7 CONCLUSIONS AND IMPLICATIONS
7.1 Contributions and findings of the study
El neurólogo portugués Antonio Damásio - radicado en los Es tados Unidos desde hace más de 30 años y actualmente profesor y director del Departamento de Neurología de la Universidad de Iowa - definió la emoción de la siguiente forma: “En su esencial, las emo ciones sirven para reaccionar de una forma automática a una serie de amenazas u oportunidades que se le presentan a un organismo vivo.” (Damásio in Marques, 2004, pág. 68) Si las emociones nos hacen reaccionar de forma automática, se desprende que esta reacción no depende de nosotros como única opción de la razón. Por lo tanto, será legítimo afirmar que estamos condenados a trabajar con ellas en todos los procesos activos de nuestra vida. Así como no conseguimos no pensar, no conseguimos, igualmente, pensar sin emociones, a no ser que biológicamente estemos impedidos. ¿Pero si sucediera esto, continuaríamos siendo nosotros mismos? ¿Continuaríamos viendo el mundo de la misma forma? ¿Continuarían siendo nuestros actos, a la luz de nuestra historia, mínimamente previsibles?
Empezando por la constatación científica de que nuestro sistema emocional está situado y definido perfectamente en una parte de nues tro cerebro, Damásio (2005) nos cuenta una historia basada en su investigación y que nos sugiere algunas respuestas a las preguntas antes formuladas.
Elliot14, ciudadano norteamericano treintañero, gozaba de una vida de éxito. Marido y padre querido, profesional reconocido, llevaba la vida tranquila de un triunfador, tanto en lo profesional como en lo social, hasta el día en que le diagnosticaron un tumor cerebral. No era maligno y su extirpación era la solución perfecta al problema, puesto que una vez extirpado, existía la certeza científica de que no volvería a crecer. La operación fue un éxito rotundo y las perspectivas de fu turo eran excelentes. El tumor fue extirpado, junto con el tejido del ,‘l Nombre ficticio atribuido por Damásio, puesto que se trata de un personaje real y por lo tanto bajo secreto
LIDERAZGO MOURINHO
lóbulo frontal dañado. Sin embargo, tal y como nos describe Damásio (2005), nuevos y numerosos problemas estaban a punto de comenzar. Durante la recuperación, la familia y los amigos habían comenzado a notar pequeñas diferencias en el comportamiento de Elliot.
En contraposición al hombre activo, constante y equilibrado, un nuevo Elliot empezaba a tomar forma. Necesitaba incentivos para ir a trabajar, a duras penas terminaba sus tareas y la inestabilidad comenzó a formar parte de su vida, hasta tal punto que Elliot se volvió incapaz de tomar decisiones. Esta nueva personalidad rápidamente le llevó a dos divorcios y a varios despidos en los múltiples trabajos que consi guió durante aquella época. Claramente “Elliot y a no era E lliof (Da másio 2005, pág. 56) y su vida se convirtió en un caos. No obstante, a pesar de que los rasgos de su personalidad eran ahora diferentes, Elliot conservó intactas todas sus capacidades mentales y físicas. Su razona miento no se vio afectado, su CI se mantenía por encima de la media - tal y como confirmaron las pruebas realizadas - y mantenía todos sus sentidos intactos. Así, en cierta medida, Elliot seguía siendo Elliot. Seguía siendo el mismo en cuanto a sus capacidades neurológicas, pero era otro en cuanto a la realización de estas mismas capacidades.
“Sus problem as no fu ero n e l resultado “de la enferm edad orgáni ca ” o de “la disfunción neurológica” — en otras palabras: enferm edad cerebral — sino la consecuencia de problem as de ajuste “em ocional”y
“p sicológico”. ” (Damásio, 2005, pág. 59-60)
Elliot era, de esta forma, un hombre con un intelecto perfectamen te normal que se traicionaba a sí mismo por la incapacidad de tomar decisiones, en especial cuando eran de naturaleza personal o social.
Como paciente de Damásio, Elliot realizó todo tipo de pruebas, hasta que el doctor comenzó a desviar su atención hacia una cuestión hasta entonces casi ignorada: las emociones. Damásio (2005) fue capaz de probar, después de una de las innumerables sesiones con Elliot, que el camino para descubrir lo que estaba pasando podría ser justamente ese. Decidió mostrar al paciente imágenes de catástrofes, como casas ardiendo, edificios desplomándose tras un terremoto, gente herida, etc., con el objetivo de intentar comprender de qué forma reaccionaba antes estímulos emocionalmente fuertes y desconcertantes.
LUÍS LOURENCO
“[Y] él m e dijo, sin ningún m argen de duda, que sus sentim ientos habían cam biado desde su enferm edad. Conseguía p ercib ir en sí mis mo que los asuntos que anteriorm ente le provocaban em ociones fuertes, y a no le suscitaban ninguna reacción, ni positiva ni negativa. ” (Da
másio, 2005, pág. 64-65)
Y fue en ese momento que la investigación de Damásio dio un paso de gigante. Imaginemos al aficionado más fanático de José Mourinho que, de repente, se da cuenta, al ver un partido de fútbol del Chelsea, que este partido ya no le dice nada. Imagínese un gol en la final de la Liga de Campeones e imagínese que la reacción emocional del aficio nado es la misma que si estuviera bebiendo un vaso de agua. O, si no, imagínense a alguien que contempla un paisaje magnífico y reacciona de la misma manera que si estuviera ante una visión de lo más trivial. En ambos casos, como puede ver, la persona ya había experimentado sensaciones fuertes y conmovedoras ante situaciones similares, por eso ahora se daba cuenta de que algo no iba bien. Es decir, la persona ya había experimentado emociones en situaciones similares y ahora era perfectamente consciente de que no sentía nada. Los ejemplos son numerosos, pero éstos bastan para entender el estado de Elliot: saber, pero no sentir. (Damásio, 2005) Dicho en otras palabras, Elliot era consciente del mundo que giraba a su alrededor, tenía noción de lo bueno y de lo malo, de lo que estaba bien y de lo que no, del blanco y del negro. Sin embargo, no conseguía sacar provecho de ello, espe cialmente en la vida real, porque estaba privado de emociones y, por lo tanto, le era igual seguir un camino u otro: no conseguía tomar de cisiones, escoger. Damásio escribe que comenzó “a pensar que la frial dad con la que razonaba Elliot le impedía atribuir un “valor” diferente a las diversas opciones, haciendo su camino de toma de decisiones desesperadamente llano.” (Damásio, 2005, pág. 70)
Después de Elliot y hasta 1993, Damásio estudió otros 12 casos similares sobre lesiones prefrontales. En todos ellos, observó conexio nes entre la pérdida de emociones y la falta de toma de decisiones. Las razones de esta asociación son explicadas por Damásio en sus obras
El error de Descartes (1995), La sensación de lo que ocurre (2000) y En busca de Spinoza (2003).