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In document Physical Security (1979) FM 19 30 pdf (Page 193-196)

Memoria histórica es una categoría que encuentra su origen en la historiografía, y que en su significado general tiene que ver con la articulación del presente con el pasado, no solamente en el sentido de conocer un listado de hechos, sino, ante todo, de comprender el dinamismo que los produjo, y lo que tales sucesos o acontecimientos tienen que ver con los sujetos y las dinámicas sociales en el tiempo presente81. Centra su mirada en las acciones que terminaron perjudicando, oprimiendo y eliminando la vida humana para divulgar acontecimientos no conocidos, confirmar o confrontar las “narrativas oficiales”82 tejidas

alrededor de ellos, y en últimas esclarecer los mecanismos reproductores de las historias de olvido y vulneración en contra de lo humano.

81 Cfr. METZ, JOHANN BAPTIST.

Por una cultura de la memoria, Barcelona: Anthropos Editorial, 1999. p. 73 - 78.

82 Cfr. GABORIT, Mauricio. Memoria histórica: revertir la historia desde las víctimas, En: ECA: Estudios

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Frente a las acciones que laceran, maltratan y asesinan al hombre, suelen esconderse verdades no dichas tras las cuales se oculta el interés que las secunda y la forma en que se efectúan, y de no ser desentrañadas83, reconocidas y publicadas84, desembocarían en una amenaza real al hombre de todo los tiempos y de todos los lugares toda vez que por su desconocimiento no se generaría una conciencia colectiva ni un rechazo social de acciones semejantes que deslegitimen las cometidas en el pasado y por ende su repetición en el presente. Por tanto, la memoria histórica tiene una pretensión de verdad, cuyo criterio más profundo es el respeto de la dignidad de la vida humana, ajeno a las ideologías políticas, a los sistemas económicos, a las corrientes culturales y a los mitos que suelen acompañar y legitimar a los sistemas de poder, con el fin de mantener clara, neutral y firme su posición respecto al valor de lo humano.

La categoría “memoria histórica” se asume en cuanto tiene que ver con el bienestar del hombre, y por tanto se fija imperativamente en las historias de sufrimiento, de olvido y vulneración. Por ello, más allá de los vínculos con la historiografía, hablar de „memoria histórica‟ es referirse a una categoría a la que hoy se le puede reconocer una raíz teológica, porque por su propio significado denota una “memoria salvadora” del ser humano85, que

rememora la visión cristiana de Dios: un Dios amoroso, liberador y salvador del hombre. Si la memoria histórica se basa preferentemente en el intento por comprender las dinámicas detrás de la vulneración y muerte de lo humano, entonces en ella se puede reconocer una función redentora, que por un lado lucha por prevenir86 la repetición de nuevas dinámicas de agresión a lo humano, mientras por otro lado busca reparar87 a los ya vulnerados, a los

supervivientes, incluso a los asesinados, puesto que su sangre grita una verdad. Por ende, se

83

Ibíd., p.

84 Ibíd., p.

85 Cfr. METZ, JOHANN BAPTIST.

Memoria Passionis: una evocación provocadora en una sociedad pluralista,

Vizcaya: Sal Terrae, 2007. p. 96.

86 ARANGO, Op. Cit., 87 Ibíd., p.

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está hablando de una categoría teológico-política88 dada la praxis histórica a favor de los que necesitan ser liberados, tal y como la voluntad de Dios lo deja en claro en el mensaje profético89. Y como la opresión de lo humano ha ocurrido en todos los tiempos y en todos los lugares con dinámicas distintas, aunque en el fondo con intereses similares, la memoria histórica también trasciende el tiempo y los espacios para dar cuenta del olvido y la vulneración de lo humano.

Por consiguiente, el autor principal, especial, privilegiado y con autoridad para hacer memoria histórica es el mismo afectado por los sistemas de poder. Las víctimas inocentes en su calidad de sobrevivientes90 son los sujetos llamados a hacer memoria histórica. Su testimonio es el detonante para conocer los dispositivos empleados en contra de sus comunidades, de sus entornos y de sus vidas. De ahí que hablar de memoria histórica a favor de lo humano es hablar de los testimonios de los sobrevivientes, narrados verbalmente o puestos por escrito, en los que se traslucen sentimientos de dolor y dataciones del accionar violento que les infligieron los sistemas de poder, con especificaciones y detalles únicos que revelan su forma indiscriminada de operar. Así la memoria histórica:

Permite que las personas realicen el paso de ser tenidas como una víctima a ser un

testigo, es el paso de ser “muertos” a sobrevivientes, en otras palabras ubicarlos como

sujetos sociales que dan cuenta de su historia. Es una PERSONA VIVA que da fe de lo que ha sucedido, que tiene la palabra y la verdad. Y que por medio de ella confronta la palabra y la verdad oficial91.

De igual forma, en cuanto atañe a lo humano, la memoria histórica necesariamente debe darse en el ámbito público, nunca puede dejarse en el ámbito privado, si no, no sería histórica, y por lo mismo no cumpliría con una función social redentora. Su razón de ser es

88 Cfr. METZ.

Por una cultura, p. 83.

89

Cfr. PONGUTÁ, Op. Cit., p.

90 Cfr. ARANGO, Op. Cit., p. 91 Ibíd.,

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la divulgación de las verdades no dichas. Estas verdades no dichas pueden ser tergiversadas o desconocidas en torno a las dinámicas de muerte y a los intereses que las mueven, muchas veces son opacadas por las narrativas oficiales92 que maquillan o tergiversan los acontecimientos a su conveniencia para protegerse y auto-legitimarse buscando no escandalizar la opinión pública. Frente a ellas la memoria histórica tiene un fin claro:

concientizar a la sociedad y moverla al rechazo social de acciones semejantes. Una divulgación de esas verdades no dichas en torno a las dinámicas de muerte y de los

intereses que las “avalan”, tiene el propósito de lograr un repudio colectivo que a la vez adquiere un carácter universalizable93.

Cuando masacres como las de Auschwitz94 en Alemania, El Mozote en el Salvador, San José del Río Negro en Guatemala, Acomarca en Perú o la de Bojayá en Colombia salen a la luz pública no solamente como datación de algo ocurrido, sino como reconocimiento de un acto de barbarie dispuesto por unos autores intelectuales, realizado por unos autores materiales y llevado a cabo mediante el horror, se genera conciencia y la disposición social y política para atender mejor situaciones similares, para evitarlas radicalmente, previniendo su reproducción o su aparición bajo nuevas acciones y nuevas “justificaciones”, ya no

solamente en Alemania, en América Latina ni en Colombia, sino en cualquier parte del mundo. En este sentido, la memoria histórica desemboca en presión social tanto nacional como internacional que condena, rechaza y exige explicaciones y justicia ante esos eventos desastrosos. Esto se debe gracias a la verdad que se narra. Así mismo, junto con esa presión social se genera solidaridad95 ante los afectados, que exige reparación a nivel oficial,

acompañada de la creación ciudadana de formas de apoyo y protección de las víctimas, en lo nacional como lo transnacional, con organizaciones como las ONG y como la misma ONU.

92 Cfr. GABORIT, Memoria Histórica, p. 664. 93 Cfr. RICHARD, Op. Cit., p. 34.

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Comprendida en la década del cuarenta. Es un punto de referencia básico para hablar de las atrocidades ue puede e p e de el ho e e fu ió de i te eses loa les .

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A continuación se citará un documento expedido por la “Oficina En Colombia Del Alto Comisionado De Las Naciones Unidas Para Los Derechos Humanos” cuyo título versa:

INFORME DE SEGUIMIENTO A LA SITUACIÓN DEL MEDIO ATRATO – junio de 2003 – a raíz de los hechos trágicos acontecidos en Bojayá (Colombia) en mayo de 2 de 2002, para que ilustre en concreto el valor y las características de un ejercicio de “memoria histórica”:

El 1° de mayo de 2002 se iniciaron en Vigía del Fuerte (Antioquia) combates entre los paramilitares de las Autodefensas Campesinas de Córdoba y Urabá (ACCU) y los guerrilleros de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC – EP). Las hostilidades se concentraron posteriormente en Bellavista, cabecera municipal de Bojayá (Chocó). Allí, el 2 de mayo se reiniciaron las acciones armadas. Ellas hicieron que un número importante de pobladores del lugar se refugiara en la iglesia parroquial. Aproximadamente a las 10:45 a.m. una pipeta lanzada por los guerrilleros estalló al hacer impacto sobre el templo. Como resultado de la explosión murieron 119 civiles y

otros 98 quedaron heridos. Entre las víctimas figuraban niños, mujeres y ancianos (…) la

Oficina llevó a cabo una misión de observación en el Medio Atrato. En desarrollo de la misma, y en marco de su mandato, visitó los municipios de Bojayá, Vigía del Fuerte y Quibdó, recibió testimonios96 de la población afectada, y se entrevistó tanto con las

autoridades locales, civiles y militares, como con representantes de la Iglesia y de otras organizaciones que hacen presencia en la zona (…) Las evaluaciones, observaciones y recomendaciones hechas por la Oficina tras concluir su misión en el Medio Atrato fueron recogidas en un informe público, presentado el 20 de mayo de 2002. P. 2-3.97

La memoria histórica, como se ha dicho, tiene de autor(es) principal a los propios vulnerados, su testimonio pretende ser divulgado, público, y de conocimiento general, cuyo valor radica en la generación de una conciencia colectiva capaz de rechazar y de movilizarse en torno al esclarecimiento de la verdad y a la ayuda solidaria a los

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La negrilla en esta cita es mía.

97 Http://www.hchr.org.co/documentoseinformes/informes/.../seguimientobojaya0703.pdf, [Consultado el 24

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victimizados, no solamente reparándolos, sino brindando las garantías para que acontecimientos similares no sean reproducidos o por lo menos tengan menos condiciones de posibilidad para ser efectuados, pues como se evidenció, en Bojayá hubo falta de atención estatal, subrayada y criticada por la Oficina en Colombia del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos de la época. Esos elementos denotan la

función redentora de la “memoria histórica”.

Por tanto, la memoria histórica está en función del bienestar del ser humano y de su entorno, y como tal se parece al núcleo del mensaje profético y apocalíptico en cuanto promueve la liberación del hombre de los sistemas idolátricos con que se le oprime, aunque por su independencia de la religión, de cualquier creencia y de un determinado sistema de pensamiento, su capacidad para convocar es mayor a la que puede lograr una cultura determinada, un sistema de pensamiento definido, o una religión específica. La acción de memoria histórica tiene un valor congregativo y unificador98 sin precedentes, sin embargo recientemente un poco politizado y menos contundente como la misma ONU lo demostró frente a la política de Seguridad Preventiva liderada impositivamente por EEUU en el gobierno Bush99.

2.2 MEMORIA HISTÓRICA EN EL LIBRO DEL APOCALIPSIS: Testimonios de

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