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Se calcula que la Tierra tiene alrededor de 4.500 millones de años de edad y que exis-

tirá unos 5.000 millones más. Eso significa que, si se hiciera una equivalencia entre la edad de

la Tierra y lo que vive una persona longeva, es decir, unos 80 años, nuestro planeta hoy tendría 36 años. La humanidad (desde los primeros homínidos) sería una enfermedad que comenzó a incubar hace un par de semanas y estaría sintiendo los efectos preocupantes y dañinos del retrovirus Homo sapiens desde hace unos 40 minutos (aparición de la agricultura) y fuertes

dolores en la piel y fiebre desde hace unos 10 segundos, es decir, las últimas cuatros décadas

de desenfrenado consumo de energía y pérdida de la biodiversidad.

¿Será una enfermedad que la mate de manera fulminante, o apenas una molestia de la

que saldrá avante? No sobra recordar que en la historia clínica de la paciente figuran varios epi-

sodios similares que padeció en los últimos cuatro años de su vida. Las extinciones masivas del

Cámbrico-ordovícico, hace tres años y 11 meses; las dos del ordovícico-Silúrico, hace tres años y medio; dos años y nueve meses atrás, la del devónico; hace dos años, la del Pérmico-Triásico,

y hace apenas seis meses, la del Cretásico-Terciario, en la que desaparecieron los dinosaurios. El anterior símil tiene por objeto mostrar, por un lado, que la Tierra se ha sobrepuesto a varias extinciones masivas. Pero también señala que, en la escala geológica del tiempo, la pre- sencia del hombre sobre la faz de la Tierra ha sido un episodio esporádico y que, sin embargo, su paso por el planeta, sobre todo en las últimas décadas, ha resultado tan devastador como los impactos de meteoritos y cometas, los cambios de polaridad y del eje de la Tierra, la explosión de supernovas cercanas y las glaciaciones, que son consideradas como algunas de las probables causas de las extinciones masivas que ocurrieron en tiempos remotos.

Los estudios indican que en este momento se pierden especies de fauna y flora a un

ritmo mil veces mayor del que tendría lugar sin la presencia del hombre. Esto plantea un debate ético, puesto que una especie que ha estado presente en la Tierra en una fracción de tiempo tan pequeña no debería arrogarse el derecho a destruir la vida en la proporción tan devastadora en que lo hace.

Aaron Bernstein hizo un pequeño acercamiento del estado de peligro en el que se encuen-

tran algunas de las especies. La tercera parte de las especies de anfibios está por extinguirse. de

las especies de tiburones, el 32 por ciento se encuentra en peligro. Con respecto a los primates, la mitad está en peligro de extinción. Las principales causas de estos eventos son la pérdida de hábitat y el fenómeno del cambio climático.

Son varios los motores de pérdida de la biodiversidad, y varios de ellos fueron exami- nados por los participantes en algunos de los eventos académicos del Año Internacional de la Biodiversidad.

Entre ellos se destacan la deforestación, que trae como consecuencia la fragmentación de ecosistemas. Las causas de la deforestación son muy variadas: expansión de la frontera agrícola (ya sea por parte de colonos sin tierra que tumban bosques para abrir parcelas de subsistencia o proyectos agrícolas de gran envergadura), plantación de cultivos ilícitos, urbanización, extracción

Una de las consecuencias de la deforestación es la fragmentación de los ecosistemas.

Luego de una tala es frecuente que queden pequeños parches de vegetación original. Sin embargo, en áreas tan reducidas y aisladas es probable que no puedan sobrevivir algunas especies que requieren de grandes áreas.

Otro motor de pérdida de la biodiversidad es la contaminación de los suelos, las fuentes de agua dulce, los océanos y el aire.

El fenómeno que más llama la atención de los medios masivos de comunicación en la actualidad es el cambio climático. Stuart Pimm considera que la mejor manera de entender cómo se comportan las especies en la actualidad y lograr un mayor impacto en las políticas de conserva- ción es conocer la manera como estas se extinguen, la dinámica de la deforestación de los bosques tropicales y los efectos que provoca el cambio climático en la pérdida de la diversidad biológica. El trópico es la región con mayor biodiversidad, donde se concentra un gran número de especies. Sin embargo, una cosa es la cantidad de especies y otra el tamaño y la vulnerabilidad de las poblaciones de cada una de ellas. Además, en los trópicos las interacciones entre distin- tas especies es muy compleja, así que el daño directo ocasionado a una de ellas puede poner en aprietos a varias más.

Por este motivo muchas de ellas presentan un rango de distribución pequeño, lo que pro- voca un alto nivel de vulnerabilidad. Estas especies son mucho más propensas a la extinción que aquellas con un rango de distribución más amplio. En la zona norte de la cordillera de los Andes en Colombia, hay un gran éxito de especiación en rangos pequeños, lo cual genera una alta biodiver- sidad en la zona, y al mismo tiempo, la convierte en una de las más vulnerables. Así mismo sucede con Chocó y la costa Atlántica, regiones que albergan una gran diversidad en áreas pequeñas.

Se presume que los eventos de extinción sucederán en lugares que presenten una alta riqueza de especies con un rango de distribución estrecho.

Sebastián Winkler señala que muchas veces la pérdida de especies es silenciosa. Des- aparecen especies que nunca se llegaron a conocer. Puede ser por cambio climático o por trans-

formación de ecosistemas. Considerar la pérdida de biodiversidad es un desafío humano. “Cono-

cemos mucho mejor la Luna que nuestros océanos”. Pero el gran interrogante y el gran reto que se plantea es: ¿por qué estamos perdiendo la biodiversidad y cómo la podemos conservar? ¿Cuál es el costo de la inacción cuando se pierde la biodiversidad?

El cambio climático es un efecto masivo y complejo que implica muchos procesos. El aumento de temperatura previsto en el trópico es mucho más leve. Sin embargo, muchas de las especies tropicales son sensibles a muy pequeños cambios de temperatura. Los efectos del cambio climático son más drásticos con aquellas especies que se han adaptado a vivir a grandes alturas.

Un ejemplo de esto son las especies de aves Tijuca atra y Tijuca condita, que habitan en alturas donde la temperatura alcanza los 2 grados centígrados. Si aumenta la temperatura, especies como estas se encontrarían en un gran peligro de extinción, pues desaparecería el hábitat propicio para que sobrevivan.

Por su parte, Carlos Jaramillo explica que a lo largo de los tiempos, la Tierra ha experi- mentado varios cambios climáticos. Señala que la mayoría de los bosques no exceden una tempe- ratura de 28 grados centígrados. Sin embargo, en los bosques de la zona tropical las precipitaciones mantienen una temperatura máxima de 27 grados, y de esta manera crean el ambiente adecuado para el mantenimiento de las plantas. Los vertebrados del trópico se han adaptado para vivir en estas condiciones climáticas. Esto los hace muy vulnerables frente a un aumento de temperatura, lo que los convierte en especies de distribución restringida.

A diferencia de los bosques tropicales, los bosques secos y los ecosistemas de sabana, donde la precipitación no supera los 2.000 milímetros anuales, se alcanzan temperaturas supe- riores a los 28 grados.

Otro de los motores de pérdida de la biodiversidad son las especies invasoras. Como señala Sílvia Ziller, con respecto al espacio que ocupan, las especies se pueden catalogar en tres categorías:

Especies nativas Son aquellas que han evolucionado en un ambiente particular, por ejemplo, el páramo. Este concepto no tiene nada que ver con fronteras políticas. Las especies son nativas de un ambiente, no nativas de una división política. Los límites de su distribución

natural los definen cuestiones geográficas, climáticas y fronteras naturales.

Especies exóticas Son aquellas especies, subespecies o taxa de menor jerarquía, introducidos fuera de su área de distribución natural. Es parte de cualquier especie, que pueda eventualmente reproducirse y formar poblaciones, pueden ser semillas, huevos o individuos. Esto no

significa algo positivo o negativo. Significa que las especies están fuera de su ambiente

natural y que posiblemente se están reproduciendo e interactuando con otras especies. Algunas especies exóticas pueden llegar a ser útiles para el ser humano. Varias son ren- tables como especies ornamentales, funcionan como especies para procesos de refores-

tación o son fuente de alimento. “El desafío justamente es comprender lo que es útil, lo

que pueda ser utilizado pero en equilibrio con la naturaleza para que no cause daños”.

Especies exóticas invasoras Son un pequeño grupo dentro de las especies exóticas que están

fuera de su hábitat y tienen una capacidad particular de reproducirse mucho, de domi- nar los ambientes donde llegan y de desplazar especies nativas, afectando los servicios ecosistémicos, las funciones de los ecosistemas, la producción de agua, la fertilidad de

suelos y los polinizadores. Cuando a una especie se la cataloga como exótica invasora, la connotación es negativa porque le causa daño a otras especies, hábitats o ecosistemas.

Uno de los impactos más fuertes que causan las especies exóticas invasoras es la reduc-

ción de la resiliencia de los ecosistemas (ver capítulo 5). Cuando estas especies dominan un ambiente crean un desequilibrio en el medio natural y los sistemas, por sí solos, pier- den la capacidad de rehacerse y restaurarse.

Ciertas especies invasoras son más peligrosas que otras porque pueden alterar procesos ecológicos determinantes. Algunos árboles requieren grandes cantidades de agua para crecer y consumen toda el agua disponible. Pueden también alterar los ciclos de incen- dios naturales en ecosistemas como las sabanas, que dependen de este fenómeno para subsistir. Al volverse más frecuentes o más voraces como consecuencia de la llegada de una especie invasora de árboles, el ecosistema ya no está en capacidad de renovarse tras los efectos del fuego. Las especies que provocan cambios radicales en los ecosistemas son llamadas transformadoras y por eso muchas veces son la prioridad en los programas de control y prevención de especies invasoras.

Otro fuerte impacto de las especies invasoras es la disminución de las poblaciones de especies nativas. No hay mucho conocimiento en términos estadísticos pero, de acuerdo

con los datos suministrados por Sílvia Ziller, en Estados Unidos más del 50 por ciento

de las especies nativas están amenazadas, y la causa principal es la presión que sobre ellas ejercen las especies exóticas.

Las especies exóticas invasoras causan también pérdidas económicas, ya que muchas de ellas, al no tener depredadores naturales que controlen el crecimiento de sus poblaciones, se convierten en plagas en los cultivos.