El tabaquismo se relaciona independientemente con bajos niveles de HDL. Se ha evidenciado una asociación entre el tabaquismo y la disminución del HDL en 4 mg/ dL en los hombres y de 6 mg/dL en las mujeres.
Dejar de fumar se ha relacionado con un incremento del HDL entre 5% a 10% (78).
Actividad física
El efecto benéfico del ejercicio regular sobre el perfil lipídico, se ha definido más claramente en los últimos años y se han observado cambios importantes en perso-
nas con concentraciones normales de lípidos, así como en quienes presentan algún grado de dislipidemia (34, 49, 55, 62, 64, 68, 72, 75, 77, 91-102).
Mecanismos
El ejercicio regular puede actuar directamente en la disminución de los lípidos por acción sobre la actividad de la lipoprotein lipasa (LPL) o indirectamente por disminución del peso y la grasa corporal. No se han evidenciado efectos sólidos del ejercicio sobre la activi- dad de la lipasa hepática, la lecitil colesterol acil transferasa o la proteína de transporte de ésteres de colesterilo (93).
La LPL es quizás la enzima más importante en la vía metabólica de las lipoproteínas. El impacto del ejercicio en la actividad de esta enzima ha tenido varios estudios, en los cuales se evidencia que el ejercicio con alto gasto energético incrementará la síntesis y liberación de la LPL a nivel muscular, con el consecuente incremento de las HDL (96). En corredores entrenados, al 70% del VO2max, 24 horas después de realizar entrenamiento con un gasto energético de más de 1.100 Kcal, se ha observa- do un aumento de la actividad de la LPL (34).
Evidencia
Aunque hay una inconsistencia de los resultados de estudios controlados y no controlados en cuanto a la respuesta de los lípidos con el ejercicio físico, la mayoría evidencia un impacto benéfico debido a que depende de la duración, frecuencia e intensidad con que se lleve a cabo (34, 49, 64, 75, 97, 100-102).
Diversos estudios han demostrado que los atletas de resistencia tienen 40% a 50% más de HDL que las personas sedentarias, tienen 20% menos de triglicéridos y 5% a 10% menos de LDL; así mismo, las apolipoproteína AI y AII frecuentemente son 25% a 15% más altas respectivamente, la apolipoproteína B es generalmente 6% a 7% más baja, se evidencia un incremento de la acción de LPL hasta en 13% y una disminución de hasta 27% de la actividad de la lipasa de triglicéridos hepática (HTGLA) (64).
Los efectos agudos del ejercicio físico, en al menos 12 estudios controlados en sujetos que realizaron una sola sesión de ejercicio a una intensidad entre 50% y 80% del VO2max, demostraron una disminución de los triglicéridos séricos de 3% a 15%, a la vez que se observó un incremento del HDL entre 4% y 43%. Estos resultados se probaron luego de 18 a 24 horas del ejercicio, persis- tieron por 72 horas y tuvieron un nivel de evidencia categoría A (49).
El análisis de 28 estudios con cerca de 4.700 sujetos de 18 a 80 años, de ambos géneros, con entrenamiento entre 30 a 60 minutos, de tres a cinco veces por semana por más de 12 semanas, a una intensidad entre 50% y 80% del VO2max o de la frecuencia cardíaca de reserva y con un gasto energético estimado entre 500 a 5.000 Kcal, demostró un incremento de 4,6% en las HDL en 40% de los estudios y disminución de las LDL en 3,7%, triglicéridos en 5% y colesterol total en 1%, con un nivel de evidencia categoría B (75).
El incremento de las HDL varió de 4 a 43 mg/dL con una evidencia categoría A. Aunque no se ha definido aún cual es la cantidad de ejercicio necesaria para obtener estos resultados, se ha logrado probar que en sujetos entrenados con gasto energético entre 350 y 400 a 1.000 Kcal por semana, se dan estos cambios (64), y dentro de los estudios revisados se observa que el ejercicio modera- do a intenso, al menos de 30 minutos por sesión, tres veces por semana, puede aumentar las HDL (evidencia catego- ría B), con una limitada evidencia de que el ejercicio de intensidad leve puede ser efectivo (evidencia categoría C) (16). Sin embargo, el efecto sobre los lípidos depende más de la cantidad total del ejercicio que de la intensidad (Evidencia categorías B y C) (62).
En un reciente estudio aleatorizado, controlado, en pacientes con dislipidemia leve a moderada, con segui- miento por seis meses, se cuantificó la intensidad de ejercicio que contribuyó a disminuir los niveles de LDL y aumentar las HDL. Se puedo establecer, que un equiva- lente calórico a trotar 27,2 a 28,8 Km por semana, con una intensidad igual al trote a un paso moderado, disminuye significativamente la concentración de LDL pequeñas sin cambiar la concentración de LDL plasmá- ticas, así como incrementa la concentración y el tamaño de las HDL y disminuye los triglicéridos (97).
Una sesión de ejercicio de larga duración y alta intensidad, como la maratón, evidencia una disminu- ción en las LDL de 4% a 38%, que puede darse, en parte, por la expansión del volumen plasmático. Pero no se evidencia un efecto de dosis-respuesta con el ejercicio agudo en el cambio de las lipoproteínas.
La mayor reducción posterior a la actividad física, se ha reportado en aquellos pacientes que previamente son sedentarios y con altos niveles de triglicéridos, mientras que los que poseen bajos niveles no logran mayores modificaciones (95).
En cuanto al colesterol total hay diferencias en los resultados de los estudios, pero se ha establecido que
para disminuir las concentraciones del colesterol total con ejercicio, se necesita adicionar reducción del peso corporal y de la ingestión de grasa saturada.
Ejercicio de resistencia muscular
El ejercicio de resistencia usualmente no produce cambios en el perfil lipídico; no se conoce la razón con exactitud, pero al parecer está dada por la cantidad de ejercicio completada en cada sesión. Aún con niveles altos de triglicéridos este tipo de ejercicio no altera los niveles plasmáticos (91); no obstante, no estaría contra- indicado y, por el contrario, podría tener beneficios sobre otros órganos y sistemas del organismo.
Prescripción del ejercicio
Las recomendaciones generales para la prescripción del ejercicio en el paciente con dislipidemias son iguales a las que se muestran en la sección de hipertensión.
Modo de ejercicio
Actividades físicas como caminar, bailar, labores do- mésticas, subir y bajar escaleras, ir de compras, calistenia y ejercicio aeróbico (trote, ciclismo, patinaje, natación) y deportes como tenis, raquetbol, baloncesto, son benéfi- cas siempre y cuando se realicen con cierta regularidad. Para el ejercicio de resistencia muscular, se recomien- da realizar 8 a 10 diferentes series de ejercicios. Al paciente se le debe enseñar a respirar durante la con- tracción muscular e inicialmente se trabaja con grandes grupos musculares antes que pequeños.
Intensidad
El efecto positivo de las actividades aeróbicas men- cionadas da mejores resultados cuando se utilizan inten- sidades bajas a moderadas entre 40% y 70% del VO2max o de la frecuencia cardíaca de reserva, o 50% a 80% de la frecuencia cardíaca máxima calculada (Tabla 4).
Cuando se inicia el programa de ejercicio se recomienda trabajar con un porcentaje bajo (40% a 50%) durante las primeras semanas. Éste se puede incrementar de manera gradual cada semana hasta llegar al 70% de la frecuencia cardíaca máxima calculada. No se recomienda que el paciente realice ejercicio más allá de sus condiciones físicas.
Frecuencia
Para las actividades aeróbicas ésta es al menos de cinco veces por semana, ojalá todos los días. En los ejercicios de resistencia muscular es de 2 a 3 veces por semana.
Duración
Se sugiere mantener las actividades aeróbicas de 45 a 60 minutos en forma continua o en forma fraccionada dos veces al día con 20 a 30 minutos en cada sesión. Las actividades de resistencia a la fuerza se mantienen por espacio de 20 a 30 minutos.
Progresión
De acuerdo con la frecuencia, duración e intensidad con la que empezó el programa, al comienzo se reco- mienda incrementar progresivamente la frecuencia se- manal, luego la duración (5% por semana luego de la cuarta semana del programa) y por último la intensidad (manteniendo una intensidad moderada).
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