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Imágenes y discursos sobre los jóveneshoy, a pesar de que este gobierno, como todos saben, está intentando transformar las desigualdades heredadas, las inequidades en el aporte de la ciudadanía al sostenimiento del Estado, del país, aún subsisten. Son los trabajadores quienes tienen en sus espaldas el mayor peso de las contribu- ciones impositivas que sostienen, entre otras cosas, la universidad pública. Por esto, nuestra universidad no es gratuita, es desarancelada y la pagan mayoritariamente los trabajadores. Esa mirada no debemos perderla nunca pues remite necesariamente a las transformaciones necesarias y pendientes en aras de promover políticas de igualdad.
Uno de los puntos de reflexión en estas jornadas es la relación entre los jóvenes y la autoridad, una relación que en nuestra facultad es muy difícil. Cuando uno construye una gestión, un proyecto, surgen voces que te dicen que hay que construir un movimiento estudiantil propio, a imagen y semejanza de lo que queremos hacer, cosa a la que yo me he negado siempre. Porque creo que la tarea de los jóvenes, del movimien- to estudiantil, es desafiar a la autoridad. Así como la reforma de 1918 fue un reto a ese anquilosamiento del saber por parte del autoritarismo, creo que quienes tenemos el honor y el privilegio de estar al frente de una institución pública y democrática como nuestra universidad, o que pretende ser tal, debemos dar lugar a que nos desafíen y nos provoquen para mejorar cada día más ese proceso democratizador de construir un conocimiento realmente crítico y comprometido. Porque la excelencia no sirve si ese conocimiento no tiene pertinencia ni compromiso con las transformaciones necesarias. Así es que tenemos tres ejes del saber universitario: excelencia, pertinencia y compromiso.
Me gustaría aclarar que muchas veces se confunde el compromiso con la falta de objetividad y eso es un error severoporque la forma en que se construye el conocimiento en nuestras universidades tiene redes y re- laciones de poder que solamente pueden ser destrabadas desde el com- promiso. No es una paradoja “epistémica”, el nivel de exclusión; es una realidad que también atraviesa a nuestras universidades. Cuando uno ve el nivel de pobreza en América Latina, el nivel de desempleo y la manera cómo muchas veces explicamos esas problemáticas desde diferentes ca- tegorías instituidas, se impone la crítica reflexiva. Por ejemplo, cuando se hace referencia al “tercer sector” (terminología muy en boga en la últi- mas décadas) no damos cuenta de lo que implica la reproducción de este
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tipo de conceptos. Esto es que la economía política clásica, por ejemplo, afrimaba que la sociedad se ordenaba, en función de la teoría de Adam Smith, sobre los tres factores: tierra, trabajo y capital. Cada uno aportaba la producción de una mercancía y recibía por ello una remuneración acor- de con ese aporte. Todo se regulaba en los mercados, en función de una teoría que se asemejaba a la física, porque había un precio “natural” de las cosas, que funcionaba como un centro de gravedad para explicar la tendencia a la autorregulación de la sociedad civil.
Obviamente, las guerras, la crisis del 30, la Segunda Guerra Mundial, la violencia cotidiana en el mundo es la que está ordenando este capitalismo que, cada vez, sabe menos para donde ir. Y frente a esta realidad de la exclu- sión y la violencia desmesurada que tiene este capitalismo, aparece la teoría de los “tres sectores” constituidos por el Estado, que tiene su propia lógica económica de financiamiento hacia sus instituciones tradicionales; las em- presas y el mercado, que también tienen su propia lógica de asignación de sus recursos, y el tercer sector, hegemonizado por la Iglesia y el “onigeísmo” que han pretendido también desvincular a la universidad de la política. Si este gobierno ha tenido un éxito impresionante en cuanto a su interpelación a la sociedad se debe, precisamente, porque ha roto este paradigma del “au- tocentramiento de los tres sectores” para tratar de articular y reorganizar la sociedad política de otra manera, cambiando ese “no se puede” al que nos tenían acostumbrados. Por eso es que retomo la idea de la juventud como motor de cambio fundamental en nuestra universidad en sintonía con las transformaciones de la sociedad porque, de lo contrario, dentro del movi- miento estudiantil, también surge el escepticismo como único horizonte.
Recuerdo que en los años 60 y 70, durante el Mayo Francés, los estu- diantes salieron a manifestarse. Ellos también tenían consignas fuertes: “seamos realistas pidamos lo imposible”; o los lemas de filosofía como “Heráclito vive, Parménides ha muerto”. Esas frases son tan creativas que marcaban precisamente el lugar de la juventud, que no es posible ni es tan fácil estigmatizar, controlar, reprimir.
En esa línea, nuestra facultad intenta ponerse en sintonía con el mo- vimiento estudiantil, a pesar de las críticas que tenemos. Cualquiera que entre en la Facultad de Filosofía y Letras va a ver al decano puesto en todos los carteles, estigmatizado, “al revés”; y me parece muy bien, porque eso nos desafía a ver qué hacemos con nuestra facultad frente
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Imágenes y discursos sobre los jóvenesa esta demanda, este interés de los jóvenes por la crítica, por participar, más allá de que pensemos que en algunos puntos están equivocados. Precisamente, es en ese error que está la salud de la crítica.
Si bien la universidad pública al ser no arancelada permite la entrada a sectores que antes no podían acceder a ella, todavía hay muchas deudas que tenemos como producto, en algunos casos, del escaso compromiso con la necesidad de generar transformaciones sociales. Nosotros como investigadores, estamos imbuidos en nuestras dinámicas autoreproduc- tivas y nos cuesta ver lo que está pasando fuera de nuestro cubículo, de nuestro laboratorio, de nuestras cátedras, nuestras facultades. Más allá de que uno se ponga a analizar más epistemológicamente ciertas catego- rías que nos atraviesan, hay muchas cuestiones para reflexionar en nues- tra propia uba vinculadas, por ejemplo,con la concentración de la oferta
educativa en Capital Federal con respecto a otros lugares (por ejemplo, con los posgrados, porque se supone que acá estaría la demanda). En- tonces uno se pregunta ¿esto es el conocimiento público? ¿Esta es la no mercantilización del conocimiento? Creo que una política universitaria serviría para poder pensar en esto, entre otras cosas.
De todos modos, algunos pequeños esfuerzos estamos haciendo desde nuestra facultad. Nos interesa consolidar a nuestros docentes auxiliares que están muy formados, que ya tienen sus doctorados y al- gunos post doctorados; también, masificar los concursos, porque tene- mos una deuda histórica respecto de ello ya que no se venían concur- sando estos cargos auxiliares.
Pudimos crear un espacio como el Centro de Innovación para el Desa- rrollo y la Acción Comunitaria en el sur de la Ciudad, porque si hay algo que no tiene la uba, por ejemplo, es una política para el sur de Buenos
Aires, que es donde están los problemas fundamentalmente sociales y humanísticos. Este centro de innovación que fundamos, en colaboración con el Ministerio de Trabajo y el Ministerio de Desarrollo Social, trata de poner a disposición de la gente ciertas herramientas del campo de las Ciencias de la Educación, así como de la Antropología, para la formación profesional, en un contexto en el que las políticas del gobierno de la ciu- dad tienden a retirarse del sur y de los programas sociales.
Otra cuestión que también me parece muy innovadora es el ciclo “Crónicas de la Universidad” en el Canal Encuentro, que trata de mostrar
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y reflejar la subjetividad de los jóvenes de hoy en la universidad, lo que ellos hacen, lo creativo. Tenemos más de 350 proyectos de investigación, organizados por los estudiantes en los Programas de Reconocimiento Ins- titucional.Por ejemplo, uno de los programas muestra un grupo de histo- riadores narrando historias en los colectivos, en los subtes, discutiéndolas con los ciudadanos, repensando la historia nacional, o interviniendo los monumentos de la ciudad y de la Argentina, porque la historia oficial dice bastante de lo que es nuestro país. Me reí mucho en una intervención que hicieron en uno de los monumentos emblemáticos de la ciudad cuya con- signa fue: “Mejor un Mayo Francés que un Julio Argentino”, mostrando de alguna manera una intervención sobre la realidad de modo creativo y juvenil, algo que, realmente, cada día me apasiona más.