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Existen lugares en nuestro planeta que están sufriendo, lenta y paulatinamente, modificaciones geológicas, lo que no constituye secreto para nadie. Pero, mientras que en unos lugares la tierra se hunde, dejando sitio al mar, en otros es el suelo el que emerge de las aguas, poniendo al descubierto tierras que han permanecido sumergidas durante siglos o tal vez siempre.

Estos fenómenos geológicos, llamados epirogénicos, nos penniten apreciar, como ocurre en la Península Escandinava, que el suelo se eleva a razón de un centímetro por año, mientras que de todos es conocido el esfuerzo de los holandeses, construyendo diques, a fin de contener las aguas del mar, donde el suelo se está hundiendo progresivamente.

La corteza terrestre, que es el asentamiento donde habita el hombre, está, por tanto, en continua transfonnación. y ello hace suponer, como ya señalamos al principio de esta obra, que en la antigüedad existió una gran isla o continente, muy próxima a Europa, situada en algún punto del Atlántico, que los clásicos llamaron la Atlántida.

Volvemos de nuevo con este tema -que no agotamos ni mucho menos, ni ello sería posible- debido al enfoque arqueológico que pretendemos plantear en este capítulo, vinculado especialísimamente con el Sudoeste de la Península Ibérica, sometida durante milenios a una lentísima retirada de las aguas, como se ha podido comprobar por excavaciones efectuadas en la ciudad de Huelva (Onuba).

El Plano 5, de la obra "Huelva; Prehistoria y Antigüedad" (Editora Nacional, 1974), publicado con motivo del XIII Congreso Arqueológico Nacional, en colaboración con prestigiosos arqueólogos, nos ofrece un plano de la ciudad, cortado por una línea continua, que pone al descubierto hasta donde llegaban las aguas en un pasado remoto, casi al borde mismo de los cabezos de La Esperanza, El Castillo o San Pedro, el de El Conqueiro y las necrópolis de La Joya.

Esto, sin lugar a dudas, es una prueba de la lenta, pero continua, retirada de las aguas atlánticas, lo que explicaría también el acentuado "ensanchamiento" del Estrecho de Gibraltar, la desaparición de la franja de tierra supuestamente llamada "ruta de Hércules" - por hundimiento o cataclismo geológico- y, a causa de ello, la desaparición confundido con las aguas del Atlántico, del supuesto Lago Tritón, todo ello relacionado con la leyenda del Jardín de las Hespérides, el mito de los bueyes de Gerión, las "manzanas de oro" o naranjas que Hércules robó, en conmplicidad con Atlas, y todo lo que no podemos, honestamente, hacer pasar como cierto por el tamiz de la Historia.

La Mitología nos cuenta que el dios Cronos devoró a sus propios hijos, pero su compañera, Gea (La Tierra) sustituyó a sus hijos recién nacidos por piedras. No engañado por esta argucia, Cronos devoró también las piedras, dejando sólo con vida a Zeus, Poseidón y Carón.

También se nos contó que Poseidón recibió los dominios del mar, Zeus los de la Tierra o Carón el de los infiernos o algún lugar subterráneo, que algunos han interpretado como el fabuloso reino de Agartha. Mas como de estos reinos de la Fábula no tenemos más que vagas hipótesis, atengámonos a lo positivo, que es La Tierra y el Mar, en el bien entendido que el mar contiene también grandes y pequeñas islas.

La Mitología sigue diciendo que Hércules fue hijo de Zeus y que Poseidón tuvo por hijos a Atlas y Anteo, entre otros. Posteriormente, no sabemos ya si en un sentido mitológico o histórico, los hijos de Zeus hicieron la guerra a los de Poseidón, y esta guerra, fragmentada por la mutilación sectaria, ¡suponemos!, es la que nos contó Platón, extraída del relato que hizo a Solón cierto sacerdote de Sais, y que nos ha llegado por dos fragmentos contenidos en el "Timeo" y en el "Critias", aunque, en honor a la verdad, esto no presupone que sea cierto.

Ahora bien. Existen algunos pasajes del Antiguo Testamente que, sin pretender ser tan antiguo como lo expuesto por el sacerdote egipcio, que se calcula como acaecido hace unos dos mil años, nos llevan ante un dilema arqueológico importante, debatido pero no aclarado, especialmente ante la perspectiva de las nuevas investigaciones.

Nos estamos refiriendo, como es lógico, al enigma de Tharsis, o el fabuloso Eldorado, de donde traían el oro las naves del Rey Salomón, y que muchos investigadores han situado en las proximidades de la actual Huelva, al Sudoeste de España.

No podemos, sin embargo, al iniciar esta parte de nuestro estudio, omitir el nombre del magistral poeta Jacinto Verdaguer, quien, inspirado, sin duda, por la invisible conciencia omnipresente de quienes perecieron en la hecatombe antediluviana, supo expresar con estremecedoras palabras lo que únicamente dioses o espíritus podían haberle comunicado a través del tiempo y el espacio.

"Veus eixa mar que abraca de poI a pol la terra? "En altre temps d'alegres Hespérides fou hort; "encara el Teide gita bocins de sa desferra,

"tot braolant, com monstre que vetlla un camp de mort. "Aquí els titans lluitaven, allá ciutats florien;

"pertot cántic de verges i música d'ocells;

"ara en palaus de marbre les toques s'hi congrien "i d'algues se vesteixen les prades deIs anyells. " (¿Ves esa mar que ciñe la tierra en un abrazo? En otro tiempo fue de estériles el huerto

y todavía el Teide vomita su regazo, bramando como un monstruo que vela un campo muerto. Titanes peleaban, ciudades florecían

cánticos virginales y músicas ligeras, ahora en sus palacios unas focas se crían y se llena de algas el verdor de las eras.)

"L 'A tlantida", de Jacinto Verdaguer, mayo de 1877. (Traducción castellana de Guillermo Díaz-Plaja)

Humanamente hablando, es imposible admitir la inexistencia de la AtIántida después de haber leído este maravilloso poema, ya que el hombre siempre ha tenido conciencia, intuida más que conocida, de su origen en la paradisíaca isla-continente que engulleron las aguas atIánticas. Y del recuerdo subconsciente, heredado en el aire, las voces de los muertos o de la mente universal que nos envuelve y nos ilumina a todos, extrajo Verdaguer la más bella obra que se haya escrito sobre el continente desaparecido.

Para los racionalistas, sin embargo, un poema no significa nada. Se han cerrado en un recalcitrante cartesianismo y sólo admiten la irrefutable demostración de la prueba incuestionable, el vestigio imperecedero o la huella testimonio del "Pienso, luego existo", como si tantas huellas como existen, entre ellas las Pirámides de Gizeh, no fueran un testimonio irrefutable de la grandeza de un pasado.

Pero nosotros no creemos tampoco en la ciencia de los intransigentes, ni queremos aceptar que los constructores de Teotihuacan o Machu-Pichu nada tuvieran que ver con los constructores de pirámides del antiguo Egipto, cuyas dos culturas estuvieron unidas por un puente Atlántico.

¿Qué otros vestigios quedan todavía, del antiguo esplendor de la impresionante cultura occidental, iniciada por Poseidón? En verdad, hay muchos, y el enigma de Tharsis o Tartessos, de aclararse, podría hablar tan alto como el Partenón o el Coliseo hablan de las culturas griegas y romanas.

¿Por dónde empezar? La Biblia nos habla particularmente de Tarsis, en donde el Rey Salomón tenía una flota de naves que, cada tres años, le traían oro, plata, marfil, monos y pavos reales. Esto aparece en el Libro de los Reyes (10,22), en las Crónicas (9,21) y hasta en Jonás (1,3).

Nos hallamos, por tanto, ante un caso de "arqueología literaria", en cierto modo similar a Troya, hasta que la fe inextinguible de Heinrich Schliemann hizo real lo que hasta entonces sólo había aparecido sobre el papel. Esto es lo que la Arqueología llama un problema histórico y no arqueológico, pese a que tomase cuerpo consistente gracias a un ferviente hispanista alemán, el Profesor Adolfo Schulten, de la Universidad de Erlangen.

Y la cosa viene de muy antiguo, según Schulten, cuya erudición clásica es francamente abrumadora y ante el que nuestros argumentos resultan pálidos y desvaídos, de no ser que entre las investigaciones del erudito de Erlangen hasta nuestros días han transcurrido más de setenta años y los ríos de la historia arqueológica han sufrido notables modificaciones.

No es un secreto que de los errores de antaño, corregidos y aumentados por el tiempo, han surgido polémiéas tremendas, como la promovida por Eratóstenes, cuya labor como geógrafo, al utilizar los datos de la biblioteca de Alejandría, fue desastrosa. Pero nos sorprende que Adolfo Schulten se apoyase, precisamente, en Eratóstenes, Estrabón, Heródoto, Avieno, Piteas y otros. Y si hubiéramos hecho caso a los clásicos, incluyendo a Ptolomeos, la Tierra seguiría siendo centro del Universo.

Pero como se ha esgrimido frecuentemente la erudición de Adolfo Schulten, nosotros hemos recurrido a su obra "Hispania" (Barcelona, 1920) para buscar el origen del enredo entre Tharsis, Tarsis, Tartessos y el "Tarschisch" que aparece en la página 70, mencionando a Ezequiel y a Polibio, por lo que nos parece que en la traducción del nombre se encuentra la raíz del confusionismo. ¡Vamos, que lo creemos así, y seguimos!

En la página 74, refiriéndose al cobre, A. Schulten dice: "El cobre español es mencionado, además de los pasajes generales, por Plinio, Diodoro y Estrabón. Explotación minera neolítica del cobre, que llega hasta el segundo milenio, se ha comprobado en la provincia de Oviedo, además en la de Almería, y en Huelva, en Río Tinto. El cobre de Tartessos lo menciona Escimno (164. -Pausanias, 19,2); se refiere a las minas de Río Tinto, que muestran señales de una explotación antiquísima".

Ahora bien, nos consta que el Profesor Adolfo Schulten estuvo en Huelva a principios de siglo, efectuando investigaciones de todo tipo, especialmente filológico, pero de escasa relevancia arqueológica. Pero el "mito" no se inició con él, sino que los antecedentes se remontan a los tiempos del jesuita sevillano, Juan de Pineda (1557-1637), quien, Biblia en mano, asume el riesgo de identificar a Tharsis y localizar su emplazamiento en la Península Ibérica.

Son Juan Pedro Garrido y Elena M.a Orta, en un magnífico y poco comprometedor trabajo, publicado en "Huelva: Prehistoria y Antigüedad", quienes nos exponen el problema de Tartessos, basado en su interpretación arqueológica, mencionando en los antecedentes a Rodrigo Caro, que situaba Tartessos en Sanlúcar de Barrameda, a Cea Bermúdez, etc., hasta llegar a la traducción de "Ora Marítima", de Avieno, realizada por A. Blázquez y, en especial, a "Hispania", de Adolfo Schulten, quien fue refutado por Anselmo Arenas.

Pasan así J. P. Garrido y Elena M.a Orta, tras exponer sucintamente los trabajos de Chocomeli, Martín de la Torre, César Pemán y F. Wattemberg -éste último situando el emplazamiento de Tartessos en la isla de Saltés, y relacionándola con Sheria y la Atlántida-, a señalar que los testimonios arqueológicos niegan entidad real a Tartessos, "que para muchos, no es más que un mito formado de manera análoga a 1os surgidos en relación con el descubrimiento y conquista de América". Lo cual viene a significar, si no nos equivocamos, que el tema sería preciso encuadrarlo dentro de la incomprensible Leyenda Negra, de no ser por que hay hechos que los autores que comentamos omiten, y no creemos que sea por ignorancia, como tampoco pudo ser esa la causa de que Adolfo Schulten ignorase la existencia, al norte de Alosno, próximo: Río Orogue, de unos cerros, al sur de la Sierra de Andévalo y al nordete de la Sierra del Granado, de una importante región minera, antigua como el tiempo, de donde en la antigüedad se extraía oro, plata, cobre, hierro, plomo, etc., y que lleva en la actualidad, no sabemos por que causa, el nombre de Tharsis.

Piénsese, además, que el Río Orogue es un afluente del Río Odiel cuyas aguas proceden de la Sierra de Aracena, famosa ésta por su Gruta de las Maravillas, y riegan los riscos y tajos en donde se asientan la famosas Minas de Río Tinto, que es, como su nombre indica, otro afluente del Río Odiel.

¡Vaya con Tharsis, qué cerca lo teníamos y nadie nos hablaba de ello! ¿Acaso porque su emplazamiento se había olvidado con el tiempo tras la dominación romana y árabe, y a la compañía encargada de su explotación en la actualidad no le agrada la publicidad?

Qué duda cabe que las cosas no son tan simples como aparentemente pretendemos exponerlas. Una explotación minera a "cielo abierto" como personalmente hemos comprobado en Tharsis, ha de dejar huella de su antigüedad especialmente en los vertidos de escoria, lo que dan una idea de cuánto tiempo puede llevar el yacimiento en explotación. Y sin ser expertos, que no lo somos, ni haber ahondado profundamente el la cuestión, a simple vista se deduce que en Tharsis hay tanta o más antigüedad que en Río Tinto, aunque la importancia actual de la explociación sea muy inferior. Tharsis no es más que un poblado de cuatro casas, como quien dice, sin historia ni antecedentes, salvo el nombre -¡que alguien ha podido sacarse de la manga, para venir a complica más aún las cosas!-, pero en cuyo entorno se respira el sudor de los esclavos de más de veinte mil años, así como su origen auténtico ha podido quedar enterrado bajo el aluvión de los detritus minerales, y el cuyos alrededores deberían buscarse vestigios arqueológicos, ya que como en ningún otro sitio del sudoeste de la Península Ibérica, hemo "venteado" mejor el aliento de la protohistoria que nos ocupa.

Imaginamos el caudaloso cauce del Río Odiel, en la antigüedad, antes de que los fenicios instalasen allí sus colinas, arrastrando pepitas de oro entre sus arenas. Y hasta imaginamos a los navegantes mediterráneos remontando su cauce, hasta más allá de Gibraleón, ya que se supone navegable en la antigüedad, tanto hacia Río Tinto, como hacia Río Orogue, para luego, a pie, remontar las ahora abruptas colinas, tanto al oeste como al este, en busca de las fuentes aúreas. Y de sus hallazgos fabulosos hablarían muy alto los cronistas griegos, romanos, ya que no los fenicios, cuyas huellas son visibles aún en aquella región, porque, evidentemente, recorrían las aguas del Atlántico mucho antes de lo que suponen los historiadores más de vanguardia.

¿Recuerdan lo que escribió Platón sobre el reparto de las lejanas tierras de la Atlántida, a Gadiros, el hermano gemelo de Atlas, hijo de Poseidón? Decía así: "Su hermano mellizo (de Atlas) nacido luego de él, obtuvo en heredad la parte extrema de la isla, por la parte de las columnas de Hércules, frente a la región llamada hoy Gadírica, según este lugar; se llamaba

en griego Eumelos, y en la lengua del país, Gadiros". Pero otras versiones dan el nombre de Anteo, que bien pudo ser un hijo de Gadiros, y así aparece en la Mitología, por lo que Andalucía deriva de Anteo.

Heródoto de Helicamaso (500-424 a. de J.C.), llamado por otra parte "Padre de la Historia", también nos menciona a Tartessos: "Los primeros griegos que realizaron largos viajes estaban familiarizados con Iberia y con una ciudad llamada Tartessos, más allá de las Columnas de Hércules, a la vuelta de la cual los primeros comerciantes obtuvieron un beneficio mayor que el conseguido por griego alguno antes".

Pero volvamos con Adolfo Schulten, quien nos habla de los turdetanos, calificándolos de "tartesios", diciendo: "Los turdetanos (tartesios) aprendieron a explotar desde muy antiguo los tesoros de plata y de cobre de Sierra Morena, los cuales atrajeron primero a los comerciantes micénicos, luego a los fenicios y por fin a los griegos, con lo cual resultó un activo comercio y una temprana civilización del S. Hacia 600 a. de J.C. florecía el imperio del rey Argantonio en Tartessos, la capital situada junto a la desembocadura del Betis".

Y nosotros preguntamos: ¿Qué pruebas obtuvo Schulten del lugar en donde estuvo emplazado Tartessos? ¿Acaso se inspiró en los comentarios de Estrabón? ¿No demuestran las excavaciones efectuadas en Huelva que las aguas del Atlántico ocupaban, en el siglo X a. de J.C., entre el pleamar y el bajamar, puntos más elevados que en nuestros días? ¿Qué podía haber en las tierras bajas, en las marismas de Sanlúcar de Barrameda, que debían estar peremnemente cubiertas por el mar?

Nadie ignora cuál es el movimiento de las corrientes marinas, especialmente las que, desprendiéndose de las cálidas aguas del Gulf Stream y haciéndose templadas, se deslizan frente a las costas de Portugal y forman un río marítimo que penetra en el Mediterráneo, ayudando a renovar sus aguas casi estancadas. Esta corriente choca, desde hace siglos, en las costas del Golfo de Cádiz, en cuyo litoral existen infinidad de marismas, dunas y ese misteriosos y desconocido parque natural, llamado el Coto Doñana, donde muchos han supuesto que podrían encontrarse los restos de Tartessos, o bien parte de la cultura que los descendientes de Poseidón y Anteo establecieron en Gadiros.

Sin embargo, todo esto es un contrasentido. Esas tierras, hace 30 siglos debieron estar cubiertas por las aguas. El Betis (Guadalquivir) desembocaría al mar cerca de Hispalis (Sevilla). No es posible, por tanto, suponer que las actuales marismas de Aznalcázar, o el Lago Santana o Valdetojo, fueran el asentamiento de la cultura turdetana, a menos... ¡A menos que, mucho tiempo antes, como hace 12.000 años, Calpe y Abila (Gibraltar y Ceuta) se comunicaran por tierra firme!

¿Se dan cuenta de dónde queremos ir a parar? La epirogenia nos ha podido jugar una aviesa pasada. El tiempo, que en nada contribuye a formalizar nuestras teorías, pudo colaborar, 1.0 en la separación de Africa y Europa, abismo que se hace mayor a medida que se retiran las aguas del Estrecho, y 2.0 más antiguamente, a elevar la tierra, dando posibilidad a que la Atlántida fuese una realidad, a que hubiera existido el Lago Tritón y a que el Istmo de Gibraltar se convirtiera posteriormente en Estrecho.

Sólo así encajaría el rompecabezas y Tartessos, mucho antes de lo que suponen los historiadores clásicos, hubiera podido estar en algún lugar, del fondo marino de la Bahía de Cádiz, en el Golfo del mismo nombre -¡más amplia posibilidad!- o en las proximidades de Huelva.

Nosotros, sin embargo, seguimos pensando en que alguien debería realizar excavaciones en el Coto Doñana, lugar estratégico-histórico, que, por razones no muy comprensibles, tal

vez por influencias de La Rábida, que no puede acceder al resurgimiento de lejanos y extraños dioses, podían ocultar vestigios demasiado comprometedores.

¿Qué pretende proteger ICONA en Doñana? ¿El lugar de tránsito de las aves migratorias y unos millares de patos que sirven de esparcimiento cinegético a los "importantes" de Madrid?

Nosotros siempre hemos estado de parte de los ecologistas y nos parece muy altruista el empeño de conservar el Parque Natural lejos de la codicia de los especuladores del suelo. Pero no basta el extremo de aislar la zona hasta con alambradas, impedir el trazado de carreteras por la costa en la región de Arenas Gordas y sabotear todo intento de unir Cádiz con Huelva por la costa.

Queremos significar, especialmente para los que hayan leído la obra "Huelva: Prehistoria y Antigüedad", que en el plano 6, al estudiar la orfebrería desenterrada en el S. de España, se aprecia un número mayor e importante de hallazgos arqueológicos, precisamente cuando más al sudoeste se excava. Huelva, Niebla, Río Tinto, Lebrija, Carmona, Cádiz, etc., son focos de antigüedad, lo cual parece reflejarse en el Museo Arqueológico de Huelva que, de