Tras lo dicho hasta aquí podemos concluir que, a priori, las relaciones hispano- norteamericanas entre 1898 y 1930 conforman un buen caso de estudio para tratar de iluminar las interacciones entre grandes y medianas potencias. A lo largo de esas poco más de tres décadas, pasamos por fases en que los tratos se circunscriben al ámbito de lo formal (1898-1914), revisten distinta importancia para cada uno de lo dos países (1914-1917), adquieren luego una gran intensidad y cobran tintes predominantemente políticos (1917-1920), para revertir finalmente al campo de las negociaciones econó- micas y comerciales (1920-1930). Esta diversidad coyuntural nos permitirá ver cómo
una gran potencia va redefiniendo sus estrategias en función de su grado de vincula- ción con los problemas internacionales, y cómo las potencias medias se adaptan a estos cambios disfrutando de una mayor o menor libertad de acción según las circuns- tancias. El esquema que hemos presentado puede parecer demasiado teórico y quizá plantee divisiones en exceso estrictas o convencionales. Sin embargo, la finalidad de cualquier modelo de análisis no es la de dar cuenta de la rica diversidad de los hechos históricos, sino la de entresacar una parte importante de los mismos para forjar con ellos una explicación que otorgue sentido a las variaciones que se producen en el tiempo, y permita a la vez extraer lecciones de utilidad para su aplicación en situacio- nes similares128.
Fue para evitar caer en presupuestos excesivamente mecanicistas por lo que dedicamos varias páginas a hacer una breve presentación del nivel “micro”, identifi- cando a los diferentes intervinientes que iban a enfocar nuestra atención y aludiendo sesgadamente a la complejidad que puede revestir el proceso de toma de decisiones en relaciones internacionales. En muchas ocasiones, las circunstancias que rodean a los decisores pueden contribuir a explicar la adopción de estrategias que al nivel abs- tracto de la teoría se nos pueden antojar irracionales. A ellas dedicaremos importantes reflexiones en el presente trabajo. Pero nada de esto invalida los intentos de estable- cer conclusiones teóricas. El historiador, por su propia formación, se encuentra en una posición privilegiada para enlazar los hechos históricos con los aspectos metodológi- cos, y diferenciar así lo general de lo particular. No estamos de acuerdo con Raymond Aron cuando afirmaba que la tarea de los historiadores pasaba por el estudio de casos particulares a partir de los cuales el sociólogo, con ayuda de la teoría, debía extraer “los determinantes y las regularidades”129 . Si el estudioso de lo histórico no fuera más allá, sus trabajos correrían el peligro de caer en lo anecdótico. No pretendemos aquí sustituir el trabajo del politólogo, sino aprovechar sus categorías para tratar nosotros mismos de extraer conclusiones generalizables a partir de los hechos que estudia- mos130.
Hemos estructurado la presente tesis teniendo en cuenta esta doble perspecti- va histórica y teórica. Siguiendo lo apuntado anteriormente, dividiremos nuestro dis- curso en tres partes, correspondientes a los períodos 1898-1914, 1914-1920 y 1920- 1930. Comenzaremos cada uno de ellos ofreciendo unas breves indicaciones acerca
128
Vid. ARÓSTEGUI, J.: La investigación histórica: teoría y método, Barcelona, Crítica, 1995, pp. 273-313.
129
ARON, R.: Paix...op.cit., pp. 183-186.
130
Para una aproximación al problema de la interacción entre teóricos e historiadores de las relaciones internacionales, vid. NIÑO, Antonio: “Historia y teoría en el estudio de las relaciones internacionales”, en COLACRAY, M. (Comp.): Relaciones...op.cit.
de las coordenadas generales de las políticas exteriores española y norteamericana, tratando de situar a cada uno de los dos países dentro del sistema internacional del momento. Por otro lado, las partes irán precedidas también de un apartado en que trataremos de sintetizar las imágenes que cada una de las dos diplomacias tenía de la otra. Con ello estaremos en condiciones de comprobar el verdadero papel que las vi- siones y estereotipos jugaron en la formulación de las políticas exteriores de España y los Estados Unidos. Hecho todo esto, el tratamiento de cada una de las partes se efec- tuará siguiendo la división en tres planos –político-estratégico, económico-comercial y
de prestigio- que planteábamos páginas atrás. Asimismo, a lo largo de las considera-
ciones iremos prestando una atención especial a eso que hemos llamado el nivel mi- cro. Procuraremos conocer en todo momento los agentes que condicionaron la toma de decisiones, y trataremos de ponerlos en relación con la manera en que se fueron aplicando las diversas estrategias.
En otro orden de cosas, la tesis tratará de ofrecer respuestas a tres cuestiones que se apartan del ámbito de la teoría para acercarse a lo propiamente historiográfico. La primera de ellas parte de la intención de dilucidar cuáles fueron en cada momento los fines de la política exterior estadounidense. El mundo académico norteamericano lleva años sumido en debates centrados en la búsqueda de aquéllos hechos que han dado carta de naturaleza a la actuación internacional de su gobierno. Nosotros trata- remos de plantear los ejes por los que han circulado esas discusiones en relación con cada una de los períodos cronológicos considerados, y de ponerlos a prueba a través del tamiz de las relaciones hispano-norteamericanas. La segunda de las cuestiones tiene que ver con la posición que ocupó España en cada momento dentro de los pla- nes generales de la administración norteamericana. ¿Era aquélla una variable más dentro de los designios del Departamento de Estado para el conjunto de Europa Occi- dental? ¿O representaba para los decisores estadounidenses un caso sui generis que merecía diseños específicos? En tercer y último lugar procuraremos llegar a una com- prensión del período 1898-1930 que nos permita descubrir su importancia dentro del discurrir de las relaciones hispano-norteamericanas a lo largo de todo el siglo XX.
Con todos estos fines en mente, el capítulo tercero será el único dedicado al período 1898-1914. Lo comenzaremos planteando la manera en que España y los Estados Unidos readaptaron sus papeles internacionales tras su mutuo enfrentamien- to, así como la influencia que éste tuvo en el terreno de las percepciones. El tratamien- to de las relaciones bilaterales se hará prescindiendo del plano político-estratégico, debido a la ausencia casi total de eventos que puedan insertarse en él. En cambio, destacaremos el importante papel que las imágenes mutuas y las ideologías jugaron en los distintos contactos. Asimismo trataremos de dar un repaso a las relaciones eco- nómico-comerciales que nos sirva para entender la evolución de éstas a lo largo de la
Primera Guerra Mundial. Y buscaremos insertar todo ello en el debate en torno a los orígenes del expansionismo estadounidense.
El capítulo cuarto estará íntegramente consagrado a presentar el período 1914- 1920. Buscaremos entender la manera en que los Estados Unidos se fueron implican- do en la Gran Guerra, desde los momentos iniciales en que divisaron el conflicto como una oportunidad de expansión comercial, hasta el cambio que en 1916-1917 les llevó a percibir como una amenaza la posible victoria de Alemania. Tendremos en cuenta para ello las discusiones acerca del verdadero papel que tuvo el ideario del Presidente Wilson en la formulación de la política exterior de Washington tanto en esos años co- mo en las décadas posteriores. Del lado español trataremos de poner de manifiesto cómo el conflicto europeo dirigió a los gobiernos de Madrid en una doble dirección: evitar en la medida de lo posible las consecuencias de las crecientes presiones que recibían de ambos bandos; y aprovechar la guerra para aumentar su prestigio a escala internacional. En la segunda parte del capítulo buscaremos mostrar cómo la guerra fue alterando progresivamente las imágenes mutuas hispano-estadounidenses. La visión que los Estados Unidos tenían de España se fue matizando como consecuencia pri- mero de la presencia de ambos países en el club de los neutrales, y después de las necesidades que imponía al ejecutivo norteamericano su inclusión en el bando aliado. Para la diplomacia española la imagen de Norteamérica siguió ofreciendo tintes nega- tivos que hubieron de reducirse como consecuencia de la creciente dependencia de Madrid respecto de Washington.
El tratamiento de la relación bilateral en los años de la guerra será dividido en dos capítulos. El capítulo quinto abarcará el período de neutralidad norteamericana (1914-abril de 1917). En él trataremos de mostrar cómo la contienda fue acercando progresivamente a los dos países, hasta configurar unos contactos centrados mayori- tariamente en plano comercial. Políticamente España trató sin éxito de buscar el apoyo de los Estados Unidos a la hora de enfrentarse tanto a la acción de los submarinos alemanes como al bloqueo aliado del Mar del Norte. Económicamente los españoles pasaron a depender de las provisiones procedentes de los Estados Unidos, lo que colocó a éstos en una posición privilegiada a la hora de fomentar la exportación de sus productos a la Península Ibérica. El contexto quedó abonado también para que algu- nas grandes corporaciones norteamericanas comenzaran a estudiar la posibilidad de extender sus ramificaciones en España. Por último, el plano del prestigio resultará es- pecialmente significativo en este período, quedando marcado por dos tendencias: por una parte, la rivalidad hispano-norteamericana a la hora de poner en marcha activida- des humanitarias y mediadoras en relación con el conflicto europeo; por otra, la nece- sidad de emprender algún tipo de iniciativa que hiciera más fácil el desarrollo de las relaciones comerciales.
El capítulo sexto estará dedicado al intenso período que medió entre abril de 1917 y noviembre de 1918. La beligerancia norteamericana y los crecientes problemas internos de una España marcada por la crisis de 1917 condujeron la relación bilateral hasta cotas de tensión nunca vistas desde el conflicto finisecular. La progresiva inte- gración de los Estados Unidos en el bando aliado acabó con las posibilidades de los gobiernos españoles de contar con el auxilio de una gran potencia ajena al conflicto. Políticamente los estadounidenses comenzaron a ejercer sobre España el mismo tipo de presiones que Francia y Gran Bretaña. Económicamente los recursos norteameri- canos se convirtieron en un arma de presión fundamental a la hora de incorporar a España al esfuerzo de guerra aliado. E ideológicamente los españoles acabaron sien- do pasto de los esfuerzos propagandísticos planificados desde Washington, que vinie- ron a sumarse al terreno abonado por las publicísticas de Alemania, Inglaterra y Fran- cia.
El capítulo séptimo servirá para introducirnos en la década de los veinte. Co- menzaremos explicando el modo en que los Estados Unidos readaptaron su política internacional en función de dos axiomas: sus ansias de volver al aislamiento respecto de los problemas políticos del Viejo Continente; y la necesidad que el mundo tenía del concurso de unos Estados Unidos que a esas alturas eran la potencia económica más importante del Orbe. Todo ello lo haremos a partir de las discusiones que los distintos estudiosos de la política exterior norteamericana han ido entablando para desentrañar el verdadero significado del aislacionismo de su país. Respecto a España, trataremos de señalar cómo el cierre en falso de los problemas políticos tras la instauración de la Dictadura de Primo de Rivera condujo a la puesta en práctica de una política exterior de doble calado: estratégicamente los intereses no fueron más allá del área mediterrá- nea; económicamente fue necesario equilibrar los anhelos autárquico-nacionalistas con la obligada sumisión a los recursos provenientes del exterior. En la segunda parte del capítulo procuraremos ver cómo las imágenes que los Estados Unidos tenían de España sirvieron para plantear en el Departamento de Estado un debate en torno a la licitud de transigir con gobiernos autocráticos como el del Directorio. Para la diploma- cia española, los estereotipos que habían servido como caracterización de los nortea- mericanos se utilizaron tanto a la hora de justificar el programa hispanoamericanista, como en el momento de criticar la política comercial de Washington, que tan perjudicial resultaba para los intereses exportadores de España.
El capítulo octavo será el más largo de toda la tesis, como consecuencia del extenso período que contempla (1919-1930). En la primera parte la interacción hispa- no-norteamericana durante los meses de la Conferencia de Versalles nos servirá para describir la transición sufrida por la política exterior norteamericana en el momento en que la administración de Wilson dio paso al gobierno republicano de Harding. El núme-
ro de problemas que centraron las conexiones político-estratégicas entre España y los Estados Unidos a lo largo de 1919 se fueron reduciendo progresivamente hasta que- dar centrados en un único asunto: la cuestión marroquí. En cambio, en el plano eco- nómico-comercial iremos viendo cómo las relaciones bilaterales fueron discurriendo en torno a una doble dialéctica: los deseos norteamericanos de aprovechar su condición de potencia hegemónica en lo económico para introducirse en España; y los esfuerzos de ésta por preservar su independencia de acción sin perder los vitales lazos mercanti- les que la unían los Estados Unidos. Estudiaremos la traducción de estos fenómenos en dos ámbitos: las negociaciones comerciales hispano-norteamericanas, y el devenir de diversas empresas estadounidenses que precisaron de apoyo oficial a la hora de establecerse o mantener su posición en España. Por último, trataremos de ver cómo las ansias de expansión comercial de los norteamericanos y los deseos españoles por mejorar su posición en el sistema internacional volvieron a suponer la cara y la cruz de los contactos establecidos a un nivel de prestigio.
Acabado el capítulo octavo llegará el momento de olvidarse de las descripcio- nes factuales para retomar los aspectos teóricos que hemos venido tratando. Así, las conclusiones estarán dedicadas principalmente a probar la validez de la relación his- pano-norteamericana a la hora de caracterizar los contactos entre grandes y pequeñas potencias. Sin embargo, tampoco olvidaremos las cuestiones que planteábamos párra- fos atrás, y que servirán para poner el colofón a una tesis que esperamos contribuya algo al esclarecimiento de una serie de problemas que afectan al mundo que nos ro- dea.