Chapter 3 Coinductive Verification
3.2 Correctness of Coinductive Program Verification
104/ Mirar la infancia: pedagogía, moral y modernidad en Colombia
ceptoras, sino en otras “especialmente apropiadas para guardar representaciones enteras” . 1 La conclusión de Sieber es extraña por varios aspectos:
Esta explicación no puede satisfacer totalmente, y me atrevo a creer que ninguna teoría de base fisiológica, llega a ser suficiente porque prescinde de un factor importante: el alma. Ya una sensación no es comprensible sin alma, menos una repre sentación por tener un carácter más espiritual que la sensación. Indudablemente entrará en la representación también un proceso fisiológico, pero el escenario propio de la representación lo busco por mi parte en el alma.72
Respuesta lógica por una parte, pues la frontera entre lo físico y lo metafísico ha retrocedido hasta la última neurona; no hay allí más que fisiología. Pero su efecto es curioso: es como si el lugar del alma quedase localizado por fin en ese espacio infinitesimal que resta entre la corteza cerebral y el cráneo. Y así se indica en los diagramas que Sieber enseña a los maestros. Lo otro notable del texto es su tono dubitativo: “ lo busco por mi parte” es un giro de opción personal, como una hipótesis entre otras, bien lejos de aquel tono católico de fin de siglo, tono de autoridad científica y dogmática. Por mucho que se hubiesen opuesto, el camino de los psicólogos católicos no logró evitar el paso de perder el alma como sustancia; y en efecto, ésta terminó por ser una función, que al no poder ser orgánica, sólo quedaba verla como hipotética. Hipótesis y duda que se asumen por efecto de la ciencia, y frente a las cuales deben los católicos recuperar la certeza y el dogma, recurriendo a la filosofía y la teología. Entre ese pliegue, la Iglesia católica participó como protagonista en el ingreso de la modernidad no sólo técnica sino filosófica al país, pero perdió por sí misma su rostro, o al menos el rostro que se preciaba de mostrar: literalmente empezó a vivir, desde este período, con el alma separada del cuerpo.
El juego de la neoescolástica, sacar el alma del campo de lo visible para recuperar la autonomía de lo filosófico, le implicó situarse en la investigación sobre la fisiología del sistema nervioso y sobre los fenómenos de comportamiento no consciente; y acep tar que en la determinación de la conducta humana no bastaba
71 Ibíd., p. 41. 72 Ibíd.
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con una teoría lógica de las relaciones con la verdad y el error, como tampoco con una teoría de la voluntad consciente como fundamento de la moral; con lo cual el principio de autoridad doctrinal del magisterio eclesiástico quedó desplazado defini tivamente, pero no en el sentido de eliminado del mundo moderno, sino apoyado en nuevos ejes. El magisterio ecle siástico regresa por la puerta de atrás, por el mismo camino de la ciencia. La experiencia religiosa efectivamente cambia de fundamento, pues ya para nadie los objetos están cubiertos con el velo religioso. Dios no debe librar sus batallas para ser visto o dejado de ver entre los objetos, para ser inferido desde las cosas, como en el racionalismo o empirismo clásicos; ahora ha de pelear por no desaparecer al borde del microscopio, del escalpelo, a fuerza de silogismo filosófico.Como quien dice: luego de que las ciencias naturales se anexan a la psicología, la pregunta parece ser angustiosa y de moledora para los creyentes: ¿qué es el alma? ¿dónde reside? ¿es una función orgánica? ¿es una hipótesis incomprobable en el laboratorio? Pero aceptar los hechos científicos será también asumir los problemas teóricos, el campo de discusiones de la “ciencia biológica, y era, de modo ambiguo, aceptar los hechos del evolucionismo, “ su parte cierta” como dijo Carrasquilla, para precaverse de su filosofía. Se dirá que exageramos. No, hemos mostrado cómo el catolicismo aceptó, incorporó y difundió en pedagogía los elementos modernos de la biología, pero se negó a incorporar sus consecuencias filosóficas. Tan paradójico como que al mismo tiempo que ocurre la condenación de la Iglesia romana al darwinismo, y la admonición pastoral de la jerarquía colombiana contra los profesores considerados demasiado cer canos al materialismo — así fueran conservadores, como el médico Miguel Jiménez López, o Miguel Roberto Téllez— ; al mismo tiempo, decimos, en un texto de filosofía editado en Managua y distribuido para todas sus escuelas normales en los países lati noamericanos, los lasallistas terminaban admitiendo, en 1928, que no era sólo posible sino además probable, la armonía entre el dogma católico y el evolucionismo:
La intervención divina es indispensable especialmente cada vez que se trata del paso de un ser de orden inferior a otro de orden superior, por ejemplo, de la materia bruta al vegetal, del vegetal al animal, y de éste al hombre. Así entendido el sistema evolucionista no se
opone a los dogmas religiosos, es admitido por numerosos sabios católicos modernos y, si con el tiempo llega a presentar pruebas de peso a su favor, nada impedirá adherirse a él.73
En este sentido, hay que mirar de modo más complejo lo que se ha denominado tanto secularización como dogmatismo an ticientífico. La gran dificultad para analizar este fenómeno reside justo en que sólo se observa la superficie del movimiento político: el manejo excluyeme y vertical de la jerarquía, la sobrecarga apologética y doctrinal, la lucha por mantener la autoridad y privilegios del aparato, el fanatismo político-religioso; todo ello creó un efecto de polarización entre lo sagrado y lo profano, entre lo conservador y lo liberal, cuya función política ha sido ya denunciada: la realimentación del sistema bipartidista y la desar ticulación entre los espacios de lo político y lo social.74 Pero todo este aparato religioso-político no podría funcionar sin el trabajo
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73 Hermanos de las Escuelas Cristianas. Profesores del Instituto