Por otra parte, permite distinguir los distintos estilos de personalidad que determinarán en el paciente respuestas diferentes a los distintos tipos y abordajes terapéuticos. Y además, la información obtenida ayuda a diseñar los objetivos de la intervención, es decir, los cambios en la personalidad considerados beneficiosos para el sujeto, identificando las posibles resistencias y obstáculos al tratamiento.

El problema es que la interpretación de los datos obtenidos en un protocolo Rorschach supone la integración de un conjunto de variables, referida cada una de ellas a un rasgo de la personalidad que bien puede ser estable, estructural, o bien obedecer a una circunstancia situacional del sujeto (cambios vitales, patologías, etc.). Ninguna de las variables del Rorschach puede interpretarse aisladamente, de la misma manera que un único rasgo de personalidad, por muy destacable que sea, jamás puede describir totalmente a un individuo. Siendo esto cierto, no lo es menos el que determinadas agrupaciones de variables Rorschach son más relevantes para el análisis de un determinado proceso que otras. Así, por ejemplo, la constelación de Depresión (DEPI) y el Indice de Inhabilidad Social (CDI) son agrupaciones clave para establecer si en la depresión del paciente predominan las perturbaciones del área cognitiva o las de las relaciones interpersonales (Exner, 1997). A la hora de tomar decisiones acerca del tipo de intervención a realizar, así como en la planificación de la misma y en los momentos críticos de su curso, deben considerarse conjuntamente todos los datos obtenidos en el protocolo.

Aunque en un principio pudiera objetarse que el Rorschach presenta demasiada información relativa al individuo y que al no ser una prueba específica para evaluar las relaciones objetales puede contaminar la información acerca de éstas, los datos que aporta sobre estructura y dinámica psíquica permiten inferir la naturaleza de las representaciones objetales del examinado, en el nivel evolutivo en que se encuentran inscritas y en el marco de la estructura global de su personalidad, ya sea normal o patológica.

Se utilizará el Psicodiagnóstico de Rorschach como instrumento básico de medida, teniendo en cuenta, no obstante, uno de los principios básicos de Evaluación Psicológica que señala la inviabilidad de considerar un único instrumento para evaluar atributos de la personalidad. En el desempeño clínico, el Rorschach no puede considerarse como única medida de las relaciones objetales; más bien se precisan datos procedentes de otras fuentes (entrevista semiestructurada, material onírico o manifestaciones inconscientes del sujeto examinado, prueba de realidad, etc.) para corroborar o refutar las hipótesis aportadas por el Rorschach respecto a la naturaleza de las relaciones objetales.

Para salvar esta dificultad, en este trabajo se utiliza el test como una técnica múltiple, es decir, abordando el análisis de los datos desde las distintas perspectivas que permite la prueba (cualitativa y cuantitativa), a través de escalas, índices y conjuntos de variables previamente validadas. El test de Rorschach puede ayudarnos a conocer mejor

la naturaleza de las relaciones objetales de la persona que consulta, en un tiempo relativamente breve, con una considerable objetividad y operatividad, pero sin apenas desvirtuar la naturaleza de determinados elementos inconscientes del sujeto. En resumen, el Rorschach ofrece información amplia acerca de los rasgos de personalidad que influyen en las respuestas del paciente a un tratamiento y podría ser de gran utilidad en nuestra investigación.