Quinientos años antes de Jesucristo, los cartagineses establecieron la anchura del Estrecho de Gibraltar, según el coronel Braghine, ("L’Enigme de I’ Atlantide" Ed. Peyot, 1939) en alrededor de una milla, o sea en 1.609 metros.
Eutón lo calculó, tres siglos antes de J.C., en cuatro millas.
Tito Livio, en el siglo 1, le atribuye una anchura de siete millas. Y en nuestros días, los navegantes que cruzan el estrecho saben muy bien que la anchura es de quince millas.
A este respecto, nuestro admirado Louis Charpentier, autor francés que, como nosotros vive preocupado por la antigüedad, escribió en una obra sin desperdicio, titulada "Los Gigantes y el Misterio de los orígenes" (plaza & Janés, 1971), algo que necesitamos transcribir aquí para exponer nuestra propia tesis, complementaria a la suya.
"Sea como fuere -escribió Louis Charpentier-, el cataclismo debió ser espantoso..., y la Ciencia moderna, que no cree en la Atlántida, pero sí en el cataclismo, ha tratado de explicarlo."
El autor francés, y por eso lo aludimos, trató de resumir, por medio de la precesión de los equinocios, que cada trece mil años, alternativamente, se produce un período frío en el hemisferio norte y otro en el hemisferio sur.
"La Tierra -sigue diciendo-, en su movimiento de traslación alrededor del Sol, describe una elipse, uno de cuyos focos es el Sol mismo. A consecuencia de la precesión de los equinocios, la Tierra no vuelve cada año al punto exacto en que se encontraba el año anterior.
"Se infiere de ello que, alternativamente, el Polo Norte y el Polo Sur se encuentran en el punto más alejado del Sol en el solsticio de invierno, y de aquí el recrudecimiento del frío.
"Así, durante unos trece mil años, el polo Norte será mas frío que el polo Sur, y durante los trece mil años siguientes, el polo Sur será el más frío."
La cosa parece bastante clara y explica el llamado Gran ciclo de veintiséis mil años, que tiene una primavera, un verano, un otoño y un invierno -¡todos ellos de 6.250 años, aproximadamente!-, y nos coloca en la incómoda situación de analizar que, hace 12.500 años, también aproximadamente, se produjo el cataclismo de la Atlántida, al que nos estamos refiriendo.
¿Estamos entrando ya en el segundo período primaveral del Gran Año, y la climatología está cambiando debido al ciclo inmutable, con lo que muchas de las profecías para el final del Siglo XX se podrían convertir en algo tan apocalíptico como lo que ocasionó el hundimiento de la Atlántida, hace 12.500 años?
Según Platón, "cuando los dioses purifican la Tierra, sumergiéndola bajo las aguas mediante un diluvio, sólo los boyeros y pastores están al abrigo en sus montañas", con lo cual, sobreviven los menos instruidos. "De modo que, constantemente, volvéis a la infancia, e ignoráis lo que ocurrió antes, entre vosotros o en los demás países".
El Sacerdote de Sais, según Platón, al que se lo había explicado Solón, sabía todo esto por haberlo aprendido en los escritos sagrados que se conservaban en su templo. Egipto, pues, se había librado de las inundaciones, o, en su defecto -ya que no fue así-, lograron conservar los documentos antiquísimos. Ello prueba que los primeros pobladores del Valle del Nilo, ya fuese como funcionarios de Atlántida o colonos establecidos allí, en los confines de "la Libia", hablan heredado de la civilización atlantídea los conocimientos geométricos que les permitían levantar sus gigantescas construcciones megalíticas.
Pero con esto del saber o conocimiento ocurre como casi con todo, que una cosa es aprenderlo directamente y otra muy distinta es aprenderlo de oídas, o por fragmentos,
tomando un retazo de aquí y otro de allá, hasta que, corriendo el tiempo, se obtiene la suma total del Conocimiento perdido.
Si aceptamos que en una civilización anterior se logró en arquitectura lo que todavía no hemos logrado nosotros, es debido a que hubieron seres especialmente predispuestos para ello, con facultades físicas y " psíquicas suficientemente desarrolladas como para, ¡no sabemos cómo!, levantar pirámides de casi ciento cincuenta metros de altura y desafiar así a los más violentos terremotos y las más devastadoras inundaciones.
Pero aún hay más. Empezamos a damos cuenta, ya en los albores de un período inquietante, de que aquellas pirámides tenían alguna relación con las corrientes electromagnéticas que rodean nuestro planeta, y nos estamos refiriendo al famoso cinturón Van Allen, recientemente descubierto, pero que todo hace suponer que los sabios de la antigüedad conocían muy bien. Lo sabemos. Cientos de miles de personas están comprobando en todo el mundo que el "poder mágico de las Pirámides" no es una entelequia, sino que poseen poder psíquico, terapéutico, regeneran los metales, conservan los alimentos, incrementan el vigor sexual y momifican la materia orgánica.
¿Es casual, por otra parte, que las pirámides estén orientadas todas, tanto en México como en Egipto, en una perfecta línea Norte-Sur?
¿Es casual, también, que el invisible meridiano que pasa sobre la Gran Pirámide divida el delta del Nilo, el Océano Pacífico y los continentes en dos partes iguales?
Fue Max Von Eyth, en "Matemáticas y naturaleza en la pirámide de Keops" (Berlín, 1908), quien dijo, casi setenta años antes que nosotros, que "La grandiosa obra es la solución en piedra de la cuadratura del círculo".
Y se demuestra, dividiendo la longitud del perímetro de la base de la pirámide de Keops por el doble de su altura, cuyo resultado es... 3,1416, o sea, "pi"!
Claro está que Max Von Eyth ha recurrido a malabarismos matemáticos, como buen contable, para "cuadrar" sus cuentas, y ha redondeado las cifras a su manera, dando a la Pirámide una altura de 148,208 metros y a los lados de la base una longitud de 232,805, de donde resulta el número "pi".
André Pochan, a quien hemos estudiado a fondo, reduce la altura a 146,563, sobre el zócalo y a 147,088, sobre la roca, mientras que el perímetro lo establece en 921,012, de lo que resulta que "pi" tiene un valor de 3,1420.
Ahora bien, ¿tiene esto mucha importancia, si la Gran Pirámide fuese sólo eso, y no un monumento hecho por ignorantes artesanos, canteros que desconocían a Euclides, a Pitágoras y a Papus?
Creemos que, desde Napoleón Bonaparte, cuando dijo a sus tropas la barbaridad de siglos que les contemplaban, hasta nuestros días, ha sido tanta la tierra echada sobre la obra de Hermes-Toth, y tantas las visiones que se han pretendido contemplar allí, sin omitir a quienes han pretendido ver la historia futura de los pueblos del mundo, medida en codos sagrados o piramidales en toda su geometría, que lo más evidente se nos ha pasado por alto.
¡Y lo que nadie ha visto, o no han querido ver, por simple, es el gran conocimiento geométrico que se necesita para poder construir semejante edificio!
Hay que remontarse a la escuela pitagórica de Crotona, habida cuenta de que entonces se iniciaban los balbuceos de nuestras actuales ciencias exactas, tras diez milenios de oscuridad y sombras, durante los cuales las pirámides estaban recibiendo efluvios cósmicos, para comprender lo mucho que aprendieron los sabios de Alejandría de aquellas construcciones, y cuya ciencia nos ha servido para levantar toda nuestra arquitectura.
Fig. 46. Según Paul Poesson, aquí nace el esquema de la cuadratura. Planteamiento incorrecto y confuso, porque el pentágono no interviene para nada en la cuadratura.
Fig. 47. Esquema de proporcionalidad de los cuadrados. ¿Descubren el Teorema de
Pitágoras en los tres cuadrados sombreados? Aquí hay mucho que investigar.
En Egipto se alzan infinidad de pirámides, todas ellas en la margen occidental del Nilo. Hay también construcciones que hacen palidecer de envidia a nuestros más preclaros arquitectos, pues si grandioso es el monumento a los Caídos, próximo al Escorial, los vestigios de los Templos de Luxor, Abu-Simbel o Karnak empequeñecen la obra de Cuelgamuros.
Paul Poësson, a quien siempre habremos de agradecer que nos abriera los ojos en la cuestión de la cuadratura geométrica del círculo, porque nosotros confundíamos la nata con la harina, escribió en "El testamento de Noé" (op. cit.) algo que nos hizo soltar la carcajada. Según él, todos los egiptólogos del mundo consideran más antigua la pirámide de Sakkara que las de Gizeh. Sin embargo, el manual-guía del museo de El Cairo, que ha sido redactado por personal técnico altamente cualificado, dice todo lo contrario.
En la Fig. 46, ¡y a propósito!, reproducimos casi fielmente, un trabajo de Paul Poësson, donde, por medio del pentágono, se nos pretende hacer creer que está oculto el secreto de la cuadratura del círculo. Y no pretendemos quitar mérito alguno a Poësson, pero nuestras fórmulas, anterionnente expuestas, son más directas, aunque parezcan más complicadas.
Nosotros, como él, hemos pasado muchas noches en vela trazando líneas, midiendo rectas, círculos, triángulos y cuadros. La Fig. 47 es una muestra, no de nuestros éxitos, sino de nuestros fracasos. Pero no nos sentimos obligados a ocultarlo. Por el contrario, hecho el planteamiento, preferimos publicarlo, junto con todo lo demás, por si alguien recoge el guante y decide pasámoslo por la cara - ¡cosa que agradeceremos muchísimo, sin rencor!- ya que no aspiramos ni mucho menos a haber alcanzado la perfección.
Fig. 48. El famoso "Cuadro Mágico" de 25 casillas revela aquí uno de los máximos secretos del hermetismo geométrico, apto para Iniciados. Y, por supuesto, encierra el secreto de Hermes-Toth (Tautos, en fenicio) y el origen de la Cruz Griega. Sólo el círculo y la doble Estrella de David permite la división del cuadrado en 25 partes. FIG. 1 (49).
R O T A S
O P E R A
T E N E T
A R E P O
S A T O R
Pero, sin abandonar definitivamente a Paul Poësson, a Louis Charpentier, a Jean-Michel Angebert, ni a Gérard de Sède, con todos los que nos sentimos deudores, por la luz que nos han facilitado, queremos ahora presentar aquí un trabajo de Geometría Hermética que, en cierto modo, podríamos relacionar con la Cuadratura o Geometría Templaria, que, a su vez, se relaciona con la geometría egipcia o piramidal.
Fíjense en la Fig. 48, que es un cuadrado, supuestamente mágico, de 25 casillas, construido con las mismas líneas herméticas (punteadas) que nos llevan a la cuadratura geométrica del círculo. Creemos que fue en las ruinas de Pompeya donde se encontró un cuadrado semejante. Pero observen que nosotros le hemos colocado dos círculos, el auténtico y el que pasa por los ocho puntos de la cruz ENE-Ene.
Ahora bien, este cuadro, según Jean-Michel Angebert, en "Las ciudades mágicas" (Plaza & Janés, 1976) se empleaba en el ritual mágico de fundación de una ciudad, ya que su traducción significa: "El obrero con su arado dirige los trabajos" y también "simboliza el poder oculto, el sentido del secreto".
Y según Paul Poësson: "¿Quién no conoce el célebre cuadrado mágico compuesto por 25 casillas en las que se hallan situadas ocho letras de nuestro alfabeto?" A-E-O, o sea, tres vocales que evocan la figura geométrica básica, es decir, el triángulo equilátero. Y después, como para darnos la razón, cinco consonantes N-P-R-S- T, representando la idea del cinco, es decir el pentágono, clave de la cuadratura. ¡Es posible!
No, no es posible, afirmamos nosotros. El pentágono ni puede ni interviene en la Cuadratura Geométrica, por muchos malabarismos que se hagan, aunque sí puede intervenir el Heptágono para la cuadratura del perímetro de un cuadrado y un círculo.
Y Gérard de Sede, en "Los templarios están entre nosotros", también recurre a prestidigitaciones esotéricas para definir el famoso cuadrado. Pero como esta obra la tenemos en francés -¡Y además prestada!-, no podemos hacer el debido comentario, como merece la inexpresividad del texto.
Sin embargo, hay otro autor y otro dato. Erich von Däniken, en "El Mensaje de los Dioses" (Ed. Martínez Roca, 1976, pág. 159), reproduce un fragmento de cerámica que, según él, corresponde al Museo Crespi, de Cuenca (Ecuador), donde podemos apreciar un
cuadrado de 25 casillas, en torno al cual hay diversos dibujos indios... ¡Y cada casilla contiene distintos signos de lo que parece una escritura jeroglífica y cuneiforme!
Esta escritura está relacionada con otros caracteres hallados en la región y que se semejan a los que Juan Moriez afirma haber encontrado en el interior de unas antiquísimas galerías de la región ecuatoriana, y de lo que ya nos habló el polémico autor suizo en "El oro de los dioses".
Sea como sea, suponemos que los ceramistas indios que dibujaron el cuadro debieron copiarlo, como algo mágico, por los signos, y ahí quedó.
Nosotros, en la doble combinación de TAATOO, creemos ver el nombre fenicio de Hermes-Toth (Taautos o Taatoo), que fue el primer geómetra de la historia, aunque, evidentemente, la latinización ha causado destrozos en la etimología del nombre, ya que no en la geometría del símbolo. Y vemos algo mucho más importante, ya que este cuadro fue, precisamente, el que despertó en nosotros la pasión, casi patológica, por lo que hemos dado en llamar la Geometría Hermética.
No importa mucho su auténtico significado, cierto. Pero en nuestra mente obró su magia poderosa y la muestra es el libro que ahora tienen ustedes en sus manos, plagado posiblemente de errores, pero también conteniendo algo que, estamos segurísimos, no se ha incubado sólo en nosotros, ¡sino que nos ha llegado de otro tiempo, de otro lugar, con un mensaje misterioso y esotérico!
Vimos veinticinco casillas exactamente iguales y pensamos: ¿Cómo podían trazar en la antigüedad este tipo de cuadros sin ayuda de los números? Si nosotros dividimos una recta en cinco fragmentos, podemos dividir un cuadro en veinticinco partes. Es obvio. A nadie se le ocurrirá en nuestros días, después de haber pasado por el tamiz selectivo de nuestras escuelas, recurrir a cuatro triángulos y buscar los puntos de concidencia de un círculo para dividir un cuadrado en 25 partes. No.
Y pensamos, además, ¿cómo hacían antiguamente los cuadrados, para que fueran perfectos? ¿Cómo se construyó la primera escuadra? ¿Qué fue primero, el compás o la regla?
Las preguntas se sucedieron una tras otra, se acumularon, se desbordaron, se convirtieron en montaña, y hubimos de recurrir a expertos, o, en su defecto, a individuos con título universitario, que debían poseer nociones más profundas sobre la cuestión. Nada. Nadie había perdido el tiempo en hurgar en la geometría olvidada. No servía para nada. Ya no es útil. Hay otras fórmulas más evolucionadas, más precisas, más matemáticas.
Esto nos inquietó. ¿Cómo era posible que se hubiera perdido un conocimiento que, sin lugar a dudas, vertió sobre Europa una era de máximo esplendor, creó el arte gótico, aunque antes había servido para el románico, el mudéjar y, más lejos aún, para construir Karnak, Luxor, la Gran Pirámide, la cultura minoica y, sin duda, la Atlántida,. Teotihuacan y la legendaria Madre Patria de Mu?
Aquel no fue, sin duda, un momento estelar para nosotros. De no haber pretendido penetrar en el secreto del cuadro mágico, habríamos ganado tiempo y dinero, tranquilidad y reposo, otra cultura, otros conocimientos y, posiblemente, habríamos tenido más esparcimiento y diversión. Pero la magia del cuadro nos embrujó y ya hace casi dos años que arrastramos la penitencia, de la que pensamos libramos al concluir esta obra, D.m.
Porque no fue sólo un cuadro, sino cientos de ellos, triángulos, círculos, planteamientos esotéricos, líneas visibles e invisibles, conceptos perdidos, olvidados o archivados en los más recónditos recodos del subconsciente, que posiblemente nos han sido transmitidos por los genes desde Dios sabe qué número de generaciones, porque no admitimos que en
nosotros haya reencarnado algún geómetra de la antigüedad, ¿o sí?, los que nos han estado obsesionando continuamente dirigiendo nuestro lápiz y nuestro "Rotring", sobre una regla de acero, hasta dejar esbozado todo el planteamiento de una geometría que, según nuestro bien intencionado amigo, no sirve absolutamente para nada.
¿Nos comprenden?
El SATOR-AREPO-TENET-OPERA-ROTAS lo hemos visto hasta en sueños.
Nos parecieron veinticinco pequeños monstruos sardónicos que se burlaban de nosotros con risas estrepitosas, sacándonos sus lenguas bífidas y verdosas y bailoteando sus ocelos saltones y provistos de miríadas de puntitos luminosos. Veinticinco cuadritos que se convertían en altísimos Himalayas, inalcanzables, con una letra "ene" realizando una zarabanda giroscópica, en la que tanto parecía una svástica, como una letra zeta o un pequeño cuadrado central rotatorio, sugerente, único y fatal. ¡El punto central ENE, símbolo hermético de la cruz, del cuadro y el círculo! ¡Dios mío! ¿Qué era todo aquello?
Siglos de historia no escrita en libro alguno desfilaron por nuestra mente. Creímos ver el hundimiento, en el centro del Pacífico, de una tierra donde se adoraba al Sol en templos que carecían de techo.
¡lncluso llegamos a presentir el hundimiento catastrófico de nuestra propia cultura y civilización, a la vez que parecía develarse el secreto esotérico que encierra el cuadro mágico!
Alucinante, obsesivo, perturbador, dramático... Asociamos el pasado y el futuro, saltando sobre un presente irreal, como un soplo o un segundo espacial que se esfuma y diluye a cada instante que transcurre.
¿Cuál era el secreto misterioso que alguien, hace muchos siglos, trató de encerrar en un cuadro de 25 casillas que tiene dimensión propia en el tiempo y, posiblemente, en la inmensidad del espacio?
¿Acaso es el mensaje, el "ex Libris" de un Mago llegado del cosmos y que quiso poner a prueba nuestra capacidad intelectual, retándonos a buscar en ello algo que sólo tuvo significado para él? No, esto era inadmisible. ¿El secreto geométrico de la cuadratura del círculo? Tal vez.
Primero se nos ocurrió que el susodicho cuadro podría ser algo así como una cuadrícula mnemotécnica, relacionada con los Pontífices, o constructores de puentes prerrománicos, quienes la utilizaban como tabla o guía en sus planos, los cuales, podían llegar a ser enrevesados y complicados al coincidir en ellos las infinitas líneas que sirven en Geometría Hermética para obtener un resultado armónico en sus construcciones. Todavía lo creemos, pero no estamos seguros.
Nuestros arquitectos actuales simplifican muchísimo el trabajo de sus planos utilizando papel pautado o cuadriculado. Las siglas que emplean los geómetras para delimitar los segmentos, bien podían ser las letras mágicas ROTAS-OPERA-TENET. Todo ello ha evolucionado muchísimo, debido al uso y a las práctica. No obstante; la explicación no acababa de satisfacemos. ¿Había algo más? ¿Hay algo más?
Fue por esta causa que tratamos de comunicar nuestros trabajos a otras personas, en la creencia de que el equipo, o el "cuatro ojos ven más que dos", podía servimos para aclarar conceptos.
Y esta fue la causa de que escribiéramos a nuestro buen amigo José T. Ramírez y Barberó, de Zamora, a quien dimos la lata con nuestras cuitas, explicándole al mismo tiempo que estábamos escribiendo "El Libro de la Sabiduría", donde hablábamos de algunas de estas cuestiones, todavía embrionarias. Por cierto, el editor Juan Fernández Mateu,
habida cuenta de que nuestra producción literaria había sido abundante, nos exigió utilizar un seudónimo para "El Libro de la Sabiduría", y utilizamos el de Gran Maestre Pierre, lo que nos sirvió, asimismo, para publicar algunos trabajos en la Revista KARMA- 7,