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En el denominado normativamente como Neolítico Final se produce una mayor inversión en la fuerza de trabajo que tiene como fin asegurar el trabajo y la protección al terreno cultivado mientras se espera la cosecha. Esto va a provocar una territorialidad más acusada junto a una mayor necesidad de defensa del territorio lo que conlleva en el IIIer milenio a la implementación de los sistemas coercitivos ideológicos y físicos con la aparición del estado (Nocete, 1994).

Analizaremos este proceso desde la posición teórica de la Arqueología Social intentando que exista cierta coherencia entre la ideología y la producción arqueológica y huyendo, fundamentalmente, de las ideas orientalistas propugnadas por las corrientes difusionistas.

Pretendemos desde nuestro marco teórico y metodológico centrarnos, más que en la historia cultural, en la definición del modo de producción y de reproducción social.

7.2. Las formaciones sociales clasistas iniciales; el punto de vista de la Arqueología Social.

Nos vamos a centrar en una etapa histórica caracterizada por la existencia de una sociedad clasista inicial en un territorio político vinculado a una estructura institucional coercitiva de estado. El estado como tal se conforma en el IIIer milenio consolidándose en el IIº milenio en formas militaristas.

Para llevar a cabo un análisis histórico acertado es imprescindible el análisis de las categorías básicas de modo de producción, formación social, modo de vida y su concreción en modos de trabajo (Bate, 1998; Vargas, 1990).

Estamos de acuerdo con la afirmación de Lumbreras que considera que “el estado es la expresión jurídica de las relaciones de poder que se establecen en las sociedades divididas en clases” (Lumbreras, 1994).

Una de las principales características del modo de producción clasista es la existencia, al menos, de dos clases sociales en torno a las cuales se establece la contradicción principal. Estas dos clases son la clase dominante y la clase de los productores explotados.

Antes de que apareciera esta clase dominante y su política de estado tuvo que darse en el seno de cada una de las distintas comunidades que se hicieron propietarias de unas distintas “tierras” una precariedad productiva socialmente diversificada (Bate, 1984).

PREHISTORIA RECIENTE DE CHICLANA DE LA FRONTERA

APORTACIÓN AL CONOCIMIENTO DE LAS FORMACIONES SOCIALES TRIBALES Y CLASISTAS INICIALES EN EL MARCO DE LA BANDA ATLÁNTICA GADITANA

DEPARTAMENTO DE HISTORIA, GEOGRAFÍA Y FILOSOFÍA. UNIVERSIDAD DE CÁDIZ. 164

Como consecuencia de estas precariedades será necesario la creación de una organización política, supra-parental con autoridad suficiente como para movilizar la fuerza de trabajo humana (Arteaga, 1992).

La clase dominante es una clase explotadora. Es la clase propietaria objetiva de la fuerza de trabajo de la clase explotada y es también la propietaria de una parte de los instrumentos de producción y, más en concreto, del conocimiento especializado. El hecho de que se trate de una clase explotadora no le viene dado porque sea una clase “ociosa”, sino porque se apropia de un volumen de trabajo mayor que el que aporta a la producción (Bate, 1984; Bate, en prensa).

La clase explotada está conformada por los productores económica y políticamente subordinados. Está integrada por los miembros de las comunidades agroartesanales siendo propietaria objetiva tanto de la tierra (o ganado) como objeto principal de trabajo y de los instrumentos de trabajo manual, es decir, es propietaria de los medios de producción básicos (Bate, en prensa).

El modo de producción viene dado por la relación existente entre las clases respecto a la propiedad de los medios de producción. Esto va a provocar contradicciones en el marco de las relaciones sociales (Bate, 1984). Así pues, las relaciones clasistas y el propio sistema de relaciones de producción vienen determinados por el acceso a la propiedad. En la formación social clasista inicial asistimos a una intensificación de los procesos de distribución de productos, que se vinculan a los propios procesos de la organización del trabajo. Será la propiedad la que nos permita entender las relaciones sociales (Ramos, 2004a).

En relación con la propiedad hemos de destacar que la diferencia que se da entre la formación social tribal y la clasista inicial no radica tanto en el paso de una propiedad colectiva a una propiedad particular de una clase y de la comunidad. La diferencia se produce por la pérdida de propiedad real sobre la fuerza de trabajo de sus miembros que sólo retienen su posesión. La propiedad de la clase dominante se caracteriza por el hecho de que sus miembros, como integrantes de esa clase social, tendrán la capacidad real de disponer de la fuerza de trabajo de los productores directos. Dentro de esta clase dominante se producirá una paulatina diferenciación y lucha de intereses particulares que conducirá a un proceso de privatización. Sin embargo, aún cuando se lleguen a crear formas de propiedad en torno a determinados bienes y áreas de la producción, no se llegará a una consolidación de la propiedad particular (Bate, 1984; Bate, en prensa).

Esta división de clases de la que hemos hablado coincide con una división social del trabajo encontrándonos, de este modo, individuos vinculados a un trabajo manual e individuos vinculados a un trabajo intelectual.

La clase dominante será la encargada de realizar el trabajo intelectual, es decir, lleva a cabo tareas relacionadas con la administración pública, con la organización militar, la diplomacia, etc. Pero también va a monopolizar el conocimiento especializado que será vital para el incremento de la productividad (astronomía, ingeniería, matemáticas, etc.)

Esta especialización del conocimiento no es nueva. Ya la apreciamos en las formaciones sociales tribales de la mano de los “chamanes” y “curanderos” pero entonces, ¿qué diferencia existe entre estos y las clases dominantes propias de las formaciones sociales clasistas iniciales? La diferencia vendrá dada porque estos “chamanes” y “curanderos” a pesar de su conocimiento especializado no se verán exentos de la participación directa en la producción material ni gozarán de una posición económica de privilegio (Bate, en prensa). A pesar de ello, la aparición en la formación social tribal de estos especialistas portadores de conocimientos especializados irá

favoreciendo la creación paulatina de grupos sociales distintos que desembocarán en las sociedades clasistas iniciales.

La clase explotada se caracterizará por la realización del trabajo manual o producción directa de los bienes materiales.

Pero para que sea posible el surgimiento de estas clases sociales diferenciadas es imprescindible la existencia de excedentes productivos.

El precedente de estos excedentes nos lo encontramos ya en las formaciones sociales tribales con el plusproducto. El plusproducto es el volumen de trabajo generado por los productores directos, además del que necesitan consumir, para satisfacer sus necesidades básicas de subsistencia (Bate, 1984). Una vez que traspasan este producto perdiendo la capacidad de disponer de él se convierte en excedente. La clase dominante se apropiará de este excedente, es decir, de la cantidad de trabajo que los productores realizan por encima de sus necesidades subsistenciales. Esta apropiación adquiere la forma de “tributo” ya sea en especies o en trabajo vivo (Bate, 1984; Bate, en prensa).

Como ya hemos comentado, la clase políticamente dominante (clase explotadora) será la propietaria de la fuerza de trabajo de los productores directos del excedente y de una parte muy importante de los instrumentos de producción como es el conocimiento especializado.

La clase explotada de los productores conservará la propiedad comunal de los medios básicos de producción (objetos de trabajo e instrumentos de trabajo manual) mientras esté organizada en comunidades agroartesanales.

El surgimiento de la sociedad clasista se va a dar cuando estos productores dejan de tener la posibilidad de participar en las decisiones de la comunidad, disponiendo las élites de su fuerza de trabajo y de sus plusproductos (Bate, en prensa).

Esta élite precisará de unos mecanismos que le permitan el mantenimiento de esta estructura social. En el ámbito de la superestructura podemos destacar el surgimiento de nuevas instancias específicas como consecuencia del desarrollo de la estructura clasista. Nos referimos a las ideologías y al estado.

La ideología será una de las armas utilizada por la clase explotadora para mantener el nuevo orden social existente. Nos encontramos ante la aparición de una auténtica extorsión ideológica que legalizará el derecho a la explotación. Estas élites tratarán de imponer su cosmovisión y sistema de valores a las clases dominadas. Convertirán su ideología en la dominante surgiendo la religión como centro de esa ideología dominante.

Estamos de acuerdo con Luis Felipe Bate cuando afirma que “las ideologías dominantes son concepciones falsificadas de la realidad ya que necesitan justificar lo injusto: la explotación y la enajenación” (Bate, en prensa).

Estas formaciones sociales estarán bajo el arbitraje tutelar de un grupo parental respetado por su ascendencia y que se encargará de controlar el cumplimiento de unas normas solidarias de reciprocidad cooperativa (Arteaga, 2002). Pero la subordinación podría ideológicamente llevarse a un punto más y esto, según parece, pudo haber ocurrido a tenor de la diversificación que fueron mostrando los “cultos idolátricos” (Arteaga, 1992). El siguiente paso, por tanto, consistiría en conectar “religiosamente” esta mitificación de los ancestros con una ascendencia divina. Este fenómeno mítico- religioso se darían en el ámbito atlántico-mediterráneo en el tránsito entre el IVº y el IIIer milenio (Arteaga, 2002).

Así pues, la ideología tiene como fin el control por parte de la clase dominante de la producción. Está dirigida a la clase explotada constituyendo una evidencia empírica del proceso de jerarquización y división social (Ramos, Espejo y Cantalejo, 2004). La

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ideología y la religión tendrán un papel coercitivo con el fin de legitimar la división social, de reproducir la estructura social y consolidar las relaciones desiguales en el trabajo y en la apropiación y uso de los excedentes (Vargas, 1987; Lumbreras, 1994)

Por último señalar una nueva institución en el ámbito de la superestructura que ya tenía sus antecedentes en los consejos tribales y que ahora se encargará de organizar las relaciones entre las clases sociales: el Estado.

Según Oswaldo Arteaga “el Estado aparece cuando un grupo emergente como clase dominante, valiéndose de su relación parental, logra imponerse en la distribución de las cargas y recompensas sociales de una forma desigual, y sin embargo legítima” (Arteaga, 2002).

En relación con el Sudeste de la Península Ibérica hay autores que consideran que “la presencia de una base subsistencial agrícola-cerealista extensiva, la especialización de la producción, la importancia de la plusvalía absoluta en la generación de excedentes, la existencia de límites territoriales, la normalización formal de las producciones cerámicas y metalúrgicas, y la negación de la expresión subjetiva en la cultura material, definen una superestructura política argárica sustentada en un tipo de dominación y explotación altamente autoritario, eficaz, normativo y, posiblemente, masculino. Bajo estas condiciones es difícil no pensar en la existencia de un poder institucionalizado y de una organización de tipo estatal” (Risch y Ruiz, 1994).

El estado es una institución política que surge para mediar entre las clases sociales a través de las actividades de administración y coerción. Se encargará de organizar la defensa, de generar obras de infraestructura que permitan incrementar la producción, organizar la fuerza de trabajo, garantizar la paz, etc.

Para realizar todas estas actividades precisará dotarse de un aparato militar con el que hacer efectiva la coerción.

Así pues, nos encontramos con todo un cuerpo ideológico-religioso-institucional que se va a encargar de legalizar la estructura de la propiedad, el marco de las relaciones sociales y la propia explotación.

7.3. Las formaciones sociales clasistas iniciales en el T.M. de Chiclana de la