4 RESEARCH METHODOLOGY
4.3 The research method used in this study
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ser clocoadas al aazr, que las cosniruegemos leer iugal. La varded es
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¿Ha podido leer el párrafo anterior? Obviamente que sí.
Sin embargo, pocas son las palabras que están bien escritas. Enton ces, ¿por qué se pueden leer? Precisamente porque leemos las palabras como un todo y no letra por letra, juntándolas, para solo entonces poder asignarle un significado. La clave está, naturalmente, en com prender la palabra antes de pronunciarla. Además, éste es uno de los actos más naturales de los seres humanos. Por defecto, es así cómo percibimos todo lo que nos rodea, desde el día en que nacimos: pri mero vemos el todo y solo después vemos las partes. Cuando contem plamos un edificio, un paisaje o un animal hermosos, vemos primero su conjunto y hacemos un primer análisis. Sólo después distinguimos las partes. En el caso de un edificio, por ejemplo, absorbemos prime ro el todo, que inmediatamente nos causa una reacción inicial. Sólo entonces, si creemos que vale la pena, analizamos los elementos por separado. Es natural que observemos la puerta principal, las ventanas, los balcones, las escaleras y así sucesivamente. El conjunto es, por lo tanto, nuestra percepción primera y natural de las cosas del mundo que nos rodea. Sin embargo, actuamos en nuestra vida precisamente al contrario, en la mayoría de los casos. ¿Se acuerda de cómo apren
LUÍS LOURENCO
dió a leer y a escribir? No lo habrá hecho, seguramente, absorbiendo las palabras como un todo. Lo habrá hecho sumando las letras en un primer momento, después de aprender a reconocerlas aisladamente, y poco a poco, solo después, habrá sido capaz de ir configurando el sen tido final. ¿Recuerda la época en la que se esforzaba en vano por leer los subtítulos de algunas películas antes de que desaparecieran de la pantalla a una velocidad que parecía de vértigo? Sin embargo, a partir de un determinado momento esto dejó de pasar. ¡Victoria! Finalmente era capaz de leer una oración completa antes de que saliese de la pan talla, finalmente estaba preparado para ver películas extranjeras sub tituladas. Esta victoria solo fue posible a partir del momento en que pasó a visualizar las palabras como un todo, sin necesidad de juntar las letras una a una para descifrar su significado... Sin embargo, como ya he dicho, nuestra historia no es ésta. La manera como razonamos, nuestra manera de estar y de observar, no es ésta. Para entender mejor lo que digo tenemos que retroceder un poco en el tiempo, ni más ni menos que cuatro siglos.
Retrocedamos a los cimientos de nuestro pensamiento, o al mé todo científico, que modela todos nuestros estilos de vida y de ac tuación en este mundo. El paradigma del positivismo reduccionista, al que el filósofo Edgar Morin llamó paradigma de la simplicidad o reduccionismo, es un paradigma de pensamiento científico que atra vesó la historia del pensamiento occidental desde el siglo XVII hasta nuestros días. René Descartes le dio el mayor impulso, al separar, en el hombre, la mente del cuerpo humano. La evolución del “cogito,
ergo sum ” (pienso, luego existo) dio lugar a lo que pasó a ser conocido
como el “método científico”. Esta idea, quizás la más famosa de toda la historia de la filosofía, la hizo por prim era vez en la cuarta sección del Discurso d el m étodo, en 1637, y sugiere la idea de que el funda mento de la existencia se halla exclusivamente en el pensamiento o en el acto de pensar. O, si desea, a través de la instrumentalización de la materia existimos por separado como cuerpo y mente. Esta premisa no permite comprender la lógica cartesiana que separa la res cogitans (cosa pensante) de la res extensa (cosa material). La última adviene y sólo puede existir y tener sustancia en la primera. Ahora bien, fue precisamente con base a esta división — mente/cuerpo - que se fundó y desarrolló el método científico moderno. La división, la separación,
LIDERAZGO M OURINHO
la jerarquía, son los pilares de un pensamiento que se volvió opera- cional gracias a un método que trascendió cuatro siglos de historia occidental. De este método resultó la separación clara entre el domi nio de lo humano, como reflexión sobre su naturaleza - entregado a la filosofía - , y el dominio de la materia y/o del cuerpo - entregado al conocimiento científico. Así, filosofía y ciencia siguieron caminos dis tintos y separados, y al hacerlo difícilmente podrían valerse la una de la otra, interactuar y cooperar. El resultado fue que se replegaron sobre sí mismas, se cerraron en compartimentos separados. De esta escisión resultaron el paradigma de la simplicidad y su propósito: su principio
“tanto separa lo que está unido (disyunción) com o unifica lo que está dis perso (reducción) ” (Morin, 2003, pág. 86). Teniendo al hombre como
referencia, Edgar Morin nos deja con un ejemplo que ilustra bien lo que acabamos de decir:
“El hom bre es un ser evidentem ente biológico. Es, a la vez, un ser evidentem ente cultural, m etabiológico y que vive en un universo de lenguaje, de ideas y de conciencia. Ahora bien, estas dos realidades, la realidad biológica y la realidad cultural, p o r el paradigm a de la simplificación, tienen que ser separadas, reducidas de la más com pleja a la menos compleja. Por lo tanto, se estudiará al hom bre biológico en el cam po de la biología, com o un ser anatómico, fisiológico, etc., y se estudiará a l hom bre com o tal en e l campo de las ciencias humanas y sociales. Se estudiará e l cerebro com o un órgano biológico y el espíri tu, the mind, com o una fu n ció n o realidad psicológica. Se tiende a olvidar que e l uno no existe sin e l otro, o m ejor dicho, que e l uno es si m ultáneam ente el otro, aunque sean tratados p o r térm inos y conceptos distintos.” (Morin, 2003, pág. 86)
Este ejemplo, que plantea al hombre como una realidad diversa mente ordenada, pone en evidencia una de las principales deficiencias del pensamiento reduccionista: la no aceptación del caos. Por el con trario, sigue el camino del orden, olvidando que el desorden también es parte del universo, desde luego porque solo el desorden nos permite comprender el orden, y viceversa. Basta recordar a Boltzman, citado por Morin (2003), que llegó a decir que el fenómeno que llamamos calor no es más que un alboroto de moléculas o átomos. El paradigma reduccionista ve el uno y la multiplicidad, pero es incapaz de com
LUÍS LOURENCO
prender que el uno también puede ser, al mismo tiempo, múltiple. El cartesianismo separa y reduce lo complejo de lo menos complejo porque cree que separando, aislando y conociendo en detalle cada una de las partes se podrá conocer el todo, pues, según este paradigma, el todo es igual a la suma de las partes, y nada más que eso.
En el siglo XX este tipo de lógica se volvió obsoleta y dejó de con seguir dar respuesta a los nuevos problemas y cuestiones colocadas por el hombre. Un ejemplo de esta insuficiencia se sitúa en un dominio de lo humano muy cercano a nosotros, temporalmente hablando. Me refiero al Proyecto Genoma Humano.