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CREATION OF TPSS WHAT HAVE WE LEARNED?

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CREATION OF TPSS WHAT HAVE WE LEARNED?

con pinturas más conocido, que incluye la cueva propiamente dicha, los paredones hacia ambos lados de la entrada de la cueva y dos extensos aleros o salientes rocosos. Estos sitios se ubican sobre el profundo cañadón del río Pinturas, uno de los tributarios del río Deseado, en la provincia de Santa Cruz.

Las pinturas tempranas representan escenas de caza, en las cuales se vinculan anecdóticamente el cazador y la presa. Narran sucesos de cacería individual o colectiva, en este último caso con varias personas persiguiendo tropillas de guanacos. Para realizar estos murales, que abarcan espacios relativamente grandes, se prefirieron los paredones externos de la cueva o la visera de los aleros próximos, es decir lugares luminosos y despejados, usándose muy raramente el interior de la cueva. Algunas escenas se extienden por varios metros, como una que representa a un conjunto de guanacos y cazadores de color negro que culmina con una presa rodeada de cazadores, a la espera de su trozamiento

Cueva de las Manos

Equipo del Instituto Nacional de Antropología y Pensamiento Latinoamericano en Cueva de las Manos. Foto: María Onetto Carlos Gradin en Cueva de las Manos. Foto: María Onetto

y reparto. De modo que el observador debe recorrer la obra, para comprender la escena en su totalidad. En todos los casos, tal como se observa en la foto, los cazadores son representados proporcionalmente más pequeños que los guanacos. Cuando están en movimiento tras la presa son pintados de perfil, las piernas están separadas, como en una carrera veloz. Si, por el contrario, están detenidos alrededor de un animal apresado, son mostrados de frente, algunos con adornos en la cabeza que semejan plumas y que, por la escasez de ejemplos documentados, podrían

indicar una distinción jerárquica. En algunas escenas los animales están representados con la elasticidad propia del guanaco: saltos, carreras y huidas. En otros casos aparecen en fila, uno detrás de otro, como manadas vistas a la distancia. Las armas representadas son boleadoras, expresadas por un círculo en el extremo de un cordel y una manija en el otro, para asirla. Es notorio el uso del soporte como si fuera una representación del habitat natural en el que se encuentran los animales: una grieta –por ejemplo– se incluye en la composición, asimilada a una especie de cañadón natural en el que se han metido algunos

guanacos. De este modo, la microtopografía de la pared rocosa se integra formando parte de la composición. Los colores utilizados en las escenas son el ocre amarillo de diversas tonalidades, el negro, el rojo claro y el violáceo. Los motivos más antiguos son las escenas de color ocre amarillento –por la superposición de la serie de motivos– y se corresponden con los pigmentos hallados en los niveles más profundos de la excavación.

Las escenas se hallan asociadas siempre con negativos de manos estampadas en igual tonalidad

y textura que los pigmentos. Las concentraciones de manos en negativo son notables: hay contadas alrededor de ochocientas, lo que convierte a este sitio en el lugar con la mayor cantidad de manos en todo el mundo. Durante la impresión, que pudo haberse realizado en forma aislada o bien integrando grandes conjuntos, el ejecutante apoyaba la mano contra la pared y la contorneaba con un pincel embebido en colorante y esparcía la pintura sobre la palma, en un radio de unos 35 centímetros, posi-blemente soplando el pigmento directamente con la boca; o mediante un pequeño tubo de hueso, semejante al hallado

en la Cueva de las Manos, cuyo interior conservaba vestigios de pintura roja. Los colores utilizados con mayor frecuencia para ejecutar los negativos de las manos son el rojo, el negro y el blanco. Las manos, aún cuando tienen un gran impacto visual propio, deben considerarse complemento de la otra expresión, ligada

al arte animalístico. También en uno de los conjuntos polícromos de Cueva de las Manos sobresale el negativo de una pata de ñandú.

En base a la ubicación de las manos sobre las paredes –y tal vez considerando que la mayoría de los negativos corresponde a manos izquierdas– Carlos Gradin propuso la idea de la participación de

un tercero –encargado de aplicar el color– aunque, no obstante, en algunos casos pudieron haber sido ejecutadas por una sola persona. Carlos Aschero, por su parte, sostiene que éste es un arte propio de cazadores, mediante el cual las personas han dado cuenta de su relación con algunos animales que constituyeron la base de su sustento, como por ejemplo el guanaco, y que, pasaron a convertirse en los elementos claves de la simbología del arte en el área. En esta zona del Río Pinturas-Parque Nacional Perito Moreno los cazadores recolectores tempranos se movieron a través de un paisaje quebrado, con variaciones ambientales importantes, por lo que la localización de los sitios de arte rupestre se puede vincular de

Cueva de las Manos. Foto: María Onetto

manera directa con estas permanentes alternativas que les presentaba el paisaje. Circulaban estacionalmente entre las zonas de estepas y de cordillera en función de la caza del guanaco, utilizando además toda la variedad de recursos, y, regularmente, regresaban a los lugares especialmente propicios. El arte rupestre está ligado con estos enclaves y con todas las actividades realizadas en los contextos domésticos que tienen que ver con su producción y observación.

Los investigadores mencionados realizaron un detallado análisis de las superposiciones entre motivos y compararon las diferencias formales, las distintas tonalidades, las temáticas y las distribuciones de las

pinturas. Sobre la base de 167 superposiciones –en Cueva de las Manos– definieron tres series de motivos

superpuestos ejecutados en distintos momentos, por lo que conforman una secuencia cronológica

relativa. Según Carlos Gradin, estas series definen

grupos estilísticos que en los primeros momentos fueron motivos representativos, que lentamente fueron sustituidos por motivos abstractos. Estos cambios en

las formas artísticas abarcan desde hace 9.300 años

hasta hace unos 1.600 y dichas modalidades fueron relacionadas por el autor con las distintas ocupaciones propuestas para el área.

La edad de las pinturas pudo establecerse por

Foto: Verónica Guerin

¿Cómo se estudiaron las pinturas del Pinturas?

el hallazgo de artefactos teñidos con pintura, trozos de pigmentos, yeso y fragmentos pintados de color ocre desprendidos del techo junto con los restos

de las actividades domésticas, como artefactos de

piedra, huesos y carbones. Las ocupaciones iniciales

que incluyen estos restos están datadas unos 9.300

años atrás.

El análisis de los pigmentos se hizo sobre muestras de pintura del bloque desprendido y de las paredes. Esto permitió saber que la pintura estaba constituida por yeso en una parte y por arcillas en otra. Según el contenido de óxidos de hierro de las arcillas se obtenía una variada gama de rojos, mientras que el yeso, igual que en Puna se usaba para aumentar la adherencia al soporte.

En la meseta central de Santa Cruz se ubica la Estancia Los Toldos; en un cañadón de esa zona, en 1935, Francisco de Aparicio encontró catorce cuevas con pinturas. En la década de 1950, y sobre la base del análisis de esas pinturas, Osvaldo Menghin efectuó el primer ordenamiento cronológico del arte rupestre de la Patagonia. La localidad arqueológica fue posteriormente estudiada por Augusto Cardich, quien constató la existencia de, por lo menos, doscientas manos en negativo en las paredes de las cuevas.

Las representaciones más antiguas exhiben el fondo pintado de blanco y el contorno de la mano de negro, o bien la base en rojo oscuro y el contorno en rojo claro. También aquí predominan las manos izquierdas. Cardich vinculó los negativos de manos con las ocupaciones tempranas, por la presencia de pigmentos naturales y por pinturas en rocas desprendidas del techo de la cueva hallados dentro de los sedimentos excavados, junto con los otros restos de las actividades cotidianas, como huesos, carbones y artefactos, datados en 9.000 años.

En otro sitio del área, hay escenas de caza pintadas por pobladores de fines del Pleistoceno; es el caso de la Cueva 1 del Cerro Tres Tetas, Estancia San Rafael en la provincia de Santa Cruz. Allí, Rafael Paunero ha asignado estas escenas al componente inferior de ocupación datado entre los 11.500 y los 10.260 años antes del presente. Hacia fines