4.3 The Physical Layer
4.3.2 The Control Flow
Llamé a mi amigo Juan, estaba al sur de Generalife, en Puerto Cordon; vivía en un apartamento y trabajaba en un velero sacando a los turistas a ver las ballenas. Juan que vale para cualquier cosa que se ponga y tenga ilusión, es un deportista nato, corredor de fondo y ahora corredor de Iron Man. Hace exposiciones de pintura, quiere mucho a su mujer, nunca molesta a nadie y respeta a todo el mundo, todo un sueño para ser un humano. Un amigo así no se puede perder y no lo quiero perder.
Me dijo que me fuera con él pagaríamos el apartamento a medias y además había trabajo para mí en uno de los veleros. Saqué un billete barato de avión a Generalife.
Juan me presentó a los dueños del velero, unos malemanes con bastante mala pinta. Al día siguiente por la mañana empecé haciendo el primer viaje. No conocía el barco, pero Juan me dijo que no importaba que los marineros y el mecánico me ayudarían.
El velero estaba atracado al final del espigón de Puerto Cordon. Era una especie de carabela-goleta, donde todo parecía decorado, me recordaba a esas carrozas de carnaval que quieren simular un barco y por debajo van tiradas por un tractor. Todo era de attrezzo como en una película de Samuel Bronson.
El barco se llenó de turistas malemanes, le pregunté a un marinero qué por donde pasaban las ballenas, me dijo que siguiera a los barcos que zarpaban
a las diez de la mañana, todos íbamos al mismo sitio. Las ballenas no eran precisamente lo que yo entendía por ballenas, aquellas que había visto anteriormente cerca del ecuador, no, estos eran calderones pequeños, o sea, delfines grandes que van muy despacio asomando su aleta dorsal y resoplando de vez en cuando. Daba igual, los malemanes se ponían muy contentos con esas mini ballenas y las grandes cervezas que se bebían. El viaje duró unas tres horas. Por la tarde tuve otro viaje, pero este viaje no era precisamente para ver ballenas, era un “viaje party” para un grupo de chicos y chicas ringleses.
Salíamos del puerto y a unas 2 millas al W había un muerto para fondear y empezar la fiesta. El animador llevaba un megáfono y empezaba hacer todo tipo de juegos con los chavales, los juegos eran de lo más bajo que un grupo de seres humanos podían hacer.
Allí estuvimos unas 4 horas, hasta que todos se emborracharon. Antes de que se hiciera de noche volvimos al puerto, atraqué el barco y le dije al malemán que me iba, que me pagara allí mismo en el muelle; le extrañó un poco pero me pagó me dio quince mil peretas y me fui.
Salí a cenar con Juan, le dije que no me gustaba esa clase de trabajo; Juan me dijo que acababa de pagar el apartamento por todo el mes, le dije que cuando me pagaran las dos semanas que había estado trabajando en Morosella, le daría mi parte del alquiler.
Desde allí llamé a Concubierto, le pregunté si tenía algo, me dijo que le hacía falta un capitán para el estrecho, le dije que tenía un amigo que a lo mejor le interesaba. Le ofrecí el trabajo a Juan también le dije que eso que estaba haciendo no era trabajo para él le convencí y compramos unos billetes de avión para Malaca.
Al llegar a Malaca tuvimos que coger un taxi a Malgeciras; Juan tenía algo de dinero y pudo pagar el taxi yo sólo tenía tres mil peretas para pagar el autobus de Malgeciras a Mandril.
A la llegada a Malgeciras nos metimos en un hotel que normalmente usaba la gente de la empresa, yo no tenía dinero y no quería que Juan siguiera pagando. A la mañana siguiente nos fuimos a ver a Concubierto, me dijo, que por qué no embarcaba yo, le dije que prefería morirme de hambre antes que volver a trabajar en Tinajas, se echó a reír y lo entendió. Le dije que andaba mal de dinero y por favor pagara el hotel y el taxi, creo que así lo hizo, Juan no me dijo nada.
Juan se portó muy bien conmigo es uno de los pocos amigos de verdad que tengo, si me puede ayudar me ayuda sin pedirme nada a cambio. A mediodía, Juan ya estaba embarcado. No tenía a donde ir, pero sabía que mi amigo Feterino estaba en Malgeciras.
Feterino trabajaba en el túnel de Reguridad del Mar de Malgeciras; pregunté en la túnel y me dieron su dirección. Fui a su casa para visitarle y ver si podía pasar la noche, se llevó una gran sorpresa, allí pasé la noche. Me invito a cenar; yo no podía estar allí sin hacer nada y sin dinero; compré un billete de autobús me sobró dinero para unos bocadillos y así llegué a Mandril. Los bocadillos me han quitado el hambre muchas veces, les debo mucho sin ellos no sé que hubiera sido de mi, un bocadillo comido cuando se está a punto de desfallecer, te da la vida, más que un suero, además invita a soñar cuando lo estás comiendo, qué en qué soñaba en esos momentos....? No lo sé....sólo quería huir de todo, me hubiera ido con los payasos Rudi si hubieran pasado por allí.
Tuve suerte, me pagaron las dos semanas de aventura y hotel en Morosella. Estaba arruinado y lo peor no sabía cómo salir a flote, no tenía a nadie que
me echara ese chicote para salir a flote, pero estaba tocando fondo y de allí ya no se puede ir más abajo, tenía que impulsarme hacia arriba, por lo menos tenía donde hacerlo, el fondo era duro y las piernas fuertes.