EL abradidor y los retocadores son dibujos publicados en el libro de Martín Gusinde. Los indios de Tierra del Fuego. Tomo Primero, volumen I. Los selk´nam. Centro Argentino de Etnología Americana. Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas. 1982.
Núcleo: Trozo de roca que se
percute para desprender las astillas –o lascas– al tallar.
El desprendimiento de las lascas deja cicatrices en los núcleos, de las que nos valemos para entender el proceso de talla.
Lascas: Fragmentos de distintos tamaños
desprendidos del núcleo durante la talla. Algunas
se usaron sin modificación, a modo de cuchillos
naturales, y otras se seleccionaron como base para conformar un instrumento. Las restantes se abandonaron en el lugar de talla, como desperdicio del trabajo realizado.
Percutores:
Piedras, huesos o astas usados como martillo en el trabajo de talla por percusión.
Retocador: Instrumento –generalmente de hueso– empleado para
trabajar la piedra por presión. Con este método se lograron las piezas más delicadas.
Abradidor: herramienta de roca abrasiva, usada para abradir los filos de las piezas que se tallan o para mantener afilados los retocadores.
Instrumentos:
Objetos que fueron usados en distintas tareas. Comúnmente se refiere a las lascas o núcleos a los que se dio forma por percusión o presión, a fin de obtener un filo o una punta útiles.
Raspadores:
Instrumentos confeccionados sobre
lascas, con un filo
retocado en forma de arco, frecuentemente destinados a raspar los cueros.
Cuchillos:
Generalmente obtenidos sobre
una lasca, de filos
agudos, adecuados para cortar.
Denticulados:
Instrumentos confeccionados sobre lasca, cuyo
borde ha sido tallado para obtener un filo dentado. Raederas:
Instrumentos con filo
retocado sobre un lado largo, o más de uno, de la lasca. Se usaron para muchas tareas como raspar, separar la carne del cuero, trabajar madera.
Cepillos:
Instrumentos espesos, con biseles casi rectos, adecuados para raspar maderas o huesos
Perforadores y puntas destacadas:
Instrumentos punzantes para perforar objetos, quizás enseres domésticos o cueros de toldos o vestimentas.
Bifaces:
Artefactos tallados en sus dos caras, frecuentemente con el propósito de adelgazarlos.
Piedras discoidales:
Piezas cilíndricas planas, con forma de queso, confeccionadas por picado, abrasión y pulido.
Atlatl: lanzadera, propulsor o estólica. Pieza alargada
frecuentemente de madera con un gancho o salienteen el
extremo donde se apoya el astil del dardo para lanzarlo. atlatl
Punta Fell, Fell 1, cola de pescado o pisciforme, la forma de punta emblemática de las ocupaciones tempranas, ya que fue la que originalmente encontró Bird en el nivel más antiguo de Cueva Fell en el sur de Chile y sirvió para que se aceptara la gran antigüedad de las ocupaciones sudamericanas. Se han encontrado ejemplares en distintos lugares del país pero están mejor representadas en la provincia de Buenos Aires y en la Patagonia. Estas piezas presentan un contorno complejo y tienen un pedúnculo o cabo que sirvió para el enmangue. Este cabo es muy característico y a veces fue adelgazado, mediante unos lascados conocidos como acanaladuras.
Puntas de proyectil
Puntas de piedra, por lo general trabajadas sobre ambas caras. Se usaron enmangadas en astiles, lanzados con atlatl o directamente con la mano, y se emplearon comúnmente en la caza. Se identifican distintas formas de
puntas en el lapso que nos ocupa.
Puntas triangulares, sin pedúnculo vinculadas a las ocupaciones tempranas, encontradas en la Puna y en países limítrofes como Chile y Perú, miden entre 2,5 y 4 cm. de largo. También se encontró una variedad triangular con cabo o pedúnculo en un área limitada.
Puntas Fell 3 o Toldenses delgadas de forma casi triangular sin pedúnculo. Se las encontró en sitios tempranos de Patagonia y tienen una larga perduración.
Puntas lanceoladas con lados biconvexos y puntas en los dos extremos. Fueron halladas en el sitio de Monte Verde, Chile.
Tal como lo señalado por Mark Edmonds, es muy difícil describir el entretejido de la acción y el pensamiento involucrados al tallar un instrumento de piedra. En esa tácita negociación con el material participan las manos, los ojos, los oídos y las expectativas del tallador. No obstante, intentaremos trazar un cuadro grueso de ese acto tan particular como lo es la creación artesanal de un objeto.
Entre los instrumentos de piedra dejados por los primeros pobladores de nuestro territorio hay algunos que delatan una baja inversión de trabajo. Corresponden a aquellos en cuya confección la practicidad y el ahorro de tiempo fueron –con seguridad- las premisas prioritarias. Pero hay otros instrumentos elaborados con gran esmero, más allá del estrictamente necesario para su eficacia.
Como cualquier artesano orgulloso de su trabajo, los primeros pobladores fueron cuidadosos y selectivos con los materiales a emplear. El primer paso para fabricar un instrumento de piedra estuvo dirigido a la provisión de la roca adecuada para la talla; en tal sentido, la roca ideal es la que presenta fractura concoidal, es decir, aquella en que la fuerza del golpe se distribuye de forma homogénea, como sucede en el vidrio. También fue necesario abastecerse de la herramienta necesaria para golpear: un percutor –que pudo ser un hueso o un asta acondicionados para la tarea– o una piedra, cuya principal virtud debía residir en la ausencia de fisuras internas, de modo que su uniformidad le permitiera resistir los golpes.
Una vez elegidos la roca y los percutores, el tallador se
¿Cómo lo hicieron?
disponía a trabajar.
La forma más simple consistía en golpear directamente el núcleo con el percutor, una modalidad de trabajo que demandaba golpes secos y precisos (Fotos A y B). La forma y tamaño de la astilla –o lasca- desprendida dependen de una serie de factores que el tallador debe manejar y que son parte de esa negociación casi inconsciente entre artesano y material, mencionada por Edmonds: el ángulo que presenta el núcleo en la sección que va a golpearse, las aristas de la pieza, el peso y la dureza del percutor, la inclinación y la fuerza con la que se da el golpe. Un tallador experto creaba mediante golpes de percutor los ángulos y las superficies necesarios para obtener la lasca buscada.
El objeto final se podía obtener dándole forma al núcleo o trabajando las lascas desprendidas. El trabajo lo realizaba sólo sobre una cara de la pieza, o sobre ambas, para producir un objeto bifacial (Foto C). Esta última finalidad requiere mayor concentración, ya que el manejo de los ángulos se hace crítico. Cuanto más delgada y simétrica es una pieza, más cuidado hace falta para tallarla.
Algunas piezas delicadas –como las puntas de proyectil- se terminaban trabajándolas de otra manera. Una vez obtenida la forma aproximada mediante percusión, se daba a la pieza el acabado por trabajo a presión (Foto D). Es decir que para sacar las últimas lascas, no se golpeaba la pieza, sino que se la presionaba con un retocador de asta o hueso. Nuevamente, los ángulos en los que se aplicaba la fuerza eran cruciales para definir los resultados finales. El trabajo a presión consiguió mayor precisión que el obtenido por percusión, aunque demandó una mayor concentración de parte
del artesano.
Estas formas básicas de talla tuvieron muchísimas variantes. Una de ellas es la talla bipolar, que fue empleada frecuentemente por los primeros pobladores (Foto E). Se sostenía el material sobre una base de piedra que actuaba como yunque y se lo golpeaba en el extremo superior. Esta forma de talla resultaba rápida, pero se tenía menos control sobre el producto que se intentaba obtener. Fue muy efectiva para partir rodados chicos o para aprovechar la materia prima de instrumentos fuera de uso.
En todos estos casos, los requisitos básicos fueron el conocimiento y la experiencia previos. La incorporación
Muchos arqueólogos aprendimos a tallar la piedra y analizamos los residuos que quedan de nuestra experimentación. Así podemos acercarnos a esta actividad que fue corriente en el pasado y reconocer los procesos de manufactura a partir de los vestigios arqueológicos que encontramos.
Foto A. Imagen de percusión directa con percutor de piedra, se está desprendiendo una lasca a partir de un núcleo.
Foto: Alejandra Pupio.
Foto B. Imagen de percusión directa con percutor de asta, se está
Foto C. Se observa la pieza bifacial que se está tallando y la lasca
que recién se obtuvo por percusión directa.
materiales requerían de procesos de aprendizaje prolongados, que, por lo general, llevaban años. En cambio, la talla en sí no llevaba mucho tiempo. La adquisición de los materiales y herramientas apropiados puede haber sido prolongada; pero, una vez reunidos, se producía un filo útil para cortar una madera o raspar un cuero en pocos minutos. En cambio, fabricar una hermosa punta de lanza compleja y simétrica podía demandar algo más de una hora a un artesano muy experto.
Debe recordarse, asimismo, que, en algunas regiones, las rocas adecuadas para la talla no estuvieron cerca del lugar en que se iban a usar los instrumentos. A
Foto E. Talla bipolar en la que se apoya una roca en un yunque y se golpea en el extremo opuesto. Foto: Nora Flegenheimer. Foto D. Talla por presión con un retocador de asta empleada para
dar forma al filo de un instrumento. Foto: Natalia Mazzia
veces resultaba preferible transportar los núcleos –o los instrumentos– sin terminar, para evitar el mellado de los filos; o para proceder al acabado de acuerdo con las necesidades del momento. En algunas ocasiones se aprovechó el tiempo libre para fabricar herramientas útiles en el futuro. En otras se esperaba llegar al lugar predeterminado donde realizar cierta tarea de talla. Cada una de estas decisiones dejó su huella en la forma en la que están distribuidos los núcleos, desechos e instrumentos en el paisaje.
Todas estas huellas son útiles al arqueólogo, quien las observa y las interpreta, para luego elaborar un trazo de aquel pasado lejano, pero, como podemos ver, de ninguna manera incomprensible.
En varias oportunidades se ha mencionado la existencia de puntas de proyectil particulares, íntimamente vinculadas con la historia de las investigaciones sobre las ocupaciones más tempranas del continente de América del Sur. Se las conoce por muchos nombres: como puntas Fell, Fell 1, pisciformes o cola de pescado. Algunas circunstancias llamativas sobre estas piezas son su amplia distribución geográfica –que abarca todo el continente sudamericano–, su asociación recurrente a fauna extinguida, la semejanza de los fechados radiocarbónicos entre sitios muy distantes y, por fin, su forma. El tema más discutido acerca de su forma es la acanaladura en la base –presente en algunas puntas-, ya que muestra semejanzas con las de puntas tempranas conocidas para Norte América, como Clovis y Folsom.
Su muy amplia distribución en un lapso relativamente breve ha sido objeto de largas discusiones entre los arqueólogos. Se ha propuesto que esta distribución es el rastro visible de la migración de un grupo de pobladores moviéndose de norte a sur por el continente, pero esta idea fue rebatida a partir de la falta de continuidad geográfica entre los ambientes donde se