Hábitos
Rutinas
Roles
Rituales
11.3. PAUTAS PARA EL ABORDAJE DE LA ANOREXIA Y BULIMIA NERVIOSA EN TERAPIA OCUPACIONAL
López, et al (48) establecen un listado que elaboraron a partir del análisis de programas de prevención que puede resultar relevante para la estructuración y creación de futuros programas de prevención de trastornos alimentarios y para efectos de su misma investigación:
Aumentar la cantidad de evaluaciones controladas
Aumentar el tamaño de las muestras
Informar y controlar posibles diferencias en función de los participantes que completan el programa y los que lo abandonan
Realizar estudios que comparen diferentes intervenciones entre ellos
Realizar sesiones de refuerzo una vez finalizada las sesiones de intervención establecidas inicialmente
Usar diseños de desmantelamiento que permitan identificar qué componentes son más eficaces
Hacer uso de instrumentos de evaluación estandarizados
Realizar un seguimiento más extenso
Examinar los factores que pueden mediar los efectos de la intervención y efectuar replicaciones independientes de los programas más prometedores.
Tabla # 13 Patrones de ejecución (todos los artículos) PATRONES DE EJECUCIÓN CANTIDAD Hábitos 24 Rutinas 24 Roles 24 Rituales 21 TOTAL 93
Fuente: Elaboración Propia, Agosto 2016.
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11.3.1. TIPOS DE PREVENCIÓN
Referente a los efectos del proceso de intervención Mora, et al (49) establecen que las altas tasas de prevalencia, lo resultados del pronóstico y tratamiento para los trastornos de la conducta alimentaria (TCA) sugieren a los programas preventivos como una tarea urgente de salud pública. Stice, Shaw y Marti (50) afirman que los programas centrados en la prevención selectiva generan mayores efectos que los de prevención universal. En consonancia, López, et al (48) encuentran que en su mayoría los programas de prevención universal han arrojado resultados poco favorables para reducir los factores de riesgo; en algunos casos en su evaluación post programa evidenciaron cambios, sin embargo, cuando realizaron la re- evaluación después de un tiempo identificaron que ya no existían cambios significativos, por lo cual estos programas no resultan efectivos en el tiempo. Padial (51) en el ¨Programa de Atención a la Salud Mental de la Infancia y Adolescencia¨ reconoce a los trastornos de la conducta alimentaria como “patologías graves de salud mental”; contempla que la evidencia de que gran parte de las anorexias y bulimias graves inician en la preadolescencia o adolescencia, es necesario diseñar programas de prevención universal o primaria, y al terminar este proceso, involucrar a la persona en programas de prevención selectiva o especializada.
En relación con la prevención selectiva, Berger, et al (52) en su revisión encontraron que las características de programas de prevención exitosos: a) formato interactivo, b) prevención selectiva, c) múltiples sesiones, d) población femenina, e) población femenina mayor de 15 años, y f) a cargo de profesionales. Por otra parte, López, et al (48) identificaron que los mayores efectos para reducir los factores de riesgo son generados por programas selectivos, interactivos, con sesión múltiple, dirigidos a población femenina, con edad superior a 15 años, haciendo uso de instrumentos validados y realizado por personal experto.
Raich, Portell y Peláez (50) opinan que las formas de intervención universales de prevención pueden ser eficaces, sin embargo, cuando los individuos presentan factores de riesgo específicos se deben orientar intervenciones preventivas para abordar las cuestiones relacionadas con los factores de riesgo, es decir, prevención indicada. Igualmente Stice, Black y Yokum (53) indican que los efectos de intervención significativamente más grandes, tienden a surgir para los programas que se dirigen a individuos de alto riesgo (frente a una población universal), porque los programas de prevención indicada son de naturaleza interactiva, centrados en los factores de riesgo demostrados para predecir la futura aparición de trastornos de la alimentación (por ejemplo, la insatisfacción corporal), y se puede utilizar un formato multi-sesión.
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11.3.2. ENFOQUES
Los enfoques que se implementan en los diferentes programas giran en torno a la aceptación del cuerpo como medida principal, la selección de este enfoque en la mayoría de programas de prevención de trastornos alimentarios según Stice, Shaw y Marti (50) radica en que la insatisfacción corporal es un desencadenante de otros factores de riesgo como comportamientos poco saludables, dietas y vómitos, por lo cual al enfocarse en la aceptación del cuerpo, se estarían previniendo otros comportamientos que pudieran incrementar el riesgo de adquirir un trastorno alimentario. De igual manera Pineda y Gómez (19) plantean que el objetivo con éste enfoque es que se asuma una posición menos estricta con aquellos ideales corporales que difiere del ideal de delgadez que predomina, siguiendo en la misma línea Sjostrom y Steiner-Adair (54) proponen que se debe empoderar a aquellas personas que se encuentren en riesgo de desarrollar un trastorno alimentario de manera que acepten y se valoren a sí mismas como son, y que además sean líderes que puedan proporcionar apoyo a otros. Mora, et al (49) concuerdan en que un enfoque de empoderamiento y la oportunidad de liderazgo permitirán a las personas una reflexión crítica que lleve a una auto-mejora de la concepción que tienen sobre sí mismas.
Por otro lado Stice, Shaw y Marti (50) plantean que los diversos enfoques que han usado programas de prevención exitosos demuestran que se puede y se debería utilizar más de un enfoque en la prevención de trastornos alimentarios. Mora, et al (49) plantean dos enfoques para un programa de prevención, un enfoque basado en la nutrición donde se tratan conceptos básicos de alimentación equilibrada y la promoción de la salud física, y un segundo enfoque sustentado por el Modelo Social Cognitivo de Bandura el cual plantea que los factores socioculturales moldean las creencias y comportamientos de las personas debido a la relación recíproca que se encuentra entre la persona y el medio ambiente, a partir de esto los autores proponen como estrategia la alfabetización mediática donde se busca criticar el modelo femenino imperante que exigen los medios de comunicación y fomentar un pensamiento crítico que conlleve a un bienestar. Sin embargo Stice, Black y Yokum (53) mencionan que las evidencias sugieren que un enfoque con la participación de la comunidad resulta más eficaz que un enfoque que trabaje solo con la persona con riesgo de algún trastorno alimentario, esta idea la continúan Berger, et al (52) los cuales bajo un enfoque Biopsicosocial proponen comprender la complejidad de los trastornos alimentarios como el resultado de múltiples factores, por lo cual los programas de prevención deberían estar encaminados a intervenir con igual fuerza el componente social de las personas, incluyendo familia, amigos y comunidad. Esta idea la apoya Díaz Ceballos (61) al proponer un programa de prevención enfocado principalmente en los entrenadores de deportistas, ya que éstos podrían detectar posibles casos en riesgo de desarrollar un trastorno alimentario y funcionar como agentes de apoyo para las personas que lo requieran. Padial (51) propone ampliar más el panorama en los enfoques para los programas de prevención e incluir la salud pública como una estrategia para generar debates sociales, intervenciones
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