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dice el Señor Todopoderoso.

Esta cita proviene de un pasaje del Antiguo Testamento (2 S. 7:14), que Pablo adapta. (La adaptación es evidente en el cambio de «su padre» a «padre», e «hijo» por el plural «hijos e hijas». Consecuentemente, el verbo ser ha tenido que ser alterado.) En ese pasaje Dios habla a David por medio del profeta Natán. En cuanto al sucesor de David al trono, dice Dios: «Yo

seré su padre y él será mi hijo». Salomón es el rey de Israel que Natán había profetizado; pero Cristo es el Rey de reyes que cumplió definitivamente la profecía de Natán.

[p 259] Los apóstoles inauguraron una nueva era, al incluir a la mujer como espiritual- mente igual a los hombres y tomar el lugar que les corresponde en el reino de Dios (Jl. 2:28– 29; Hch. 2:17–18). Así como Dios es padre de todos sus hijos, Jesús es hermano de todos sus hermanos y hermanas espirituales. Dios quiere que sus hijos se consagren a vivir una vida de santidad y dedicación, «porque es una afrenta a Dios llamarlo Padre y después ensuciarnos nosotros mismos con la abominación de la idolatría».67

Estas promesas han sido dadas por nadie menos que el Señor Todopoderoso. El título de Todopoderoso es impresionante, porque nos revela a Dios como el Omnipotente a quien nadie, ni en los cielos ni en la tierra, se puede comparar. El texto hebreo del Antiguo Testamento usa la palabra Sabaoth, que significa Señor de los ejércitos; y esta palabra

aparece en el texto griego de Santiago 5:4. Martín Lutero usó esa palabra en su muy conocido himno «Castillo fuerte», en la línea que dice «Señor de Sabaoth». Tan grandes como su título, son sus promesas.68

7:1 Teniendo, por lo tanto, estas promesas, mis amados amigos, limpiémonos de toda contaminación de carne y de espíritu, y perfeccionemos [nuestra] la santidad en el temor de Dios.

a. «… por lo tanto, … mis amados amigos». El contenido de este versículo encaja con el contenido de todo el pasaje anterior (vv. 14–18) y es una conclusión oportuna, como evidencia la expresión por lo tanto. Este versículo se relaciona bien con el pasaje del 11–13, en el que Pablo habla de su amor por los corintios y, a su vez, pregunta si es correspondido. Por esta razón se dirige a sus lectores con su cariñoso mis queridos hijos, que en traducciones más antiguas se vierte como «amados», dando a entender que los amaba (véase 12:19).

b. «Teniendo … estas promesas». Pablo afirma que tanto él como sus lectores son los beneficiarios de las promesas de Dios (cf. 2 P. 1:4). Enfatiza estas promesas, en el texto griego, al colocar la palabra estas al principio de la frase. Es decir, las garantías que ha mencionado en los versículos anteriores, son de Dios. Y la palabra de Dios es absolutamente cierta y veraz. Él cumplirá lo que ha prometido.

c. «Limpiémonos». Si las promesas son reales—y de hecho son—entonces es razonable que sus beneficiarios hagan el mayor esfuerzo posible por agradar al Dador de estas promesas. Por consiguiente, Pablo pronuncia una exhortación en la que se incluye a sí mismo y a sus colaboradores, para mostrar que ellos no están por encima de sus lectores: «Limpiémonos». Estas palabras son el claro reconocimiento, por parte de Pablo, de que él ha sido

contaminado por el ambiente circundante del pecado.

[p 260] La exhortación no significa que una sola limpieza nos mantiene limpios para siempre; sino que debemos purificarnos constantemente. Los Reformadores hablaban del arrepentimiento diario como una forma de progreso en nuestra santificación. En otro lugar Pablo escribe que los corintios estaban lavados, santificados y justificados (1 Co. 6:11); pero el proceso de santificación es continuo, dado que la naturaleza humana es proclive al pecado.

Cuando los judíos se encontraban en una condición ceremonialmente impura, tenían que lavarse cada vez que tocaban algo impuro, y ningún sacerdote o levita podía entrar en el ta- bernáculo o en el templo sin haberse lavado antes (Éx. 30:20–21). El mismo principio se apli- ca al pueblo de Dios, que cuando entran en su sagrada presencia, deben purificarse confe-

67 Calvino, II Corinthians, p. 92.

68 Cf. Bengel, New Testament Commentary, vol. 2, p. 305. El título aparece en la Septuaginta de 2 S. 7:8;

Job 5:17; Os. 12:6; Am. 3:13; 4:13; 5:14; en Ap. 1:8; 4:8; 11:17; 15:3; 16:7, 14; 19:6, 15; 21: 22; en 2 Mac. 8:18; 3 Mac. 2:2; 6:2; y en otra literatura extrabíblica.

sando sus pecados. Pablo admite que él no es mejor que los corintios; también necesita lim- piarse y purificarse (cf. 1 Ts. 4:7; 1 Jn. 3:3).

d. «De toda contaminación de carne y de espíritu». Queriendo incluir a toda clase de impu- rezas, Pablo decide usar el adjetivo toda. Aunque el sustantivo contaminación sólo aparece aquí en el Nuevo Testamento, el verbo contaminar aparece tres veces (1 Co. 8:7; Ap. 3:4; 14:4). Pablo recalca que la contaminación afecta tanto al cuerpo como al espíritu, es decir, a la persona en su totalidad. Si la contaminación se refiere al culto a los ídolos,69 entonces los

que asistían a este tipo de cultos en los templos paganos, corrían el riesgo de contaminarse física y espiritualmente, ya que algunos de los ritos incluían a prostitutas. «El que se une a una prostituta se hace un solo cuerpo con ella» (1 Co. 6:16).

¿Qué tiene esto que ver con la iglesia de Corinto? Mucho, porque Pablo ya había pregun- tado antes en este mismo pasaje: «¿Qué acuerdo puede tener el templo de Dios con los ído- los? Porque nosotros somos templo del Dios viviente» (6:16). Los creyentes de Corinto son el templo de Dios; Él mora con ellos y hace real su presencia andando entre ellos. Por eso, las palabras que se usan en el versículo 1 (limpiémonos, contaminación, santidad), «provienen directamente de las imágenes literarias del templo».70 Dios es un Dios celoso que no tolera a

otros dioses antes que él (Éx. 20:3–5; Dt. 5:7–9). La referencia de Pablo a la carne y al espíri- tu debe interpretarse como la referencia a una persona completa al servicio de Dios (véase el paralelo en 1 Co. 7:34).71 Las palabras sugieren el significado de que una persona que es lim-

pia en lo exterior, con respecto a la carne, y en lo interior, con respecto al espíritu, camina con Dios.

e. «Y perfeccionemos la santidad [nuestra] en el temor de Dios». Esta cláusula resuena la exhortación de Pablo: «Limpiémonos de toda contaminación». Usa el participio griego, en tiempo presente, epitelountes (perfeccionar) [p 261] como exhortación a sus lectores: «Esforcémonos por lograr una perfecta santidad». Pablo describía a los creyentes corintios como «santificados en Cristo Jesús» (1 Co. 1:2; cf. 1 Ts. 3:13), e indica que Dios los hizo santos por la obra de su Hijo. Pero la santificación sigue siendo un proceso continuado, en el que los creyentes deben esforzarse asiduamente por una completa santidad. Incluso dice cómo debe hacerse: «en el temor de Dios». El temor y la reverencia a Dios promueven la motivación para perfeccionar la santidad del creyente. En presencia de Dios Padre, sus hijos deben vivir en este mundo como si fueran extranjeros, «en reverente temor» (1 P. 1:17). Nuestra relación con Dios debe poseer un genuino respeto y una profunda reverencia. Así como el Padre es santo, nosotros también, como hijos suyos, debemos reflejar su santidad en nuestras vidas. Conclusión de los comentarios sobre 6:14–7:1

No se puede negar que la transición entre 6:13 y 14 y entre 7:1 y 2 es abrupta. Pero hay evidencias de que Pablo prosigue consistentemente con el hilo de su pensamiento por todo este largo pasaje. Comienza, en la segunda mitad del capítulo 5, con una exhortación a los lectores a vivir para Cristo, que murió y resucitó de nuevo (v. 15). Les encarece que se recon- cilien con Dios (v. 20) y continúa apremiando a los corintios a que no reciban la gracia de Dios en vano (6:1). Después de proveerles una lista de las dificultades por las que él ha atra- vesado (6:3–10), les suplica que le abran sus corazones (6:13). Pablo es consciente de que los corazones de sus lectores son indiferentes y que han caído bajo el influjo de los incrédulos. Les dice que se aparten de los que no aman al Señor. Un mandamiento correspondiente apa- rece en 1 Corintios 5:9–13, en el que Pablo instruye a los cristianos a que se aparten de las

69 Véase el contexto en la Septuaginta de 1 Esd. 8:80; 2 Mac. 5:27; Jer. 23:15 (Martin, II Corinthians, p.

209).

70 Fee, «II Corinthians», p. 160.

71 Barrett anota que Pablo usa el término «carne y espíritu sin darles su pleno significado teológico. Ambos

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