CHAPTER 7. Cyberinfrastructure for contamination threat management in water
7.2 Description of the overall cyberinfrastructure
7.2.3 Coupling the simulation and optimization components
La voluntad de asociación con la comunidad constitu- ye uno de los mejores índices de la formación de capi- tal social. Desde un enfoque sociológico, esa voluntad se define como la “capacidad de los individuos de trabajar jun- to a otros en grupos y organiza- ciones para alcanzar objetivos comunes” (Coleman, 1997). Esa capacidad de asociación está determinada por el grado en que se compartan normas y valores como por la facilidad de subordinar los intereses in- dividuales por los colectivos. El debate sobre la participación –social, ciudadana y comunal– ha estado mediado al menos por dos fuertes referentes que, no sólo son disímiles entre sí, sino completamente antagóni- cos: la perspectiva de la gobernabilidad, es decir, de la funcionalización de las políticas públicas en los secto- res sociales que son su objeto4, y la perspectiva de la autonomía y la emancipación social y popular. Sin embargo, se ha dado un desplazamiento matizador, reconociendo diversas formas de participación que no caben exactamente en las perspectivas anteriores, ta-
les como los llamados valores posmateriales, centra- dos en el derecho a la autonomía, el reconocimiento y la identidad, sin desconocer los horizontes básicos que orientan los intereses de la acción social.
De allí que la interpretación deba fijar unas nociones límites que diferencien, de manera inicial, el propósito de esta indagación: distinguir primero entre sociabili- dad y asociatividad y, en un segundo momento, entre participación delegada institucionalizada, clara en los mecanismos de la representación electoral. Mientras que la primera distinción privilegia la organización de las personas en función del beneficio colectivo, (Cole- man, 1997), la segunda se refiere a participación en instituciones que influyen la capacidad de las personas para cooperar para beneficios mutuos (Knack, 1999). De acuerdo con lo anterior, en esta sección se analiza cuál ha sido el papel de la comunidad frente a las ins- tancias de participación y frente a las organizaciones creadas por la misma comunidad, con el objetivo de comprobar el nivel y características del capital social. La información recolectada al respecto sugiere que el capital social en el Eje Cafetero es bajo en cuanto a la participación, pero cualificado por cuanto la gente toma decisiones y la participación genera correspon- sabilidad a través de contribuciones a las organizacio- nes a las cuales pertenece; sus fuentes fundamentales son la democracia local y la institucionalidad cafetera (Recuadro 5.4).
Sobre la primera característica se encontró que sólo en 14,3% de los hogares del Eje Cafetero al menos uno de sus miembros participa en organizaciones comu- nales, nivel muy reducido respecto de la proporción de asociación que Sudarsky encontró para el país (43%). Sin embargo, ya Cuéllar (2000) había señalado que los habitantes de la región central colombiana (Antioquia y la zona cafetera), reconocidos tradicio- nalmente por su aporte a la construcción de una so- ciedad relativamente próspera, igualitaria y autóno- ma y con gobiernos más eficientes, participan menos en agremiaciones voluntarias.
4 Según Narayan y Prichett (1999), el capital social, se considera como una de las estrategias más importantes para la reducción
de la pobreza, puesto que facilita la acción colectiva de la comunidad. El desafío para los gobiernos nacionales es formular las políticas y el marco de las reglas que permiten variaciones en la forma, la velocidad y la duración de la acciones colectivas en la generación y el manejo de los recursos locales que crean los incentivos para que el sector privado y los intermediarios civiles de la sociedad apoyen la toma de decisiones y la capacidad de organización entre los pobres.
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El capital social en el Eje Cafetero es bajo en cuanto a la participa- ción, pero cualificado por cuanto la gente toma decisiones y la participación genera corresponsabilidad a través de contribucio- nes a las organizaciones a las cuales pertenece; sus fuentes fundamen- tales son la democracia local y la institucionali- dad cafetera.
La participación de la población de las zonas rurales y de los hogares cafeteros sigue la misma tendencia que el agregado regional. Las organizaciones de acción co- munal son las más consolidadas entre la población rural (30%), les siguen las religiosas (16%) y por últi- mo las políticas (14%). En la zona urbana, los resulta- dos no difieren de manera significativa. Las organiza- ciones de acción comunal, aparecen de nuevo como las más importantes para la población que participa (28%), seguidas por las religiosas (26%), en tercer lu- gar aparecen las organizaciones de tercera edad (12%) y, por último, las organizaciones políticas (11%). La periodicidad en la realización de estas actividades es, en mayor grado, semanal (46%), mensual (22%), trimestral (15%) y semestral (7%).
En cuanto a la cualificación de la participación, se halló que 73% de quienes hacen parte de alguna organiza- ción comunal en el Eje Cafetero participa en la toma de decisiones. El trabajo es la principal forma de con- tribución de los hogares (40%) a las organizaciones en las cuales participan, seguido de la contribución finan- ciera (25%) y el aporte en especie (15%). Tan sólo 19% de los hogares que participa no realiza ninguna clase de contribución.
A manera de síntesis, y apelando a los hallazgos de Cuéllar, se puede afirmar que la población del Eje Ca- fetero se caracteriza por una muy baja participación en organizaciones horizontales, orientadas a la bús- queda del bienestar colectivo. Al respecto, de acuerdo con el índice de actividad asociativa5 (Gráfico 5.1) En Pensilvania (Caldas), como en cien-
tos de municipios de Colombia, la vio- lencia de unos pocos parece imponer- se sobre la voluntad de no-violencia de cantidades de habitantes trabajadores. Sin embargo, este pueblo se rebeló con- tra el miedo y el dolor y unió las ganas y la lucha de muchas manos para con- trarrestar y r echazar el conflicto arma- do que tanto lo agobia.
La unión hace la fuerza
A mediados de 2000 y dando respues- ta a una gran movilización de pobla- ción nace Pensilvania Comunidad Viva, un proceso de rechazo a las acciones violentas por parte de la ciudadanía que buscaba a través de actividades simbólicas escudriñar en el alma del municipio para encontrar lo que somos en la región, nuestros problemas y orí- genes, y la definición de unos intere-
ses comunes a favor del desarrollo regio- nal y la convivencia pacífica.
Esta idea de hacer algo para enfrentar la cruenta situación de guerra se venía co- ciendo desde 1999 con Pensilvania, La- boratorio de Paz cuando se organizó a la comunidad para sensibilizarla frente a la amenaza de la violencia. Luego, en marzo de 2000 el mismo grupo de ciu- dadanos sin distinción política, religio- sa, social o económica, convencidos del potencial humano de la gran mayoría de los habitantes del municipio, busca- ron los mecanismos de participación ciu- dadana y la atención de todos los secto- res para unir al pueblo pensilvanense en pos de la paz.
Compromiso de corazón
El 20 de agosto de 2000 se realizó una consulta popular ciudadana donde RECUADRO 5.4
Un experimento de paz En Pensilvania, una comunidad viva
3.983 ciudadanos votaron por la Procla- ma Pensilvania Comunidad Viva, con el siguiente texto:
Yo como hijo y habitante de Pensilvania, que amo este espacio geográfico, deposito
RECUADRO 5.4
Continuación
mis esperanzas en la construcción de rela- ciones de amor, solidaridad y justicia social en mi familia, en la escuela, en el trabajo, en la barra de amigos y en la comunidad en general. Haciendo uso del poder soberano que tengo como ciudadano expr eso que quiero pertenecer al proceso de participa- ción ciudadana Pensilvania Comunidad Viva, me comprometo a tener una actitud más tolerante y comprensiva frente a los demás, me comprometo a respetar y a pro- mover los derechos humanos, me compro- meto a buscar soluciones pacíficas para to- dos los problemas sociales, políticos o económicos que se me presenten en el día tras día, rechazo toda forma de violencia venga de donde venga y me declaro enamo- rado de la vida.
Eventos de paz
Han sido varias y muy diversas las accio- nes simbólicas realizadas para reunir a
los pobladores y hacerlos partícipes de la propuesta, incluso en medio de tomas e hostigamientos por parte de los acto- res armados. Se han llevado a cabo: un ciclo de talleres: desaprender la violen- cia desde la no-violencia y la resistencia civil, caracterización de la región y con- ciencia histórica. También se realizó la Segunda exposición equina de caballitos de palo, marchas y movilizaciones, el Pri- mer festival de cometas, la Jornada de fe y esperanza en protesta contra las Farc por la amenaza a nuestros alcaldes y concejales, el Festival de luces y el En- cuentro de colonias.
Sensibilización y compromiso
El proceso hasta el momento revela un importante logro en cuanto a la sensibi- lización de los pobladores de los muni- cipios de la región a favor de asuntos
públicos como la paz, la participación ciudadana y la construcción de la de- mocracia.
Esta organización ha significado para el municipio una esperanza para vivir en paz, el pueblo se ha podido mani- festar y decir a los violentos que nos deje tranquilos, que nos dejen traba- jar; que si ellos buscan una justicia so- cial, aquí se tiene en cierta forma. Los problemas de convivencia y segu- ridad ciudadana prosperan con ma- yor rapidez ahora, aunque no exista una respuesta por parte de los actores sociales o las instituciones públicas y privadas para evitarlos. Nuestro com- promiso es, sin duda, replicar esta ex- periencia en los municipios vecinos, siendo conscientes de que cada región tiene una problemática diferente z
Gráfico 5.1
Índice de actividad asociativa por departamentos. Colombia
como referente de la dinámica del capital social, se tie- ne que, salvo por Risaralda, los departamentos de la región se ubican entre los de menor rango entre 23 departamentos –posiciones 3 (Quindío) y 7 (Caldas). En comparación con la participación comunal, el gra- do de participación social en el Eje Cafetero es alto (48% de los hogares), y es superior en la zona urbana (52%) y entre los hogares no cafeteros (49%) frente a la rural (41%) y los hogares cafeteros (44%).
Los mecanismos de participación social más utiliza- dos son las votaciones para elecciones municipales (46% en las zonas urbanas y 34% en las rurales), para otras elecciones gremiales (14% y 10%, respectivamen- te) y para las elecciones cafeteras (24% en la zona ru- ral y 7% en la urbana). La relativamente importante participación de la población rural en las elecciones cafeteras, lo mismo que la ligeramente mayor partici- pación social de los cafeteros frente al agregado rural, confirma que el café es un capital social estratégico para el país. A ese respecto, la Comisión de Ajuste de la Institucionalidad Cafetera (2002) señaló que
el café en Colombia, más que un producto agrícola de exportación, es ante todo un tejido social, cultural, ins- titucional y político que ha ser vido de base para la esta- bilidad democrática y la integración nacional… El culti- vo del café y su institucionalidad han resultado en la constitución de un amplio tejido social, el cual ha teni- do efecto sobr e las condiciones de vida de 566 mil fami- lias cafeteras.
En la misma dirección, la Comisión señala que existe un gran sentido de organización social, que se mani- fiesta a través de Juntas de Acción Comunal, Comi- tés Departamentales y Municipales de Cafeteros, Gru- pos de amistad y de trabajo veredal, ecológicos e infantiles. Existe, de igual modo, una gran capacidad de veeduría y fiscalización de bienes públicos y otros gastos institucionales (control social), además de un respeto por las decisiones de la mayoría, fruto de un ejercicio electoral cafetero, mediante el cual se eligen de manera democrática los representantes a los comi- tés (nacional, departamentales y municipales) de un elevado número de pequeños productores.
En los tres departamentos se presentó una tendencia similar en cuanto a las diferencias en la participación social, hecho que se refuerza al analizar el Eje Cafete- ro en su conjunto. La participación en la votación de
elecciones municipales, siempre fue mayor en la zona urbana que en la rural, mientras que, por razones ob- vias, las elecciones cafeteras sobresalieron más en las zonas rurales.
Los miembros de los hogares que no participan mani- festaron que la principal razón es la falta de informa- ción (51%), el hecho de que no se ven los resultados (18%) y la falta de tiempo (13%). Es decir, la descon- fianza sólo explica una parte menor de las razones por las cuales no se participa.
Con el fin de evaluar el tema de la solidaridad, que también es central en la conformación de capital so- cial, la EDH indagó por las acciones que los propios individuos pueden realizar para ayudar a superar la crisis. Ante la pregunta ¿qué podría hacer usted para enfrentar la crisis? la mayor parte de los hogares urba- nos y rurales de la región (38%) señaló que su princi- pal aporte es “trabajar”. En segundo lugar, aparecen las opiniones que se relacionan más con la comunidad
y con el entorno exterior: 11% piensa que la ayuda a la comunidad es su mejor manera de contribuir a su- perar la crisis, mientras que 11% señaló que su aporte consiste en ser un buen ciudadano. El 8% de los hoga- res percibe que no puede hacer nada ante esa situa- ción, lo que sugiere que sus expectativas son muy ne- gativas, dada la persistencia y gravedad de la crisis. Este resultado es preocupante y amerita ser conside- rado en la construcción del pacto para el desarrollo humano en la región.